La historia detrás de los restos de sor Juana

El arqueólogo que encontró la osamenta de la poeta hace más de 30 años asegura que las características de ésta coinciden .


DESCUBRIDOR. El arqueólogo Arturo Romano Pacheco fue quien halló los restos de Sor Juana Inés de la Cruz en 1978 durante una excavación para recuperar y reconstruir el edificio del ex Convento de San Jerónimo (Foto: YADÍN XOLALPA EL UNIVERSAL )

Jueves 03 de marzo de 2011
Abida Ventura | El Universal
abida.ventura@eluniversal.com.mx

Lo que el arqueólogo Arturo Romano Pacheco comenzó en 1977 como un trabajo de excavación para recuperar y reconstruir el edificio del ex Convento de San Jerónimo culminó el 23 de noviembre de 1978 con un importante hallazgo: los restos de Sor Juana Inés de la Cruz. A 32 años de ese hecho, los científicos corroborarán que, en efecto, sea el cadáver de la monja.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el antropólogo que encabezó la expedición cuenta que el día en que se anunció el hallazgo todos querían conocerlo. “Esa noche se tuvo que proteger la entrada porque la gente quería entrar a ver el descubrimiento”, señala Romano Pacheco, de 89 años.

Estas excavaciones, cuenta Romano Pacheco, se realizaron por iniciativa de Margarita López Portillo, hermana del entonces presidente de la República, José López Portillo.

Las premisas que llevaron al grupo de arqueólogos a concluir que el cadáver pertenecía a la Décima Musa fueron las particularidades del ataúd, el cual, explica el arqueólogo, era distinto a los de las 26 monjas encontradas con anterioridad en el coro bajo del ex Convento de san Jerónimo. Además era de ébano, con filetes dorados y tenía adornos con tachones metálicos.

Lo anterior, dice, significaba que era la única monja que no fue amortajada y coronada de flores sino inhumada con hábito de gala.

Pero el hallazgo más importante es que se le localizó con un medallón de carey, con la imagen de “La Asunción”, el mismo que luce Sor Juana en todos los retratos de óleo que existen sobre ella, así como un grueso rosario de cuentas de ébano.


En una nota publicada por EL UNIVERSAL el 25 de noviembre de 1978, el arqueólogo Arturo Romano Pacheco atribuyó al hallazgo, en ese entonces, de 85% a 99.59% de autenticidad.

De acuerdo con la información de la nota, el doctor Efraín Castro, antropólogo del INAH, expresó que con base en el hallazgo quedaba “plenamente demostrado que Sor Juana no fue enterrada en fosa común, debido a su importancia en aquella época”.

Los especialistas aseguraron que para dejar “todavía más claro su autenticidad”, se analizarían los restos para determinar la morfología del cráneo y demás huesos, con el fin de testificar su condición femenina y también dejar claro lo relativo a su origen.

Aseguraron que se usaría, incluso, algunas técnicas de criminalística para autentificar el hallazgo.

Las pruebas consistieron, asegura el profesor, en comparar el dibujo del cráneo encontrado con una imagen de sor Juana, que Margarita López Portillo había publicado en un libro.

“Hice una superposición de imágenes, tomé las medidas del cráneo y amplifique el autorretrato al tamaño del cráneo y cuando hice el emparejamiento coincidió, o sea que no había error”, asegura Romano Pacheco.

Los análisis que faltan

A tres décadas de estas conclusiones, investigadores del Cinvestav buscan nuevamente autentificar que, en efecto, los restos pertenezcan a la que se considera pilar de la poesía novohispana, esto a través de un proceso de secuenciación de su ADN.

El equipo de investigadores, encabezado por la investigadora María de Lourdes Muñoz Moreno, del Departamento de Genética y Biología Molecular del Cinvestav, afirman que se busca además determinar la procedencia materna y paterna de la escritora, así como la comparación genética de los supuestos parientes de sor Juana, quienes -asegura- radican en México. Sin embargo, hasta ahora lo único que se sabe es que los restos de la madre y de sus tres medias hermanas se encuentran en el ex convento de la Merced.

Consultados por EL UNIVERSAL, autoridades del Claustro de Sor Juana, así como los responsables del proyecto afirmaron que esta parte de la investigación aún está en trámite.

Otra de las expectativas de la investigación es que al autentificar el cadáver se definirá en dónde deben de descansar los restos de la Décima Musa, los cuales ahora se encuentran custodiados en el Departamento de Antropología Forense de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

El arqueólogo Luis Eduardo Ramos Cruz, quien también participa en el proyecto, asegura que la investigación se encuentra apenas en una primera etapa. Mientras tanto, la próxima semana se hará la toma de pruebas de ADN.

Los sorjuanistas opinan

Mientras que los científicos buscan corroborar el otro 15% que Arturo Romano Pacheco dejó pendiente, los especialistas en la obra y vida de la poetisa coinciden en que lo único interesante que arrojará esta investigación es que se sabrá dónde se encuentran sus restos.

La escritora y especialista en la obra de la Décima Musa, Margo Glantz, señala que le parece bien que se sepa dónde están los restos de alguien tan importante como sor Juana. “Pero no creo que sea más importante que el recuperar su obra”, dice.

“Me parece bien que la gente quiera saber en dónde están los restos de sor Juana y que la quieran enterrar en un lugar honorable. Sin embargo, me parecería mejor aún que se hiciera una mejor investigación de todo lo que puede encontrarse sobre ella porque últimamente se han encontrado nuevos documentos y se han encontrado en México”. Esos documentos, asegura la escritora, se han difundido de una manera poco amplia y siempre con cierta postura política, lo cual es grave porque atenta contra el laicismo en este país, “que es una de las cosas importantes que tenemos”.

Margo Glantz segura que la relevancia de esta investigación radica en que a sor Juana inés de la Cruz se le podría enterrar con los grandes honores como se ha enterrado a otras personalidades que ahora están en la Rotonda de las personas Ilustres.

En el marco de la conferencia ofrecida el viernes pasado, titulada “El hábito hace a la monja”, la investigadora Sara Poot-Herrera señaló que la posibilidad de analizar científicamente el esqueleto perteneciente a Sor Juana Inés de la Cruz de ninguna manera aportará algo a su obra, “si acaso la tranquilidad de muchos que desean conocer si corresponde o no”.

Dijo que lo que se necesita es “retomar su obra, estudiarla y profundizar en la investigación documental, hurgar en sus raíces y genealogía. Lo importante es disfrutar de su obra, el sentido del humor de su escritura y la ironía fina que aplicó en sus letras”.

Por su parte, el escritor y biógrafo de sor Juana, Alejandro Soriano Vallés, menciona que el verdadero conocimiento de la vida de esta gran mujer se encuentra en otro lado.

“Yo creo que el verdadero conocimiento está en otro lado, en los biógrafos de su época, en los documentos que se han ido encontrando, en lo que ella misma nos contó”, dice.

“Lo que dirán los estudios no me parece muy relevante”, señala.

Actualizada la última vez por Gustavo Ramirez Mar 3, 2011.

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