¿PARA QUÉ SIRVE LA ARQUEOLOGÍA EN LA ACTUALIDAD?

"¿PARA QUÉ SIRVE LA ARQUEOLOGÍA EN LA ACTUALIDAD?"

 

Juan García Targa*

 

Una reflexión en voz alta

 

Cuando inicié los estudios de arqueología allá por el año 1984, la ilusión por lo desconocido, por saber de la vida en época pasadas, siendo lo más excitante intelectualmente el hecho de poder participar en proyectos de investigación en Europa y México  para un joven de la Universidad de Barcelona.

 

Con el paso de los años y del devenir profesional, me he dedicado indistintamente a temas de arqueología de campo y a  exposiciones, musealización, docencia, etc., viendo la profesión desde diferentes perspectivas, obviamente más enriquecedoras que la inicial, en la que todo era pasión. Con ello no quiero decir que haya perdido la ilusión en mi profesión, sino bien al contrario, que los contextos han cambiado y creo que hoy en día la arqueología como tal solo tiene sentido como actividad social, en el sentido de dar respuesta a temas sociales y sobre todo difundir y sociabilizar el resultado de los proyectos, más allá de los contextos especializados, muy minoritarios.

 

Sin perder esa “visión o imagen romántica” creo que un arqueólogo hoy en día debe ser un técnico cualificado, consciente de la realidad que lo envuelve en cada caso y diligente a la hora de difundir y gestionar aquellas evidencias materiales que tiene entre manos e interpretaciones que se pueden generar  (Figura 1). En este sentido, independientemente de la visión atractiva que los demás tienen de la arqueología, la seriedad y profesionalidad debe ser la directriz que marque ese perfil para evitar que la visión de la arqueología y del arqueólogo  amateur siga perviviendo en un contexto tan competitivo como el actual.

<< Figura 1. Mascaron del edificio Kabul, Izamal (Yucatán, México) (Fuente: Benesch, Kurt. 1980. Tras las huellas del pasado: pág 133)

 

Es evidente que como arqueólogo autónomo que trabaja para instituciones públicas y entidades privadas, esa seriedad es y debe ser la mejor carta de presentación para que aquellos que por el cumplimiento de la normativa se ven obligados a sufragar los gastos, tengan un asesoramiento real y un apoyo para entender mejor esa actividad patrimonial que les afecta a sus intereses. En este sentido, en muchos casos ni la administración patrimonial, ni los técnicos municipales llevan a cabo esta tarea fundamental para poner en valor el  patrimonio, y asesorar respecto de sus obligaciones, compromisos, cumplimientos y ventajas y exenciones fiscales si es que existen para aquellos promotores que cumplen la normativa de forma respetuosa.

 

La arqueología de campo: arqueología de gestión

 

Casualmente estos días es noticia en Barcelona el hallazgo de los restos de una villa romana durante la construcción de un importante tramo del ferrocarril de alta velocidad dentro de la ciudad. La celeridad con la que se llevan a cabo las obras, contrasta con la meticulosidad del trabajo de campo que debe como siempre debe registrar de forma exhaustiva todos aquellos materiales y datos relevantes para poder entender la función, evolución y uso de ese espacio histórico puesto al descubierto casualmente (Figura 2).

Figura 2.  Restos arqueológicos de la Sagrera (Fuente: Diario La Vanguardia, 3 de septiembre de 2011).

 

En estos casos que denominamos de forma diversa: arqueología urbana, salvamento, urgencia, preventivas, etc., las leyes de patrimonio defienden estas actuaciones como parte del patrimonio tangible de nuestra sociedad del que debe tenerse muestras que permitan la comprensión del pasado.

 

 

“el patrimonio es una prueba evidente de la existencia de vínculos con el pasado. El patrimonio alimenta siempre en el ser humano una satisfacción reconfortante de continuidad en el tiempo y de identificación con una determinada tradición” (Ballart, 2006:36).

 

En este sentido, si tomamos como referencia  esta cita conocida de Ballart, el desarrollo de los trabajos y la concienciación se encuadrarían perfectamente  en los rasgos definidos por el autor, vinculando patrimonio con satisfacción personal al disponer de esos vínculos con el pasado que nos identifican como grupo.

 

Pero más allá de la ley que insta al respetuoso cumplimiento de las normativas a entidades públicas y privadas, mi experiencia personal al trabajar en decenas de excavaciones de este tipo es ¿qué utilidad social se extrae de esos trabajos?, ¿qué pedagogía se hace con promotores y constructores al respecto?, ¿qué difusión se lleva a cabo a posteriori para acercar al público en general a esa realidad para la mayoría de la gente extraña que es una excavación, que en muchos casos es difícil de entender o incluso de aproximarse físicamente dado el carácter posesivo de algunos investigadores?, o pasados unos años ¿qué queda de esa intervención que tuvo un coste importante en personal y medios técnicos, además de paralizar una obra en curso?. (Figura 2)

 

En muchos casos la imposibilidad de hacer compatible la pervivencia de un asentamiento antiguo y una nueva infraestructura pública o privada determina la destrucción de los restos o su cobertura con tejido geo-téxtil y tierra que teóricamente lo preserva, y  permitiría en un futuro su redescubrimiento y musealización, si se dispone de los fondos económicos necesarios. Esta opción es la elegida en el ejemplo referido en Barcelona, en el que una vez documentados los restos constructivos, recuperados los enseres y trasladados algunos elementos relevantes (parte de un mosaico policromo) se procederá a cubrir los restos y continuar la obra.

 

En otros casos, el empecinamiento de ciertos sectores políticos locales por mantener muestras de su patrimonio que quizás no tenga un interés objetivo, acaba transformando esas evidencias en verdaderos basureros en los que se pone de manifiesto de forma evidente la degradación de unos restos que ya de origen eran difícilmente explicables sin llevar a cabo una importante inversión económica. Casos como estos, son en muchas ocasiones habituales siendo los cambios políticos municipales (sean de grandes ciudades o pequeños municipios) la circunstancia que determina en muchos casos la pervivencia o destrucción definitiva de unos restos considerados como potenciales por parte de un consistorio municipal e irrelevantes por parte de otros.

 

En otras muchas ocasiones se llega a situaciones intermedias en las que se invierte tiempo y recursos para la consolidación y musealización de restos, además de su mantenimiento a lo largo del tiempo, incluyendo aspectos pedagógicos y difusión que permiten transformar unas evidencias más o menos relevantes en una herramienta pedagógica.

 

La arqueología de campo: proyectos

 

En algunas ocasiones desde la arqueología académica caracterizada por proyectos programados  dentro de espacios protegidos  y a un ritmo de trabajo más ralentizado, se critica a los casos de arqueología de salvamento que se mueve a mayor velocidad y obviamente con mucha presión por parte de las diferentes partes implicadas.

 

El cierto grado de elitismo que tanto en Europa como México se puede asociar a estos proyectos de investigación incide en la implicación de algunos de los equipos de trabajo en los aspectos pedagógicos y de difusión que deben ir asociada a cualquier  intervención que se lleva a cabo con fondos públicos. No se ha de olvidar este aspecto económico, en el sentido de que el estado, país o institución delega en el director del proyecto la coordinación de los trabajos en un determinado sitio arqueológico, sin que ello suponga la apropiación de ese espacio colectivo y de los fondos asociados para su aplicación arbitraria.

 

¿Para qué sirve la arqueología y por extensión el patrimonio arqueológico?

 

Figura 3. (Izq). Darró (Barcelona), restos restaurados y museal izados del barrio ibérico (Fuente: fotografía del autor).

 

Figura 4. (Der). Restituciones del poblado neolítico de Otzil (Austria) (Fuente: fotografía del autor).

 

Realizadas estas breves consideraciones de carácter sin duda muy general, se me plantea la   siguiente cuestión: ¿para qué sirve la arqueología más allá de la curiosidad minoritaria de acercarnos al pasado? Creo que como investigadores sociales que somos, la vertiente de aporte a la colectividad debería ser fundamental en la sociedad actual, tecnológica, que mira sin duda al futuro y que en muchos casos no entiende que se gasten miles o millones de pesos en actividades relacionadas con un pasado (Figuras 3 y 4).

 

Otra pregunta que cada vez considero más relevante es ¿cómo puede competir la arqueología con una oferta cultural y de ocio tan diversificada como la actual? Es evidente que la oferta pedagógica debe cambiar, generándose nuevos discursos, con el uso de herramientas tecnológicas y unos objetivos que vayan más allá de la devoción distante de un patrimonio o de la concatenación de vitrinas con piezas excelentes pero que más allá de su admiración, en muchos casos, acaban siendo todas muy parecidas desde la perspectiva del público no formado en estos temas.

 

Esa vertiente pedagógica de la que hablábamos con anterioridad es la que debe constituir el eje fundamental de nuestro trabajo: explicar el por qué, para qué, a quién van dirigidos los esfuerzos por mostrar esos ejemplos de patrimonio colectivo. Así mismo, el acercamiento al patrimonio creo que debe asociarse a una actividad entretenida, lúdica que facilite la adquisición de conocimientos, sin que por ello se pierda  el respeto por ese ejemplo de pasado común, que en sí mismo es único e irrepetible.

 

“El verdadero valor no es tan solo su misma existencia, sino el acceso y el disfrute del mismo por parte de la población” (López de Aguileta, 2000: 92).

 

En este sentido, la inversión en espacios patrimoniales en países como México puede venir justificada por el gran interés que el turismo nacional y extranjero tiene por los restos materiales de época prehispánica y colonial, que son sin duda una entrada de divisas importantes para la economía nacional. No obstante, ese afán  por mostrar  el patrimonio no tendría que derivar en unos trabajos de excavación y restauración en exceso acelerados y poco serios como ha pasado durante ciertos períodos algunos estados de la República. Esa forma de actuar determina que el conocimiento de esos asentamientos se vea claramente devaluado y condicionado por esa “necesidad de abrir nuevos espacios al visitante” como parte de una oferta más amplia que incide en un mayor precio de la entrada al sitio. Para ello se deben tener en cuenta aspectos tan importantes como las “capacidades de carga” de esos espacios, es decir, ¿cuanta gente puede deambular por esos espacios patrimoniales sin la sus acciones incidan sobre los restos?, así como reflexionar en torno a que esos edificios que componen los centros arquitectónicos no están pensados ni para riadas de grupos poco o nada sensibles hacia el patrimonio, ni para el uso de luz y sonido, ni para conciertos, dado que en origen tuvieron un uso diverso y además, se encuentran en un entorno natural que en nada favorece a la flora y fauna propia esos impactos sonoros, lumínicos, etc.

 

Con ello quiero introducir esta nueva reflexión en torno al o a los usos interesados del patrimonio. Es bien conocido el uso de anfiteatros romanos en el sur de Francia para corridas de toros, el de teatros de la misma época  para ciclos de teatro clásico o de iglesias, palacios, o de sitios mayas para conciertos de dudosa rentabilidad económica para las comunidades adyacentes, etc., para usos muy diversos sin disponer de “planes de manejo” que permitan con precisión el estado real de esas construcciones y si esos usos diversos, más a allá de si nos gustan o los consideramos permitentes, son seguros tanto para el público asistente, como para la construcción en cuestión.

 

En este sentido, hace algunos años se me encargó la reexcavacion de la parte externa de unas termas romanas, efectuando la planimetría y trabajos previos a una intervención integral del sitio en el que se constataban patologías arquitectónicas del edificio romano, y de la restauración que se llevó a cabo durante los años cincuenta del siglo XX. Cual fue mi sorpresa cuanto el regidor de Cultura del municipio me preguntó si durante las fiestas locales podían subirse sobre los arcos de la construcción para tirar cohetes y ciertos bailes populares que siempre han hecho. Este es un ejemplo claro de que en muchos casos, ni los “supuestos técnicos encargados de proteger el patrimonio” actúan de forma responsable.

 

Llegados a este punto, creo que podrían  diferenciarse varios niveles se sensibilización al respecto a la función y uso de nuestro patrimonio arqueológico y por extensión, arquitectónico:

 

1) El trabajo se inicia con la sensibilización de constructores, promotores, ayuntamientos, empresas públicas y privadas que se ven afectadas por la incidencia de casos de conflictos entre su actividad profesional y el patrimonio, etc.  Un asesoramiento que vaya más allá  del obligado cumplimiento de la normativa que sin duda es importante, pero debería adentrarse en la filosofía que va más allá.

 

2) Durante la realización de los trabajos de campo se puede ir planteando  la posibilidad de dejar una muestra como ejemplo de patrimonio histórico de la población. Para ello instituciones como el Inah o equivalentes en otros países, e incluso los propios arqueólogos que están sobre el terreno, deben insistir a las autoridades locales sobre  las ventajas e inconvenientes de los nuevos espacios abiertos al público: coste inicial de consolidación y restauración, preservación mediante el vallado del espacio, adecuación del espacio a las visitas, señalética, difusión de la nueva oferta  a los públicos potenciales, contactar con los grupos de profesores y asociaciones culturales que puedan estar interesadas en estos temas, etc. Lógicamente, todos estos aspectos, básicos para ofertar un nuevo espacio al público se concretaran una vez finalizados los trabajos, consensuados los presupuestos y estructurados los ritmos de trabajo para generar una oferta atractiva.

 

3) Cuando se trata de espacios públicos o privados que van a quedar abiertos al público creo que la reflexión debe ser: si no nos comprometemos a dar mantenimiento (autoridades competentes) y difusión a esos restos evaluados como importantes, lo mejor que se cubran nuevamente de tierra, evitando así su degradación.

 

4) La pedagogía con los políticos y los técnicos de los municipios en los que se encuentran los restos es fundamental, para hacerles ver la fragilidad de los restos, la necesidad  de la continuidad de los proyectos de investigación como paso previo para poder establecer un discurso explicativo a diferentes niveles. Así mismo, tal y como se ha mencionado anteriormente, la transformación de ciertos bienes patrimoniales en un reclamo turístico o la ampliación de la oferta ya existente debería mesurarse mucho teniendo en cuenta programas de mantenimiento a corto, medio y largo plazo.

 

5) El último eslabón de esta cadena, sin duda mucho más complejo, es el público en general, tanto aquel que está interesado por el patrimonio (sin duda minoritario), como a los colectivos de diversos grados de formación y que las más de las veces no entienden la inversión, aunque los proyectos repercutan en eso que se llama calidad de vida para ellos y sus familias, con los parques que integran muestras del pasado.

 

En este sentido, una experiencia reciente en una población cercana a Barcelona me permitió constatar el cambio de parecer sobre los trabajos que realizamos durante prácticamente nueve meses (Figura 5). Inicialmente, las persona cercanas al espacio que se estaba trabajando no entendían, ni les interesaba lo que  llevaban a cabo veinte personas a lo largo del día y uno de ellos haciendo fotografías, planos y demás documentación de campo a “cúmulos de piedra” (muros), “manchas de tierra de colores” (diferentes estratos con materiales) y “huesos” (un total de ocho enterramientos), además de silos de almacenamiento de excedentes agrícolas, prensas para el procesado del vino, etc.

Figura 5. Cornellá (Barcelona): vista parcial de los restos de la excavación de salvamento (Fuente: fotografía de autor).

 

Ante una indiferencia inicial palpable, motivada en parte por tener la calle cortada, impidiendo el acceso a sus plazas de parking y casas, la actitud de/de los que llevan la excavación pueden ser dos:

 

a) la indiferencia más absoluta concentrándote en tu trabajo, cerrando el espacio de trabajo y no contestando una pregunta argumentando que no es tu obligación hacer de guía de la excavación. Esta actitud, aunque parezca extrema, la llevan a cabo muchos colegas sin darse cuenta, creo yo que la gente tiene derecho a preguntar y tú sea por educación, por información, debes explicar ¿que se está haciendo?, ¿por qué?, ¿para que sirve? , preguntas más habituales fruto de la curiosidad innata de la mayoría de nosotros.

 

b) la segunda opción es llevar a cabo una información sistemática que de respuesta al interés de vecinos, paseantes, profesores de escuela, etc., como parte de la actividad de difusión de los trabajos para ayudar a que los propios vecinos y gente próxima pongan en valor esos restos que en el fondo son suyos y forman parte de su bagaje cultural.

 

La potenciación de la segunda opción durante los trabajos generó un interés inusitado por parte de la gente, que incluso en algunos casos, nos visitaba de forma sistemática, portaba libros y recortes de diario con temas de patrimonio y arqueología y exigía que parte o la totalidad de los restos que se estaban exhumando, quedasen a la vista para poder ser visitados.

 

La oferta de días de puertas abiertas, dossieres entregados a los visitantes, la edición de un video ilustrativo sobre los trabajos, la visita comentada a profesores como paso previo a los alumnos, conferencias y una exposición en curso, no hubiesen sido posibles con una actitud por parte de los técnicos de campo mucho más distante respecto de la gente. Este es un caso evidente de cómo un planteamiento abierto de unos trabajos técnicos y complejos puede generar un interés social que motive una concienciación en torno a un ejemplo patrimonial, objetivamente mal conservado fruto de un deterioro por la reocupación histórica entre el siglo II después de Cristo y la actualidad.

 

Valoraciones generales

 

Dado el carácter interactivo de este evento y el amplio abanico de concepto que podemos relacionar a la “nueva función de la arqueología”, no quiero introducir más preguntas que entiendo que quizás otros colegas han tratado en sus aportaciones.

 

No obstante, creo que  debe replantearse de forma integral  la arqueología como actividad social que se implique en aquellos aspectos del pasado que puedan interesar en el presente, se generen ofertas culturales que no respondan tanto al interés de los arqueólogos como al de los posibles grupos de visitantes a espacios museal izados, centros de interpretación o museos.

 

No soy de los que ven el patrimonio como algo reverencial en el sentido de admirativo desde la distancia pero sin una profundización más allá de la imagen. Creo que  el respeto por el patrimonio hoy en día debería ir más allá de ese aspecto elitista, siendo espacios interactivos, viendo las posibilidades que tienen respetando su características y estado de conservación y generando esas ofertas atractivas por cuanto novedosas, ligando las evidencias del pasado con el presente para que el público no interesado tradicionalmente se vaya acercando a estas nuevas ofertas.

 

Esa vertiente social relacionada con la gestión no es incompatible con la difusión en ámbitos especializados, ya sean revistas, congresos, etc. Sin embargo, el reto creo que es la integración de los resultados de la investigación dentro de los discursos explicativo para el público en general.

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*Lic. en Arqueología y Dr. en Historia de América por la Universidad de Barcelona. Consultor de la Universidad Abierta de Cataluña y arqueólogo autónomo.

 

 

Bibliografía

Ballart Hernández, Josep. 2006. El patrimonio histórico  y arqueológico: valor y uso. Ariel Patrimonio. Barcelona.

 

García Targa, Juan. 2010. Patrimonio arqueológico yucateco: algunos aspectos y sugerencias en torno a la gestión  y difusión. I Congreso sobre Patrimonio Cultural en México: “Problemática actual y propuestas para su intervención”. Universidad Autónoma de Yucatán. México.

 

López de Aguileta, Iñaki. 2000. Cultura y Ciudad.  Manual de política cultural municipal. Ediciones Trea. Gijón.

 

Ruíz Zapatero, Gonzalo.2004. ¿Qué necesidad tenemos de comunicar el patrimonio? En: Pilar Vicente. Comunicar el Patrimonio. 3 es Jornadas de Patrimoni del Baix Llobregat.

  

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