En su tercer Informe de Gobierno, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, anunció la creación de la Secretaría de Cultura, misma que vendrá a sustituir al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), que actualmente administra las actividades culturales, artísticas, de investigación y conservación del patrimonio cultural, entre otras funciones.

Desde su creación en 1988, el CONACULTA ha permanecido en una delicada situación jurídica que ha limitado su capacidad de actuación y aplicación de las leyes correspondientes; debido a que no cuenta con una ley orgánica ni reglamento que regule su actuación. Por las mismas razones, los Institutos Nacionales de Antropología e Historia (INAH) y Bellas Artes y Literatura (INBA) han mantenido una cierta independencia de su órgano regulador; lo cual no ha evitado la duplicidad de funciones y otras situaciones que obstruyen la coordinación y buen desempeño de las mismas.

La creación de la Secretaría de Cultura ha sido ya anunciada en otras ocasiones. Incluso las Cámaras de Senadores y Diputados han presentado antes iniciativas que no han prosperado, en parte por la falta de claridad como a la oposición de los sindicatos que agrupan a los trabajadores del sector cultura, así como de algunos intelectuales.

Pero ésta vez parece que la Secretaría de Cultura será un hecho para el año entrante. Su incorporación a las Secretarías de Estado afectará -por más que se niegue- la vida de las instituciones culturales en los aspectos laborales, en su praxis, objetivos y resultados. El anuncio de la nueva secretaría ha provocado ya diversas reacciones; desde que no habrá cambios radicales hasta que implicaría la desaparición de algunas instituciones como el INAH.

En el presente foro, los invitamos a compartir sus opiniones sobre el tema, y a brindar ideas sobre el camino que deberían seguir nuestras instituciones culturales. Como punto de partida se pone a su disposición el texto íntegro de la iniciativa presidencial, para su análisis profundo y puntual, misma que pueden descargar de nuestra biblioteca digital en el siguiente enlace: Iniciativa para la creación de la secretaria de cultura.

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LA SECRETARIA DE CULTURA: SUS IMPLICACIONES JURÍDICAS Y LABORALES EN EL QUEHACER DEL INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA. LA CUARTA INICIATIVA COMO OPCIÓN.

Gustavo A. Ramírez Castilla

 

“El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se transforma en la Secretaría de Cultura…” (SEC). (Artículo Segundo Transitorio de la Iniciativa de Ley para Crear la Secretaría de Cultura. Gaceta Parlamentaria, martes 8 de septiembre de 2015, Núm. 4358-8. Anexo 8).

Así se quedó asentado y por escrito lo que tantas veces se especuló en el medio académico; que el gobierno federal tenía intenciones de convertir al CONACULTA en una Secretaría de Estado.  Pero, de hacerse realidad la iniciativa, ¿qué implicaciones jurídicas y laborales tendría para el Instituto Nacional de Antropología e Historia  (INAH) y el cumplimiento de sus objetivos y actividades?

El Presidente del  Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) ha declarado que todas las dependencias que pertenecen a la Secretaría de Educación Pública (SEP) y pasarán a formar parte de la nueva Secretaría -en caso de aprobarse-, no desaparecerán, ni serán afectados los trabajadores en sus derechos laborales. ¿Es posible que ésta transición se haga en forma simple, sin modificaciones a la estructura actual de dichas dependencias y sin afectación a las prestaciones pactadas por cada sindicato con sus institutos? ¿Qué es lo que puede preverse en forma lógica que acontecerá y cómo será asumido por las autoridades y trabajadores del INAH, en particular?

Como primer antecedente debemos recordar que tanto el INAH (1939) como el INBAL (1950) son instituciones con casi siete o más décadas de existencia, y que una parte sustantiva de sus actividades se rigen por la Ley Federal sobre Zonas y Monumentos Arqueológicas, Artísticos e Históricos (1972). El INAH cuenta además con una Ley Orgánica que le otorga personalidad jurídica y patrimonio propios, dependiente de la Secretaría de Educación Pública. El CONACULTA se creó en 1988 por decreto presidencial, mismo que ha sido hasta ahora todo su sustento jurídico. Aunque se le han dado atribuciones para coordinar a las dependencias del que fuera subsector cultura de la SEP, su débil legalidad ha imposibilitado una injerencia directa en el INAH al menos, institución que así ha podido mantener cierta independencia de acción tanto en el ejercicio de sus atribuciones como en el nombramiento de sus funcionarios. Con su conversión  en Secretaría de Estado se cumplirá finalmente el objetivo perseguido desde hace varias administraciones, que el CONACULTA asuma el control total de las dependencias responsables de los servicios culturales, que en conjunto acumulan un vastísimo patrimonio en el que confluyen monumentos paleontológicos, arqueológicos, artísticos e históricos, infraestructura cultural (museos, teatros, foros, galerías), industrias culturales (cine, teatro, televisión, radio, editorial, música, pintura, escultura, artesanías, artes gráficas en general, turismo cultural, etc.); un botín de gran valor comercial que no ha sido redituable económicamente por la falta de concentración y organización para tal fin, en el sector. 

La iniciativa presidencial señala como objetivo “Crear la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal,  en atención a una visión histórica de fortalecimiento de las instituciones culturales”, señalando, además, que esto es “una clara expresión de que la política cultural es una responsabilidad del Estado Mexicano”. Como única justificación para su creación señala que “México requiere de un organismo fortalecido e integrador del conjunto de instancias culturales federales, para multiplicar el amplio programa de acciones que permitan atender con oportunidad, eficacia y eficiencia la riqueza y diversidad cultural nacional.”

En el apartado de Política Nacional en materia de Cultura, la iniciativa adelanta una serie de ideas que –imagino- habrán de desarrollarse en forma de enunciados con objetivos, metas y programas específicos una vez establecida la SEC. Por ahora menciona sólo en forma aleatoria que “la cultura es una prioridad nacional.  Su fortalecimiento institucional será un impulso al bienestar y al desarrollo integral de los mexicanos. Con la creación de la Secretaría de Cultura se resguardará y conservará para las siguientes generaciones su herencia y patrimonios culturales, además de enriquecerlos. Así se cumplirá el anhelo expresado por la comunidad artística y cultural de México.” Respecto a estas declaraciones cabría preguntarse, ¿no es esa la misión que el INAH viene abordando desde su creación? ¿Por qué se declara que con la SEC se logrará esto? Es simplemente absurdo.  Continúa la iniciativa diciendo que “la cultura es una actividad descentralizada por su propia naturaleza, y es imperativo desplegar su acción en todo el país. En las instituciones de cultura se materializa en proyecto de nación, condensa su significado, le dan símbolos y valores, expresan el alma de la colectividad. La Secretaría de Cultura profundizará en la redefinición del papel del Estado en la vida cultural del país, reflejada en una nueva relación entre el Estado, los intelectuales y artistas. El apoyo a la cultura es responsabilidad y derecho de todos, mediante nuevas vías de colaboración entre Federación, Entidades Federativas y Municipios. Este nuevo mapa institucional permitirá contar con un organismo integrador del conjunto vasto y heterogéneo de instancias culturales federales y multiplicar las acciones de preservación del patrimonio cultural, aumentar y transparentar los recursos destinados a apoyar a los creadores; extender el alcance de la educación y difusión cultural y artística; y ampliar la infraestructura cultural nacional (no se habla de la investigación).” Hasta aquí parece solo una declaración de buenas intenciones que no se ha visto reflejada en las acciones de las otras Secretarías Federales, en particular la trasparencia. ¿Por qué habríamos de creer que ahora sí se hará?  Continúa diciendo que la Secretaría de Cultura “será una institución preparada para responder al precepto constitucional del derecho universal de acceso a la cultura y al ejercicio de los derechos culturales como derechos humanos fundamentales. La importancia de la cultura como punto de encuentro de la diversidad, bastión contra la violencia y la sinrazón, y medio esencial para el entendimiento, la concordia y la paz sociales.” Me parece que en ésta última parte es la única rescatable de la  iniciativa, aunque persigue darle coherencia al artículo cuarto constitucional referente al acceso a la cultura. Algo novedoso e importante, si se hace con compromiso y seriedad, es el referente a aprovechar la cultura como un medio de fomentar la no violencia, el respeto y la paz social”. Menuda tarea para la Secretaría, que implicaría el establecimiento de una nueva dependencia al interior, dotada con especialistas a cargo de programas muy penetrantes.

Para lograr los propósitos anteriores la Secretaría de Cultura  se valdría de Programas de fortalecimiento y estrategias ya establecidos en el Programa especial de  Cultura y Arte 2013-2018. Propone cinco estrategias. La  primera es una “perspectiva de equidad e inclusión sociales a la acción cultural en conjunto. Programas para incrementar la aportación de la cultura a las acciones del Gobierno de la República enfocadas al desarrollo, la seguridad y la prevención social. Esos programas atenderán los polígonos definidos en el Programa Nacional para la Prevención de la Violencia y la delincuencia y en la cruzada Nacional México sin Hambre”, lo que implica una coordinación con la SEDESOL y la SEGOB al menos.

La segunda estrategia es “la conservación y el aprovechamiento intensivo  del patrimonio cultural y la infraestructura culturales; se deben concentrar esfuerzos en mantenerlos en las mejores condiciones posibles, antes de generar nuevos proyectos, más allá de los necesarios y sustentables. Se privilegia la creación y puesta en marcha de planes de manejo de zonas arqueológicas y museos a nivel nacional; la construcción y modernización de la estructura operativa de las zonas ya existentes; el programa de adquisición de obra artística; la actualización de la infraestructura y remodelación en museos, teatros, foros y Escuelas de Bellas Artes. La puesta en marcha del Programa Nacional de Animación Cultural con el propósito de revitalizar la infraestructura, para darle uso pleno y sumar espacios públicos y privados”. Esta línea parece muy razonable, pues en verdad es necesario detener la apertura de zonas arqueológicas y museos  de sitio al por mayor, sin mayor finalidad que la de crear puntos de interés turístico. Urge reacondicionar, restaurar y conservar las ya existentes en condiciones dignas. Pero falta incluir aquí un aspecto elemental, la adquisición de los predios en los que se encuentran zonas arqueológicas abiertas al público, y de aquellas con potencial de investigación y apertura futura. Considero éste asunto de vital importancia, pues es la irregularidad en la tenencia del suelo lo que propicia no solo el abandono de la infraestructura en zonas arqueológicas, sino también graves conflictos sociales con la institución, como entre comunidades.

La tercera estrategia es “el acceso universal a la cultura y uso de los medios digitales. Se adopta internet y las plataformas digitales como canal estratégico para poner a disposición de la gente bienes y servicios culturales”.

Cuarta estrategia. “Estímulo a la creación y al desarrollo cultural productivo. Existe un mercado que las industrias culturales deben aprovechar con producción diversa y de calidad, las estrategias mercadotécnicas y políticas públicas favorables, de carácter intersectorial, que promuevan contenidos de valor, la innovación y calidad de exportación.” En mi opinión, ésta estrategia concentra toda la carga del interés por concentrar y controlar las actividades culturales en una sola mano; pues es aquí, en las Industrias Culturales donde radica la generación de riqueza que no ha podido organizarse competentemente. El riesgo latente es que pretendan buscar o abran paso a formas de concesionar sitios patrimoniales para explotación turística tipo Xcaret o Xel Há; por ejemplo. Ésta es la parte preocupante y que nos pone alerta siempre que se anuncian reformas beneficiosas.

La quinta estrategia es “ampliar el diálogo e intercambio cultural entre México y el mundo. Contribuir al reposicionamiento de la imagen de México, fortalecimiento de presencia mexicana en los más importantes foros y expresiones del mundo en México”. Tal vez veamos un incremento en las exposiciones faraónicas que son el rostro de México en el mundo y viceversa; pero puede apreciarse la falta de intención de ampliar el diálogo e intercambio cultural  dentro del mismo país, asunto por dónde se debería iniciar, creo.

Así las cosas, competerá a la SEC elaborar, expedir y evaluar el Programa Nacional de Cultura. Y se transferirán a esta Secretaría las atribuciones que en materia de cultura tenía a su cargo la SEP; además de otras como la “organización y administración de los museos históricos, arqueológicos y artísticos, pinacotecas y galerías, a efecto de cuidar la integridad, mantenimiento y conservación de tesoros históricos y artísticos del patrimonio cultural del país, así como la conservación, protección y mantenimiento de los monumentos arqueológicos, históricos y artísticos que conforman el patrimonio cultural de la Nación…” Y es aquí donde comienzan las complicaciones, pues como veremos, el traspaso del INAH a la SEC no será –como dijo Tovar y de Teresa- en las mismas condiciones que se encuentra actualmente; sino de una supeditación total y absoluta a la nueva autoridad.

La Ley Orgánica del INAH establece en su Artículo 1 que tiene personalidad jurídica y patrimonio propios y depende de la SEP. La reforma a la Ley Orgánica del INAH que propone el ejecutivo, dice: “Artículo 1°.- El Instituto Nacional de Antropología e Historia tiene personalidad propia y depende de la Secretaría de Cultura”.  Es decir; de un plumazo le expropiarían su patrimonio al INAH que comprende los edificios, asignaciones, donaciones, ingresos, etc.; y también la organización administración de los museos, zonas arqueológicas, monumentos históricos y otros que conforman el patrimonio cultural de la Nación. Desde ahora nos están diciendo que éstas serán atribuciones de la SEC y, dependerá de la nueva reglamentación si el Secretario re asigna dichas responsabilidades al INAH o a un nuevo departamento. Este asunto demanda nuestra atención.

El resto de las reformas a la Ley Orgánica del INAH son irrelevantes, sólo que se asigna al nuevo Secretario las funciones que antes tenía el de la SEP. Es de llamar la atención que el nuevo Secretario tendrá las facultades de remover y nombrar libremente al Director General del Instituto y que la Ley Federal de Monumentos no fue incluida en ésta iniciativa, tal vez tanteando no provocar demasiada reacción entre los sindicatos, como lo expreso Bolfy Cottom.

Como puede apreciarse, el INAH y el INBA quedarán disminuidos en el reacomodo del organigrama general, pues el simple hecho de que el CONACULTA se vuelva Secretaría de Estado implica la formación de nuevas áreas como subsecretarías, coordinaciones nacionales, direcciones, generales, etc., con sus respectivas sub áreas, dependencias y los funcionarios que requieren para operar, lo cual no será posible –como dicen- sin asignaciones presupuestales extraordinarias. Por ejemplo;  actualmente la SEP  cuenta con cuatro subsecretarías y una oficialía mayor, además de la Comisión de Apelación y Arbitraje. Seis coordinaciones nacionales, tres direcciones generales más dos secretarios (particular y técnico) y los titulares de Asuntos Jurídicos y Órgano Interno de Control y 31 Delegados Federales en los Estados; es decir, 52 Departamentos más sus correspondientes áreas y sub áreas[1].  Cómo podríamos imaginar a la nueva SEC si el CONACULTA carece de semejante organigrama y por el contrario cuenta con una estructura similar a la del INAH o INBAL, como se puede observar en la imagen siguiente.

Figura 1. Organigrama del CONACULTA (http://www.conaculta.gob.mx/PDF/organigrama.pdf).

Habría que considerar por las líneas, programas y políticas sugeridas en la Iniciativa, que la nueva Secretaría requeriría de algunas subsecretarías como podrían ser “Desarrollo Cultural”, la de “Artes y Literatura”, la de “Patrimonio Cultural” e “Industrias Culturales y Turismo”, por decir alguna ocurrencia. A éstas se ligarían los diferentes institutos y centros culturales existentes de acuerdo a su ramo o sector. Y tendrían que crearse desde luego Coordinaciones Nacionales que coordinaran a las diferentes instituciones del mismo sector. Centrémonos en la ficticia subsecretaría de “Patrimonio Cultural” que acabo de inventar. Cómo podríamos organizar y fusionar los diferentes institutos y dependencias relacionados entre ambas instituciones. Por ejemplo, por parte del CONACULTA las Direcciones General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural y del Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero tendrían que ubicarse en esta subsecretaría; al igual que el INAH y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INAL), como lo marca la Iniciativa. Dado que uno de los aspectos prioritarios de la Iniciativa es eliminar la duplicidad de funciones, entonces sería de esperarse una u otra de las siguientes acciones: que la Dirección de Lingüística del INAH pase al INAL, o que el INAL se incorpore a la Dirección de Lingüística; que la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH se incorpore a la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural que realiza actividades similares o viceversa. Que la Dirección de Patrimonio Mundial del INAH, se convierta en una Dirección General, o pase también a Sitios y Monumentos. ¿Con qué se quedaría el INAH? Con lo arqueológico, antropológico e histórico y las escuelas. Si le dan oportunidad de seguir manejando las zonas arqueológicas y museos de sitio, el INAH podría mantener la estructura actual, tal vez, sin mayores cambios. Si no, habría una Dirección General de Operación de Sitios Arqueológicos como su símil, que podría hacerse cargo. Es posible también que por su peso específico e importancia, se creara una Dirección General de Museos que absorbiera a la actual Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH, junto con todos los museos federales a cargo de la SEC.  Adicionalmente, pero no menos importante; la SEC tal vez crearía Delegaciones Federales en cada Estado, para operar adecuadamente. Éstas replicarían en mayor o menor grado la estructura central. En un estado ideal de congruencia, el Delegado Federal tendría autoridad sobre el Director de cada Centro INAH, si es que éstos no se convierten sólo en un Departamento más dentro de la Delegación. Posiblemente ese Delegado Federal tendría que formular cada año el programa y presupuesto para la entidad, además de signar o dar el Bo.Vo. a las licencias y liberaciones otorgadas por el INAH y vigilar el adecuado ejercicio presupuestal. Y si ese Delegado Federal, como suele acontecer, fuera  compadre del gobernador en turno, podría éste influir en el Director del Centro INAH o Jefe de Departamento para facilitar las licencias, ¿cómo contralaríamos eso?  Este ejercicio totalmente ficticio, permite visualizar cambios que posiblemente se darían a corto o mediano plazo, con las consecuentes reformas reglamentarias, orgánicas, hacendarias y problemas laborales que ello implica.

En lo relativo al aspecto laboral, hay que prestar atención al transitorio tercero que a la letra dice: “Los derechos laborales del personal del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, así como  los de los trabajadores de la Secretaria de Educación Pública que en virtud del presente  decreto pasen a la Secretaria de cultura, se respetarán conforme a la ley.” Lo anterior es demasiado general y puede prestarse a interpretaciones. Los derechos ganados por cada sindicato de trabajadores de la cultura difícilmente podrán mantenerse tal cual. Por inicio de cuentas, la desvinculación de la SEP en el caso del INAH, no permitiría mantener las prestaciones ligadas directamente al SNTE puesto que, por default, dejaríamos de pertenecer a este, y nuevos sindicatos tendrían que crearse. Una de estas prestaciones o convenios denominada “tabla reversa”, que al parecer nos beneficia a los investigadores por ser parte de la SEP, tendría tal vez que eliminarse, con el consecuente aumento de la carga impositiva para el trabajador. Quizá también otros beneficios menores, pero no menos apreciados, como son los descuentos de profesor en pasajes y algunas tiendas y servicios se verían afectados.

Como puede observarse, no es un asunto tan sencillo como lo planteó el Lic. Tovar y de Teresa, este de transferir las dependencias de la SEP a la SEC, y cada una tendrá sus bemoles.

La Cuarta Iniciativa.

La creación de una Secretaría de Cultura debería tener más fondo y forma. O al menos eso suponemos. No obstante su creación se propone en un marco de reformas políticas que están transformando la estructura, relaciones y dinámica socioeconómica y política del país. Si bien la desvinculación de la cultura del sector educativo pondría fin a un modelo educativo con una base filosófica bien fundamentada, adoptada en su momento por Vasconcelos -como lo ha señalado ya el Dr. Bolfy Cottom-; dicha desvinculación no carece de propósito porque se liga a otro modelo filosófico con el que busca ser coherente: el neoliberalismo de hayekiano. He insistido al interior de mi sindicato en utilizar nuestra capacidad analítica para ver el bosque y el árbol, no únicamente el árbol; pero no lo he logrado. Pareciera que la desastrosa historia económica y social mexicana de las últimas dos décadas es consecuencia únicamente de las malas políticas, pésimas decisiones  y circunstancias adversas del país. Pero olvidamos que dicha historia tiene un guion. Y los guionistas trabajan incansablemente en perfeccionarlo.  Ésta película ya está muy vista, en los Inglaterra, Estados Unidos, en Chile, en Argentina, en Alemania,  y más recientemente España y Grecia. Sólo que de tanto verla nos aburre y la olvidamos. A lo más la referimos como comparativo de nuestras propias calamidades. Pero no es así. Para enfrentar lo que viene debemos de estar muy conscientes; porque damos por hecho que los autores de las recientes reformas son ocurrentes, ignorantes y hasta ingenuas; niños a los que les van a arrebatar las paletas al primer descuido. Pero como le sucede a Alicia en el País de las Maravillas, nada es como es y todo es al revés de como es.

Richard Cockett documentó detalladamente en su libro Pensando lo Imposible (Fontana Press, 1995), cómo se ideó el sistema para contrarrestar las ideas económicas del capitalismo de Keynes, llamado también Estado de Bienestar Social, que a la vista de algunos coqueteaba cercanamente con el comunismo.  En 1947, un grupo de economistas, empresarios, filósofos como Karl Popper y la fundación Rockefeller financiaron una operación para preparar a una nueva generación de intelectuales, políticos y economistas apegados al liberalismo de Adam Smith, pero con acciones más agresivas (neoliberalismo), encabezados por Friedrich Von Hayek y Milton Friedman. Y ¿cuáles son las metas que persigue su malévolo plan neoliberal? “restringir la oferta monetaria, elevar las tasas de interés, reducir drásticamente los impuestos a los ingresos más altos, abolir los controles a los flujos financieros (entrada y salida de divisas), elevar fuertemente la tasa de desempleo (para así aplastar las huelgas y quitar poder a los sindicatos), imponer fuertes recortes a los gastos fiscales y, sobretodo, dieron inicio a un amplio programa de privatizaciones que se constituyó en el proyecto más sistemático y ambicioso de todos los experimentos económicos[2]”. ¿Suena conocido?

Con esto quiero decir que, la creación de la Secretaría de Cultura parece formar parte de un plan bien pensado; pero que tiene como objetivo la liberación de los controles estatales sobre los bienes y recursos culturales, para introducirlos al mercado. No para que produzcan una renta o beneficio social, que es sólo el pretexto para no ser tan evidentes; sino para que puedan ser acaparados por el pequeño grupo elitista que puede exprimirles todos los dólares y centavos que sean capaces de producir, antes de tirarlos al basurero e ir en busca de la nueva materia prima.

Entonces, creo que una estrategia en defensa del patrimonio e infraestructura culturales debe de estar sustentada en el conocimiento amplio del plan neoliberal y de sus consecuencias históricas, de nuestra realidad social y de una visión compartida sobre el uso y destinos de dicho patrimonio y sus instituciones, visión que lamentablemente, hemos sido incapaces de construir, gracias al efectivo trabajo de degradación de las instituciones, sindicatos e infraestructura que han operado los distintos gobiernos neoliberales desde Carlos Salinas de Gortari, con CONACULTA como agente activo en el ámbito cultural, de manera sigilosa.

Como ya lo ha señalado también el Dr. Cottom, hay aparte de ésta, otras dos iniciativas; una de la Cámara de Senadores y otra de la Cámara de Diputados que buscan por un lado crear una Ley de Cultura y por la otra, crear una Secretaría de Cultura, respectivamente. Sin embargo, dada la mayoría del PRI en el Congreso actual, es de esperarse que la iniciativa presidencial sea la favorecida hacia final del año; por ser también la que se ha diseñado acorde al plan neoliberal seguido por el gobierno.

Desde su anuncio durante el Tercer Informe de Gobierno del presidente Peña Nieto, surgió una oposición inmediata al proyecto de creación de la Secretaría de Cultura, particularmente porque se sospecha el trasfondo económico y entreguista del mismo. Desde los sindicatos se analizan las posibilidades: oponerse o aceptar. No hay que ser un genio para saber que el gobierno tiene bien calculada la estrategia para desarticular quirúrgicamente cualquier oposición; como ya lo hicieron con los sindicatos más fuertes y organizados del país (SNTE y PEMEX), los sindicatos de los trabajadores de la cultura no representamos un obstáculo tan grande como los anteriores. Pero oponerse, sin duda, le daría al gobierno la excusa que espera para arremeter con toda la fuerza del estado contra los trabajadores de la cultura. Aceptar y negociar mejores condiciones de integración allanaría el camino para ambos; pero sería a costa de –quizás- convertirse en cómplice de la privatización de los servicios y patrimonio culturales. Pero, ¿habría otra vía que sin comprometer nuestra ética permita el sí necesario fortalecimiento y renovación institucional? Tal vez sí, la cuarta iniciativa.

A qué me refiero con la Cuarta Iniciativa. Me refiero a una iniciativa de ley consensuada por los trabajadores  de la cultura, intelectuales y personas interesadas que, en colaboración con un grupo de legisladores, sea presentada ante el Congreso de la Unión para su análisis y aprobación. En esta iniciativa podría plantearse un proyecto cultural acorde a las expectativas sociales de los mexicanos, en dónde el patrimonio cultural, la infraestructura cultural, las empresas y actividades culturales en general, tengan como objetivo brindar a la población una mejor calidad de vida a través del disfrute, emociones, reflexión y análisis que provocan las vivencias en los eventos artísticos y culturales; como conciertos, exposiciones, conferencias, excursiones, lecturas, proyecciones, etc. También a través del trabajo comprometido con la enseñanza, conservación, investigación, divulgación, fortalecimiento y acrecentamiento de dichas actividades artístico culturales. Una iniciativa que garantice la propiedad y rectoría de la Nación sobre su patrimonio cultural, su uso adecuado y social. Que garantice el vínculo entre educación y cultura. Que asegure el acceso igualitario y gratuito a los servicios culturales públicos, y la protección de los derechos de autor así como la amplia distribución de la obra de los artistas y actores independientes que viven de ello. También bajo un esquema que permita que el arte y la cultura integren a la sociedad, promoviendo la no violencia y el respeto a la diversidad de género y cultura. Una iniciativa que busque el fortalecimiento de las instituciones, transformando al INAH en un organismo descentralizado con personalidad y patrimonio propios, de modo que obtenga la autonomía necesaria para actuar sin ser presionado por los poderes fácticos, políticos o económicos para otorgar licencias o liberaciones a obras públicas o privadas, evadiendo la Ley Federal de Monumentos, y sacando al Instituto del esquema corrupto del Servicio Profesional de Carrera que ha permitido el enquistamiento de muchos ineptos e inescrupulosos funcionarios al frente de diversos centros de trabajo, que permiten la alteración y destrucción de los monumentos arqueológicos, artísticos e históricos que están obligados a proteger. ¿Es posible una cuarta iniciativa? No lo sé; ni nunca lo sabremos si no lo intentamos. Si no lo logramos tal vez sea el principio del fin de nuestras instituciones culturales, de lo que queda de un proyecto de Nación que quiso sacar a su pueblo del atraso y la ignorancia. Si lo logramos, tal vez sea el principio del fin de un proyecto que quiere regresar al pueblo al atraso y la ignorancia para que le entregue, voluntaria y generosamente sus bienes a cambio de novelas y futbol. ¿Entregaremos otra vez nuestro oro por unas cuentas de vidrio?

Septiembre 20 de 2015.

 

 



[2] Marco Antonio Moreno, “El neoliberalismo. A 60 años del origen del neoliberalismo”, 2007 en : http://mamvas.blogspot.mx/p/origen-del-neoliberalismo.html#sthash.v....

 

 

Estimados miembros de la RMA,

A principios del mes de septiembre del presente año, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, presentó ante el Congreso una iniciativa de Ley para crear una Secretaría de Cultura (SC). La noticia ha causado una gran consternación, pues dicha iniciativa convierte en Secretaría de Estado al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dependencia que no ha cumplido cabalmente su función de apoyar y difundir la obra de creadores y artístas; sino que además ha invadido y duplicado funciones de los Institutos Nacional de Antropología e Historia  (INAH) y Bellas Artes y Literatura (INBAL), mismos que entre otras responsabilidades tienen las de proteger, conservar, investigar y difundir los Monumentosy zonas Arqueológicos, Artísticos, Históricos y Paleontológicos del País. La Iniciativa prevé incorporar dichos institutos, mismos que, actualmente, dependen de la Secretaría de Educación Pública (SEP), debido a que sus objetivos se vinculan estrechamente al campo de la educación. Al desincorporarlos de la SEP se pondrá fin al Sistema Educativo Nacional que está basado en una educación integral vinculada a la Educación y la Cultura, con el objetivo oculto de liberar los controles estatales sobre el patrimonio e infraestructura culturales para ponerlos a disposición del mercado de consumo. Por estas y otras razones, una gran mayoría de los trabajadores del Sector Cultura de México, nos oponemos a la creación de la Secretaría de Cultura. Aquí les compartimos el documento 10 Razones para No crear la Secretaría de Cultura Federal, elaborado por el Sindicato de Profesores Investigadores y Docentes del INAH (D-II-IA-I), mismo que les solicitamos atentamente divulgar y compartir libremente. A nuestros amigos en el extranjero los invitamos a estar enterados también y ayudarnos a crear conciencia de sobre esta lamentable situación, que podría significar la desaparición del INAH en un tiempo no lejano. También invitamos a todos a participar en nuestro foro Hacia una Secretraría de Cultura en México: Pros y Contras, nos gustaría conocer tu opinión.

Atte, RMA.

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