INDIANA JONES Y LA AVENTURA DE LA ARQUEOLOGÍA: ETICA, ACADEMIA, MASS MEDIA Y EMPRESA

Hugo Alberto Huerta Vicente*

<< Foto: Howard Carter examinando al Faraón Tutankamón.

La develación de los secretos del pasado siempre ha fascinado a la humanidad, sobre todo cuando estos están revestidos de un halo de misterio. El arqueólogo, principal protagonista del ejercicio arqueológico se ha visto inmerso en esta dinámica desde que inició la profesionalización de nuestra disciplina. Los primeros descubrimientos en ser conocidos masivamente por la gente común fueron las excavaciones de Troya y la tumba de tutankamon. Schliemann y Carter, compartieron el estereotipo del erudito victoriano a pesar de sus orígenes diversos y diferencias temporales, en cambio, sus intereses eran los mismos. Se encontraban empecinados en asestar un golpe fastuoso a la historia y emerger a la luz del conocimiento el “descubrimiento del siglo”. Desde su perspectiva, ambos lograron su cometido.

 

Estos dos hitos de la investigación forman parte de la historia de la disciplina que se enseña en las aulas de cualquier universidad que imparta arqueología. También se enseña que esta es una vieja forma de hacer las cosas. En los salones de cada nueva generación se escuchan las voces de profesores tratando de convencer a los jóvenes aspirantes a apartarse de los estereotipos y los invitan a fundamentarse solo bajo un discurso científico. Los nuevos métodos no intrusivos, la arqueometría, la sofisticación de los diferentes análisis y la creación de diferentes modelos teóricos, entre otros elementos de la arqueología contemporánea han servido para avanzar en el conocimiento de las sociedades estudiadas. Cientos de investigaciones sesudas se han acumulado con el tiempo por todo el planeta. Sus destinatarios, cualquier habitante del mundo, pero el ciudadano común poco interés ha mostrado por estos trabajos, en algunos casos verdaderas joyas de erudición. Por consiguiente, el único público real e infalible termina siendo la misma comunidad arqueológica, salvo contados casos. Eso nos lleva a la pregunta: ¿Arqueología? ¿Para qué? ¿Para quién?


La figura de Indiana Jones, como la figura más importante de una larga lista de arqueólogos de ficción, se ha encargado con el tiempo de moldear la opinión popular sobre nuestro trabajo. Entre los profesionales genera sentimientos encontrados, existen declarados admiradores, firmes detractores y muchas veces ejerce una fascinación inconfesable, ¿qué diría el mundo académico? Lo cierto es que hay pocos indiferentes. Lo importante de los Indy, Henry Jones, Lara Croft, Rick O’Conell y esposa, Allan Quatermain y demás personajes, es que han difundido nuestro quehacer entre millos des personas. Que la visión mostrada difiera de la realidad es otro asunto. Debido a esa propaganda nuestro trabajo ha sido mitificado, pero no es un defecto, no si sabemos enfocarlo debidamente. Otras son también las enseñanzas que la saga completa de Indiana nos ha dejado, fuera de las imperfecciones históricas, culturales y los toques sobrenaturales, son varios los ejemplos que podríamos retomar en beneficio de la arqueología.


Poster promocional de la película King Salomon's Mines >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>

Ética
Cuando el joven Indiana descubre a un saqueador en Utah, le roba la cruz que Hernán Cortez le había obsequiado a Coronado, pero fracasa al final. Piensa que esa pieza debería estar en un museo y no sucumbe hasta que ya adulto se la puede arrebatar a panama hat y es entregada a su universidad, claro, tampoco olvida cobrar sus honorarios. Es un ejemplo algo retorcido sobre sus valores, pero al menos tiene convicciones firmes. En México, la arqueología tiene formas más retorcidas y ambiguas al actuar.


En el país la arqueología ha sufrido un atraso respecto a la teoría, metodología y práctica debido a que ha permeado la función social que el estado le ha conferido (Gándara, 1992). La arqueología desde su oficialización ejerce el monopolio de la práctica y han privado los intereses de estado por afianzar la unidad nacional sobre un pasado común y la generación de destinos turísticos. En cambio la investigación no es una prioridad. La ética dentro de una disciplina no solo tiene un carácter normativo, también abarca los elementos valorativos con los que se construye el conocimiento en congruencia con la función social que cumple. En México, la ley del 72 prioriza la función pública de la arqueología. Por consiguiente en un acto de congruencia, las investigaciones oficiales deberían cumplir con ese objetivo máximo. En cambio, las investigaciones se rigen por intereses personales y académicos diversos.


Este planteamiento sugiere que algún cambio debe existir, si se prioriza la función social que la legislación exige, la manera de hacer arqueología en este país debe modificarse radicalmente o si por el contrario se pretende continuar con el estado actual de las cosas, quien debe modificarse es la normatividad y la institución estatal encargada de regularla, además de actualizar las bases teóricas y metodológicas sobre las que comúnmente se trabaja.


En la práctica diaria se carece de una regulación específica, sobre todo del carácter investigativo y administrativo. Existen herramientas para castigar el daño al patrimonio arqueológico, pero no las malas decisiones tomadas desde los escritorios o la mala praxis más allá del veto.

 
Tenemos entonces que la ética debe abarcar al conjunto del conocimiento, la manera en que se genera, su función y su práctica. Esta última en particular nos compete a cada uno por separado en nuestro diario trajín. En el libro A un joven arqueólogo mexicano (Caso, 1968), se obsequia toda una declaración de principios acerca de nuestros deberes, con la ciencia y con el país. Podremos estar de acuerdo o no en lo ahí expuesto, pero es un intento válido por tratar de avanzar en la construcción de una disciplina.


Nuestra materia prima es propiedad de la nación, en consecuencia de todos los mexicanos, ¿Por qué no somos entonces más incluyentes cuando realizamos nuestros trabajos? Cuantos supuestos científicos sociales se indignan ante las preguntas y argumentos poco objetivos, redundantes, faltos de criterio y sobre toda de creencias populares. Una de nuestras tareas debería ser siempre la difusión de nuestras actividades proporcionando la información indicada y correcta para el mejor entendimiento de la población.


Academia
Al inicio de La Última Cruzada, el Dr. Jones se encuentra impartiendo cátedra y pronuncia estas palabras


“… la arqueología está compuesta de hechos, no de verdades. Si están interesados en la verdad, la clase de filosofía del Dr. Tyree´s está a la derecha al fondo del pasillo. Así que olviden cualquier idea sobre encontrar ciudades perdidas, viajes exóticos y recorrer el mundo. No seguimos mapas para encontrar tesoros enterrados y la X, nunca, nunca marca el sitio. 75% de la arqueología está en la biblioteca, investiguen, lean. No podemos retomar la mitología como fuente…” (Indiana Jones y la última cruzada, Steven Spielberg, 1989).


<<Imagen publicitaria del programa Ancient Discoveries de Discovery Channel.

 

Para él, más allá de sus aventuras, el conocimiento está en otro lado y en ello tiene toda la razón. ¿Qué tipo de conocimiento arqueológico concebimos? La acumulación de informes por sí sola no es garantía de generación de ideas y conceptos. Se cree que cuando se hace arqueología se contribuye en recrear la historia y estoy de acuerdo, pero también serviría si se sistematizara la información y no quedara solo en un nivel descriptivo. Se dice que los datos hablan por sí solos, si es así entonces hay que tomar nota y escribir lo que han dicho. En México siempre han existido más proyectos de campo, que investigaciones publicadas y cuando llega ese feliz suceso los tirajes oscilan entre quinientos y mil ejemplares. Cualquier investigación no debería estar exenta de ser divulgada. Defiendo que la acumulación de conocimiento por si sola está cumpliendo ya con una función social, limitada, pero al fin útil. En lo que no comulgo es en opinar que cuando una investigación es pagada con fondos públicos, se le permita al investigador regirse como mejor le venga en gana. Debe tener libertad de acción, claro, pero siguiendo lineamientos impuestos en beneficio de las políticas culturales y científicas del país. En diferentes departamentos e institutos de investigación extranjeros y aún en los centros privados dentro del país, cuando un investigador no rinde los frutos para los que fue contratado, se prescinde de sus servicios. En México en el sector público no sucede así, no existe ni siquiera un plan estratégico nacional para el manejo de la arqueología pública, en honor a nuestra veta antropológica, todo se rige por usos y costumbres.


El instituto encargado de la arqueológica en nuestro territorio debe fomentar la creación de una estructura real de investigación y separarla de las tareas administrativas que captan gran parte de los recursos asignados. La mayor parte de la vida académica en México no está regulada, existe un sistema de estímulos para quien trabaje, ¿pero por que se ha de pagarle extra a quien por obligación debe investigar, publicar, asesorar tesis y dictar cátedra? Pero además, si no se cumplen las funciones para las que se fue contratado, no existen represalias. Es gracias a este contexto que la arqueología se encuentra estancada. Tenemos un país con innumerables yacimientos, con una riqueza casi ilimitada de temas y regiones por investigar y ni de cerca destacamos por estar a la vanguardia en generación de nuevas propuestas. Todos los modelos que utilizamos son importados, la metodología de igual manera, la forma, si es muy propia, arqueología a la mexicana y todos saben lo que eso representa. La única corriente rescatable a la que algunos investigadores nacionales se han suscrito y han formado parte importante en su génesis ha sido la arqueología social latinoamericana.


Algunos dirán que se hace mucha investigación, que siempre hay proyectos y eso no se pone en juicio, pero dudo de la capacidad por aportar nuevo conocimiento. Acrecentar nuestra colección de objetos no es suficiente. Si las universidades e institutos insistieran en una forma diferente de hacer arqueología, seríamos nosotros los referentes para la creación de modelos explicativos. En cambio, parece que el mayor logro es obtener una plaza laboral en lugar de incrementar el volumen del conocimiento. Con esas aspiraciones tan endebles, la arqueología mexicana nunca destacara, lo hacemos, por la cantidad e importancia de sitios prehispánicos que por el devenir histórico nos tocó habitar, no por el saber que generamos a partir de ellos.

Elenco del reality Chasing Mummies, al frente Zahi Hawass >>>>>>>>>>>>>>>>>>>

 

Mass media
A la fecha se pueden contar gran cantidad de canales abiertos en televisión y sobre todo de paga que transmiten series y programas referentes a la arqueología. Los documentales planos, sin argumentos narrativos atrayentes han dejado de interesar y han sido substituidos por programas de viajes y aventura donde lo cultural solo es el pretexto para entretener. History Channel, National Geographic, Discovery Channel y la BBC han tomado la batuta en este apartado. Han realizado inversiones en producciones especializadas en temas arqueológicos e históricos como Ancient Discoveries, Sex in the Ancient World, Expediciones con Josh Bernstein, entre otros. Pero el caso más sobresaliente y actual es Chasing Mummies, el primer reality de arqueología. Presenta escenas de campo, estudiantes becarios, investigadores, funcionarios y una posproducción impecable que se afana en no mostrar lo tedioso y aburrido que a veces puede ser nuestro trabajo. Lo más interesante de este programa no es su formato, lo es que sea una entidad institucional como el Consejo Supremo de Antiguedades de Egipto y su secretario, Zahi Hawass se hayan prestado para tales fines. Los puristas pueden criticar esta postura y aunque a mi juicio la egiptología mostrada ahí en poco se distingue de un saqueo sofisticado y sistematizado además que la personalidad de Hawass se desborda a cada momento. La decisión de iniciar una empresa como está tiene como fin allegarse de recursos, difundir hallazgos recientes y desmitificar, aunque solo sea en parte, algunos sobreentendidos de nuestra profesión.


Los grandes descubrimientos siempre despiertan la curiosidad entre el público común y en cierto sentido, toda la información que obtenemos después de una temporada de campo o un periodo de laboratorio representan nuevos descubrimientos, solo que estos no se revisten con ese carácter especial dedicado a lo fastuoso y llamativo, por pertenecer más al ámbito de lo cotidiano dentro de la profesión. En este mundo globalizado, donde lo que no aparece en los medios es sinónimo de inexistencia, debemos prestar más atención a la difusión de nuestros resultados. Si no existe la oportunidad ni los recursos para financiar la publicación de un libro o su exhibición en una exposición o una conferencia de prensa, existen un sinfín de alternativas, desde la publicación de un blog, enviar artículos a revistas especializadas o de divulgación general, impartir una ponencia o enviar una nota a los medios locales, todo dependerá la iniciativa que acompañe a cada arqueólogo. Como ya hemos dicho, una gran parte de la arqueología en México se realiza con financiamiento público, en consecuencia, debería ser una obligación ineludible difundir en cualquier modalidad los resultados obtenidos y no confinar los datos a la ignominia de un archivo técnico inalcanzable para la mayoría. Las leyes de acceso a la información federales nos facultan para exigir cualquier dato financiado públicamente y esta podría ser una herramienta coercitiva para lograr que algunos investigadores que se rehúsan a hacer públicas sus investigaciones, lo hagan y un medio aún más valioso para evidenciar a investigadores que no investigan.

 

<< Cartél de la 10a edición del Festival de Cine Arqueológico de Bidasoa.

 

Cada vez son más comunes las bibliotecas y publicaciones digitales en línea, las webs especializadas, las redes virtuales, los blogs de difusión de proyectos entre otros. Pero siguen siendo especializados, llenos de recursos, pero limitados en su intento por educar y transmitir su mensaje hacia el público promedio. Curiosamente, a pesar de sus evidentes carencias en la difusión académica, la creación del canal INAH tv en Youtube ha cumplido con la parte de la difusión general que el estado debe garantizar. Claro que la producción del canal electrónico no está en manos de arqueólogos.

Existen otros esfuerzos, como ejemplo, en España este año se celebra la onceava edición del Festival Internacional de Cine Arqueológico del Bidasoa que reúne a documentalistas, arqueólogos, gestores culturales, cineastas y cinéfilos por igual con una selección de films que compiten por el gran premio del festival, el premio especial del público y el galardón ARKEOLAN a la difusión científica, los trabajos presentados rondan la veintena anualmente. Podemos enumerar más casos, pero lo relevante es mostrar que existe una nueva forma de hacer llegar a todos, público general y especializado, los avances de una investigación, los medios actuales nos han brindado esa oportunidad, debemos hacer uso de ellos racionalmente y ocuparlos en nuestro beneficio, después de todo, siempre habrá un público ávido por conocer los nuevos resultados de una investigación arqueológica.

Empresa
La arqueología siempre ha podido ser redituable y si no pregúntenle a Harrinson Ford, George Lucas y Steven Spielberg. La saga les ha reportado sendas ganancias con sus casi dos mil millones de dólares recaudados a lo largo del tiempo y la cifra seguirá creciendo por la memorabilia y los derechos de autor.
Los gestores culturales han existido desde los tiempos del renacimiento, verdaderos especialistas en la producción de eventos artísticos normalmente adscritos a las cortes europeas. Con el tiempo se crearon ministerios, departamentos y secretarias para tal fin con artistas, académicos y en no pocas ocasiones, políticos reconfigurados en administradores de la cultura.


En la actualidad la gestión cultural es toda una disciplina y hace especial énfasis en la obtención y administración de recursos, además de recrear el concepto de marketing cultural. Para poder vender un objeto o un servicio, se hace un análisis de que tanto representa o no una necesidad su obtención, contestada la pregunta se potencian las características que lo pueden hacer comerciable con una campaña efectiva de publicidad, en caso contrario, si no existe una necesidad, si no existe mercado, se crea, se innova o inventa. La educación y el conocimiento deberían ser una necesidad en un mundo ideal. Por consiguiente todo lo derivado de ello puede ser susceptible de ser comercializado, además las ganancias pueden servir para refinanciar la generación de más investigación. Pero no se hace por falta de experiencia, de conocimiento y por creer que se compromete el objetivo elevado de la educación y la cultura al inmiscuirla con los negocios.


En México, la difusión cultural se le ha delegado al estado en el entendido de que al no ser redituable, debe estar subvencionada. Nada más falso. En las últimas décadas los alcances de una economía voraz por incursionar en nuevos mercados, han llegado a explotar nichos poco tradicionales, como las manifestaciones culturales y dentro de ellas, la arqueología. La ciencia y las artes que tanto abonan al aprendizaje de una sociedad, año con año sufren recortes presupuestales. En parte por un abierto desinterés o una franca negación a la gente por instruirse. La cultura educa y en un país como el nuestro donde la educación está secuestrada por los encargados de impartirla y por el mismo estado, se busca retrasar lo más que se pueda esta función, a mayor atraso, mayor sometimiento.


Primer número de la revista National Geographic y una de las portadas más conocidas

 

Hay que generar conocimiento social, seguir trabajando de la manera tradicional, con picoleta y cucharilla, recorriendo a pie y utilizando sofisticados aparatos de prospección, pero hay que aprender que todo ello, puede ser redituable si aprendemos a utilizar las estrategias correctas de difusión. A mayor público, mayores posibilidades de remuneración, por consiguiente más posibilidades de realizar investigación que deberá ser debidamente difundida y así podemos generar un círculo virtuoso. En estos momentos esta propuesta es posible, pero una modificación sustancial en la legislación vigente allanaría enormemente el camino. Todos deberíamos poder practicar nuestra profesión como mejor nos convenga y no depender del monopolio de la arqueología estatal.


Es cierto que no todas las investigaciones resultan atractivas al público común y otras en cambio funcionan como un imán irresistible de ignorar. No propongo montar un circo de tres pistas con la arqueología solo para obtener fondos de investigación, sino la utilización de herramientas ignoradas y muchas veces despreciadas que bien pueden beneficiar nuestra práctica. Existen ejemplos muy elocuentes, la revista National Geographic surgió en enero de 1915 como parte del proyecto de difusión de la National Geographic Society. Al principio la publicación fungió como el medio para exponer los trabajos de sus miembros y colaboradores. Desde 1960 se inició la publicación de fotografías en portada que anteriormente solo contenía texto. Desde 1995 se publicó la primera edición en un idioma diferente al inglés, en la actualidad puede ser leída en 30 idiomas, cuenta con una docena más de revistas, una gama extensa de productos y dos canales de televisión. Un proyecto académico y de difusión, terminaron convirtiéndose en una empresa sumamente rentable y global que además no ha perdido su carácter como procuradora de fondos para trabajos de investigación.


<< Poster promocional de la exposición Indiana Jones and the Adventure of Archaeology.

 

La solución para quienes no formamos parte del mundo de la cultura institucionalizada es inventar nuestro propio camino, explotar un mercado poco trabajado y sacar provecho de nuestros conocimientos y habilidades. Tarde o temprano, será uno de los caminos a seguir y mientras más pronto iniciemos el recorrido, mejores serán nuestras expectativas.

Los apartados expuestos en este trabajo y las alusiones a la figura de Indiana Jones, no se han mezclado como mero pretexto para hablar de gustos personales. Jones y sus aventuras funcionan como una metáfora mitificada del arqueólogo ideal. Él al igual que nosotros excava, investiga, da clases en Yale (bueno, ese privilegio no lo compartimos todos) y se preocupa por el patrimonio. En el fondo no es tan diferente a nosotros, lo que si lo hace único son todos los atributos fantasiosos que le rodean y gracias a ellos, el personaje se ha convertido en una fábrica de hacer dinero. Aprendamos la lección entonces.
El Dr. Jones en su última entrega, y no hablo de Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, nos da otra muestra de las aventuras en que un arqueólogo podría incursionar. En esta ocasión y no de la mano de George Lucas y Steven Spielberg, Jones se hace acompañar de la National Geographic, The University of Pennsylvania Museum of archaeology and Anthropology, el programa de arqueología de Laval University, Lucas Film Ltd. y X3 Productions, juntos nos traen una nueva puesta en escena, Indiana Jones and the Adventure of Archaeology, una exposición montada con piezas arqueológicas reales, memorabilia, artefactos falsos y un despliegue impresionante de recursos multimedia. El elemento central es la práctica arqueológica, pero el verdadero atractivo es el paralelismo con las aventuras de Jones. Quien gana al final es la arqueología que se muestra a través de un personaje de película que solo sirve de vehículo didáctico para explicar nuestro quehacer. Esta es una producción holliwodense completa, solo que no fue llevada al cine, sino fue diseñada para habitar en los museos y convocar a un gran número de visitantes. Este último objetivo lo ha cumplido sobradamente, pues la demanda es tal, que desde su inauguración en abril tuvieron que extender el horario de visita tres horas más, además la exposición después de inaugurarse en el Montréal Science Centre será itinerante, partiendo en septiembre a Europa y Asia.

La lucasfilm Ltd, ha sido quien proporcione los recursos junto con la National Geographic, las dos universidades involucradas aportaron su asesoría académica y el estudio C3X se encargó del montaje. En su conjunto han creado una propuesta pocas veces vista, un proyecto que unifica entidades académicas y empresariales, donde cada una sale ganando desde su propia perspectiva.
Pero no todo es derroche de recursos. En 1999, la exposición Los Mayas, presentada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso bajo la curaduría de Mercedes de la Garza, además de reunir la mayor colección de piezas mayas nunca antes expuesta, convocó masivamente a un público ávido por admirar la muestra. Incluso llego a extenderse su exhibición y durante todo el tiempo que permaneció abierta, se hicieron largas filas para poder acceder al recinto. No dejaba de ser anunciada en radio y televisión. Esa es la muestra de que en ocasiones solo basta un buen trabajo de difusión. Por supuesto no fue planeada directamente por el instituto que maneja los destinos de la arqueología nacional, aun así, aprendieron la lección y por lo menos en dos ocasiones diferentes, con exposiciones sobre el Egipto faraónico, han logrado superar toda expectativa y volcar verdaderos ríos de gente para admirar las piezas mostradas. La estrategia nuevamente fue una adecuada difusión en medios y la elección de una temática que despierta una gran curiosidad no solo en México sino en el resto del mundo.


Por último, me gustaría que el ejemplo a seguir dentro de la arqueología moderna fuese un profesional completo, independiente y emprendedor o mejor aún, una institución académica visionaria, incluyente, intachable y autofinanciable. Pero mientras eso no exista seguiré prefiriendo retomar lo bueno de un personaje de ficción del que su última hazaña fue pelear contra agentes soviéticos en los lejanos 50´s.
____________________________________________
* Arqueólogo egresado de la Universidad Veracruzana.

kolocho1405@hotmail.com



Bibliografía

Bate, Felipe
1998 El proceso de investigación en Arqueología, España, Crítica.

Caso, Alfonso
1968 A un joven arqueólogo mexicano, México, Empresas editoriales.

Clack Timothy y Brittain Marcus eds.
2007 The archaeology and the media, E.U, Left Coast Press


Gándara Vázquez, Manuel
1992 La arqueología oficial mexicana. Causas y efectos, México, Col. Divulgación,
inah.

Ley Federal de Monumentos y Zonas arqueológicos, Artísticos e Históricos


Indiana Jones and the Last Crusade, Steven Spielberg, Paramount Pictures, 1989, Aventura, 126 min.

Comentario

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Comentario de HAZAEL ALVARADO HERNANDEZ el octubre 1, 2011 a las 10:13pm

Hugo, buen trabajo, el tema es muy actual. No podría estar mas de acuerdo contigo en el hecho de que la arqueología debe incursionar en otros caminos, inovar y, en términos generales, adaptarse a un mundo cada vez más dinámico. Sin embargo tengo algunas dudas y cometarios:

1) En el primer apartado, cuando mencionas que "...fuera de las imperfecciones históricas, culturales y los toques sobrenaturales, son varios los ejemplos que podríamos retomar en beneficio de la arqueología". Exactamente a qué ejemplos te refieres; no me quedó muy claro.

2) Estoy de acuerdo en el reconocimiento que haces de la arqueología social iberoamericana en tanto propuesta emanada desde un contexto latinoamericano, pero me parece que también hay que recordar a propuestas como la antropología fractal que, aunque no es del agrado de todos, ha ganado varios adeptos representado, por ende, una propuesta alterna y de índole "local", por llamarle de alguna manera.

3) Por último, como nota personal, te recomiendo que tengas cuidado al usar frases como la siguiente: "... Todos deberíamos poder practicar nuestra profesión como mejor nos convenga y no depender del monopolio de la arqueología estatal". Entiendo tu punto, pero el riesgo radica en la impresión que puede transmitir y denotar al lector, en este caso, de agresividad, falta de reflexividad y, ademas, puede ser mal interpretada. Por ejemplo, si todos "...deberíamos poder practicar nuestra profesión como mejor nos convenga..." entonces qué pasa con la parte de la ética que mencionas en el texto ¿Entiendes mi punto?

  Recuerda que es un congreso virtual y desgraciadamente la mayoría no nos conocemos personalmente; en muchos casos soló contamos con el recurso de la escritura y por lo mismo, limitados hasta cierto punto.

Comentario de Hugo Alberto Huerta Vicente el septiembre 23, 2011 a las 12:36am

Y no dejare de aullar hasta juntar una jauría mi querida y autonombrada lillith. Para quienes conocemos las bondades y penurias de trabajar para el Inah y también por cuenta propia, reconocemos como bien dices el papel como salvaguarda del patrimonio que el estado debe mantener. Creo también que por el bien de la arqueología y de los profesionales que la practicamos, debemos ser nosotros mismos los que propongamos un cambio sustancial en la normatividad existente. Si cada uno por cuenta propia, en colectivos e instituciones especializadas tuvieramos la oportunidad de hacer arqueología sin depender del estado, la competencia por si sola generaría una sustancial mejoría en las investigaciones que se realizan. Del estado ya solo dependería su regulación y fiscalización. En un panorama así, el Inah se renovaría para estar a la altura o desaparecería con el tiempo por obsoleto.

Y sí, soy fan del buen indy!!!

Comentario de Lillian Torres González el septiembre 22, 2011 a las 7:15pm

Muy interesante tu trabajo Hugo. En efecto, me declaro fan de Indiana, sin embargo fuera de eso y aunque a los arqueólogos nos gusta (o al menos hablo por mí y por cercanos amigos como tú) nuestro trabajo, fuera de la parafernalia que ha generado tradición entre el resto de la población de lo que la arqueología es, para muchos puede resultarles aburrida. No obstante, es entendible el proceso por el cual la arqueología mexicana ha atravesado desde su institucionalización como un mecanismo de fomentar el nacionalismo y su relación tan estrecha con el estado. Si bien, después del crecimiento importante en materia metodológica y teórica durante el periodo revolucionario con Manuel Gamio, y algunos nuevos enfoques, que más adelante surgieron, la arqueología se estableció en un lugar de confort institucional, al mismo tiempo que generó un gran monopolio. Aunque la parte legislativa tiene un gran aporte, hay aspectos de la ley que han sido revasados por la realidad de la disicplina, como el hecho de hacer arqueología no sólo en contextos prehispánicos sino en sitios históricos e industriales (y  el estudio del cercano siglo XX, inclusive en el medio cibernético con un trabajo de Patricia Fournier). Sin embargo no es desdeñable la ley, si encontramos puntos de comparación con otros países como Nicaragua, El Salvador o la misma Bolivia entre otros, en donde hay una ausencia sorprendente de un marco que legisle lo realtivo a patrimonio arqueológico. Necesitaríamos una ley que fuera transformada de acuerdo a la realidad de la profesión y bueno eso también habla de que la misma práctica se ha transfomado paulatibamente. Por lo que creo que hay un poco de movimiento en la arqueología mexicana y es una buena señal. "Cuando los perros ladran..."

Comentario de Hugo Alberto Huerta Vicente el septiembre 22, 2011 a las 6:51pm
Gracias César por la detallada lectura que realizaste y los comentarios. Coincidimos en la básico, en el fondo. La forma cambia en cada individuo. Al igual que tu y aunque suelo trabajar para el inah, siempre lo hago en condición de freelancer, lo mismo que la mayoría de arqueólogos en el país. Así que, si nunca tenemos respaldo institucional, no entiendo por que deberíamos estar condicionados por un órgano completamente retrógrado, con pocas y buenas excepciones. Sigamos siendo agentes de cambio desde los espacios que nos hemos construido. En particular me interesa el trabajo que desarrollas, podrías enviarme información en mi perfil de la red. Gracias nuevamente.
Comentario de Cesar Castillo Marchena el septiembre 22, 2011 a las 11:24am

El poco interés del público por desgracia no es solo un tema Inherente a la Arqueología, cualquier materia que requiera de difusión escrita, está casi condenada al fracaso, nuestro país no se distingue como un país educado o ávido de cultura y no vayamos tan lejos el mexicano no está interesado ni siquiera en leer, el estudio “Hábitos de Lectura” publicado por la UNESCO señala que México se sitúa en el lugar 107 de un total de 108.

 

Creo que   no solo debemos preocuparnos por la población actual y el acceso a la arqueología, creo y de hecho trabajo en ello que debemos ocuparnos de la población infantil, trabajar más en ellos e intentar crear mejores hábitos en cuanto a la educación y la cultura. por que muchas veces los niños crecen con la falsa idea de que la cultura es aburrida

 

cambiando de tema , tu escribes:

“Una de nuestras tareas debería ser siempre la difusión de nuestras actividades proporcionando la información indicada y correcta para el mejor entendimiento de la población”

Aquí no entiendo muy bien,  imagino que… ¿propones versiones menos “elevadas” de los  resultados de las investigaciones para una mejor entendimiento de la población  que no es profesional en el tema? ¿y entonces manejar dos tipo de material de divulgación?

En algo que si no concuerdo contigo es cuando comentas:

 “Algunos dirán que se hace mucha investigación, que siempre hay proyectos y eso no se pone en juicio, pero dudo de la capacidad por aportar nuevo conocimiento”

Yo creo que en nuestra profesión hay de todo… y dentro de ello existe un sinnúmero de investigadores y estudiantes que con sus trabajos aportan cada vez nuevos elementos de estudio y conocimiento.  y no dudo ni por un segundo que tenemos en México la capacidad de generar nuevo conocimiento.

en esta cita dices acerca de la serie de History Channel:

“Presenta escenas de campo, estudiantes becarios, investigadores, funcionarios y una posproducción impecable que se afana en no mostrar lo tedioso y aburrido que a veces puede ser nuestro trabajo”

¿Y entonces no está solo mostrando un lado digamos “aventurero”  o “romántico” de la profesión y por lo tanto maquillando la realidad?

Y ahí es donde debemos de quedar en claro que una cosa es el show bussines y otro la divulgación científica

<y para terminar con las citas:

“ “A mayor público, mayores posibilidades de remuneración, por consiguiente más posibilidades de realizar investigación que deberá ser debidamente difundida y así podemos generar un círculo virtuoso”

La idea de buscar mejores y mayores canales de difusión me parece totalmente necesaria, pero también creo que  se debe hacer con cuidado porque si no ese círculo virtuoso que tu comentas se puede tornar en vicioso…  no falta nunca quien  altere las cosas o haga cosas  antiéticas en pro me mejores ganancias.

Y ya por ultimo externar que estoy de acuerdo en que el INAH es obsoleto y es necesaria una redefinición del mismo. y por supuesto lo digo desde fuera de él ya que desde hace muchos años trabajo por mi cuenta en algo similar a gestoría cultural solo que aplicado a público infantil.

Saludos y felicidades por tu ponencia

Comentario de Hugo Alberto Huerta Vicente el septiembre 20, 2011 a las 11:20pm

Claro Diana, creo en la posibilidad de una arqueología más incluyente, más dinámica, más social. de igual modo no creo que la disciplina deba desarrollar una tendencia exclusivamente en torno al mercado de consumo cultural. De ahí la importancia del desarrollo de una vida académica con grandes pretenciones, que no pretenciosa, que pueda combinar ambos paradigmas, donde los más beneficiados seremos los arqueólogos que practiquemos ese tipo de nueva arqueología.

Comentario de Diana Ib Torres. el septiembre 20, 2011 a las 8:57pm
Bien. Pues quiero comentar que estoy de acuerdo y creó en una arqueología incluyente, bajada de la nube intelectual. Soy estudiante de licenciatura y me parece necesario proponer espacios más dinámicos para el diálogo y la divulgación como este. Chido por tu artículo ;D.
Comentario de Hugo Alberto Huerta Vicente el septiembre 20, 2011 a las 6:12pm

Claro mi querida Eli, es algo multicausal, solo desarrolle algunos puntos. Como bien habrás podido percibir pugno por la idea de una arqueología libre, sin ataduras del INAH, excepto su fiscalización para su buen manejo. Pero creo firmemente que la modificación de la arqueología en este país y por consiguiente de la legislación actual no queda más que en nuestras manos. Tenemos recursos y hay que explotarlos. Gracias por el comentario, te devolveré la cortesía leyendo tus contribuciones apenas tenga tiempo.

Comentario de Elizabeth Galeana el septiembre 20, 2011 a las 1:15pm

Hola Hugo, estoy de acuerdo en varios puntos de tu texto. Me gustaría agregar algo sobre la difusión. Es cierto que muchos investigadores no difunden sus resultados, no tienen el interés mínimo. Pero también existe la otra parte, la de revistas, boletines, etc, cuyos requisitos son estrictos tan solo para que el artículo sea aceptado para su evaluación por parte del comité editorial. Es aquí donde muchos textos atoran, pues son rechazados si el autor no cuenta con la recomendación de un investigador reconocido y que ya haya publicado en esa editorial, revista o boletín.

Son varias situaciones que repercuten en que los resultados de una investigación logre difundirse. Aquí sólo comenté un aspecto.

Buen artículo.

Comentario de Fabián Pérez Peña el septiembre 19, 2011 a las 11:25pm
Me encantan esos videos de Zahi Hawass, tienen cierto encanto, lo admito

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