CRÍTICA Y PROCEDIMIENTO PARA EL DISEÑO DE PROYECTOS: SALVAMENTO Y RESCATE ARQUEOLÓGICOS

Manuel Moreno Díaz*


Es más común de lo que se cree, que en la práctica real de toda disciplina, esta suela manifestarse algo distinta de lo que se aprendió de ella en clase, y en no raras ocasiones, resulta hasta contraria en muchos de sus aspectos distintivos. La arqueología que me ha tocado vivir, mi arqueología -la que se ha practicado en algunas partes de Veracruz desde hace unos años- ha estado mostrando este fenómeno de una manera tan repentina como persistente, se ha vuelto habitual, con nuestro comportamiento un tanto displicente en correspondencia.

 
Este breve ensayo es una llamada de atención cómo una propuesta personal a resolver este fenómeno de incoherencia profesional que padece el ejercicio de la arqueología en Veracruz, por lo menos aquella relativa a algunos trabajos específicos de salvamento y rescate ejercidos por el INAH.


Tales proyectos son el origen de una cantidad formidable de información, concediendo al datum académico de lo que no pudo ser registrado en las décadas precedentes. La cobertura del territorio veracruzano así como el tiempo dedicados al escrutinio y análisis de sus contenidos, permiten una acumulación de elementos dignos de atención; al tiempo revelan la verdadera situación de la evidencia pretérita del hombre, el real impacto que han sufrido por la misma dinámica humana presente y presagian el limitado tiempo de su existencia por dicha causa.


Los diversos trabajos de intervención arqueológica llevados a cabo recientemente han reflejado los límites en la capacidad de atención de la institución para proyectar los estudios referentes a casos de salvamento y rescates. Estos límites suelen ser precisamente muy cortos, por razones de hecho comunes a cualquier intervención arqueológica derivada de modernas acciones antrópicas; sin embargo, las deficiencias por así llamarlas, de tiempo, recursos materiales o monetarios, papeleo burocrático y organizativas en general tan comunes en todo desarrollo arqueológico en nuestro país, parecen ser también, sino el origen, al menos parte de la deficiencia en dos de los aspectos medulares de todo estudio arqueológico, a saber: primero la integridad y el desarrollo de los participantes que lo ejercen; segundo el registro arqueológico con los análisis derivados.

 
En efecto, si existe algo que ha sido realmente afectado por las deficiencias materiales y organizativas de los trabajos arqueológicos actuales, seguro se trata del equipo de personas que los efectuaron. Las carencias materiales, cognitivas o estratégicas, quizás hayan permitido, con un sobre desarrollado esfuerzo personal, el seguimiento de los trabajos, pero hacen absolutamente nada por el bienestar y la mejora profesional de los involucrados.


Si el diseño de los proyectos es efectuado con celeridad porque apremia estar en campo, seguro que las necesidades básicas de los arqueólogos y trabajadores serán poco apreciadas en aras de iniciar a toda costa. Asuntos como el salario o prestaciones, materiales, alojamiento, determinación en las condiciones de estancia, capacitación o dotación de información y tiempo para análisis de la misma, son cosas poco o nunca tratadas.


El resultado es casi siempre el arranque de proyectos con personal inconforme pero necesitado de trabajo, ignorante del área a tratar, desinformado en cuanto a las etapas y exigencias del proyecto, con poca claridad en lo que se debe hacer y el objetivo a tratar, todo ello fomenta el desinterés académico, lo cual lleva sin remedio un grave impacto en la calidad del registro y desarrollo de los contenidos afectados.


Es posible que un director de proyecto contemple como satisfactoria la recopilación del registro, el análisis a los contextos y materiales recuperados en tal entrópicas circunstancias, sin embargo descuidar tales deficiencias siempre termina haciendo que los resultados sean influenciados por las faltas de un diseño previo.

 
En los últimos años, ese fenómeno de planes y resultados pobres ha sido cosa común. Visto desde mi perspectiva de arqueólogo colaborador en algunos de ellos y testigo de otros, percibo que en tales casos, la falta de un diseño mínimo ha medrado no sólo en sus resultados, sino en la calidad profesional y humana de los participantes, sobre todo en aquellos compañeros que por el momento, vemos en tales proyectos la única fuente de desarrollo profesional y económica, lamentablemente limitado no solo por su efímera e inestable aparición, sino por los detalles ahora expuestos, que no fomentan el avance intelectual y que en algunos casos han representado verdaderos riesgos personales. Este es el tema y ofrezco una idea.


La propuesta presente surge a raíz de mi participación en algunos proyectos cuyo desarrollo sugieren mejoras, además de ser el tema a tratar en la convocatoria del Centro INAH Veracruz en la que participé en 2010, con un documento entregado el 5 de octubre de 2009, cuyo tema resultó muy sugerente: Una propuesta metodológica para efectuar proyectos de salvamento arqueológico en el estado de Veracruz.


Me pareció muy significativo que el INAH convocara con tan apropiado tema, precisamente en un momento en que logré percibir una cierta carencia de diseño en diferentes proyectos, por lo que decidí hacer mi propuesta, ahora resumida en este artículo.


Simplificando el asunto, me pareció prudente retomar el tema con base en preguntas categóricas: por qué, qué y cómo.


El Por Qué de un proyecto de salvamento o rescate
Es menester del INAH, la institución mexicana especializada en abordar esta problemática, hacer lo que sea necesario para, si no evitar la paulatina desaparición de la evidencia, si prolongarla en el tiempo lo más posible, de registrar sus contenidos y sobre todo, difundir el conocimiento de los mismos.


Los trabajos que se dirigen hacía la recuperación de ese conocimiento, la prevención o disminución de su pérdida también presentan mucho de lo cual debe ocuparse la disciplina actual. Se han acuñado rimbombantes discursos que buscan definir esos actos románticos y hasta piadosos sobre la idea de preservar las huellas del pasado humano, asegurando su pleno conocimiento y su puesta en valor social, como si tales cosas fuesen realmente posibles en su totalidad. Queda claro que los criterios de hace un siglo, de índole nacionalista, añorando la justificación de identidades y épocas doradas fomentó los primeros pasos que trajeron la institucionalización arqueológica, pero el estado actual del conocimiento ya no se conforma con esos epítetos idealistas, aunque en ocasiones funcionen para atraer recursos a la investigación.


México ha tenido una vasta experiencia, colmada de ensayos y errores, derivada al mismo tiempo de la práctica social-intelectual de sus actores, como de su tan mencionada riqueza histórica, arqueológica y natural, base de todos los trabajos afines. Veracruz ha sido una clara muestra en este campo y la misma historia de esas labores ha tenido vastos ejemplos dignos de mención, aunque se puede añadir, las precisiones acerca de las circunstancias que los motivaron han sido también muy variadas como anecdóticas.

 
Resulta cierto que la planeación de proyectos de recuperación de información se ha suscitado muchas veces por motivos que no tienen que ver con los intereses propios de la arqueología o la historiografía. Cuando un reporte, la mayoría de las veces fortuito e inesperado llega a oídos de los especialistas acreditados, estos según su base de conocimientos, deciden actuar en consecuencia, en ese momento proceden las inspecciones, que derivan en trámites, organización de trabajos, desarrollo de campo y resultados de informes, incluso publicaciones y algo de difusión.

 
Los motivos para el arranque de un proyecto de investigación son tan vastos como los contenidos de los mismos, sin embargo son los cambios constantes al entorno que contiene las evidencias arqueológicas (sea rural o urbana, mayormente la primera) los que suscitan el grueso de los trabajos. Empujados por la urgente necesidad de resguardar dichos contenidos en inminente desaparición, las investigaciones se desprenden, la mayoría de las veces de forma apresurada, con insuficiencias de organización, con planeaciones poco sólidas cuyos ejes parecen responder más al compromiso burocrático que a los objetivos originales, desde algunas décadas ya institucionalizados, de reconocimiento, protección y resguardo del pasado.
La propuesta resolutiva aquí expuesta se basa en la experiencia de las diversas soluciones que se han implementado aquí y allá para resolver precisamente las carencias de los proyectos de salvamento.

 
Es de todos conocidos que lo plasmado en los documentos oficiales , manuales de operación, procedimientos de desarrollo, leyes y reglamentos relativos a la ejecución de empresas de asistencia científica, solo tratan los aspectos mínimos de lo que estas implican, el conjunto de normas de ejecución convenidas y nada más.
A los arqueólogos que abren un proyecto de salvamento o rescate, no se les ofrecen soluciones a las interrogantes técnicas y modos de solventar sus objetivos, dejando a la capacidad personal y al libre albedrio la solución de todos ellos; como resultado tenemos una serie de proyectos realmente diversos que terminan por contraponerse, por ejemplo en la manera en que ejercieron la coordinación, los parámetros de trabajo, consideraciones técnicas y de personal, interpretación a reglamentos o uso irrestricto de los presupuestos, a pesar de compartir similar región de estudio.
Se trata de buscar una lógica común de actuación frente a la realidad material del vestigio arqueológico, de los entornos naturales, sociopolíticos y culturales que habrán de modificarlo, aspectos puntuales que la mayoría de las veces se dejan al “buen criterio” del arqueólogo encomendado, apelando tanto a su supuesto conocimiento del caso, como a sus capacidades mismas y lamentablemente a su suerte.

 
Por otra parte, es la falta de difusión, no solo de los resultados de las investigaciones, sino aun de las técnicas, procedimientos y relaciones laborales en el proceso de los proyectos, lo que ha mermado la retribución de experiencias y dispersión de las ideas que debieron ser las herramientas para el mejor desempeño de las investigaciones futuras. Cuando surgen ejemplos de proyectos concebidos por la premura, por el reclutamiento de personal salido “sabe Dios donde”, con cronogramas peligrosamente estrechos debido a la falta de claridad en lo que se va hacer y en lo que se podrá encontrar, con presupuestos no correspondientes con el gasto real, con textos de operación sacados de la manga, collage de ideas que otros colegas sugirieron al encargado en turno, y cosas por el estilo, hacen pensar que en verdad no se exagera con estas apreciaciones.

 
Por ejemplo, una lectura general al texto de Procedimiento de Desarrollo de Investigaciones Arqueológicas-Salvamento y Rescate- en Áreas de Obra de Infraestructura Pública o Privada del 26 de mayo de 2009, deja entrever esta manera en exceso convencional de manejar los proyectos de recuperación científica del pasado en aras de un procesamiento de deberes institucionalizados que no consideran a fondo los verdaderos requerimientos que tales proyectos exigen, a pesar de que ello ha forjado escuela y asentado precedentes interesantísimos.
Cuando las obras públicas o privadas inician, por norma deben ser previamente revisadas por el personal del INAH, sea en cada uno de los centros estatales o informando a la Coordinación Nacional de Arqueología en México D.F. Se emitirán dictámenes previo análisis de la obra en cuestión e inspecciones de rigor, notificando los resultados a las partes, responsabilizándolas del posible efecto legal de sus actividades en tanto pongan en riesgo los vestigios arqueológicos identificados, proponiendo entonces las acciones consecuentes a evitar la afectación en si, que de preverse inminente, se turna al procedimiento consecutivo del salvamento arqueológico o rescate en caso de su carácter imprevisto; este es el Por Qué, motivo de la intervención arqueológica.

 
El Procedimiento de Desarrollo de Investigaciones Arqueológicas-Salvamento y Rescate en Áreas de Obra de Infraestructura Pública o Privada Procedimiento de Desarrollo vigente a la fecha, señala que para las instituciones con un acuerdo de cooperación convenido con el INAH (CFE, SCT o PEMEX) la información de todas y cada una de sus actividades planificadas por año, trienio o sexenio deberá ser entregada al instituto para el análisis de riesgo potencial correspondiente.


Sin embargo en la práctica ello se efectúa de una manera no muy deseable. Puesto que los planes de trabajo institucionales dependen de numerosos factores que tarde o temprano afectan sus calendarios, la entrega de dicha información al INAH ocurre de modo poco regular, con lo que los programas preventivos de protección se reducen considerablemente, imponiendo al INAH la necesidad de asumir mayores riesgos en lo que toca al cumplimiento cabal de sus objetivos de protección patrimonial, de esta manera dificultados y hasta inhabilitados.


No es exagerado decir, que pasa lo mismo, aunque ya de un modo casi natural, con los trabajos de previsión derivados de obras administradas por instituciones sin acuerdos directos de cooperación con el INAH, no se diga más de aquellas promovidas por terceros o particulares, cuyos reportes de operación o inicio de actividades llegan a oídos del instituto por diversos y en muchas ocasiones, azarosos medios.


En lo que toca a este respecto, la repentina aparición y celeridad de las obras ha hecho que los proyectos de supervisión, salvamento o rescate arqueológicos no sean tratados con el rigor que merecen, debido al poco tiempo disponible para realizar las pesquisas necesarias en la toma de decisiones que respondan al qué y cómo. Eso provoca una información incompleta para el arqueólogo acreditado con la cual prospectar las más convenientes acciones que desahoguen todos los requisitos académicos o científicos, compromisos de liberación de obra, presupuestales y de operación. Ello deriva en la aparición de eventualidades que influyen en la calidad de la información científica, en las actividades de trabajo, amparo legal o laboral, dinero, instalaciones, material o tiempo disponibles.


Como resultado los proyectos inician en ambientes laborales endebles, con poca o casi nula apreciación por parte de las partes encargadas de sufragarlos, llevando a cabo las actividades de organización y concentración de información con carencias materiales básicas, instalaciones y equipo mínimo que demeritan su calidad, con lagunas acerca de la competencia jurídica de los arqueólogos responsables, con informalidades de reclutamiento, capacitación y pago, con dudas acerca de si lo que se hace es correcto.


Con esa tónica se han presentado varios informes de culminación, sino que otros tantos se han quedado pendientes, esperando que mejores y nuevas arbitrarias condiciones de trabajo logren por fin desahogarlos, todo por la imprevisión tajante de sus inicios. Por otro lado, los textos finales reflejan el trabajo de quienes los han llevado al fin, reflejo tanto de su cualidad para hacer de una supervisión, salvamento o rescate una excelente oportunidad de recuperación de información arqueológica o simplemente un mero trámite que solo busca cumplir con un compromiso oficialmente exigido por las instituciones. No esta de más agregar que poco o casi nada se llega a saber de los resultados sustanciales de estos proyectos, lo cual depende de nuevo, de sus autores y sus intenciones académicas.

 
Por otro lado, los últimos salvamentos arqueológicos resultan a la vez tan variados no solo en lo que respecta a sus objetos de estudio, es decir las zonas de atención; sino también en sus modos de operación, al menos en lo que toca a los puntos en los que se creería existieran cierta concordancia, ello se deduce al consultar algunos de los informes técnicos en los cuales se manejan diversos términos como por ejemplo el de rescate, que para unos es sinónimo de excavación, para otros un proceso de trabajo muy apresurado y para otros el equivalente a salvamento (Véase el concepto oficial del Procedimiento de Desarrollo de Investigaciones Arqueológicas–Salvamento y Rescate en Áreas de Obra de Infraestructura Pública o Privada 2009: 28, en contrate con las diferencias del concepto usado por Castillo 2000: 18, León 2004 y Maldonado, Hernández y Ortiz 2008: 9).

 
Sin embargo se deja ver entre los informes que las investigaciones comparten una cierta equivalencia de criterios que de esta manera terminan por emparentar sus resultados; manejando los mismos conceptos aunque en diferentes términos, estos informes articulan en menor o mayor grado sus objetivos, sus métodos, la labor de protección al patrimonio y el estudio arqueológico, incluyéndolos al fin y al cabo.

 
Como resultado tenemos informes de proyectos que demuestran una gran cobertura espacial, demostrando una técnica de reconocimiento de sitios muy amplia o una manera en que el trabajo arqueológico se acopla muy bien con los modos propios de las obras, pero finalmente poca sustancia analítica interpretativa. (Véanse el denominado Plan de Gestión en Heredia 2008:132-171 y el tamaño de las coberturas en León 2004).

 
En otras aparecen el uso de criterios técnicos de recorrido muy variados, con distancias de seguridad que van de los 30 a 500 metros por ejemplo, pero el uso de términos mejor adaptados a los requerimientos actuales del proceso de salvamento (Véase Maldonado, Hernández y Ortiz 2008: 8, o el concepto de Estudio Arqueológico de Factibilidad en Castillo 2000: 9-10).


Algunos hacen mayor gala del conocimiento previo de las zonas que han trabajado, revelando un conocimiento amplio de los antecedentes o estudios anteriores, historia de los trabajos similares etc. pero con poco trabajo de análisis propio o con resultados meramente descriptivos; los hay quienes exageran en los datos meramente técnicos de la labor de liberación o modificación de obra, como si de ello se tratara únicamente el proyecto.


Desde esta perspectiva, gran parte de estas divergencias y problemas que se han señalado se deben a que no existe un acuerdo en el qué hacer y cómo hacer justo al momento en que se avecina una intervención arqueológica, por muy premeditada o no que sea.


Dudo que esta divergencia en los resultados se explique con la mera complejidad de la evidencia arqueológica en sí o el conocimiento personal del arqueólogo emprendedor. En un proceso de intervención arqueológica inducida por actividades modernas, siempre existirán tres factores: cultura material antigua, actividad de riesgo y equipo de trabajo arqueológico. Esta triada implica necesariamente un proceso de estudio previo, trabajo de registro-supervisión y el análisis e interpretación académica; es entendible así que los informes deban representar en su justa dimensión los contenidos de cada una de esas partes y no sobrevalorar alguna de ellas por encima de las otras.

 
El seguimiento normativo de los procedimientos señala con acierto la parte administrativa jurídica institucional a la que deben apegarse las acciones, pero en ellos no se termina por definir los aspectos de importancia capital para el buen desempeño de los proyectos, aun así estos se han derivado de innumerables circunstancias que acaban determinando su calidad. Se hace claro entonces que es la homologación de criterios uno de los primeros pasos a tomar para la propuesta metodológica de elaboración de proyectos de salvamento presente.
El Qué de un proyecto de salvamento o rescate.


Esta pegunta se remite a determinar qué cosas debemos definir en el diseño de un proyecto, lo cual puede resumirse así:


¿Qué conceptos usaremos en el diseño?
En principio se propone el uso compartido de términos técnicos con el objetivo simple y lógico de crear una base conceptual de la cual partir, libres de confusiones que induzcan diferencias de apreciación y por ende, diferencias de actuación profesional.


Por otra parte, es una pena ver que cuando los demás actores públicos, privados o la sociedad en general, participan dentro de los mismos proyectos arqueológicos, se percatan de que en el gremio se practica un uso indiscriminado de términos que genera un ambiente confuso de operaciones o no existe consenso en lo que se debe hacer.


Estos conceptos son en la mayor parte implementados con anterioridad por la reglamentación existente y otros más son propuestos de modo novedoso en este texto.

 
Se sugiere convenir el uso fijo de los siguientes términos básicos, tenerlos siempre claros y presentes al momento de ejercer una intervención arqueológica. Estos se encuentran divididos en tres grupos según su origen:


1.- Provenientes de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.
• Monumento Arqueológico (Cap. III, Art 28).
• Zona de monumentos Arqueológicos (Cap. IV, Art 39).

 
2.- Provenientes del Procedimiento de Desarrollo de Investigaciones Arqueológicas–Salvamento y Rescate en Áreas de Obra de Infraestructura Pública o Privada IV Glosario: 27 y 28
• Áreas con potencial arqueológico
• Centros INAH
• Dictamen Técnico
• Oficio de comisión
• Arqueólogo o Investigador comisionado
• Visita de Verificación
• INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia)
• Inspección
• Rescate
• Salvamento
• Intervención arqueológica (IA para el presente texto): Intensivas o lineales, Extensivas o regionales

3.- Conceptos provenientes de la Propuesta de Desarrollo presente.
• Agente de riesgo: antropogénico o agente natural.
• Cobertura espacial: regional, local o específica
• Prontitud de obra (prioridad): baja, media, alta, muy alta, (tiempo de anticipación y tiempo de respuesta).
• Cartilla de identificación (resumen gráfico del tipo de Intervención Arqueológica).
• Supervisión
• Evidencia Arqueológica
• Afectación
• Riesgo de afectación
• Grados de afectación (total, grave, moderado, bajo)
• Áreas de afectación
• Constancia de afectación
• Obra
• Área de obra
• Proyecto
• Finalidad del proyecto
• Marco legal
• Marco social
• Objetivos Institucionales
• Evaluación de obra


La determinación y uso estricto de todos estos conceptos, disminuye las confusiones y garantiza el mejor diseño del proyecto, aclarando los objetivos, los alcances y sobre todo, ayuda en la identificación de los requerimientos. Para el presente artículo basta con mencionar los conceptos,asegurando que el uso inequívoco proveerá la orientación técnica que el diseño exige. (Para mayores detalles de conceptos, crítica y propuesta, véase texto completo en Moreno 2010).

 
Es la aplicación de estos conceptos en casos concretos de intervención arqueológica la que soluciona y conduce una idealización abstracta como guía básica de diseño, debido al hecho de someter el intelecto de los coordinadores a la contrastación conceptual con circunstancias concretas.

De este proceder se propone la siguiente guía general de diseño, la cual contiene los pasos a considerar en un proyecto, proponiendo las etapas de diseño, prospectando los requerimientos de manera proporcional a las condiciones de la intervención arqueológica.



Es el análisis de cada etapa propuesta la que guía a la solución de los objetivos y requerimientos del proyecto, análisis que debe seguirse en el orden que se presenta, mismo que suele asociarse al orden cronológico de los eventos que suscitan la intervención arqueológica.


Concepción del proyecto
El uso de la Cartilla de identificación y la Guía Fundamental de Proyecto implican la solución inicial de los aspectos más importantes del proyecto, con la cual el Arqueólogo Comisionado puede diseñar la pormenorización de dichos aspectos, formando ya el cuerpo del proyecto en si. Es pues la definición previa de los conceptos angulares que suponen la creación de la Cartilla y la Guía, la herramienta lógica para tomar en cuenta desde un principio la estructura de la Intervención.
Una vez definido el esqueleto que guiará al Salvamento, se sugiere proceder con los detalles necesarios de sus partes, para lo cual se pueden usar las siguientes figuras de apoyo técnico:


En la Cartilla de identificación se muestran de manera rápida las generalidades del proyecto, pero es en la Guía Fundamental de proyecto donde se desarrollan sus elementos, concentrados en el cuadro especificaciones de la intervención arqueológica como se vera a continuación.

1.- Evidencia Arqueológica
Aquí debe hacerse mención resumida de la evidencia arqueológica que se encuentra dentro o cerca del área de obra, un resumen del conocimiento histórico de su desarrollo, los ejemplos más representativos y estudios anteriores si es que se han realizado. Estas evidencias deben ser representadas por polígonos y círculos de área específica para poder así deducir el Grado de Potencial Arqueológico con respecto al Área de obra. La información requerida para estas áreas puede obtenerse de diversas fuentes.

 
2.- Obra
Aquí se escribe acerca del nombre de la obra y de la compañía que la ejecuta, antecedentes de obras similares, fechas y salvamentos correspondientes, una descripción de la obra, especificando sobre todo las actividades que generan el riesgo de afectación.
Deben señalarse de manera puntual las dimensiones de la obra, con el concepto de Área de Obra (en metros o kilómetros cuando se trate del largo y ancho, así mismo en m2, hectáreas o km2 cuando se trate de la superficie total), también acerca de las metas, cronogramas y bitácora de obra.


3.- Afectación
Se escribirá acerca de los daños posibles y efectuados en las Áreas de Potencial Arqueológico que la obra involucre, definiendo lo siguiente
Riesgo de Afectación, identificar agentes (antropogénico o natural), grado de afectación (total, grave, moderado, bajo).
Área de Afectación: listado y señalamiento geo-referenciados en planos de los daños, haciendo hincapié en los elementos específicos afectados (arquitectura, escultura, bienes muebles, terrazas, calzadas, dispersiones de materiales, etc.) indicando los puntos en que tales elementos fueron dañados y señalando el tamaño de su superficie (m2, km2). Constancia de afectación: emitida de manera oficial tras el análisis de datos anterior, documentando así el Dictamen de Técnico oficial.


4.- Tipo de Procedimientos Arqueológicos.
Se declararan en un texto el tipo de procedimientos arqueológicos que regirán la intervención arqueológica. Hasta estos momentos del desarrollo del proyecto es que se pueden sugerir tales procedimientos, ya que con la plena identificación de las áreas de potencial arqueológicas, el área de obra y sus actividades, se puede saber qué puntos se trabajaran, cuándo y cómo.


Estos procedimientos se dividen en:
• Supervisión Arqueológica (presencia constante de la IA)
• Prospección o recorrido de superficie
• Excavaciones


5.- Objetivo Institucional
Aquí se presenta el argumento legal que el INAH tiene para justificar su mandato constitucional de protección, investigación y difusión del Patrimonio Arqueológico.


6.- Evaluación de Obra
En esta parte de describen las medidas que se tomaran para la determinación de las liberaciones de obra, de acuerdo a las definiciones según el Procedimiento de Desarrollo de Investigaciones Arqueológicas -Salvamento y Rescate en Áreas de Obra de Infraestructura Pública o Privada 2009 que son:
• No se afecta patrimonio
• La obra no es viable
• La obra es viable (pero requiere definir proyecto de Intervención Arqueológica).

 
Cuando se evalúan las actividades de la obra, aquellas que suponen un riesgo de afectación o de hecho ya lo hayan provocado, deberán de describirse cada una de ellas, usando los términos y tecnicismos que la obra maneja evitando confusiones entre el proyecto arqueológico y la obra, para ello se exige una investigación documental del arqueólogo comisionado con los directivos de la obra, analizando los conceptos y su aplicación (despalme, banco de préstamo, enraces, embalse, derecho de vía, sondeos, etc.).

 
Refiriéndose a las actividades específicas usando los tecnicismos indicados, es posible enunciar las acciones de liberación o modificación correspondientes de tal manera que se pueda interactuar sin propiciar confusiones que resulten en daños u omisiones.


Deben detallarse la formas oficiales de liberación, aclarando cuales son los trabajos arqueológicos que deberán antecederles, una vez completados y emitidas sus recomendaciones, oficializando con documentos internos las liberaciones de obra o en su caso las modificaciones, con copias para el Delegado, Subdelegado y Jefe de departamento Jurídico del centro INAH responsable.
Se sugiere, de manera interna, el llenado de archivos de documentos en carpetas designadas para las liberaciones, las modificaciones, observaciones y oficios al INAH, de manera que el acervo pueda ser consultado a cualquier momento en el desarrollo del salvamento, por lo que desde el inicio de las operaciones habrá de llevarse.


Los lugares y tiempos de entrega de documentos se convendrán directamente con los encargados de las obras, pero en ningún momento deberá de ser fuera del Área de Obra (salvo en circunstancias extremas no ordinarias, como la cancelación de la obra por causas forzosas o entrega convenida de oficios en tiempos no apremiantes), tampoco demasiado después de realizadas las actividades de obra que generaron las recomendaciones arqueológicas, sino en lo posible, lo inmediatamente después.


7.- Objetivo Académico
La información contenida en la evidencia arqueológica es la máxima que ha de guiar los trabajos y sus resultados. El objetivo académico no solo de los salvamentos sino de cualquier proyecto de investigación arqueológica tiene como base el reconocimiento total de la información que explica el desarrollo humano, representado este en los objetos de la cultura material que la disciplina atiende.
Desde este principio, el objetivo académico del salvamento debe estar perfectamente estructurado, ya que ello ofrece la posibilidad de saber qué es lo que se va a buscar, por consiguiente, se obtiene el cómo se obtendrá dicha información.
Para iniciar la disertación acerca de los objetivos de proyecto, se exige reconocer al objeto de estudio, el lugar y sus contenidos.


Se ha visto que con la información de las áreas de potencial arqueológico y de la obra es posible iniciar el diseño de los primeros argumentos, sin embargo, para abordar el objetivo académico es necesario un procedimiento en cierta manera similar pero que requiere de precisiones de investigación muy particulares de la arqueología, iniciando con preguntas básicas que suelen hacerse en la mayoría de los casos, tales como: qué datación tiene el sitio, qué extensión tiene el sitio, cómo resolvieron el uso del espacio, qué familiaridad cultural presenta el sitio, cuántas personas llegaron a habitarlo, etc.


Estas interrogantes son legítimas y motivo de futuras investigaciones; sin embargo para efectos de un salvamento en donde la mayoría de los casos no se cuenta con una idea o un interés científico previo, las mismas surgen de improviso, sin antecedentes de estudio que las soporte, teniéndose la necesidad de satisfacerlas con la información que ha de surgir del salvamento mismo, lo cual resulta en el mayor de los casos, difícil, escaso y demasiado rápido.


Es común que el conocimiento arqueológico previo de un área de obra, se limite únicamente a las inspecciones que el arqueólogo comisionado efectúa con motivos del trámite a inicios de la intervención. Esta suele complementarse con información de estudios de caso próximos al área, por mención a sitios similares o relativos a los muestreos de los materiales recolectados al momento de la inspección, lo que es poco usual.


Se tenga mucha o poca información previa a los trabajos arqueológicos, el objetivo académico principal de los mismos será siempre igual: un apropiado registro arqueológico y su justa interpretación.


Pueden utilizarse las siguientes preguntas básicas como guía para el desarrollo de nuestro objetivo académico, dentro de una intervención arqueológica:


A.- ¿Qué? es el objeto de estudio:
Presentar los elementos que configuran el objeto o problema de estudio: sitio, evidencia, afectación por obra tal.
-Definición: nombre.
-Contexto en el espacio: lugar, tamaño.
-Contexto cronológico posible.
-Nivel de análisis a aplicar:(descriptivo, hipotético-teórico o explicativo)
-Conceptos con sus nombres específicos (términos de referencia para los detalles del sitio y las actividades de la obra que lo arriesgan).

B.- ¿Por qué? es un problema y las ventajas de solucionarlo:
Comenzar señalando que el lugar ha sido estudiado o no, mostrando la manera en que se debe llevar a cabo la intervención arqueológica debido a las exigencias de la obra, tratando de resolver cómo es que ese caso falta en el cúmulo de conocimientos arqueológicos nacional, o por qué resulta importante analizar su afectación desde la perspectiva de que dicha evidencia complementa sin duda el conocimiento arqueológico general.


C1.- Principales intentos históricos de estudio:
Sólo los más importantes de existir alguno. Citar la revisión o capítulo del libro donde se haga un repaso más exhaustivo.

 
C2.- Principales intentos de los últimos años.
Los principales autores y cómo abordaron sus estudios, sus conclusiones y algunos comentarios sugeridos de su consulta.


D.- ¿Cómo? Los modos para resolverlo:
En principio debe parecer lógicamente posible.
La coherencia de la metodología considera las referencias arqueológicas del sitio, por ejemplo los materiales cerámicos conocidos, sistemas constructivos, modelo urbano específico, manejo del suelo, etc. así como las maneras en que estos se piensan obtener y describir.

Para ello pueden usarse distintas técnicas (recorrido, excavación, experimentación), diversas perspectivas de análisis (procesual, estructural, funcional, material, medio ambiental, etc.) y diferentes grados de descripción (total del sitio, aspectos contextuales, general-resumen, individual y detallada por elemento arqueológico).Es en todo caso la relación lógica entre lo que se percibe (la evidencia) y lo que se dice (su descripción) lo que fundamentará la propuesta de su explicación.


Ello debe bastar para argumentar la metodología utilizada en un proyecto.
E.- Informe: esto es la discusión y entrega del registro arqueológico total y de las conclusiones al proceso de estudio.


Se resume el acumulado de información, describiéndolo para usarlo como base de las propuestas de interpretación, si acaso se obtuvo alguna, así como de las acciones encaminadas a su protección de riesgos por la obra que lo suscitó.


Puesto que en la historia de la arqueología las corrientes teóricas cambian no solo con el tiempo, sino aun de grupo en grupo y más allá de individuo a individuo, es que la coherencia lógica entre las evidencia arqueológica y el modo en que se obtiene el registro, es lo que habrá de procurarse como objetivo primordial del trabajo arqueológico y de manera especial en un salvamento, donde se tiene seguridad de que dicha información desaparecerá.


Metodología
Tomando en cuenta lo anterior, se entiende que la relación evidencia material-modos de registro, no puede representar todo lo que la arqueología ofrece en el complejo trabajo de la explicación humana. Ello es así debido a que la misma historia de la arqueología ha estado implicada en innumerables discusiones acerca de su propiedad como antropología, aun como ciencia humana (que se refiere al tratado del hombre).


Para quienes la ejercemos, la duda sobre este punto no parece tan fuerte, no siendo así las críticas que se han disparado en diversas ocasiones sobre todo en ese aspecto tan “arqueográfico” que en ocasiones tacha a la disciplina de excesivamente técnica.


Es aquí donde recae en manos de los arqueólogos activos la defensa y justificación de los procedimientos arqueográficos con miras a la implementación de sus contenidos en la formulación de comparaciones e interpretaciones socioculturales. Un resumen acerca de la disyuntiva librada por la arqueología, en tanto que se le cuestiona su proceder científico, lo presenta Lumbreras de una manera bastante clara y completa, en la siguiente cita larga:


No importa que la arqueología sea considerada parte de la Antropología, de la Historia o se le considere “autónoma”; en cualquier caso sus procedimientos deben ser los mismos. En su tarea científica debe cubrir en primer lugar los niveles de observación y análisis antes mencionados y luego pasar al nivel de comparación y finalmente al de generalización. En los dos primeros actúa como una técnica muy especializada, ligada muy íntimamente a las llamadas “ciencias naturales”; en los dos últimos actúa como “ciencia social”, total y absolutamente interdependiente con las demás disciplinas sociales, tanto que parte de la misma teoría y sirve a la misma teoría. Realmente, el arqueólogo sólo se diferencia de los demás científicos sociales en los dos primeros niveles, pero en los últimos de ninguna manera. Por supuesto, hay que recordar que otras “ciencias” aprovechan también de los datos obtenidos por los arqueólogos en los dos primeros niveles: la paleontología, la antropología física, la etnobotánica, etc. Obviamente, estos primeros niveles, a los que muchos se refieren con el nombre de “Arqueografía”, son la parte vital de la Arqueología; de la manera como ellos hayan sido conducidos depende estratégicamente todo lo que puede hacer el arqueólogo en adelante. A trabajo de observación o de análisis deficiente corresponde una “reconstrucción” (por los dos niveles de investigación últimos) errónea. Por eso, el arqueólogo debe cuidar mucho de la calidad y rigor de estos dos primeros niveles de la investigación no sólo en su propio trabajo, pero también en el de aquellos a quienes tendrá que usar como fuente de información. De esto se deduce que la crítica metodológica es absolutamente necesaria en el uso de cualquier “información arqueológica”. Esto corresponde a una tarea hermenéutica similar a la que realizan los historiógrafos al estudiar sus fuentes. (Lumbreras 1974: 35-36).

 
Precisamente de Lumbreras, se retoma la siguiente propuesta metodológica que se usará al momento de planear una intervención arqueológica, muy útil y esquemática para los casos de salvamento.


1.- El Registro y Observación de los Materiales (relativas a los dos niveles primarios del proceso científico):


Trabajo de campo (nivel de registro), prospección y excavación arqueológicas.
Trabajo de gabinete (nivel de observación, es decir el análisis.) clasificación de objetos por contexto de origen, ordenar por materia prima, crear tipologías que se correspondan a función-forma-decoración y manufactura. Posteriormente se crean clasificaciones comparables con otras similares (homotaxiales), así se genera la cronología (relativa si no precisa tiempos) y una corología (relaciones tipológicas entre clasificaciones enteras, es decir identificando la distribución espacial de los tipos).


2.- La reconstrucción Arqueológica (o Interpretación, relativo al tercer nivel del proceso científico, la comparación).


Este paso se encuentra basado en el concepto de que es posible reconstruir el proceso social que produjo los bienes ya clasificados, identificando las fuerzas que permitieron su aparición, entendiendo que tales fuerzas siempre habrán de estar manifiestas en los materiales arqueológicos y por ende su análisis, la analogía con puntos susceptibles de experimentación y la comparación de los resultados con otros de casos similares, contemporáneos o extemporáneos, podrá ser útil para establecer las pautas de conducta comunal humana que generaron tales fuerzas.
Ello tendrá la intención de poder facilitar la generación de una propuesta para emitir argumentos objetivos que se manejen como el reflejo de una posible identificación cultural, cosa que de llegar a obtenerse, bien podría convertirse en una meta aceptable para todo estudio arqueológico, es decir, la obtención de respuestas a las interrogantes fundamentales de quiénes fueron los seres humanos del pasado, cuándo vivieron, qué hicieron y cómo su aparición impacto en el desarrollo mismo del hombre en un punto geográfico determinado. (Lumbreras 1974: 36-46).


Aquí es donde entran a contraste todas las experiencias del arqueólogo, obtenidas tanto en otros proyectos de trabajo, de su conocimiento general y obviamente del recuperado con los datos del salvamento, resulta valido entonces el enunciado de argumentos explicativos acerca del desarrollo de los pueblos antiguos que generaron los bienes recuperados, registrados y observados.

 
La aparición de una Comisión de Análisis, grupo de apoyo conformado por especialistas que comentarán sobre todas las implicaciones académicas, técnicas y presupuestales-administrativas del proyecto, será un instrumento esencial en el apoyo académico que toda empresa de investigación requiere para nutrirse y librar sus inminentes debates, esto resulta ser algo que se ha estado haciendo aunque de manera informal cuando el arqueólogo comisionado para el salvamento consulta aquí y allá con otros compañeros que en su momento han realizado proyectos similares, cuyas experiencias más significativas no suelen estar plasmadas en documento alguno, en lo que toca a la manera en que meditaron sus trabajos, llevaron a cabo sus pasos y salvaron sus vicisitudes.


Esta comisión se integra por los arqueólogos adscritos al Centro INAH cuya invitación directa del arqueólogo comisionado reunirá para solicitar su opinión acerca de todos los detalles que el primero crea necesario discutir, a manera de colegiado.

 
9.- Cronograma
Más allá de la misma prevención, no existe rasgo más característico de un salvamento o rescate que el tiempo, ese intangible tan presente siempre, fundamento de todas las cosas y el mejor de los motivos de nuestra labor arqueológica. Antes de valorar los materiales, útiles y equipos varios, la base del diseño de presupuesto será indiscutiblemente el factor tiempo, mismo que tendrá que definirse con certeza, pues es en su intervalo cuándo se realizará el salvamento.
Deberá conocerse tanto el tiempo total de la obra como el que habrá de corresponderle al proyecto arqueológico, esto último se refiere al lapso dentro del primero en el que habrá de desarrollarse, lo que en ocasiones no es igual al tiempo total de la obra, debido a que estas suelen iniciarse antes del salvamento. Para ello se someterán a estudio los cronogramas propios de la obra, distinguiendo entre sus diversas etapas o fases, las actividades contenidas en estas y las propias correspondientes al proyecto arqueológico, sea que estas últimas absuelvan parte de la liberación o modificación de la obra o se enfoquen al mero estudio arqueológico.
Es de suma importancia conocer el tiempo disponible para el trabajo arqueológico, ya que de ello dependen las estimaciones sobre los requerimientos materiales y de personal.

 
Existe una diversidad de actividades que suelen demeritar el tiempo inicial de un salvamento, ya que los compromisos de liberación de obra o modificación absorben parte del mismo, por lo que en ocasiones se hace necesario agregar un tiempo extra al de la obra para contar con el suficiente al momento de realizar la culminación de los trabajos de análisis de materiales y escritura de informes.


Se recomienda no escatimar en negociaciones con las partes en ese sentido, además se debe tener en consideración un tiempo más en caso de imprevistos de incumbencia arqueológica, como la aparición fortuita de zonas de potencial arqueológico no detectados en un principio, quizás afectados por la obra, mismos que habrán de ser atendidos con la consecuente disminución original de los tiempos convenidos o incluso la cancelación total de la obra por factores naturales no concebidos, por mencionar algo.

 
La sistematización de los tiempos de un salvamento sugiere dividirlo en tres partes: periodo antes del tiempo de convenio, periodo de convenio-campo oficial y periodo de convenio-tiempo anexo. Cada una de estas partes se ha dividido a su vez en pasos a seguir que habrán de cumplirse en estricto orden con forme el proyecto se desarrolla.

 
A continuación se presentan tres tablas que muestran la propuesta de cronograma para salvamento, separadas en las tres fases, determinan los tiempos aproximados del proyecto, las justificaciones a sus partes y los tiempos extras.


Pasos Antes del Tiempo de Convenio Descripción Tiempo Tiempo Máximo Glosas
1 Aviso oficial de actividades al INAH La institución-compañía informa al INAH 1-5 días 30 días Estas actividades dependen de la disposición de las partes
2 Tramites y negociaciones Reuniones oficiales de negociación 5-15 días
3 Reclutamiento y administración de personal Convocatoria y evaluación de personal 5-20 días
4 Aprobación oficial de convenio Autorización del acuerdo oficial de trabajo 1 día


Pasos Tiempo de Convenio: Campo Oficial Descripción Tiempo Tiempo Máximo Glosas
5 Recepción de personal académico-técnico Reunión, listado y contratación 1-3 días 10 días En este lapso de tiempo no existe actividad de campo
6 Organización del equipo-personal Acuerdo de actividades por personal, dotación de equipo, contratación. 1-3 días
7 Instalación y equipamiento de campamento Campamento, materiales, muebles y electrónicos 1-10 días
8 Capacitación de personal Instrucción: campo, oficina, laboratorio 15-30 días 30 días Inicia actividad de campo oficial
9 Creación de base de datos Almacenamiento y organización de información Tiempo de campo oficial
Tiempo de campo oficial, actividad que se extiende a tiempo. Anexo
10 Supervisión: liberación o modificación de obra Liberación oficial de puntos y áreas de actividad directa e indirecta de la obra Tiempo de campo oficial
11 Levantamiento y excavaciones Registro de elementos arqueológicos: levantamiento topográfico, excavaciones, registro gráfico de material. Tiempo de campo oficial
12 Observación y análisis de materiales Procesamiento total del registro arqueológicos Tiempo de campo oficial
13 Creación de mapas Diseño de planos topográficos (cédulas del RPMZA) Tiempo de campo oficial



Pasos Tiempo de Convenio: Tiempo Anexo Descripción Tiempo Tiempo Máximo Glosas
Extra Tiempo compensación por retraso Agregado para compensar inicio demorado de actividades arqueológicas "N" número de días de retraso "N" número de días de retraso Súmase al total del tiempo anexo
14 Completado de base de datos Creación final de la base de datos para archivado 25 días por trimestre de Tiempo en campo oficial 25 días por trimestre de Tiempo de campo oficial, más 30 días de los pasos 17 y 18 Actividad de gabinete oficial
15 Observación y análisis de materiales (continua del paso 12) Procesamiento de los materiales, informes técnicos.
16 Creación de mapas (continua del paso 13) Diseño de planos unidad arqueológica (sitio).
17 Creación de informes finales Producción y edición de tomos 15 días
18 Impresión de informes y documentos Impresiones de pruebas y definitivas de informes y anexos 15 días.
19 Entrega de campamento, equipos y materiales Entrega oficial de bienes muebles e inmuebles 1-5 días 5 días Últimas actividades.
20 Entrega oficial de impresiones Entrega oficial de copias a quienes corresponda 1-5 días.

Estas tablas se han realizado teniendo en cuenta las experiencias de distribución de tiempos empleados en algunos de los trabajos de salvamento denominados supervisión arqueológica de levantamientos geosísmicos llevados a cabo entre PEMEX-INAH, así mismo aplicado también a salvamentos y rescates de obras carreteras.


No se deberá escatimar tanto el tiempo real necesario como un cierto tiempo extra de seguridad para la valoración de los proyectos.

 
Ello de suyo es complicado para el arqueólogo puesto que éste habrá de sopesar sus conocimientos de los trabajos arqueológicos correspondientes, sus implicaciones humanas, materiales, logísticas, así como hacer una valoración nada despreciable de las condiciones geográficas de la zona de trabajo y hasta de las condiciones regulares de clima, según la temporada o la estación, que en Veracruz han intervenido considerablemente en toda actividad humana.


Por otro lado se debe considerar también la situación social predominante, la ecológica y medio ambiental; todos ellos, valores que habrán de tomarse en cuenta al momento de diseñar el cronograma principal de un salvamento.

 
Resulta también importante señalar que, de una buena y calibrada valoración de los tiempos necesarios así como una definición exhaustiva de las actividades correspondientes, dependerán la solución administrativa de los proyectos, una clara presentación del cuerpo programado del salvamento disipa las dudas y facilita la toma de las decisiones que requieren para ello las partes involucradas en su autorización.

10.- Requerimientos Humanos y Materiales

A.- Requerimientos humanos
La necesidad de los recursos humanos, el personal que realizara todos y cada uno de los trabajos, es denominado requerimiento humano y todos los materiales de consumo ordinario necesarios para el transporte, instalación de campamentos, trabajo de campo, registro de información, procesamiento de datos, papeleos, de tipo médico y legales se contienen en la denominación requerimientos materiales.
Se ha llegado al punto considerado como el primer objetivo primordial en el proceso de todo estudio arqueológico: la integridad y el desarrollo de los participantes que lo ejercen.


Cómo toda acción humana, son las personas quienes al consumarla entregan su empeño, tiempo y aún su integridad en todos los sentidos; necesariamente adquieren de su propia experiencia, conocimientos y actitudes que habrán de reflejarse en sus participaciones futuras, a eso se le conoce como desarrollo, y es coherente asumir que de la calidad de las experiencias previas, devendrá la propia calidad de la persona profesional; aunque ello se asume como una responsabilidad personal, en realidad es una responsabilidad social, en este caso gremial, ya que el aprendizaje mutuo, socializado, es el garante real de la calidad de cada uno de nosotros.


Desde esta perspectiva, la educación personal es la responsable del interés de cada uno por mantenerse en el ámbito profesional.


Por otro lado, el compromiso social de los especialistas es para con la ciencia representada por todos nosotros. La ciencia no habla por si misma, por mucho que idealmente se piense lo contrario; habla a través de nosotros, así nos revelamos como los integrantes masivos de un cúmulo de conocimientos en el que cada individuo posee parte de este, y por ende se ve forzado a compartirlo, pero esa obligación exige asegurarse que los siguientes depositarios hayan recibido lo necesario y de la mejor manera posible, pues el puro conocimiento no basta sino se le acompaña de los elementos que alientan el ánimo profesional, el gusto por la indagación y aseguren la estabilidad personal de los implicados.


Los estudios arqueológicos, como nacientes propuestas del análisis humano, deben contener en sus diseños el desarrollo humano de sus propios integrantes, no pueden rezagarse en ese sentido, en particular como toda actividad intelectual que brote de las ciencias humanistas. Si como es habitual, en otros ámbitos laborales se manejan términos como capacitación, seguridad, estabilidad o integración, ¿cómo es posible que en los ámbitos del estudio arqueológico, típicamente humanista, no sea así?, es una flagrante contradicción y además, motivo de deserción y malos resultados.
Es por ello que este asunto se toma de manera especial como parte importante en el diseño de una intervención arqueológica, por la seguridad que de su atención derivará el buen desempeño de los integrantes humanos y los correctos resultados finales.


Arqueólogos no acreditados
Existe en la arqueología mexicana un grupo de profesionales que han contribuido enormemente a que los distintos proyectos se hayan ejecutado, que se cuente con información básica en todas partes, gracias a los cuáles sabemos más del pasado arqueológico mesoamericano.

 
Este grupo ha hecho posible no solo los proyectos arqueológicos de salvamento o rescate, también ha fomentado el desarrollo de aquellas investigaciones y trabajos de restauro propios de la disciplina, ha retribuido resultados al estudio paleontológico, al análisis de materiales de investigaciones atrasadas y también salvado las innumerables vicisitudes de toda empresa académica en el país.
En ese sentido es que este grupo resulta demasiado importante como para que continúe siendo manejado de esa manera informal tal y como se ha venido haciendo por años; me refiero a los profesionistas especializados que no están acreditados ante el INAH u otra institución académica, mismos que han aportado todo el material personal imprescindible en la mayoría de las investigaciones arqueológicas mexicanas.


Egresados o pasantes de escuelas arqueológicas o antropológicas especializadas en arqueología, estas personas han debido surcar innumerables barreras generacionales, de espacio, hasta personales con el fin de intentar colocarse en algún proyecto vigente, a pesar de que en algunos casos ello resulte ser pura coincidencia.


Lo que se propone aquí es la sistematización de la información real de todos aquellos profesionales de la arqueología no acreditados que estén disponibles, formando así una base de datos actualizada, manejable, en la que puedan los arqueólogos comisionados a intervenciones arqueológicas conocer sus posibilidades de reclutamiento, adquiriendo cierta certeza de los elementos que necesita para cubrir los puestos demandados en su investigación.


Esto resulta importante e incluso urgente, habida cuenta de que ello a sido resuelto de muchas y tan variadas maneras, comúnmente azarosas e inestables que suelen ser causa del mal desarrollo de los proyectos con los consabidos resultados de ineficiencia.


Es materia de otro trabajo más detallado aún, el desarrollo de un programa de acceso informático que se necesita para la captura y consulta de lo que a continuación se propone, sin embargo es posible el manejo de esta información en una página de acceso a internet que deberá ser libre, no adscrita al INAH, manejada por un grupo de colaboradores de confianza, desde una pagina propia o ligada a una pagina arqueológica vigente de intereses comunes (como la Red Mexicana de Arqueología), lista que puede ser diseñada y que habrá de presentar las siguientes acciones que sistematice el registro de reclutamiento:


Registro Externo de Profesión Arqueológica (REPA). Lista oficial de pasantes, licenciados, maestros y doctores en activo (no adscritos a la institución).
Se propone que esta lista se actualice desde la primera vez que el individuo participe oficialmente en cualquier proyecto autorizado por el INAH. Se formarán así archivos por individuo, actualizados (por ellos mismos mediante una clave personal) cada vez que estos participen en proyectos, en donde además del currículo, la categoría y las referencias de trabajo, deberá señalarse su condición actual: en activo (disponible o no según su última indicación) o pasivo (disponible o no según su última indicación).


Como la lista se actualiza con personal radicado en distintos estados, ellos mismos deberán llenar y actualizarla tantas veces sea necesario, respetando su origen, asegurando que la eficiencia de su representatividad profesional y por ende sus posibilidades de ejercicio, provendrán de su propio interés profesional.
Nótese que esto es al margen de la actual bolsa de trabajo del servicio profesional de carrera que tiene el INAH, mismo que se vería enriquecido grandemente con una base de datos tal, sobre todo al momento de considerar aspectos de importancia académica de los posibles candidatos a plazas internas.


De manera adjunta a esta lista se publicaría una página web de cálculo para que todo especialista conozca sin errores su puntación profesional y por ende la categoría correspondiente actualizada, con una base salarial ajustada a tabulador oficial (por regiones y al día), acompañada del documento oficial sobre los criterios que se toman para la valoración de los puntajes, cosa que no suele difundirse[1].


Lista de Proyectos Activos. Base de datos general para las oportunidades reales de trabajo arqueológico, publicada en la página web ya mencionada, con indicación expresa de estar abalado el proyecto por el INAH y actualizada a fondo con base en todos y cada uno de los organismos dedicados a manejar el tema arqueológico-histórico en México, esto funciona como sistema de desahogo para las vacantes y solicitudes de personal del arqueólogo comisionado en tales proyectos.


En esta se enlistan los nombres del proyecto, responsables directos, instancias involucradas, tipos de trabajo especializado, tiempo del mismo, lugar de trabajo, puestos, fechas, modos de contratación y links directos a las convocatorias[2].


Cuando se hagan referencias precisas a proyectos en proceso de reclutamiento (links de convocatorias) y estos sean casos en los que se requieran salarios específicos inamovibles (un salario determinado fijo para todos los puestos, para presupuestos rígidos por ejemplo), deberá señalarse en las convocatorias como anotación especial para quienes acepten dichos empleos, sea esto hecho con conocimiento de causa, explicando los motivos. Además, como sucede en otras profesiones, puede darse el caso de existir diferencias salariales que consideren principalmente el grado de responsabilidad dentro del proyecto, (puestos por cargo), relativa a la experiencia o conocimiento específico dentro del mismo y no la categoría profesional en cuyos casos será tomado como base salarial mínima una categoría salarial válida del tabulador INAH, proponiéndolo como monto promedio e indicando los diversos salarios manejados a partir de este.


Resulta evidente sensibilizar al personal interno del INAH sobre las necesidades que todo arqueólogo tiene al momento de ejercer, para lo cual se precisan reuniones de sus directivos con los demás especialistas, sean internos o no, y sus elementos jurídicos, a fin de dotar al organismo de una base reglamentaria ajustada a solventar todas las implicaciones laborales de los arqueólogos potencialmente activos; la intención es acabar con esa orfandad en la que actualmente caen y que ha culminado en varios absurdos.


No es necesario explicar que dicha base legal no compromete directamente al INAH, pero servirá de fundamento para que antes de iniciar las labores, todo convenio de trabajo acordado con el organismo considere de manera obligatoria dicha base al momento de estipular los detalles de los contratos, tales como:


• Observación obligatoria de los montos y modos de pago
• Definición de las prestaciones laborales (según el modo de pago, sea salario u honorario)
• Aplicación de seguros de emergencia
• Aclaración de calendarios y roles de trabajo
• Aplicación de cursos diversos según necesidades de campo (actualización académica, dotación de información relativa, capacitaciones técnicas variadas)
• Aclaración sobre los viáticos o gastos que se asumirán (transporte, alimentos, hospedaje, materiales y equipos personales)
Desde luego que cada salvamento habrá de determinar los términos precisos arreglados con las partes responsables de financiarlos, sin embargo la lista de arriba sugiere que se traten dichos puntos en un documento oficial que pueda ser presentado de manera ordinaria en las reuniones ejecutivas entre el INAH y las instituciones que detentan las obras, a manera de base de operación laboral mínima a considerarse en el diseño.


Conviene seguir una lista denominada Bitácora de Personal, documento de texto donde se enlistan el número de personal laborando, sus nombres, categoría y periodos de trabajo, seguido de espacios en los cuales se pueda agregar un comentario sobre su desempeño laboral, estado de salud, parámetros de evaluación según capacidades y obligaciones específicas.


Los requerimientos humanos de una intervención arqueológica deben categorizarse según los siguientes aspectos:
• Orden de aparición (momento de aparición a lo largo del proyecto)
• Presencia de su actividad en el tiempo o duración dentro del proyecto
• Grado de importancia (su responsabilidad según las obligaciones adquiridas por puesto)
Resumidos en la aplicación determinada de puestos, estos 3 aspectos primordiales pueden aplicarse como se muestran en el siguiente ejemplo:


Requerimiento humano Intervención Arqueológica (IA)
No Puesto Cantidad Aparición Presencia Importancia
1 Coordinador General (INAH) 1 1 Completa 1º
2 Coordinador Campo* 1 1 Completa 2º
3 Coordinador Oficina laboratorio* 1 2 Campo-análisis-informe 3º
4 Asistentes de Campo* 1-15 3 Campo-análisis-informe 3º
5 Capturista 1-3 3 Campo-análisis-informe 5º
6 Dibujante 1-5 4 Análisis-informe* 5º
7 Fotógrafo 1-5 4 Análisis-informe* 5º
8 Restaurador* 2 4 Análisis-informe* 5º
9 Geólogo 1 3 Campo-análisis-informe* 5º
10 Asistente Técnico-administrador 1 3 Campo-análisis-informe 4º
11 Choferes vehículo 3 Campo-análisis 6º
12 Personal obra “n” 3 Campo-análisis 6º
13 Vigilantes 1-2 3 Campo-análisis-informe 6º
*: Categorías A, B y C 3-25 *: eventual


Este cuadro está basado en los requerimientos humanos que se han utilizado en algunos salvamentos de tipo regional como los trabajos de exploración de PEMEX, en donde se realizan supervisiones arqueológicas, recorrido de superficie, levantamiento de sitios y algunas excavaciones referentes a casos de afectación, sin embargo el esquema que propone puede ajustarse bien a las necesidades logísticas o presupuestales de otros salvamentos, variando desde luego la necesidad de algunos puestos y la cantidad de ellos.

B.- Requerimientos materiales
Conocidos los procedimientos arqueológicos derivados del salvamento, se pueden enlistar los requerimientos materiales (con qué) y logísticos (en dónde) necesarios para ejecutarlos.


Los rubros básicos en los que se dividen los requerimientos materiales para un trabajo de salvamento, después de ser aprobado, son:
• Transporte
• Alojamiento
• Comida
• Muebles
• Equipo personal de campo
• Herramientas y equipo de recorrido
• Herramientas y equipo de excavación
• Material de papelería (diversa para campo y oficina)
• Equipo de oficina
• Materiales de laboratorio
• Equipo y materiales arqueológicos especiales
• Electrónicos de campo
• Equipo de informática
• Herramientas varias
• Botiquín de primeros auxilios y preventivo


Existen dos maneras de ejercer el dinero para la obtención de estos insumos, en lo que respecta al manejo de los recursos en proyectos del INAH.


El primero resulta realmente impráctico, a pesar de eso es el más formal, se trata de la Cuenta Concentradora, misma a la que el Procedimiento de Desarrollo de Investigaciones Arqueológicas Salvamento y Rescate en Áreas de Obra de Infraestructura Pública o Privada página 22 y el Manual de Operación de Aportaciones de Terceros pagina 6, hacen referencia, ambas emitidas por el INAH.

 
El manejo de la misma resulta verdaderamente inapropiado para la naturaleza de los salvamentos en muchas de las veces urgente; este procedimiento formal de manejo de recursos proveniente de terceros suele no aplicarse más que en casos excepción, donde los montos son verdaderamente grandes, el tiempo y las áreas de trabajo similares. (Consúltese las dos referencias de textos mencionados para los detalles de operación, Manual de Operación de Aportaciones de Terceros INAH 2006).


La segunda manera de ejercer el dinero para la obtención de los insumos materiales y logísticos es a través del concepto “en especie”, es decir, las partes aportantes adquieren directamente estos materiales, equipos y demás para entregarlos en marcha al desarrollo del proyecto, previo acuerdo con el INAH y el arqueólogo comisionado sobre las cantidades, tipo y momentos de entrega de dichos bienes, quedando como propietario el mismo aportante de aquellos bienes en los que se haya estipulado así desde un principio, no así en el resto y en aquellos que se consideran consumibles. (Para los detalles sobre el manejo de recursos en especie, en lo que respecta a proyectos programados por el INAH, consúltese el Manual de Normas y Procedimientos para la Captación, Ministración, Comprobación y Utilización de Aportación de Terceros y Donativos a través de Apoyos Económicos y En Especie para el INAH, B 2009).


De manera habitual, esta última modalidad en el ejercicio de recursos materiales se ha venido popularizando, tanto por la celeridad de los trabajos que exigen un abasto puntual de los materiales como para el desahogo formal de la aportación que los terceros tienen por obligación cumplir, encontrándose así que la intervención arqueológica suele ejecutarse de la mejor y más rápida manera posible.


Estos son las dos modalidades básicas para el ejercicio de recursos en caso de salvamentos y rescates arqueológicos; se aclara que estas varían de lo marcado en el documento Atribuciones y Responsabilidades en la Ejecución de los Trabajos y Actividades Previas a la Ejecución de la Obra Pública o Servicios Relacionados con la Misma, en la modalidad de Administración Directa, INAH marzo de 2008, ya que en el, aunque también manejan la Cuenta Concentradora, se refieren específicamente a los gastos derivados de los proyectos internos programados en los periodos que duran las administraciones vigentes del propio instituto.


Se sugiere seguir la tabla de bienes y servicios comúnmente aplicados en un salvamento, basada en precios actuales de materiales y equipos necesarios, ordenados según el Clasificador por Objeto del Gasto para Aplicación en el INAH vigente.


Todos los materiales y equipos tratados en la modalidad "En Especie" no exige los precios totales o individuales de la mayoría de las cosas solicitadas, sin embargo para la modalidad de Cuenta Concentradora, la tabla será llenada en su totalidad con precios, cantidades y totales.


Al momento de ejercer el gasto del presupuesto, conviene utilizar dos listas denominadas como siguen:


Bitácora técnica: Lista para el seguimiento del uso y aprovechamiento de recursos técnicos, bienes muebles e instalaciones y equipos varios presupuestados. Para ello se adaptará la tabla del presupuesto original, a la que se le asignaran dos columnas más, una de dotación (donde se marcará la fecha y cantidad de los bienes obtenidos) y de estado (donde se marcará su estado de conservación, uso o agotamiento). Con esto no solo se obtiene un registro de los bienes empleados, sino que se sabrá de lo que se haya surtido, lo que falta y con lo que en determinado momento se cuenta para continuar con los trabajos. Resulta evidente la conveniencia de esta lista tanto para justificar ante el aportante sus gastos como para obtener un antecedente de los mismos, referencia para proyectos futuros, acerca de qué, cuánto y cómo se ejercieron los gastos.


Bitácora de gastos no presupuestados: Seguimiento de gastos, consumos y agregados no contabilizados inicialmente, señalando carencias y obtención de bienes no presupuestados. En esta lista se agregan los materiales que no se habían considerado al desarrollar el presupuesto inicial, su verdadera utilidad es la de llevar un registro de las cosas faltantes para considerarlas en el diseño de salvamentos futuros. Vale la pena agregar en esta lista, comentarios acerca de la manera en que estos gastos no programados fueron resueltos o no, como antecedentes para evitar despreciarlos en futuros proyectos.


11.- Informes
Parte técnica de las intervenciones arqueológicas es la formalización de la observación a las actividades de la obra que suscitó el trabajo arqueológico, en este caso llamados Reportes de obra. Se trata de la formalización de los compromisos legales (liberación, cancelación de obras o secciones de obra, modificación de obra).


Aquí se emiten las liberaciones eventuales, parciales y finales en un resumen de texto, exponiendo cada caso a detalles y la respuesta por parte de la intervención arqueológica, mostrando un ejemplo de los formatos internos que se utilizaron y si es necesario, una copia de todos ellos. Por último corresponde al arqueólogo comisionado del INAH emitir de manera oficial el documento que acredite la liberación total de la obra y el finiquito de los trabajos de campo.


Reportes de obra: Tanto los reportes diarios, parciales o finales de supervisión, de liberación, cambio de obra o cancelación (con observaciones puntuales de cada elemento), se diseñaran de manera personal por el mismo equipo de arqueología, ya que solo ellos pueden conocer los argumentos de tales obras, el orden y naturaleza de los conceptos manejados, es menester del equipo de arqueólogos el diseño del formato tal, las fechas de entrega de estos, la definición de quienes los recibirán y sus contenidos, sin embargo invariablemente deben contener cuando menos la siguiente información:


• Concepto de obra supervisada
• Extensión del trabajo supervisado
• Tipo de supervisión o actividad arqueológica correspondiente
• Veredicto arqueológico


Realización de informes técnicos: Este es el texto principal en el manejo total de la información obtenida en todas las actividades arqueológicas, su destino es el Consejo de Arqueología, el Centro Estatal o sub-dependencia INAH, el coordinador a cargo y las partes que aportaron el recurso. Para esto suele utilizarse un formato libre que al menos contenga las siguientes características:

Índice general
Índice de tablas, anexos, planos y figuras
Introducción
Antecedentes
Métodos, ¿Cómo fue resuelto el problema?
Resultados, ¿Qué es lo que se encontró?
Discusión, ¿Qué significan los resultados?
Conclusiones, ¿Cómo pueden resumirse los resultados?
Recomendaciones, ¿Qué es lo que debería hacerse?
Tablas, anexos, planos y figuras así como fichas del Registro Nacional de Monumentos y Zonas Arqueológicas
Realización de documentos de investigación alternos, internos o eventuales, por ejemplo tesis o publicación de circulación interna, estudios antropológicos, etnográficos, especializados, etc. siempre y cuando hayan sido mencionadas como posibilidad en el convenio.


12.- Seguimiento de resultados (difusión, publicación o conferencias)
Publicaciones generales (artículos publicables mínimos, notas informativas generalizadas, entrevistas, difusión parcial de resultados.) Este último punto resulta de vital importancia, ya que atiende una de las demandas más abandonadas por el quehacer arqueológico mexicano, que es la dispersión eficiente y consciente de los resultados del trabajo arqueológico, no tanto en lo que al gremio se refiere, sino a todos los demás sectores de la población que deberían conocerle; el beneficio que de ello resulta es una aproximación del pueblo al patrimonio arqueológico, mismo que muchas de las veces pasa desapercibido ante sus ojos, arrasado por las obras que la dinámica nacional impone sin remedio. He aquí que en la labor de difusión descansa la ventaja retro alimentadora del INAH por asegurar la eficacia de sus funciones; retroalimentadora por la difusión de sus propias obras como de la difusión y la consulta misma de obras producto del estudio arqueológico de otros centros académicos dedicados a la arqueología, pues como lo menciona Cravioto Rubí:


Los Centros INAH debieran contar con un sistema rápido y eficiente , donde el continuo trabajo de difusión no sea sólo producto de los resultados de sus propias investigaciones y actividades de conservación, sino de otras instituciones públicas y privadas, especialmente de aquellas relacionadas con su región…dentro de programas permanentes y planes sostenidos de difusión, conviniera a la institución, como una obligación de los responsables en turno, dar a cada uno de los municipios…folletos informativos acerca de sus funciones y objetivos como encargada de la protección, la conservación, la restauración, la recuperación y la investigación de los monumentos arqueológicos. (Cravioto en: Serrano y Cardoso, 2008: 781).

Como novedad se sugiere la creación de un Tomo Anecdotario Técnico, donde se manifiesten las opiniones generales del trabajo arqueológico, en voz de sus actores. Tal ejercicio literario provee a los informes de una cualidad nunca vista en sus actuales ejemplos: bosquejan la perspectiva humana, declarando el panorama real del trabajo y los esfuerzos que dieron con el fin de la intervención arqueológica.


Dicha información es crucial, pone en su justa dimensión a las variadas implicaciones humanas y materiales que fueron solventadas o que mermaron el transcurso del proyecto. Información de tal naturaleza jamás es expresada en los informes finales y suele desaparecer para quedarse presa en las conciencias particulares de los involucrados, de las cuales casi nunca es liberada, salvo en esporádicas e inocuas charlas de café, donde sus efectos se disuelven.


Información acerca de qué tan duro es prospectar en tales o cuales parajes, cómo fue posible organizar equipos de arqueólogos tan numerosos, la probidad de contratar a cierto tipo de trabajadores, las carencias específicas de materiales en actividades concretas, las rivalidades personales como fuentes de regresión laboral, las perspectivas académicas de un equipo de trabajo homogéneo o disímil, las primeras impresiones personales acerca de lo que se está registrando y la manera en cómo se hace, las innumerables necesidades materiales y sus múltiples soluciones, las opiniones comunes o diversas a asuntos que se creían compartidos, etc. Se trata de una amplia gama de experiencias, enriquecedora por si misma, que acerca a todos el trabajo arqueológico, establece parámetros humanos y técnicos a considerar para el diseño futuro de proyectos similares, en zonas comunes o en circunstancias parecidas, que de otro modo se perderían.


El texto de los elementos que complementaron el trabajo a todos los niveles puede ser organizado con un guión cronológico (por eventos) y por participantes en orden de aparición dentro del proyecto, recopilado a travez de entrevistas manuscritas o grabadas por medios electrónicos, donde se sugiere la manufactura de audios o videos complementarios.


La manera de presentar el contenido del Anecdotario Técnico es libre, se sugiere para el informe final o al menos para una publicación posterior, que sea por escrito, ordenando la información en el orden siguiente:


Índice,
Introducción (qué es el Anecdotario Técnico)
Primeros pasos (cómo empezó todo: notificación, inspección o visita de verificación)
Diseño de proyecto (cómo se hizo el diseño: aplicación del procedimiento de Diseño)
Negociaciones, trámites y gestiones inter-institucionales.
Inicio de Proyecto (cuándo, dónde y quiénes)
Desarrollo de actividades (supervisión de obra y registro Arqueológico)
Relaciones de Trabajo entre: INAH- detentador de Obra, entre personal INAH y coordinador a cargo, entre coordinador INAH y personal académico interno, entre personal académico interno, entre equipo arqueológico y personal de obra (operativo, administrativo, intendencia, etc., entre personal de obra.
Apreciaciones personales a asuntos puntuales (finalizando comentario final del coordinador a todos los anteriores).

Conclusión
El presente texto tiene por objetivo la presentación de un resumen, a modo informativo, del estudio que dio como resultado la propuesta de procedimiento básico metodológico para el diseño de salvamentos en el estado de Veracruz, vía el personal acreditado del INAH.


Después de esbozar de manera muy general el estado actual de los últimos proyectos de salvamento, de señalar algunos de sus logros y sus carencias, se ha ofrecido una estructura de diseño que puede ser útil para quien tenga la responsabilidad de desarrollar un proyecto de salvamento e incluso de rescate si así fuera el caso. Los pasos a seguir están basados en el principio lógico de responder las preguntas claves del mismo salvamento: ¿por qué del proyecto, qué cosas implica el proyecto, donde habrán de llevarse a cabo y cómo es que se efectuaran?


De un buen inicio de proyecto ha de continuarse su mejor desarrollo y eficaces resultados, como en su momento José Luis Lorenzo Bautista lo aseguró, “…a riesgo de ser malinterpretado, que en un trabajo mayor de salvamento el éxito estriba en una logística bien entendida y mejor manejada”. (José Luis Lorenzo Bautista en: Mirambell y Litvak 1998:123).


Para mejores detalles a los arriba expuestos y algunos procedimientos complementarios, se invita a consultar el documento: Procedimiento para el Diseño de Proyectos: Salvamento y Rescate Arqueológicos, Moreno 2011, en donde se pormenorizan los pasos y se agregan algunas técnicas arqueológicas de campo y se justifica la metodología de diseño.

 

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Arqueólogo por la Universidad Veracruzana 2000, coordinador de campo del Proyecto de Supervisión Arqueológica Tepetates NW 2009-2011 INAH-Comesa-Pemex, email: manmo3@hotmail.com


Notas

[1]Mismo creo deberá provenir de una serie de discusiones formales en las que se consideraran no solo los elementos profesionales del sujeto (grado académico, cursos, participaciones, textos), sino sus aptitudes y conocimientos demostrados por experiencia o evaluaciones, resultados de trabajos anteriores reconocibles, (por ejemplo constancias laborales o específicas a un aporte particular en el proyecto emitidas por su director como medios de estímulo).

[2]Esta sugerencia apela a la especialidad del tipo de trabajo ejecutado por el arqueólogo, tema de trato exclusivo para el INAH, pero bien podría ampliarse a la base laboral de los sistemas estatales o nacional de empleo, mismos que, por agregar, en alguna vez varios colegas hemos pensado y tenido que consultar.


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2011 Procedimiento para el Diseño de Proyectos: Salvamento y Rescate Arqueológicos, Xalapa, Veracruz, email: manmo3@hotmail.com

 

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