PENSANDO OTRAS ARQUEOLOGÍAS: UNA REVISIÓN CRÍTICA DESDE LA PERIFERIA SOBRE EL PAPEL DEL ESTADO EN LA ARQUEOLOGÍA MEXICANA

Josué Augusto Gómez García*
Daniel Vallejo Cáliz**

El hablar de arqueología en México invoca muchas imágenes que pueden llegar a ser contrastantes: Desde la recientemente nombrada "maravilla del mundo moderno” en que se convirtió la ciudad Maya de Chichen Itzá, gracias a una avasalladora campaña publicitaria para fomentar el turismo; hasta los menospreciados y escasos restos de sitios antiguos en regiones remotas del territorio nacional. Los segundos pueden ser continuamente destruidos en nombre del desarrollo y la modernidad mientras otros, los menos, son explotados como parques turísticos y escenarios de artistas “pop”. Pero en todo sitio arqueológico encontramos restos de historia y de realidades hasta hoy poco comprendidas, aún por aquellos que nos alzamos como expertos en temas de arqueología y de historia antigua.


Desde una visión general, la arqueología puede ser definida como una ‘ciencia’; cuyo objetivo es reconstruir el pasado a través del estudio de los restos materiales recuperados por medio de técnicas de excavación y reconocimientos de superficie en sitios culturalmente modificados. Sin embargo, la práctica de la arqueología en México va más allá. Se caracteriza por abarcar campos ideológicos que trascienden el campo de la ciencia para insertarse en las esferas política y económica, vinculándose a intereses nacionalistas del régimen establecido después de la revolución del siglo pasado. Así, la disciplina arqueológica en México pretende hacer una reconstrucción ‘objetiva’ del pasado a partir de una construcción ideológica que busca legitimar el papel rector del estado sobre una identidad nacional-nacionalista para definir a sus ciudadanos como una sociedad homogénea y modernizada. Esta construcción ideológica representa uno de los pilares más sólidos y menos cuestionados que dan legitimidad a la estructura del Estado Nacional mexicano.


Para entender mejor este fenómeno es necesario reconocer el papel que la arqueología juega en México como pilar de la identidad nacional al ser administrada, en casi todos sus aspectos, por dependencias del estado o íntimamente ligadas a éste. Como contraste, se hará una revisión crítica del desarrollo histórico de la arqueología en la periferia; específicamente en Estados Unidos, donde la producción teórica se ha dado dentro del campo de la ciencia y su rol político ha sido ampliamente debatido y abiertamente reconocido. Así, un seguimiento crítico al desarrollo teórico en el país vecino facilitará la comprensión del aspecto político de la arqueología desde su producción teórica. A partir de esta revisión se explorará la apropiación del pasado como herramienta ideológica y la arqueología como herramienta política. Finalmente se hará una reflexión acerca de la importancia de reforzar la base teórica para una arqueología crítica que sea de ayuda para la recuperación de la memoria histórica de los pueblos.

Desarrollo de la Arqueología en México
Por ley, toda actividad relacionada con la investigación arqueológica dentro de México debe ser regulada por el Consejo de Arqueología, organismo insertado dentro de la estructura orgánica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); así pues, toda actividad que busque dentro de sus objetivos investigar el pasado utilizando como medio restos materiales y culturales debe ser evaluada y avalada por dicho organismo. Ahora bien, es necesaria una revisión de la historia del instituto para entender de qué manera es regulada la práctica arqueológica y cómo ésta dirige y controla, de manera casi imperceptible, las interpretaciones y re-construcciones del pasado.

 
El Instituto Nacional de Antropología e historia (INAH) nace de las políticas indigenistas impulsadas por el presidente Lázaro Cárdenas. Este se crea por decreto presidencial dentro del marco de la Ley Orgánica promulgada el 31 de Diciembre del año 1939. Se le asigna como objetivo principal el “garantizar la investigación, conservación, protección y difusión del patrimonio prehistórico, arqueológico, antropológico, histórico y paleontológico de México”. Dentro de su estructura administrativa, el INAH es dependiente de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y cuenta con personalidad jurídica y patrimonio propios.


Al finalizar el movimiento revolucionario en los primeros años del siglo veinte se sentaron las bases del estado nacional actual. Se forjó una política estatal que pretendía la asimilación de las culturas indígenas dentro de una identidad nacional universal y occidentalizada. Importantes trabajos como ‘La Raza Cósmica’ de José Vasconcelos y ‘Forjando Patria’ de Manuel Gamio sirvieron para fomentar una identidad nacional centrada en el mestizaje. Estas obras mostraban al indígena como incapaz de gobernarse a sí mismo, necesitado de la tutela del Estado y presto a ser integrado como parte de una identidad nacional; dejar de ser indio para volverse ‘Mexicano’.


Esa identidad se creó y difundió por medio del sistema de educación pública. Esta estrategia se implementó como parte del “indigenismo”; movimiento político e ideológico auspiciado por el Estado que pretendía crear las condiciones político-ideológicas para construir una identidad nacional sobre la base de culturas indígenas pre-hispánicas. Al mismo tiempo, se buscaba la asimilación e incorporación de los pueblos indígenas dentro de la nueva identidad nacional, condenando sus culturas contemporáneas a desaparecer.


Numerosos esfuerzos fueron realizados para facilitar la asimilación de los grupos indígenas. Al mismo tiempo se avanzó en la apropiación del pasado indígena. Esto se alcanzó utilizando los restos materiales de las culturas indígenas para ser presentado como parte de un pasado del que es necesario desmarcarse con el fin de entrar al mundo de la "modernidad del desarrollo". Este paradigma “indigenista” adoptó tácticas paternalistas utilizando el concepto de "preservación/conservación" para apropiarse de la memoria histórica negando al mismo tiempo la continuidad histórico-cultural de los pueblos. De este modo se ha utilizado el patrimonio como el cadáver simbólico de aquellas culturas que alguna vez existieron y las condena a desaparecer. Sin embargo, muchas de estas culturas se mantienen vivas y aún ocupan territorios ancestrales, aunque se quiera lo contrario. De este modo, a partir de un pasado construido desde la visión nacional, y un modelo desarrollista, se obliga a elegir entere pasado y futuro al mismo tiempo que sistemáticamente se niega el presente. Es precisamente esa pérdida de memoria histórica y la negación del presente en esa loca carrera hacia la modernidad que ha llevado a situaciones de ruptura social que actualmente afectan a la gran mayoría de la población de nuestro país.


Desde su creación, el INAH ha mantenido una actitud paternalista hacia el estudio del pasado, negando al mismo tiempo la continuidad cultural de los grupos indígenas. A partir de sus objetivos, el INAH se asigna un papel de protector del pasado pre-hispánico desestimando cualquier reclamo de grupos indígenas sobre su pasado. El discurso oficial, desde las políticas indigenistas, afirmaba que las identidades de los grupos indígenas estaban condenadas a desaparecer asimilándose como parte de la sociedad nacional al abandonar sus filiaciones étnicas. Por esta razón la tarea del INAH, a través del trabajo de arqueólogos y antropólogos, era la de registrar y proteger el patrimonio arqueológico y etnográfico como un recurso de gran valor para la identidad nacional.


La investigación arqueológica en México desde la segunda mitad del siglo pasado, y que mayor impacto y difusión ha logrado entre la población general, se dio dentro de la lógica indigenista, concentrándose en los llamados “Proyectos Coyunturales”, de los cuales Vazquez-León (2003) hace una revisión exhaustiva. Estos proyectos han sido enfocados en investigar y reconstruir sitios arqueológicos de proporciones monumentales y alto potencial mediático (Chichén Itzá, Monte-Albán, Palenque, Teotihuacan, etc.) cuyo principal objetivo es, además de la apertura al sector turístico –principalmente de origen extranjero-, la exaltación del pasado indígena de México. A pesar de la difusión y el gran impacto que estos proyectos han tenido entre la sociedad, el objetivo de los estudios arqueológicos no tiene la intención de ligar las sociedades del pasado con la historia de grupos indígenas contemporáneos.


Por otra parte, gran mayoría de los proyectos arqueológicos activos se centran en el rescate y salvamento de sitios arqueológicos amenazados, emanando de instancias oficiales y universidades, cuya tarea es la recuperación, registro y evaluación de restos arqueológicos. Esta práctica resulta en estudios teóricamente débiles que se subordinan a proyectos de ‘desarrollo’ e infraestructura; muchas veces culminando en la destrucción de restos culturales de los pueblos que habitan el territorio nacional. Enarbolando las banderas de “modernidad”, “progreso” y “desarrollo”, la evaluación realizada por los estudios de salvamento y rescate no basta para evitar la destrucción de la riqueza cultural de los pueblos originarios al otorgar permisos de construcción y utilización de terrenos donde existen restos culturales. De esta manera la práctica arqueológica en México es rebasada por los intereses progresistas y se convierte en cómplice de la destrucción de aquel patrimonio arqueológico e histórico que tanto asegura proteger.


A la par de estos trabajos, se han llevado a cabo importantes proyectos de investigación, arrojando resultados interesantes y avanzando el debate teórico. Sin embargo, esto se viene dando fuera de nuestro país y de manera excluyente para la academia nacional. En México, los debates teóricos son escasos y ajenos a la práctica de la disciplina, creando un vacio de ideas a partir del cual el aspecto político de la práctica arqueológica se reproduce de manera imperceptible y refuerza la estructura ideológica del Estado Nacional actual.


Dentro de este discurso, el Estado, a través de sus instituciones se ha esforzado por presentar a las culturas indígenas del territorio nacional como culturas muertas o estancadas en un pasado primitivo; mientras que sus descendientes aún conservan lenguas y prácticas culturales similares a las de sus ancestros y mantienen una identidad cultural activa insertada pero al mismo tiempo ajena a la “modernidad” del siglo veintiuno. Estas culturas ocupan una gran parte dentro del territorio mexicano y conforman un 6.7% de la población actual según datos del INEGI.


Después del levantamiento Zapatista de 1994, la rectoría del Estado sobre los pueblos indígenas, su presente y futuro, fue cuestionada y perdió legitimidad. De este modo, la autoridad del Estado sobre éstos fue relegada al control y protección de los restos materiales del pasado. Los continuos reclamos de los pueblos indígenas por el reconocimiento de su autonomía contrastan con la continuidad de la práctica arqueológica desde el aparato oficial, creando fisuras en el discurso oficial a través de las cuales permean ideas críticas que pueden llevar a una práctica más incluyente de la arqueología para el beneficio de la sociedad.

Arqueología en la periferia: Teoría y práctica arqueológica en los Estados Unidos
A mediados del siglo veinte se da un rompimiento de la escuela mexicana con la “Nueva Arqueología”, la primera adoptando ideas del marxismo mientras que la segunda adopta un discurso científico y asume como objetivo la búsqueda de generalidades universales identificables a partir del análisis de los restos materiales. La “Nueva Arqueología”, mejor conocida como Procesualismo, dominó el paisaje teórico de la academia en los Estados Unidos hasta la década de los 80’s cuando éste es cuestionado por su rigidez científica y se desarrolla la nueva corriente de Pos-Procesualismo (Trigger 2006). Las últimas décadas del siglo XX fueron marcadas por un extensor debate entre las Corrientes Procesual y Pos-Procesualista. El surgimiento de la corriente Pos-Procesual a mediados de los años ochenta puso en duda el dominio de la también llamada “Nueva Arqueologia”. Ésta incorporaba elementos de corrientes como la teoría crítica, estructuralismo y post-estructuralismo, fenomenología y otras ideas afines a la teoría Marxista (Patterson 1990: 193; Trigger 2006: 444). A partir de este cúmulo de ideas, se cuestionan aspectos fundamentales del Procesualismo como la objetividad metodológica, las proposiciones positivistas y rigidez científica. (Patterson 1990; Trigger 2006: 456). A estas críticas los proponentes del paradigma Procesual respondieron argumentando que el Pos-Procesualismo adolecía de ser extremadamente relativista y amenazaba la legitimidad de la Arqueología como ciencia (Patterson 1990: 195). Esta serie de críticas motivó animados debates académicos, limitando las posibilidades de un dialogo constructivo y contribuciones positivas entre ambos paradigmas. Sin embargo, este debate abrió nuevos espacios para el desarrollo de otras corrientes teóricas fuera de los paradigmas en cuestión (Hegmon 2003). Finalmente, la legitimidad científica del Pos-Procesualismo ha sido reconocida y aceptada por muchos llegando a formar parte de las teorías en boga actualmente. (VanPool and VanPool 1999).


Otras tres Corrientes teóricas menos conocidas han sido descritas por Hegmon (2003) como “paradigmas auto-definidos”. Estos paradigmas vieron su mayor desarrollo paralelamente al debate entre las corrientes Procesual y Pos-Procesualista. La Arqueología del Comportamiento o Behavioural Archaeology comenzó su desarrollo dentro del paradigma Procesualista; sin embargo, continuó su desarrollo como cuerpo teórico independiente enfocándose en la relación entre objetos materiales y comportamiento (Schiffer 1996). Las otras dos corrientes teóricas referidas se relacionan directamente con ideas evolucionistas. De acuerdo con Hegmon (2003), estos dos paradigmas son; Human Behavioural Ecology o Ecologia del Comportamiento Humano, y Arqueologia Evolutiva. El primero de éstos trata problemas relacionados con el comportamiento humano en contextos ecológicos, creando modelos y planteando hipótesis verificables a partir del registro arqueológico (Bird et. al. 2006; Hegmon 2003:215). En contraste, la Arqueología Evolutiva busca aplicar ideas derivadas de los planteamientos Darwinistas para explicar problemas de evolución cultural (Hegmon 2003: 216). Las tres corrientes teóricas descritas anteriormente cuentan con adherentes activos y son abiertamente aceptadas, o al menos toleradas, dentro de los círculos académicos. (eg. O’Brien et. al. 1998; Schiffer 1996; 1999).

 
Para definir la práctica contemporánea de la Arqueología en los Estados Unidos, Hegmon (2003) identifica un paradigma sintético al cual nombra Procesual-plus. Este paradigma combina ideas de las corrientes Procesual y Pos-Procesual, demostrando que estos se encuentran lejos de ser antagónicos. Su análisis de cómo se aplican ideas de ambos paradigmas en la Arqueología contemporánea demuestra que son compatibles y hasta complementarios. Así, se demuestra que las ideas Processual-plus son las más ampliamente utilizadas por arqueólogos en la actualidad, alcanzando ciertos objetivos que ni el paradigma Procesuan, ni el Pos-Procesualista serían capaces de conseguir por si solos.


A pesar de que en la academia de los Estados Unidos los paradigmas teóricos descritos más arriba cuentan con amplia aceptación, la naturaleza política de la disciplina arqueológica es un tema aún discutido. Uno de los principales argumentos que se han planteado fuera del desarrollo teórico es el debate entre grupos indígenas y arqueólogos sobre la propiedad de los materiales arqueológicos; específicamente en cuanto a la repatriación de restos humanos y la conceptualización del pasado como [Patrimonio] “herencia” o “recurso” (Smith 2004). Otro tema a debate es el control que se ejerce sobre la interpretación del pasado por parte de grupos indígenas y otros fuera de la Arqueología. Desde una perspectiva indígena, Watkins (2003) identifica dos preguntas centrales que surgen de estos temas: ¿A quién le pertenece el Pasado? Y ¿Quién tiene el derecho de controlar el acceso al pasado, o este debería ser accesible igualmente para todos a partir del registro arqueológico? (Watkins 2003: 274). Estas preguntas se resisten a ser respondidas de forma simple, ya que su respuesta tiene implicaciones marcadamente políticas.


Estas preguntas acerca de la propiedad del “patrimonio” y el pasado arqueológico crean interrogantes sobre las relaciones históricas entre gobiernos y sociedad con los grupos que produjeron dichos restos; siendo en su mayoría grupos indígenas descendientes de aquellos presentes al momento de la conquista europea. Asimismo destacan las condiciones asimétricas que persisten entre los grupos indígenas actuales como parte de la sociedad de un Estado Nación. Simultáneamente, al buscar respuesta a dichas preguntas se abren avenidas para la recuperación de la memoria histórica de los pueblos y satisfacer los reclamos de autodeterminación reforzando sus identidades. Frente a estas afirmaciones, la postura que asumimos como arqueólogos de legítimos protectores y guardianes únicos del pasado y su registro, pierde legitimidad y se torna problemática (Smith 2004; Wylie 2002). Así pues, al asumir el papel de protectores únicos del pasado se perpetúa el colonialismo interno que ejerce la disciplina desde su escaparate científico al refugiarse en su papel de “guardián” del pasado para el beneficio de la humanidad (Wylie 2002). Esta postura minimiza el peso político de la arqueología en el campo social, evitando así que a través de esta se puedan atender los retos que emanan de la interpretación del pasado (Moss 2005).

 
Varios académicos han reconocido que existe disparidad entre la práctica arqueológica y su desarrollo teórico (Mihesuah 2000; Moss 2005; Smith 2004; Watkins 2003), siendo más visible en las diferencias entre investigación y la arqueología por contrato o “Cultural Resource Management (CRM)” (Moss 2005). Esa misma disparidad puede observarse claramente entre los proyectos formales de investigación y los trabajos de salvamento y rescate en nuestro país. Esta discrepancia entre teoría y práctica puede ligarse directamente con el pasado colonial de la Arqueología y los múltiples intentos que se han hecho para alejarse de este. Un claro ejemplo de esto se observa en el desarrollo de la “Nueva Arqueología”, como se le conoce al paradigma Procesualista. Como lo establecen Moss (2005) y Smith (2004), elementos de los paradigmas Procesualista y Processual-plus se pueden observar claramente no solo en las metodologías utilizadas en la práctica, sino en los objetivos y temas de investigación. De igual manera, la teoría arqueológica ha alcanzado un nivel de aceptación entre la sociedad a través de su reconocimiento por parte de los organismos que la regulan desde el aparato de Estado. Queda claro entonces que la teoría arqueológica –especialmente la de corte Procesual- se encuentra escrita en el lenguaje de leyes federales, normas y regulaciones que guían la práctica arqueológica en los Estados Unidos (Moss 2005:584). Una afirmación similar puede hacerse sobre las leyes que dirigen la práctica arqueológica en México. Sin embargo, el contenido teórico en las leyes se aleja sustancialmente de la retórica científica plasmada en el paradigma Procesualista manteniendo un tono nacional/nacionalista.


Debido a que una cantidad importante de Arqueólogos procedentes de los Estados Unidos han realizado, y siguen realizando, importantes investigaciones en México con financiamiento extranjero, es necesario distinguir entre las prácticas locales y las que se llevan a cabo desde fuera. De acuerdo con lo establecido por Vazquez-León (2003), la arqueología en México parece cada vez más una “Arqueología Turística”; acción simbólica para honrar a los pueblos indígenas mientras se ignoran necesidades cotidianas de un gran número de estos.


En México, la pregunta de ¿A Quién le pertenece el pasado? Parece tener una respuesta clara. De acuerdo con el artículo 27 de la Constitución Federal: “El patrimonio arqueológico es propiedad de la Nación”, y el artículo 28 define que patrimonio arqueológico es: “Todo bien mueble o inmueble producido por las culturas anteriores al establecimiento de la cultura Española sobre el territorio Nacional; así mismo, los restos humanos y de flora, y fauna relacionados con aquellas culturas”. Al afirmar esto, el aparato de Estado se apropia explícitamente del pasado pre-hispánico, desligándolo de aquellos pueblos que lo crearon y de sus descendientes que ocupan el territorio nacional actualmente. Así, por medio de la letra de la ley, se hace más difícil que los pueblos indígenas tengan acceso a los restos materiales de su pasado y mantengan control de su memoria histórica.

Sobre la Teoría Arqueológica Mexicana
La mayoría de los desarrollos teóricos en México se dieron justo después de la creación del INAH. Estos desarrollos iniciales se centraron en dar forma al discurso oficial desde un paradigma de Historia-Cultural enfocándose en delinear las etapas evolutivas del pasado precolombino y consolidar la idea de una sociedad nacional con una identidad homogénea. Loa principales aportes fueron hechos por reconocidos académicos nacionales y extranjeros incorporando ideas difusionistas y funcionalistas propias de la época. Sin embargo, dedicaron sus mayores esfuerzos a la exaltación de un pasado glorioso por medio de proyectos de excavación y restauración de gran escala.


Uno de los desarrollos teóricos que vale la pena revisar más a fondo es el de la “Arqueología Social”, al cual adscriben un selecto número de académicos mexicanos y latinoamericanos. Este paradigma mantiene una postura abiertamente política y ofrece ideas interesantes para acercarnos a la descolonización de la práctica arqueológica. Desde esta postura se ha establecido que “... la arqueología como disciplina no solo tiene un rol en la investigación de la historia de nuestras sociedades actuales, pero cuenta con el potencial de empoderar, al igual que des-empoderar a las masas empobrecidas y a la sociedad como conjunto” (Benavides 2001: 365). Esta afirmación coincide en que la Arqueología, como disciplina puede ser movilizada políticamente como ‘tecnología de gobernanza’ (Smith 2004). Al ser propensa a su manipulación política, la Arqueología también ofrece la posibilidad de confrontar al mismo discurso oficial al que sirve al incorporar epistemologías apropiadas y desarrollar metodologías que ayuden a la recuperación de la memoria histórica por pare de los pueblos cuyo pasado se investiga. Así, la Arqueología puede funcionar como ‘herramienta de resistencia’ al implementarse dentro de una agenda ampliada. La importancia de la “Arqueología Social” yace en su naturaleza más como un movimiento de liberación que como un paradigma teórico (Benavides 2001). Sin embargo, ésta elude su objetivo de dar voz a los grupos que busca liberar. Mantiene un discurso proteccionista y presenta al arqueólogo como máxima autoridad sobre el pasado y su interpretación. De esta manera limita sus alcances como una práctica descolonizadora y cierra espacios para la inclusión de formas tradicionales de conocimiento que podrían llevar a una verdadera práctica diferente de la Arqueología. Cabe destacar que la “Arqueología Social”, a pesar de contar con una base teórica sólida y un discurso político explícito, ha tenido un impacto mínimo en la práctica (Politis 2003). Pese a sus amplias limitaciones, ésta ofrece ideas que vale la pena tener en cuenta si se considera la dimensión política de la práctica arqueológica.

 
La mayoría de proyectos arqueológicos dentro del territorio nacional que se realizan fuera de la academia se enfocan principalmente en tareas de mitigación a través del salvamento y rescate. Este tipo de proyectos adoptan implícitamente las metodologías y discurso científico de los paradigmas Procesual o Procesual-plus en un modo similar al que se ha descrito más arriba para los Estados Unidos (Moss 2005). Una diferencia importante entre la práctica arqueológica en México y los Estados Unidos es la falta de reconocimiento de los derechos indígenas sobre el patrimonio arqueológico por parte del gobierno de nuestro país. Así, los trabajos arqueológicos en México no requieren ninguna forma de consulta a las comunidades indígenas o poblaciones locales. El único requisito es que arqueólogos enviados por el INAH cumplan con los requisitos técnicos y lineamientos solicitados por el mismo instituto para “evaluar” e incorporar los resultados a la secuencia Histórico-Cultural. De esta manera la práctica de arqueología por parte del INAH se moviliza, casi imperceptiblemente, como una herramienta de gobierno que refuerza la imposición de una identidad nacional desde el Estado. Al mismo tiempo que retrata a los grupos indígenas como portadores de un pasado distante y se les asume como poseedores de un legado tradicional que da forma al ethos nacional pero carece de esencia propia. Con este discurso, el Estado Mexicano reproduce la colonización interna y niega la continuidad cultural de los grupos indígenas que han ocupado el territorio nacional por más de 500 años reproduciendo una estructura colonial. Es cierto que las relaciones entre grupos indígenas y la práctica arqueológica regida por el INAH es mucho más compleja que la aquí descrita y varía en casos específicos. Sin embargo, el propósito de este análisis es presentar a grandes rasgos, la situación de los grupos indígenas frente al control estatal del patrimonio. También se puede demostrar cómo la arqueología es movilizada por el aparato del estado a manera de ‘tecnología de gobernanza’ a través del INAH de una manera similar a la que describe Smith (2004) para Estados Unidos y Australia.

 
Por último, cuando se trata de reclamos directos sobre la propiedad y gestión del patrimonio, el Estado Mexicano es absolutamente intransigente en la aplicación de la ley y los reglamentos, rehusándose a ceder cualquier viso de poder que pudiera oponerse al discurso ideológico desde el cual se legitima. Como descripción de esta situación destaca el caso de Chinkultik en Octubre de 2008; donde un grupo de indígenas tomó el control de la zona arqueológica abierta al público con el fin de canalizar las ganancias económicas para su mantenimiento así como el beneficio de la población local. Sin embargo, la repuesta del Estado fue contundente y fuertemente represiva, al grado de ocasionar la muerte de 6 de los inconformes. Estos eventos son claro ejemplo de la diferencia de poder entre el Estado, representado por el INAH, y las poblaciones indígenas. Este caso, como muchos otros, pone en duda la legitimidad del INAH como institución representativa del pueblo mexicano, incluidos grupos indígenas. Así mismo, es solo uno de muchos ejemplos donde la práctica institucional de la arqueología sirve para aislar a los grupos indígenas de su memoria histórica, manteniendo la estructura de dominación actual. Por fortuna, el panorama no es siempre tan obscuro; existen casos de comunidades indígenas y poblaciones locales donde se les ha permitido acceso a las zonas arqueológicas abiertas al público para realizar ceremonias y rituales acordes a su cosmovisión. También hay casos donde ciertas comunidades han podido establecer museos comunitarios para fomentar el turismo y mantener su patrimonio en la comunidad; pero estos casos, pocos, son más el resultado de de la escasez de recursos y buena voluntad de las autoridades que acceden a negociaciones con las partes interesadas.



Reflexiones Finales
Así pues, la arqueología en México debe verse no solo como una ciencia que reconstruye el pasado, sino como una disciplina que contribuye directamente a la construcción de la historia oficial. Una práctica intelectual que, más allá de lograr una reconstrucción objetiva del pasado, crea una forma de conocimiento al servicio del Estado Nacional manteniendo control del pasado material y su interpretación. Así, al mantener control de los restos materiales del pasado se separa a los grupos indígenas de su pasado borrando la memoria histórica de los pueblos. Más aún, la práctica arqueológica desde el estado evita reconocer cualquier nexo entre los grupos indígenas modernos y su pasado prehispánico argumentando cambios irreversibles durante el periodo colonial que hacen imposible cualquier nexo entre pasado y presente. Con este discurso se continúa con el colonialismo interno y más de 500 años de dominación sobre los pueblos indígenas.

 
La arqueología debe entenderse desde una perspectiva epistemológica e historiográfica como una forma colonial de construcción de conocimiento acerca del pasado; como una herramienta política que ha sido movilizada desde el Estado con el fin de crear y fortalecer una identidad basada en valores creados e impuestos desde una lógica modernista por medio del movimiento indigenista. Al mismo tiempo la Arqueología puede servir, desde su movilización política, como solución a esa apropiación que el Estado hace del pasado. Por medio del reconocimiento de saberes tradicionales de los pueblos y nuevas epistemologías, sería posible avanzar en el conocimiento del pasado en un plano de igualdad social. Tal como afirma Condori; “no solo habría menos vacío en nuestro conocimiento del pasado; sino que, debido a que los pueblos indígenas entienden las prácticas sociales y culturales que se mantienen vivas entre ellos, podrían interpretar más adecuadamente aspectos de la vida social, económica, y político-religiosa en la antigüedad” (2001:635).

 
Como arqueólogos debemos reconocer las implicaciones políticas del quehacer arqueológico y ser críticos de la disciplina desde la práctica. Es necesario mantener posturas éticas adecuadas y evitar asumirnos como máxima autoridad acerca del pasado y su interpretación a partir de los restos materiales. Debemos reconocer que el conocimiento con que contamos es una herramienta que, movilizada adecuadamente tiene el potencial de recuperar la memoria histórica de los pueblos al recuperar eventos y objetos del pasado cuyo significado posee valor social para estos. Con el fin de alcanzar una interpretación incluyente del pasado, es necesario generar una nueva aproximación histórica dentro de la Arqueología desde una perspectiva dialéctica (McGuire 1992). Pocas son las comunidades que se involucran socialmente en la práctica arqueológica y menoes son aquellas que asumen como propio el “Patrimonio Arqueológico” del lugar en el que habitan. En palabras de George Orwell: “Aquel que controla el pasado, controla el futuro. Aquel que controla el presente controla el pasado.”

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*Estudiante de Doctorado, University of Oregon, josue@uoregon.edu

**Arqueólogo titulado por la Universidad de las Américas-Puebla, d.vallejo.caliz@gmail.com



Referencias Citadas
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Condori, Carlos Mamani
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2002 Ethical Dilemmas in Archaeological Practice: The (Trans)formation of Disciplinary Identity. In Thinking From Things: Essays in the Philosophy of Archaeology by Allison Wylie pp. 229-246. University of California Press, Berkeley.

Comentario

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Comentario de Daniel Vallejo Cáliz el febrero 7, 2012 a las 3:10am

Companeros:

Perdonen mi tardanza al involucrarme en esta discusion.

Primero que nada me gustaria hacerle eco a Josue al repetir que al proposito de nuestra ponencia es crear o enfatizar la necesidad de una revision de la PRACTICA de la arqueologia mexicana actual. Nosotros nos basamos en textos teoricos pero mas bien estamos invitando a los colegas arqueologos a reconsiderar y replantear la praxis arqueologica. El apropriamiento de los resultados provenientes de los trabajos arqueologicos por parte del Estado pos-revolucionario mexicano no solo afecta a las Instituciones como el INAH o la ENAH (simples dependientes de la SEP) sino que llega afectar a cualquier persona que ha cruzado cursos de historia mexicana en escuelas tanto privadas como publicas. Para mi el caracter actual de la arqueologia en mexico no es tanto colonial sino mas bien Nacionalista. Con esto me refiero que el Estado actual mexicano ha caminado a pasos agigantados para crear una identidad nacional, mexicana, homogenea para poder fungir como un jugador mas en el mundo moderno. El imaginario colectivo que se creado en los millones de 'mexicanos' que curzan por lo menos los primeros an~os de primaria dentro del pais ha sido aun mas devastador para la misma practica y expansion de la arqueologia mexicana que los debates teoricos dentro de los circulos reducidos de los eruditos actuales y pasados. La homogeneizacion del pasado mesoamericano en esta narrativa monolitica solo sigue aumentado la brecha entre los grupos etnicos pasados y los antiguos, negando cualquier tipo de continuidad cultural.

El trabajo objetivo tanto teorico como practico de grupos arqueologicos extranjeros (e.g., japoneses, franceses, estadounidenses) ha logrado crear informacion a pasto que nosotros deberiamos de estar explotando a mas no poder para formular, reformular, la teoria y la praxis de la arqueologia mexicana. Esta vasta informacion podria ser usada en cualquier indole de la arqueologia, desde lo que se le podria llamar 'arqueologia de sillon' (armchair archaeology) o la arqueologia meramente teorica, hasta la llamada 'arqueologia integracionista" (integrative archaeology); misma que ya lleva siendo practicada en lugares como Guatemala desde mediados de la decada de los 90 (Fischer y Brown 1996) y hasta en los EE.UU. donde el uso de restos materiales y oseos para estudios cientificos tienen que ser aprobados por grupos etnicos actuales.

El uso de este tipo de informacion podria ser equiparable a las teorias y practicas que se han tomado de otras ciencias sociales y duras por parte de la arqueologia desde sus inicios (e.g., geologia, biologia, sociologia, antropologia cultural, geografia, sistemas computacionales, GIS). Existen demasiados cristales con los cuales ver el pasado como para enfocarnos solo en uno. El uso de multiples lineas de investigacion, y sus resultantes varias lineas de evidencia, nos ayudaria a crear una imagen mas completa o hasta holistica que las sociedades del pasado.

De nuevo les volvemos a pedir que usen este trabajo como una manera de poder renovar las tendencias arqueologicas mexicanas.

Muchas Gracias a todos por sus comentarios.

Comentario de Josue A. Gomez el diciembre 19, 2011 a las 2:57pm

Hola samuel

Estoy de acuerdo en que representa una tarea titanica el buscar nuevas formas de hacer teoria y arqueologia. Sin embargo, no se trata de rebatir y revivir debates agotados. Esto es mas que claro al observar la situacion que vive la disciplina hoy en dia. Mucho menos se trata de regresar a ideas y planteamientos obsoletos. Mas bien se trata de buscar alternativas desde una revision critica de la practica arqueologica desde sus inicios y re-pensar nuestra relacion con el pasado. El pensar una nueva forma de hacer arqueologia representa una meta a largo plazo, la cual se pretende alcanzar a traves de la construccion de nuevas formas de pensar e interactuar con el pasado, y la creacion de formas alternativas de investigar y difundir el conocimiento generado a partir de la arqueologia. Practicas eticas y socialmente responsables que se enfoquen en acercar comunidades con su pasado para reforzar la memoria historica de los pueblos en vez de encerrar los restos antiguos en bodegas y adue~narse de su interpretacion.

Quien cuenta la historia del mexico prehispannico?

Es cierto que la arqueologia igual que la antropologia es una ciencia colonial. Sin embargo, la antropologia se ha ocupado ultimamente de distanciar su discurso y practica de los dictados desde el aparato oficial; mientras la arqueologia abraza, reproduce , y se apropia del mismo perpetuando practicas que rigen la disciplina actualmente. Por esto es que creo que es necesario voltear a las disciplinas que activamente , y con cierto exito han logrado distanciarse del discurso colonial de la modernidad desarrollista.

Desde mi punto de vista, los hechos de 2008 marcan un punto coyuntural donde se potencia y hace visible la violencia estructural que se ejerce desde el estado hacia los grupos indigenas historicamente marginados por medio de la negacion de su Pasado desde un discurso sustentado por la arqueologia. Fuera de la participacion de intereses locales y/o regionales el hecho esta cargado de simbolismo ya que muestra a un estado que reprime a los grupos originarios cuando intentaban tomar control directo de su pasado...

Comentario de Samuel Cadenas el noviembre 25, 2011 a las 9:03pm

, una tarea titánica que involucra tiempo y espacio, para no cometer el error de hace cuatro décadas, dejar actuante a una parte de la corriente tradicional, al usarla como base de la actual corriente teórica de la arqueología mesoamericanista y no superarla, seguir reproduciéndola sin ton ni son. Es por eso colega Josué, que son bienvenidos todos los intentos por salir del hoyo, pero como le repito debemos de afinar nuestras posiciones y buscar cual de ellas puede prosperar y con esto poner un granito de arena en la arqueología..

 

Con respecto a que no entiendo el punto central del texto, como es obvio le di una segunda relectura, ya que en la primera me sirvió para saber con precisión el estado actual de la teoría arqueológica en el país y en la segunda las bases de sustentación de su artículo, cosa que dejare para después por ser algo alarmante (para mi percepción) sobre el hecho social sobre el que se apoyan, siendo este hecho la revuelta en Chiapas y con esta situación se intenta englobar a la arqueología en ese hecho social, con lo que resulta que la arqueología debe de ser socialmente útil a estas comunidades, esto es lo que entiendo sobre los fines de su artículo, pero como le menciono esto lo dejare para después, por ser algo muy espinoso de tratar y nos sacaría de la discusión y se crearía una nueva….

 

Comentario de Samuel Cadenas el noviembre 25, 2011 a las 8:58pm

Colega Josué,  pues siguiendo con esta cuestión, en algo coincidimos y esto es la urgente necesidad de rebatir a la corriente tradicional que ha dominado a la arqueología desde la décadas de los años cuarenta, cuando a mi modo de ver es en esta época cuando la teoría arqueología sienta sus reales, y como menciono este se agudiza a finales de la década de los setenta y la padecemos hoy en día.

Con respecto a mi negativa a leer  a investigadores fuera de la arqueología, solo que tocasen mi tema central le entraría a la lectura y para el presente caso utilizo las investigaciones de arqueólogos que se apoyan en estos autores, como es el caso de su artículo que es como un marcador de el nivel de estos investigadores foráneos, en mi caso me dedico más a lo que usted refiere en un párrafo de su último post que sería al análisis de los grandes maestros, las autenticas vacas sagradas, y los cuales mencionas como Caso, Noguera, Payón, Acosta, y a sus alumnos y sus contemporáneos.

Con esto quiero argumentar mi posición el porqué soy selectivo en las lecturas, como usted sabrá el material existente de estos autores que han dejado una profunda huella, es mucho más de la que puedo manejar y por eso me niego a perder el tiempo en lecturas que me desviarían de los objetivos de mi particular investigación. Como mencione en el post anterior, renegué de la nueva vieja arqueología, después de notar una tendencia muy colonialista y esta consistía en tener que manejar a la de yema clara y cascarón, los diferentes autores en lengua inglesa, recuerdo como decía Litvak que la bibliografía antigua era obsoleta y que había que manejar al dedillo la información en idioma ingles, esta actitud de casi todos los maestros sobre este tema y otros más que dejan de lado a las investigaciones anteriores y por ende de la arqueología tradicional, me hizo tomar partido y cambiar mis miras hacia los investigadores que habían sido tachados de obsoletos.

Es por eso que lo que en tu investigación son textos críticos y que han servido para elaborar tus planteamientos, en la que realizó son secundarios, ya que como quiero volver a mencionater, claro que leo a investigadores de ciencias auxiliares que inciden dentro del rubro de la investigación que realizó y solo te nombraría a los epigrafistas. Esto se amarra con tu mención a que me baso en o más bien me encierro en lo dicho por Palerm hace cuarenta años, y te diré que tienes toda la razón, ya que a grandes rasgos su planteamiento es claro y conciso, hay que pertenecer a la corriente que sustenta el origen local de las sociedades de América y como consecuencia de este planteamiento su extensión hacia la arqueología consiste en sostener que las sociedades antiguas deben de ser explicada por ellas mismas y la mejor manera de llevar a cabo esto es por medio del registro arqueológico, ya que es el único medio para entender cómo eran esas sociedades ANTES DE SER COLONIZADAS, por lo que supongo que es un traje a la medida para la arqueología, no encuentro algo más apegado a la realidad indígena anterior a la conquista.

Este encerramiento en esta corriente, en la obviamente no está solo Palerm, sino algunos más, se debe a que he podido obtener resultados concisos, ya que dentro de esta corriente se logra crear un modelo para interpretar ciertos aspectos del registro arqueológico, a tal grado que se ha llevado su aplicación a las investigaciones de algunos colegas que están en el candelero arqueológico y los resultados fueron más que aceptables, ya que se presentan explicaciones alternas a problemas específicos del quehacer arqueológico.

Bien se que el INAH  y la ENAH, son aparatos ideológicos de Estado y como tales responden a ese patrón, cosa que como he dicho es algo más que normal, SOMOS UNA CIENCIA COLONIALISTA, este es nuestro estigma y perdición, debemos de salirnos de esa tutela, pero con fundamentos científicos rebatir a esta teoría y crear una nueva, una tarea titánica que invol

Comentario de Josue A. Gomez el noviembre 25, 2011 a las 2:17pm

Hola Samuel

Agradezco tus comentarios y te recuerdo que estoy abierto a la critica, el objetivo del texto es generar debate y eso estamos haciendo. Aunque tu cerrazon a leer textos criticos sugiere hacia donde nos encaminamos.

Comprendo que la teoria arqueologica en Mexico se ha ido deteriorando, pero quisiera recordarte que no es algo nuevo y practicamente no existe trabajo relevante en las ultimas 3 decadas, si no es que mucho mas. Tambien coincido que es urgente y necesario el hacer una revision critica de las corrientes y las ideas dentro de Mexico. Se trata de una tarea pendiente que espero abordar proximamente. Creo que seria bastante interesante analizar las ideas de los otrora grandes maestros Ignacio Bernal, Alfonso Caso, Angel Palerm, Leopoldo Batres, asi como textos relevantes de Gandara, Litvak, Kirchoff etc.

Sin embargo, sus comentarios demuestran que aun sigues sin entender el punto central de este texto. Creo que hay que entender que los tiempos faraonicos de "grandes arqueologos de prestigio internacional" hace mucho que dejaron de existir. El mundo en que vivimos hoy es muy distinto de los dias en que Batres excavaba Teotihuacan. Las dinamicas sociales de los mexicanos han cambiado desde que se promulgo la ley de proteccion del patrimonio. La arqueologia ha cambiado?

Tu mencionas que "Lo institucional de la arqueología es un coco o fantasma, para espantar al arqueólogo, ya que independientemente la sociedad en la que trabajemos, serviremos a la sociedad y su Estado en turno, recordemos a la arqueología nazi y la de los bolcheviques y qué decir de la mexicana." y creo que con ese argumento confirmas tu dicho de que la ENAH en vez de educar, confunden. Para aclarar esto, intentare explicarlo por partes.

1. La ENAH, forma parte de la estructura centralizada que controla la arqueologia a partir del aparato del estado en Mexico. Por lo tanto no permite salirse del discurso oficial. Ese discurso oficial es el que determina los parametros de interpretacion y acceso al patrimonio, asi como la produccion de conocimiento en torno a este. La interpretacion arqueologica delimitada por los parametros que se imponen desde el poder, dicta la historia oficial independientemente de la corriente teorica.

Asi, la arqueologia sirve al estado dictando la historia oficial. Para esto el INAH, y la ENAH son la 'autoridad' sobre patrimonio e historia oficial.

2. Lo que el texto intenta es, de forma superficial, revelar el uso politico de la arqueologia como herramienta de dominacion a traves de la cual se ha escrito la historia indigena de Mexico. Se invita a pensar  en una Arqueologia diferente, una que no este delimitada por los parametros impuestos desde la historia oficial; partiendo desde la reflexion critica para construirla con nuestra practica diaria. Hacer teoria desde la experiencia practica, ser incluyentes en nuestras interpretaciones y estar abiertos al dialogo interdiciplinario y multivocal, no cerrarnos a lo que dijo cierto maestro hace 4 decadas...

Comentario de Samuel Cadenas el noviembre 25, 2011 a las 2:00am

Colega Alonso usa un método que se aplica a los principiantes, recomendar la lectura de ciertos libros, diciendo que hay esta la neta, haciendo gala de erudición y manejo de los textos, en mi caso las lecturas son selectivas, me puedo dar el lujo de obviar ciertos autores o corrientes, eso sucede cuando uno tiene una línea de investigación, definida, solida y de un buen de años en el tema-

Cuando estudiante, renegué de la new archaeology  a tal grado que deje la asesoría de Gandara de mi tesis, y me dedique a buscar una corriente alternativa y esta está fundada en las enseñanzas del maestro Palerm, si alguna vez lo ha leído entenderá mi posición y porque no leo a nadie que no sea arqueólogo y menos extranjero, (no es xenofobia son los lineamientos del maestro Palerm), claro que leo a investigadores de ciencias auxiliares, pero le repito selectivamente, no leo a lo wey.

Si estos textos o investigadores que usted maneja, tuvieran al menos un atisbo de certeza, la arqueología no sería el desmadre que es hoy en día, ya hubieran sacado al wey de la barranca…

Me consta que el nivel de la arqueología a decaído, precisamente con la entrada de la arqueología gringa, no solo no se avanzo en la ciencia sino que la han lumpenizado a tal grado de que el día de hoy que hay tantos doctores, el nivel esta deplorable, pueden ser rebatidos con la mano en la cintura…..

Como mencione si leí este artículo es por ser de mi incumbencia, ES TEORÍA ARQUEOLOGICA, mi especialidad y por eso postee en este congreso y a este artículo, en una segunda leída del texto, encontré más elementos criticables y como diría Jesús Mora -una crítica cabrona-, los cuales no expondré por el momento y esto me hace ver que la bibliografía o los autores en los que se apoyan, no presentan una alternativa viable.

Con esas cosas aunque haya cables no pasa la corriente…

Alonso sabía que eras matrero, pero no chivato y te gusta atacar de manera personal, pero para mí ventaja se me mover en cualquier ámbito, pero evitemos pisar la cuachala y darle la vuelta, así que deja de usar las cosas personales y entremos en el debate a ver si tus libros son tan buenos como los míos, sería una manera más propicia ver quién puede sostener su dicho.

Después de Teotihuacán, sigo siendo el mismo, nada más que remasterizado y según tengo entendido trabajaste ese sitio y donde están los resultados obtenidos apoyados en esta corriente teórica…. No los veo…bueno si están con pepe los informes y tu aportación a la arqueología donde está escrito.

Agradezco tu interés de proporcionarme bibliografía y te lo acepto si tienes ese leviatán, te digo soy selectivo….

 

 

Comentario de Alonso Rubio Chacón el noviembre 23, 2011 a las 1:24pm

...pues mira...no entiendo mucho, disculpa; te leí a conciencia, pero no cuadro en ese discurso y en cambio te sugiero (en buen plan, amistoso y respetuoso de tu opinión y tu persona), que te ejecutes las lecturas a partir de las culaes, Josue y Daniel  nos sugieren puntos de inflexión para la práctica arqlca, leete el de Laurane Smith (primeros capitulos), ojalá no te duela la cabeza, ja; es algo denso, pero tiene mucha luz. No pienso que x usar enfoques sociológicos y filosóficos se privilegié a otras disciplinas por encima de la arqueología, se trata de un "cruce" entre disciplinas, de pensar una "arqueologia fuera de la lógica del estado (control gubernamental a través de discursos autorizados u oficializados, más no certezas científicas corrobordas)  y el discurso de la modernidad (progreso e historia lineal de lo simple a lo complejo; el binomio sujeto-objeto de conocimiento, y otros aspectos interesantones). Ojalá te llegue esa luz, pero hay que tender cables...

No estás vetado, yo no te veté, pero cuál de todos los perfiles eres el real?; Claudia?; Samy? Redmex?

Si quieres te paso textos....o quizás Josue tenga en PDF algunos de los que cita. Saludos, venga pues...

 

Comentario de Samuel Cadenas el noviembre 22, 2011 a las 9:37am

Colega Josue, en ciencia Usted bien lo sabe, no pueden existir dos explicaciones a un problema, alguna de ellas debe de prevalecer.

Por lo tanto acepte la invitación a la crítica de dicho planteamiento, cosa que sigo haciendo, veo con tristeza que la enseñanza en la ENAH, en vez de educar confunde, ya que imposible salirse de lo institucional, ya que para salirse hay que crear OTRA ARQUEOLOGÍA, y para esto se debe de partir de la arqueología tradicional, no existe otro camino, debemos de manejar al dedillo cualquiera de estas dos corrientes mesoamericanistas (para no decir mexicanas), esto con el fin de poder rebatirlas y dejarlas obsoletas.

Lo institucional de la arqueología es un coco o fantasma, para espantar al arqueólogo, ya que independientemente la sociedad en la que trabajemos, serviremos a la sociedad y su Estado en turno, recordemos a la arqueología nazi y la de los bolcheviques y qué decir de la mexicana. El caso de la red donde se está publicando, pues también es institucional, en el rango de una iniciativa privada dentro de la globalización, por lo que es imposible no participar de la institución.

Desde mi punto de vista, el privilegiar a otras ciencias sociales sobre la arqueología, es lo que nos mantiene en estado tan deplorable, es por eso que estoy de acuerdo en que se cree la otra arqueología, pero debatiendo con éxito a la que domina actualmente.

 

 

Comentario de Samuel Cadenas el noviembre 22, 2011 a las 8:31am

 Colega Alonso: Veo que mi capacidad de explicación es deficiente, ya que estas corrientes, fueron creadas para Mesoamérica y recuerde Usted que el tiempo en arqueología no la afecta, ese es nuestro elemento clave, el tiempo.

Y con respecto a su deducción acerca de identificarme con ese personaje, es como pedir mi expulsión en esta red, recuerde que este wey, esta vetado de aquí

jejejeje saludos

Comentario de Josue A. Gomez el noviembre 21, 2011 a las 7:09pm

Saludos Samuel

agradezco tu interes y la sinceridad de tus comentarios. Sin embargo, lejos de dictar posturas, el objetivo de este texto consiste mas en generar reflexiones e invitar a la critica. La intension de compartir este texto en un espacio libre y no en otro 'institucional'  o parte del sistema, es precisamente invitar desde la reflexion a iniciar un dialogo constructivo. Si lees a detalle el texto podras darte cuenta de que se trata de una reflexion critica y se cuestiona precisamente la 'tradicion arqueologica' mexicana y estadounidense como parte de un sistema de dominacion que se funda en una manipulacion politica del conocimiento generado a traves de la arqueologia para el control social [independientemente de si este se adscribe a una teoria estructuralista o marxista o new archaeology] La invitacion que se hace es precisamente a pensar OTRA arqueologia fuera de la logica de estado y el discurso de la modernidad. Es cierto que existen bases y trabajos fundamentales para la practica arqueologica,como menciona Alonso. Asi tambien existen nevas formas de entender las realidades sociales del presente y el pasado asi caomo su relacion historica desde nuevos planteamientos teoricos y filosoficos en las ciencias sociales. Proponemos que seria interesante acercarse a estas nuevas formas de conocimiento desde la arqueologia para replantear los parametros interpretativos desde las relaciones sociales en que se inscribe la disciplina.

 

Comentario de Alonso Rubio Chacón el noviembre 20, 2011 a las 4:15pm

Sí, usted es libre de enfocar sus estudios desde la perspectiva lógica que más expanción genere en su capacidad de comprensión, la tadicional o marxista o las que estén de moda. Independientemente de que sean teorías planteadas para otras latitudes y tiempos, metodológicamente hay puntos de aplicación que son cómo los "basics", en China, en el Congo, en Mesomaérica. Me recuerdas a redmexdf, verdad ke sí, jajaja, saludos.

Comentario de Samuel Cadenas el noviembre 20, 2011 a las 1:33pm

Colega Alonso, me da gusto que tercie en la discusión y sobre todo que cuestione la importancia de la teoría arqueológica tradicional, y por ende defiende a ultranza a esta misma, le recuerdo que de acuerdo a Olive, existían dos corrientes dominantes, a las que llama estructuralista y marxista, (independiente de que estemos de acuerdo o no con su denominación), y según este investigador, la primera que era altamente dominante en la década de finales de los sesenta e inicio de los setenta, es superada por la que llama marxista y siguiendo a este investigador, resulta que la teoría arqueológica actual que ha imperado, es la es la marxista y sus resultados son estos que padecemos actualmente.

Con esto el quiero hacer notar que usted está precisamente dentro de la actual teoría dominante y que es la marxista o llámele como quiera, que consiste en la actual arqueología posprocesual como dice Gandara la vieja nueva arqueología, y que se instaura con este investigador en la ENAH, y como es conocido sus bases son estadounidenses, es decir es una teoría forjada en el extranjero y con esto me refiero a una sociedad extraña a la mesoamericana, esta situación ha traído consigo que la interpretación no se acerque a eso que usted llama realidad, que en este caso sería la realidad mesoamericana.

Al ser una teoría insuficiente para entender esta realidad, deja sin cubrir muchos aspectos de las sociedades mesoamericanos, esto ocasiona que los investigadores se apoyen en las ciencias y técnicas auxiliares de la arqueología, y al día de hoy es incesante la aparición de subcorrientes, que con cualquier tema creen haber encontrado el agua tibia para explicar el pasado mesoamericano. La mayoría son modas pasajeras, pero hay otras que han sentado sus reales, entre ellas está la astronomía, que plantea que los asentamientos obedecen a cuestiones estelares y lo malo es que se la creen, pero la más nefasta de estas subcorrientes son los epigrafistas, quienes han incurrido en el pecado capital de jerarquizar el registro arqueológico, al aislar de manera irracional a los elementos con representaciones graficas, un racismo puro jejejeje.

Esta subcorrientes son la prueba del estado actual de la teoría arqueológica, y esto nos demuestra que como sostiene usted, UNA de las partes de la teoría tradicional es la que domina y por ende  es la causante de este desbarajuste en la teoría arqueológica actual. La pregunta es que si ya se ha demostrado en más de tres décadas esta corriente tradicional, nada más no han podido salir adelante y solo existe porque no hay más. Como es sabido para superar esta cuestión es necesario la creación de una teoría alterna, pero cuál debería ser su base de sustentación, pues obviamente la teoría tradicional, por lo que al descartarse la teoría marxista solo queda la estructuralista, ya que es casi imposible crear una teoría de la nada, hay que partir de lo existente, por eso hay que regresar a la otra teoría que fue sustituida, y esa es la llamada estructuralista, No veo otro camino lo malo que esta teoría tiene un problema y este es su sustento, la sociedad hidráulica, modo de producción asiático o despótico tributario, la causa de su caída.

 

 

Comentario de Alonso Rubio Chacón el noviembre 15, 2011 a las 12:40am

...en  mi opinión...es precisamente el marco tradicional, el agente causal de que la arqueología que se hace en México mantenga un nivel téorico demasiado bajo, porque la "realidad" (construida a través de las instituciones gubernamentales), que se nos ha dijo del mundo indígena contemporáneo es incompatible (o asimétrica) con la realidad concreta de los mismos; las antropologías posmodernas y los enfoques sociológicos son una alternativa a los tiempos de capitalismo exacerbado que vivimos y en los que está inmerso el quehacer arqueológico, independientemente de que algunos vivan en sus "burbujas", si la arqueología que producen carece de estos elementos, es una arqueología intrascendental. Los enfoques tradicionales son precisamente los que encarcelaron el pensamiento al concecionar la practica arqlca a los gobiernos y administraciones en turno, una arqueología simétrica y filosófica devolvería la voz a aquellos que les fue suprimida; las interpretaciones análogicas se enriquecerían con la introducción de la multivocalidad; cuestionar incluso hasta Descartes mismo, me refiero aquí a la separación dicotómica de sujeto-objeto, los cuasi-objetos y el enfásis que se ha puesto en la idea moderna de "progreso" lineal. Yo todo este tipo dedebate no lo he visto entre los colegas inahnos. Alguna vez hubo algo en IIA-UNAM, pero se realizó en inglés y habia 5 arqueólogos a lo + y no compartieron reflexiones, me pareció ver más etnólogos que arqueólogos y curiosamente fueron los que debatieron.Al igual que muchos departamentos académicos en varias universidades punteras se han estado reconfigurando, así también la arqueología se está repensando, pero lamentablemente, nuestra tradición carece de un Kant, un Heidegger, un Derrida, un Foucault, un Rorty y cuando se aplican ideas de estos pensadores a la teoría arqueologíca, levantan más reacciones que aceptaciones. El trabajo de Josue está totalmente en la línea que un humilde cybernauta propugna, le aplaudo sinceramente.

Comentario de Samuel Cadenas el octubre 30, 2011 a las 6:44am

Colega Josué, se que debo de releer su artículo, pero creo que ya entendimos nuestras posiciones.

Le comentó que por ser un artículo teórico y sobre el estado de la teoría, me intereso de sobre manera, ya que con esa leída superficial, me ubico muy claramente en estado que guarda actualmente la teoría arqueológica, y lo único que he supe de nuevo es que las cosas están así desde que Gándara sentó sus reales en la ENAH, pero ha ido en un descenso impresionante.

En este me baso en plantear que tenemos un nivel demasiado bajo, ya que para mí y es constatable, es que solo dos investigadores, pueden ser considerados con un reconocimiento internacional, estos son Linda Manzanita y Leonardo López Lujan, claro que hay buenas individualidades, pero sucumben este mar de mediocridad.

Dirás que son muy pocos, pero te diré que son menos. Yo pensaba que estos dos investigadores resolvían científicamente su posicionamiento en el liderazgo académico, pero sorpresas que da la vida, ya que cuando escuche el discurso de la doctora Manzanita al recibir el honoris causa, mi primera pregunta fue quien o quienes se habían atrevido a llegar a extremos delincuenciales, para opacar de esa manera la carrera de la doctora, y resulta que fue precisamente Leonardo López, quien estuvo en esta maquinación. Esto sustenta con creces mi dicho de la mediocridad de la arqueología mexicana, ya que si este colega se atreve a hacer esto para dilucidar una competencia académica y se comporta como un delincuente, que nos podemos esperar del común de los investigadores.

Con esto colega Josué, opino que es más importante el mejorar nuestro marco teórico, para las explicaciones que de él resulten sean lo más cercano a la realidad antigua, ya que lo que se produce  hoy en día es un discurso sobre un marco extranjero, debemos americanizar nuestro marco teórico, lo que nos daría oportunidad de zafarnos del colonialismo que padecemos en nuestra práctica profesional debemos de partir de la teoría tradicional, para crear algo diferente.

Saludos

Comentario de Josue A. Gomez el octubre 26, 2011 a las 4:31pm

Saludos Samuel!

Gracias por tu comentario y me alegra escuchar tu reflexion

Comprendo que nuestra postura sea polemica, pero no pretende ser diagnostica ni mucho menos prescriptiva; Unicamente reflexiva invitando a observar e identificar la raiz de los problemas que afectan la practica arqueologica y como es que podemos abordarlos desde una produccion teorica.

La intension del trabajo no es introducir corrientes teoricas extranjeras al amplio -pero inservible- catalogo de teorias arqueologicas de las que se hace uso en la arqueologia mexicana actualmente. La descripcion de las corrientes derivadas de la nueva arqueologia ciertamente es cruda y superficial, pero un analisis a detalle nos desviaria del argumento central.

La mencion que haces sobre las corrientes teoricas del siglo pasado me parece cunto mas interesante ya que demuestra los caminos divergentes que la produccion teorica siguio en ambos paises. Creo que seria bastante interesante explorar a detalle la historia de la produccion teorica en Mexico y su relacion con la practica de la disciplina.

Sobre el vincular resultados y comunidad, ese es el punto central, y el cuestionamiento que hacemos es tal y como lo planteas. "si somos parte de un aparato ideológico de estado, por lo tanto los resultados que se obtengan, este aparato se encargara de vincular estos con la comunidad, cosa que siempre se ha hecho [???]"... Precisamente, si es ese aparato ideologico de estado al que cuestionamos el que se encarga de la difusion, no deberia sorprendernos la situacion actual. Es precisamente debido a que el aparato ideologico ideologico se encarga de la difusion y vinculacion que los resultados sean propensos a manipularse para servir a los intereses de dicho aparato.

Tu pregunta sobre como llevar a cabo una vinculacion de modo distinto, es la misma prgunta a la que llegamos en las reflexiones finales de este trabajo. Y no es mas que el primer paso para comenzar a desarrollar nuevas ideas en torno a la importancia de la arqueologia como herramienta para acercarnos al pasado.

Tu alusion a la mediocridad de la arqueologia en  mexico resuena mas en referencia de la forma en como se hace arqueologia, velada por el mismo aparato ideologico que obliga a interpretar y difundir en tiempos y formas acordes a sus intereses. Yo no creo que los arqueologos en mexico seamos mediocres, ni mucho menos los materiales y el registro arqueologico [patrimonio] que poseemos. Sin embargo, la logica colonialista del poder es la que limita y separa a la arqueologia de la sociedad.

Comentario de Samuel Cadenas el octubre 21, 2011 a las 2:12am

 

Leí superficialmente el artículo, pero me puso a reflexionar, acerca del estado de la teoría arqueológica.

Cuando a resultas que la nueva arqueología, es ahora conocida con los sobre nombres de procesual y posprocesualista, denotan la ausencia de cientificidad o rigor científico, al hacer esas mezclas rudas, ya que su consecuencia lógica es que pronto tengamos en el acervo teórico el procesualismo plus o en su defecto uno más pesado, procesualismo platinum.

Por eso se me hace más coherente y productiva la corriente tradicional, a la cual la arqueología gringa a matado, pero no enterrado su cadáver. En la corriente teórica del siglo pasado, solo existían dos corrientes dominantes, la que Olive designa como estructuralista y marxista, a esta última pertenece la nueva arqueología, ya que recordemos que la corriente estructuralista domino el panorama teórico hasta la importación de la corriente del norte por Manuel Gándara, el puso la primera piedra del desmadre que es la ENAH, (me refiero a lo teórico, no lo político).

Cuando se habla de que los arqueólogos debemos vincular nuestros resultados a la comunidad, es algo circular, como el perro que muerde su cola, solo damos vueltas. El cuestionamiento es sencillo si somos parte de un aparato ideológico de estado, por lo tanto los resultados que se obtengan, este aparato se encargara de vincular estos con la comunidad, cosa que siempre se ha hecho, sino pregunte a López Lujan, ahora la pregunta es para que y como se va a llevar a cabo esa vinculación, si el nivel de la arqueología mexicana es mediocre, sólo dos investigadores de reconocido prestigio internacional, entre mil que tiene el INAH, con este nivel lo más sano es que la sociedad NO conozca la debacle de nuestra ciencia, en voz de sus autores, o sea los arqueólogos.

Solo recordemos que la antropología es la ciencia creada ex profeso por el colonialismo, para dominar a sus sojuzgados, como vamos a zafarnos del estigma teórico, si en pleno siglo XXI, seguimos usando íntegramente la versión ofrecida por los cronistas de los primeros tiempos de la colonia y son ellos los fundadores de la antropología americana, bueno eso platea la corriente tradicional, de la cual soy participe. No conozco hasta el día de hoy a ningún arqueólogo de cualquier país, que no use la información de las fuentes, para interpretar sus excavaciones.

Es muy respetable su opinión colegas, pero también muy polémica, saludos

Comentario de Meño: Manuel Moreno Díaz el octubre 2, 2011 a las 6:28pm

Interesante el breve análisis que se hace de lo que implica la arqueología mexicana en general. Totalmente deacuerdo en que el activismo de nosotros los especialistas arqueológicos debe ser más notable, basado desde luego en una estructura conceptual de nuestro quehacer y sus alcances en tanto un proceso científico y todas las correspondencias, derivaciones e implicaciones sociales, sobre todo para con los pueblos directamente relacionados con la cultura material que nos toca atender.

Me quedo con la propuesta activista, entre lineas por mi, de un arqueólogo comprometido con re-enlazar las lineas derivativas del pasado humano nacional con los detentadores culturales que les corresponden: las poblaciones autóctonas que los rodean, que no son totalmente indígenas, pues muchos pueblos ligados a vestigios, no son indígenas y no por ello se enajenan de lo que les ha acompañado toda su existencia, verdad.

La crítica a las practicas asumidas, anquilosadas y de índole casi fascista, del trabajo formal arqueológico son otro elemento destacable del artículo. La presunción de un dominio general del "patrimonio Nacionalista", que por extenso raya tanto en lo mitológico como en lo insustentable y para algunos hasta increíble, me parece un asunto que amerita sendos debates, me atrevo a sugerir, urgentes, ya que las consideraciones actuales de los conceptos medulares sobre qué cosa es la materia de trabajo de la arqueología mexicana o cómo tratarla, estudiarla, difundirla; permean y limitan la verdadera potencialidad social de la Arqueología, que para mí, es mucho más amplia de lo que es hoy: acumulación de datos en mano de un gremio que hace uso exclusivo de ellos, sin que tal cosa represente un desarrollo humano sustancial. En hora buena.

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