RE-PENSANDO EL FORMATIVO INFERIOR DESDE LA REGION DE CARRIZAL, VERACRUZ

Arqlga. Natalia Ruth Donner*
Arqlgo. Jonathan Hernández Arana**


Introducción
La extensa literatura relacionada con el Formativo en Mesoamérica y más particularmente con la Costa del Golfo, se ha centrado durante las últimas décadas en la discusión del rol de las sociedades olmecas en los diferentes desarrollos culturales regionales (Grove 1989, Stark 1997, Marcus y Flannery 2000, Diehl 2004, Neff et al 2006, Pool 2007, entre otros). La presencia de motivos olmecas en sociedades no olmecas ha creado una gran confusión en cuanto a la identidad de los pobladores del Formativo Mesoamericano[1]. En este sentido, en muchos casos se ha homologado erróneamente al preclásico con lo olmeca; tanto en el discurso, como en la literatura científica y para público general.


Con el fin de evitar este tipo de confusiones, seguiremos a Barbara Stark (2007) en su definición de los “Olmecas del Golfo” para referirse a las

“(…) sociedades de la Planicie Costera íntimamente ligadas a grandes centros, tales como San Lorenzo o La Venta; o bien a los pueblos del Golfo que estuvieron relacionados en forma cercana con la cultura material asociada a estas ciudades. (…) el objetivo radica en distinguir a la sociedad olmeca del Golfo de la situación más amplia que se dio en toda Mesoamérica; donde se compartieron diferentes símbolos y estilos. Utilizaremos “Olmeca” para referirnos a la iconografía asociada a los estilos empleados por los Olmecas del Golfo; así como otras sociedades en Mesoamérica” (Stark 2007:49).

En este sentido, Pool (2007) propuso hablar del “Problema del Formativo”, en lugar de centrar el debate en el llamado “Problema Olmeca”, al referirse a las controversias en cuanto a los estilos artísticos, grados de complejidad e interacción entre las sociedades del Formativo. Consideramos que, además de la perspectiva de Pool, es necesario incorporar cuestionamientos particulares de cada región, tal y como los llevaron a cabo Flannery y Marcus (1989) para Oaxaca, por ejemplo.


En relación con lo anterior, el Centro-Sur de Veracruz ha sido foco de numerosos estudios sistemáticos de superficie y excavación (Stark y Showalter 1990, Daneels 2002, Heredia et al 2007, entre otros), que además de haber logrado establecer una sólida secuencia estratigráfica desde el Arcaico hasta el Posclásico Tardío[2], también han contribuido a la historia de los patrones de asentamiento regionales.


Debido a que el Centro Sur colinda hacia el Sur-Este con la llamada área nuclear olmeca (Bernal 1991), consideramos que resulta de suma importancia interrogarnos sobre los asentamientos que se dieron durante el Formativo en la primera de estas dos regiones. Lo anterior, resulta de suma importancia para explicar los procesos de cambio que se dan durante la transición hacia el Clásico, particularmente en la región de Carrizal, caracterizados por el cambio hacia una religión de Estado basada en el rito de decapitación y el juego de pelota (Daneels 2002).


El presente artículo presenta los problemas encontrados por el Proyecto Arqueológico El Carrizal, Ver. (PAC) durante sus reconocimientos de superficie y excavaciones para definir los asentamientos del Formativo en el área de estudio; así como una comparación con la situación que encuentran proyectos en áreas vecinas (Daneels 2002 y Stark 2001). Por otra parte, se propone una alternativa interpretativa a partir de la aplicación de la paradoja del gato de Shrödinger (1983); con el fin de incorporar otras posibilidades y más particularmente otra perspectiva al problema de estudio.


El Proyecto Arqueológico El Carrizal (PAC)
La Villa Emiliano Zapata (antes El Carrizal) es parte del Municipio de Emiliano Zapata y se localiza a 40 minutos de la ciudad de Xalapa por la carretera federal No. 140 (figura 1). Los únicos trabajos arqueológicos efectuados en la zona tuvieron lugar en el marco de un rescate con motivo de la construcción del camino que conduce a los baños termales ubicados en el Municipio de Apazapan, Ver. Debido al reporte de destrucción de estructuras prehispánicas, la arqueóloga Bertha Cuevas (1970) excavó entre 1961 y 1962 once de los entonces cincuenta y cuatro montículos prehispánicos, con el objeto de estudiar las técnicas constructivas. Los materiales recuperados incluyen ofrendas, entierros, escultura en piedra (yugos), cerámica del complejo Remojadas Inferior, figurillas, entre otros.

<< Figura 1: Mapa del Estado de Veracruz en donde se ubica el Municipio Emiliano Zapata (<http://portal.veracruz.gob.mx/portal/page?_pageid=1645,4150682&_dad=portal&_schema=PORTAL&ciudad=30065>;


Entre los múltiples objetivos planteados por el PAC se encuentran los siguientes: la identificación de patrones de asentamiento; el estudio de los arreglos arquitectónicos y el establecimiento de una secuencia cronológica; mediante el análisis de los materiales hallados en superficie y excavaciones. A su vez, se procuró enfocar una línea de investigación hacia el problema del Formativo en el Centro-Sur de Veracruz.


Dicha problemática influyó en gran medida la selección del área de estudio, ya que el sitio de El Carrizal reportado por Cuevas (1970) fue identificado como perteneciente al Formativo Terminal (100 AC – 100 DC), con rellenos de materiales de Formativo Tardío (400 AC – 100 AC) (Scott 1976, Daneels 2005, Kurosaki 2006, Donner y Hernández 2009). Por ello, un estudio intensivo de cobertura total buscando patrones de asentamiento prehispánicos podría brindar nueva información sobre ocupaciones más tempranas en el área circundante.


Antes de mencionar la metodología aplicada a la búsqueda de evidencia arqueológica, debemos hacer mención de algunos aspectos que pensamos pudieran influir en la probabilidad de encontrar contextos correspondientes del periodo Formativo en general:

1. Por una parte, la topografía del área se caracteriza por la presencia de lomeríos bajos, entre los cuales circulan arroyos durante la temporada de lluvias, por lo que la gran mayoría de evidencia arqueológica se localiza en terrenos elevados, solucionando así el problema de las inundaciones y por lo tanto la capa sedimentaria es poco profunda.


2. Aunado a lo anterior, la geología de la región presenta características muy particulares. El área de estudio tiene una formación geológica calcárea marina del terciario, con suelos denominados litosoles. Es decir, debajo de las áreas preferenciales de ocupación en tiempos prehispánicos predomina una escasa sedimentación para después localizar una gran formación de roca caliza y travertino.


3. Además de lo mencionado previamente, debemos considerar el clima y la precipitación pluvial. La zona Semi-árida Central se caracteriza por el bajo volumen de lluvias registradas al año, que oscila entre 800 y 1500 mm, factor fundamental a considerar en la búsqueda y explicación de los patrones de asentamiento prehispánicos.


4. La cuenca del Río Los Pescados se encuentra a tan sólo a 1 kilómetro al sur del área planteada para la primera temporada de trabajo, por lo que el problema de la sedimentación aluvial ocurrida en terrazas de este tipo no se presentaría.

Por estas razones, consideramos en un inicio que las probabilidades de hallar contextos tempranos (estableciendo como hipótesis su existencia en terrenos con las características arriba mencionadas) eran muy altas en relación a las condiciones medioambientales reportadas en áreas más cercanas como la cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla.

 

<< Figura 2: Mapa del área de estudio del PAC (tomado y modificado de Google Earth), en el que se muestran los cinco diferentes cuadrantes en los que se dividió el reconocimiento de superficie. El cuadrante 0 se recorrió durante 2009, mientras que los restantes se cubrieron en 2010.

 

La hectárea explorada por Cuevas sirvió de punto de inicio para las propuestas de reconocimiento de superficie de cobertura total de alta intensidad (Stark y Showalter 1990) planteadas por el PAC para su recorrido pedestre de 56km2 (Donner y Hernández 2010); efectuado en las temporadas 2009 y 2010 (figura 2). Durante el mismo, se llevaron a cabo recolecciones sistemáticas controladas de materiales cerámicos, líticos, escultóricos, entre otros. Además, se realizó el mapeo con GPS de todas las estructuras halladas. De igual manera, se llevaron a cabo excavaciones intensivas por niveles métricos cada 10 centímetros, en el contexto de una unidad habitacional (M1053) y del complejo arquitectónico Carrizalito[3].

 
El reconocimiento de superficie dio como resultado el hallazgo de un total de 3888 montículos prehispánicos, así como más de 400 terrazas. Las implicaciones de tan alta densidad de estructuras están siendo aún analizadas y exceden los límites de este escrito. Durante los recorridos se recuperaron materiales a partir del Formativo Medio hasta el Posclásico Tardío, sin hiatos identificados a la fecha. No se halló ningún tipo cerámico diagnóstico del Formativo Inferior; y los materiales encontrados con iconografía Olmeca probablemente correspondan al Formativo Medio y Superior. La escasez de materiales más tempranos nos llevó a realizar un análisis comparativo con los demás proyectos de perspectiva regional que se efectuaron en el Centro-Sur de Veracruz, así como con algunos ejemplos en el Sur de Veracruz, donde la evidencia es abundante.


El Carrizal en el contexto de los estudios de patrón de asentamientos en el Centro-Sur y Sur de Veracruz
Con el fin de determinar las implicaciones metodológicas e interpretativas que los diferentes tipos de recorrido sistemático pueden causar, creemos pertinente comparar algunos estudios de superficie efectuados recientemente en el Centro-Sur y en el Sur del Estado de Veracruz. Comenzaremos primero detallando los trabajos en esta última área para luego continuar con la primera.


En la región de los Tuxtlas, los arqueólogos Santley, Arnold, Ortíz y Pool (Santley y Arnold 1996) recorrieron 400 km2 con una perspectiva regional intensiva. Los transectos se distanciaron a 40 ó 75 m, de acuerdo a las condiciones del terreno y a la evidencia encontrada. El material arqueológico se recolectó sistemáticamente en unidades de 3x3m a una distancia de 13m. En la cuenca del Río Coatzacoalcos, por otra parte, los arqueólogos Symonds, Cyphers y Lunagómez (Symonds et al 2006) recorrieron también 400 km2, en el marco de un estudio regional intensivo de cobertura total. Los transectos fueron trazados cada 20 metros y las unidades de recolección se establecieron en cuadrados de 3x3m a una distancia de 20m, así como unidades de 3x3 en los sitios.


En el Centro-Sur del Estado de Veracruz Stark y Showalter (1990) recorrieron 40km2 en un estudio de alta intensidad de cobertura total en la región de La Mixtequilla. Los transectos también se trazaron cada 20m, pero las unidades de recolección variaron: 50-100 bordes por unidad medida o bien cuadrados de 5x5m. A su vez, en la cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla, Daneels (2002) recorrió 1200 km2 en un proyecto regional extensivo. Sus transectos se establecieron cada 400m y las recolecciones se efectuaron siguiendo el criterio de 100 bordes por unidad medida. Finalmente, Donner y Hernández (2010 y 2011) recorrieron un área de 56km2, en el marco de un estudio regional de alta intensidad de cobertura total. Los transectos se plantearon originalmente a una distancia de 20m, pero debido al corto diámetro de las estructuras (muchas veces de 3m de lado o menos), así como de la alta densidad de las mismas, se decidió cerrar los transectos a una distancia de 10m. Como consecuencia de la baja densidad de material hallado en superficie en comparación con la cantidad de estructuras, no fue posible recolectar una cantidad determinada de bordes, por lo que se optó por utilizar las estructuras prehispánicas como unidades analíticas y de recolección de materiales de superficie. Además se recolectaron concentraciones de materiales que estuvieran localizadas a más de 50 metros de las estructuras para evitar el ruido de fondo (Stark y Showalter 1990). Para la primera temporada (2009) se recolectaron el 100% de los montículos, mientras que en la segunda (2010) se decidió recolectar materiales solamente el 30% de las estructuras, para evitar obtener tres veces la cantidad de artefactos recuperados durante la temporada 2009 (Donner y Hernández 2010).

 

 
Tabla 1: En esta gráfica se resumen las metodologías y técnicas empleadas en los reconocimientos de superficie de perspectiva regional llevados a cabo en la cuenca del Río Coatzacoalcos, Los Tuxtlas, la cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla, la Mixtequilla y Carrizal.

 

La descripción anterior, ilustrada en la Tabla 1, nos muestra cómo, partiendo de diferentes objetivos, se van modificando las metodologías en campo para poder alcanzar hipótesis relacionadas a los planteamientos originales de los proyectos. Las unidades analíticas seleccionadas para los estudios también van de la mano con el abordaje de los datos, así como las técnicas de recorrido y recolección que se aplican para cada caso. Las metodologías resultan así como estrategias para responder a interrogantes particulares. Por lo anterior, si bien casi siempre el proceso de investigación se ve modificado sobre la marcha debido a nuevos planteamientos, por lo que las metodologías abren el espectro a otras preguntas; a la vez lo cierran a otros cuestionamientos.


Como parte de este ejercicio comparativo, es pertinente también hacer mención respecto a la historia de los patrones de asentamientos en el Centro-Sur y Sur de Veracruz. Los autores Santley y Arnold (1996) contrastaron los primeros cuatro estudios detallados anteriormente. En relación al Formativo, notaron las siguientes tendencias:

1. La Cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla y La Mixtequilla parecen tener una historia conjunta de patrones de asentamiento, que se diferencia de la de la región de los Tuxtlas y la Cuenca del Río Coatzacoalcos, que forman otra unidad.
2. Antes del 900 AC, no hay una ocupación clara en la cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla y La Mixtequilla.
3. El Formativo Temprano está muy bien representado en la región de los Tuxtlas y en la cuenca del Río Coatzacoalcos, con complejos cerámicos comparables.

Siguiendo un criterio geográfico, podríamos enmarcar el área de estudio de El Carrizal dentro de la unidad que conforman la cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla y la región de La Mixtequilla. Para la cuenca de los ríos Jamapa-Cotaxtla, Daneels (1998 y 2002) reporta materiales del Formativo Inferior pero ausencia de contextos primarios. Por su parte, Stark (2001) plantea una ocupación clara a partir del Formativo Medio y Superior, sin hacer mención de artefactos más tempranos. La misma situación es la hallada en Carrizal.


El Formativo Inferior y el gato de Shröedinger
Siguiendo a Daneels (1998 y 2002), podemos establecer que una de las principales dificultades de este periodo de tiempo en el Centro-Sur del Estado de Veracruz se presenta tanto en el nivel de superficie como en el nivel de las excavaciones arqueológicas.


El primero se caracteriza por la aparente “ausencia” de sitios del Formativo Inferior en recorridos de superficie. Esta situación es propiciada por las constantes inundaciones que han cubierto los asentamientos arqueológicos identificados en las terrazas aluviales con una capa de hasta tres o cuatro metros de sedimentos. Por lo cual, en los recorridos de superficie efectuados en la zona sólo se han hallado evidencias del Formativo Inferior provenientes de pozos de saqueo en estructuras más tardías (generalmente del Clásico Temprano) (Daneels 2010, comunicación personal).

 
El problema en el nivel de las excavaciones se particulariza cuando todo el material del Formativo Temprano aparece como parte de estratos culturales temporalmente posteriores o bien como relleno de estructuras más tardías. (Daneels 2010, comunicación personal).

 
Como podemos observar, la gran dificultad del Formativo Inferior o Temprano en el Centro-Sur del Estado de Veracruz es la falta de contextos arqueológicos primarios para esta temporalidad.


En este sentido, seguiremos a Bohr en su afirmación de que "it is wrong to think that the task of physics is to find out how nature is (…) physics concerns what we can say about nature" (Pagels 1982:67). Hablando de Arqueología, sería entonces pertinente reformular la frase diciendo que “es erróneo pensar que la tarea de la Arqueología radica en encontrar cómo fue el pasado… la Arqueología se ocupa de lo que podemos decir acerca del pasado”[4].


El estudio del pasado a través de sus restos materiales implica la construcción de hipótesis a partir de una realidad hoy fragmentada para su observación[5]. Todas las disciplinas enfrentan el problema de la realidad y sus diferentes concepciones derivadas de los métodos empleados para acercarnos a ella; sumado a esto la Arqueología convive con el hecho de que no cuenta ni con la posibilidad inocente de estudiar la realidad en su totalidad[6]. Sin embargo, algunos modelos en arqueología han sido erróneamente empleados y entendidos como posibilidades de aprehender dinámicas pasadas holísticamente. En este sentido, Bohr comenta que "(…) mientras que antes nosotros concebíamos estos modelos como fotografías del mismo sistema, ahora se han convertido en comprensiones alternativas del mismo; dependiendo éstas del punto de vista desde el que se experimenta “(Cline 1987:211).

 
Mientras que el debate epistemológico acerca del relativismo[7] se instauró en las ciencias sociales a partir de la década del 60 del siglo XX; la física ha intentado resolverlo desde 1905, año en el que Einsten publicara su Teoría de la Relatividad. Luego de la caída del paradigma newtoniano, surgió en la física teórica la mecánica cuántica. La misma se basa en dos principios fundamentales: el de complementariedad y el de incertidumbre. El primero especifica que la materia es inherentemente dual; ya que puede ser descrita como partículas sólidas, así como ondas (Vann 1995). Por otra parte, el segundo principio fue propuesto por Heisenberg en 1927 y determina que se pueden medir estas dos posiciones de la materia (como partícula y como onda); pero nunca simultáneamente. Así, por ejemplo, no es posible medir la velocidad de una partícula en un momento definido y a la vez determinar su localización en ese momento. Por lo tanto, “(…) la realidad cuántica es estadística, no certera” (Vann 1994:75) De esta forma, se rechazan de tajo las concepciones de determinismo y objetividad. La paradoja del gato de Schrödinger (1983) fue utilizada para ilustrar en forma muy sencilla los dos principios anteriormente descritos. La misma postula lo siguiente:

“A cat is penned up in a steel chamber, along with the following device (which must be secured against direct interference by the cat): in a Geiger counter there is a tiny bit of radioactive substance, so small, that perhaps in the course of the hour one of the atoms decays, but also, with equal probability, perhaps none; if it happens, the counter tube discharges and through a relay releases a hammer which shatters a small flask of hydrocyanic acid. If one has left this entire system to itself for an hour, one would say that the cat still lives if meanwhile no atom has decayed. The psi-function of the entire system would express this by having in it the living and dead cat (pardon the expression) mixed or smeared out in equal parts.” (Shröringer 1983:7-8).

De esta forma, siempre y cuando no pueda ser observado, el gato está vivo y muerto a la vez. Las dos posibilidades (gato vivo/gato muerto) son estadísticamente viables, por lo que ninguna descarta a la otra, siempre y cuando no se modifiquen las circunstancias del experimento y de la observación.
Lo anterior puede tener implicancias muy positivas para el pensamiento en Arqueología. Es necesario especificar que no estamos intentando homologar o transpolar categorías de la física teórica como materia, partículas, ondas, mundo sub-atómico a las concepciones de humano, cultura, procesos sociales, políticos, económicos, cosmovisión. Por el contrario, solamente nos estamos sirviendo de una interpretación de los diferentes niveles de realidad desde una teoría consciente de la incidencia del observador en cualquier tipo de universo a estudiar y de las diferentes alternativas en cuanto a las interpretaciones de estas realidades[8].

 
Así, podríamos discutir el tema que concierne al presente artículo: aparentemente, nos encontramos ante una caja cerrada (el registro arqueológico) en la que existen y no existen evidencias primarias del Formativo Temprano para el Centro-Sur de Veracruz. Con esto no queremos implicar una visión de la cultura material como un compartimiento que debe ser aperturado y que, por consiguiente, contiene toda su Verdad. Por el contrario, consideramos que la caja nunca podrá abrirse y aunque pudiera hacerlo; no existe una sola perspectiva de observación; sino que más bien sólo podemos tener acceso temporal a ciertas partes de su contenido, que ya ha sido modificado[9]. Los pequeños atisbos que hemos podido realizar de su interior nos muestran la siguiente probabilidad: “no hay contextos primarios del Formativo Temprano”. Sin embargo, es probable que la manera en que estemos observando y midiendo el espacio-tiempo esté condicionando nuestra observación. Para aclarar este punto, esbozaremos las posibilidades que nos plantean las categorías del “hay” y del “no hay”:

1. No existen contextos primarios del Formativo Temprano en el Centro-Sur de Veracruz.


Posibilidad A: No existieron asentamientos humanos durante ese periodo de tiempo en la región. De acuerdo con la evidencia presentada en La Mixtequilla (Stark 2001), en Carrizal (Donner y Hernández 2010 y 2011) y más particularmente en Colonia Ejidal (1988), se podría afirmar que existió en la región una ocupación durante el periodo Pre-Cerámico; luego se observa un hiato que continúa hasta el Formativo Medio[10], donde se encuentran evidencias como rellenos de estructuras posteriores y el caso de un basurero. Ya a partir del Formativo Superior se hallan contextos primarios en las tres diferentes áreas de estudio. En relación a los materiales de Formativo Inferior que se hallan en la región, se puede inferir que corresponden a intrusiones posteriores o bien a desechos de paso.


Posibilidad B: los asentamientos se emplazaron en las márgenes de los Ríos, donde eventos climatológicos, como el reciente Huracán Karl, por ejemplo, se encargaron de destruir y sepultar las evidencias primarias de las ocupaciones bajo metros de sedimento aluvial.


Posibilidad C: en el particular caso de Carrizal, debido a la escasa profundidad en la deposición de los sedimentos edafológicos; es posible que los materiales del Formativo Inferior, correspondientes quizás con unas pocas unidades domésticas, se encuentren mezclados con los de fases posteriores (por lo que no existiría contexto primario) y no sean reconocibles debido a una supuesta baja variabilidad en la vajilla doméstica.

2. Existen contextos primarios del Formativo Temprano en el Centro-Sur de Veracruz


Posibilidad A: las metodologías de reconocimiento de superficie no se han diseñado acordes a la evidencia de tal fase cronológica. Al respecto, un ejemplo muy claro de lo anterior se relaciona con los arqueológos mesoamericanistas en contextos de sociedades de cazadores-recolectores: Cassiano (2009 comunicación personal) afirma que un arqueólogo formado como mesoamericanista puede caminar por un sitio del pre-cerámico sin notar que se trata de un sitio arqueológico. En ese sentido, deberíamos preguntarnos qué estamos buscando para el Formativo Inferior en el Centro-Sur de Veracruz y cómo lo estamos buscando. Si se tratara de escasas unidades habitacionales con cortos periodos de ocupación, es posible caminar sobre ellas y no reconocerlas. Otro ejemplo serían los “montículos invisibles” (Johnston 2004), mismos que son difícilmente reconocibles durante los recorridos pedestres en el marco de reconocimientos de superficie.


Posibilidad B: ya hemos hallado estos contextos, sin embargo la escasez generalizada de muestras confiables de carbón en la región, debido a las condiciones climáticas nos han hecho confiar en demasía en las secuencias relativas cerámicas. Además, al no encontrar cerámica diagnóstica con iconografía y/o características Olmecas, se la asigna inmediatamente a fases posteriores. La ausencia de múltiples fechas por métodos absolutos impide el enriquecimiento del debate cronológico y su relación con las secuencias cerámicas, como sí ocurre por ejemplo en San Lorenzo Tenochtitlan en relación con los hallazgos de Manatí (Daneels 2009).


Posibilidad C: las áreas de estudio de los proyectos mencionados en el Centro-Sur de Veracruz, que suman 1296 kilómetros cuadrados no han todavía explorado los lugares en donde efectivamente se dieron este tipo de asentamientos.

Las variabilidades probabilísticas en el ejemplo estudiado son aún mayores que las del famoso gato y aún más amplias que las que nosotros hemos podido esbozar: el hecho de que existan o no contextos primarios del Formativo Temprano en la actualidad no necesariamente determina si hubo o no asentamientos permanentes para ese periodo de tiempo. Es decir, si la posibilidad 1A resultara correcta, por ejemplo, no existirían contextos primarios pero sí hubo asentamientos; por lo que no será posible estudiarlos debido a la falta de tales evidencias en el registro arqueológico.


Discusión
La ausencia de contextos primarios del Formativo Temprano en el Centro-Sur de Veracruz, nos ha obligado a re-evaluar nuestras preguntas para abordar el estudio de esta fase cronológica en esta región de estudio. Según Wylie, “what you find, archaeologically, has everything to do with what you look for, with the questions you ask and the conceptual resources you bring to bear in attempting to answer them. And yet, you almost never find all or only what you expect” (Wylie 2002:XIV). Por lo tanto, preguntas como ¿qué estamos buscando? ¿Cómo lo estamos buscando? ¿Qué esperamos encontrar? ¿Qué estamos encontrando? ¿Por qué lo que hallamos no coincide con nuestras expectativas? ¿Qué estamos dejando de lado? ¿Cuáles posibilidades no estamos teniendo en cuenta? Todas estas interrogantes deben de ser tomadas en cuenta a la hora de diseñar una estrategia de investigación. La presencia de materiales con iconografía Olmeca nos habla de que la región de estudio, al menos hacia el Formativo Medio y Superior, ya se hallaba inserta en la situación más general que caracteriza al Formativo Mesoamericano. Sin embargo, debemos preguntarnos qué factores nos indican que esa circunstancia no se estaba dando durante el Formativo Inferior, o bien qué otras realidades tuvieron lugar durante este periodo en el Centro-Sur de Veracruz.


Finalmente, creemos que investigar los asentamientos tempranos en el Centro-Sur de Veracruz, tomando en cuenta sus procesos de cambio, adaptación y relaciones con el resto de sus contemporáneos, puede contribuir a una visión más completa del Preclásico en su totalidad. Debido a que actualmente estamos en una fase muy preliminar de la investigación, hemos decidido, en lugar de establecer resoluciones al respecto, aventuramos más bien a cuestionar la evidencia y la estrategia para su búsqueda y recolección, a formular preguntas, así como proponer hipótesis a ser probadas posteriormente con más estudios sistemáticos y sus concomitantes análisis en laboratorio. Esperamos que los próximos resultados de los materiales cerámicos y líticos, con su consecuente estudio de distribución, patrones arquitectónicos y de asentamiento nos ayuden a formular hipótesis más sólidas en cuanto a las ocupaciones del Formativo Inferior en Centro-Sur de Veracruz.

 
Los cuestionamientos presentan un reto para la disciplina en general, ya que será necesario dilucidar si la ausencia de ciertos materiales se debe a una cuestión metodológica, geológica, topográfica y/o cultural: sin descartar la posibilidad de que se trate de una confluencia de todos los anteriores u otros que aún no han sido percibidos por los investigadores.

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* Estudiante de Maestría, Posgrado en Estudios Mesoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México. Directora del Proyecto Arqueológico El Carrizal, Ver. paelcarrizal@yahoo.com

 

**Egresado de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, Director del Proyecto Arqueológico El Carrizal, Ver. paelcarrizal@gmail.com

 

Notas

[1] Se recomienda ver la propuesta de David Grove (1989), quien plantea referirse al estilo artístico como “Complejo X”; así como la de Anatole Pohorilenko (1990), quien presenta otra perspectiva basada en una interpretación del estilo olmeca como un sistema representacional.

[2] En esta región, el Formativo Inferior (1200 – 800 A.C.), por ejemplo, no se encuentra representado por contextos primarios[1]; mientras que el Formativo Medio (800-400 A.C.) generalmente se halla como relleno de estructuras posteriores. Por su parte, el Formativo Superior  (400 – 100 A.C.) y Terminal (100 A.C. – 100 D.C.) ya cuentan con una representación clara en el registro arqueológico, que continúa durante las subsiguientes etapas del desarrollo Mesoamericano.

[3] En este último también se realizaron excavaciones extensivas en una cancha de juego de pelota; mismas que no se mencionan aquí por tratarse de materiales de rellenos.

[4] En este escrito dejaremos de lado otro tipo de interrogantes no menos interesantes, como las que plantea Foucault: ¿quién puede hablar y por qué? ¿desde dónde habla, qué institución valida su discurso científico? (Foucault 2005)

[5] Con la categoría del registro arqueológico fragmentado (Wylie 2002:XIV) no aludimos al hecho de que esté incompleto (en el sentido de un rompecabezas que debemos armar); sino a la particularidad a la que se enfrenta el Arqueólogo, quien además de trabajar a partir de su episteme y configuraciones enunciativas, tiene la posibilidad de observar solamente una porción de la dinámica que estudia. Si bien esto es cierto en todas las disciplinas y ciencias sociales (y en general), puesto que los acercamientos nunca pueden ser holísticos debido a que no existe una única realidad monolítica a la que no podemos acceder; las características del registro arqueológico complican aún más las observaciones que se pueden realizar. En este sentido, podríamos decir que todas las realidades se encuentran fragmentadas y sesgadas; sin embargo esto no anula ni imposibilita un estudio científico en un sentido no positivista de las mismas (Donner 2006).

[6] Todas ciencias (incluida la arqueología en algún punto de su devenir histórico) han creído ingenuamente que podían lograr acercamientos holísticos a sus realidades estudiadas. En este sentido la arqueología ha perdido la inocencia hace ya algunas décadas; en el sentido en que lo expresa Clarke (1973).

[7] Nos referimos al relativismo en física, que plantea, entre otras cosas, la incidencia del observador en su experimento y no a la concepción boasiana de relativismo cultural.

[8] Estas interpretaciones deben de representar el universo de posibilidades fundamentadas: Schrödinger postula que el gato está vivo y muerto, mas no plantea la posibilidad, por ejemplo, de que no esté.

[9] En el sentido schifferiano (Schiffer 1972).

[10] Representado en forma muy clara en el Pozo I de Colonia Ejidal, donde se cuenta con un estrato arqueológicamente estéril de aproximadamente 60 centímetros de espesor entre las evidencias pre-cerámicas y las del Formativo Medio (Daneels 1988).


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Comentario

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Comentario de Jose Antonio Sanchez Lobato el febrero 8, 2013 a las 2:32pm

EXCELENTE TRABAJO, FELICIDADES.

Comentario de Pablo Javier Martínez García el septiembre 26, 2011 a las 12:02pm
:D

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