75 Aniversario del INAH (Entrevista a Gustavo A. Ramírez).

75 Aniversario del INAH (Entrevista a Gustavo A. Ramírez).

 

Yanireth Israde. Periódico Reforma.

 

Hola Gustavo, como le comentaba, el texto pretende hacer un balance de los 75 años del INAH. Las preguntas son las siguientes:

 

-- ¿Cómo cree usted que llega el INAH a esta efeméride? ¿Fortalecido, debilitado? ¿Por qué?

 

En mi particular punto de vista llega debilitado. Debilitado en comparación de la institución que fue en sus inicios y especialmente en su época dorada de los cuarentas a mediados de los80’s.  El INAH ha venido sufriendo un desgaste paulatino que tiene que ver con diferentes aspectos: su función, lo laboral, lo académico y ejecutivo, y su impacto social.

 

El INAH surgió en un momento en que se intentaba consolidar la identidad nacional luego de un largo periodo de guerras que fraccionaron a la sociedad, comenzando con la independencia y hasta la revolución. En ese sentido el Instituto brindó bases históricas sólidas para que la nación mexicana se uniera como una sola, orgullosa de su pasado indígena glorioso, al menos discursivamente. La investigación arqueológica, antropológica e histórica tuvo un gran impulso en el que surgieron grandes investigadores cuya obra aún sigue vigente en gran medida. Se creó el Museo Nacional de Antropología y se emprendió la excavación y consolidación de enormes monumentos arqueológicos, así como históricos.  Pero a partir de los 80’s comenzó un decrecimiento, que al parecer está relacionado con la necesaria expansión del INAH a nivel nacional. Antes, todo se concentraba en la ciudad de México, pero luego se crearon Centros Regionales para llevar los servicios del INAH a todo el país. Ello requirió la ampliación de la estructura administrativa, de la contratación de directores regionales que no siempre llevaron la camiseta de la institución; lo que indujo al INAH a un esquema burocrático donde todo se ralentizó. La falta de presupuesto y su aplicación efectiva llevó al deterioro de las instalaciones, al acumulamiento de materiales arqueológicos sin analizar, a la falta de vehículos para atender en tiempo y forma las denuncias, etc.

Aunado a lo anterior, muchos de los investigadores prefirieron quedarse en el D.F., dejando sin atención a la provincia.  Se tuvieron que contratar especialistas locales bajo un esquema en donde no hay prestaciones para el trabajador y el sueldo es muy bajo, creando un problema presupuestal y de ilegalidad institucional que no ha sido superado. Actualmente hay casi 4mil contratados en el INAH, contra poco más de 800 investigadores de base.

Además de lo anterior, la planta de investigadores envejeció, con 50 años de edad en promedio para los 90’s, y ahora por los 60 años de edad. El INAH no ha promovido la superación de ese personal con capacitación que nos ponga al día en el uso de la tecnología actual, no ha fomentado el estudio de posgrados, por lo que tenemos baja presencia en el SNI. Tampoco se preocupa por hacer publicaciones  que estén indexadas y que tengan una amplia distribución. Pero el mayor debilitamiento vino cuando el INAH pasó a depender del CONACULTA, al principio CNCA. Antes los vehículos ostentaban un logotipo que decía “Instituto Nacional de Antropología e Historia. Poder Ejecutivo Federal”. Podíamos recurrir a las fuerzas públicas para detener la destrucción de un sitio al instante. Ahora nos confunden con la SAGARPA y otras entidades, porque el INAH ha perdido su identidad, su fuerza y su objetivo. Los trabajadores del INAH y sus sindicatos estamos desunidos, con diferentes prioridades. Hay quienes siguen pensando que somos “los guardianes de la identidad nacional”, mientras que yo pienso que nuestra responsabilidad va más allá. Ese era un discurso nacionalista que hoy carece de sentido ante la idea de la diversidad cultural, de la interculturalidad y el respeto a las mismas. Por si fuera poco, desde que se creó el INAH carece de reglamento de la Ley Orgánica, tenemos más de 20 años trabajando en él, y aun no sale. Eso nos debilita jurídicamente hablando.

Y lo peor de todo es que estamos desvinculados de la sociedad. Mucha gente no nos conoce, y muchos de quienes nos conocen tienen una imagen negativa, porque nos asocian con la clausura de las obras de remodelación de sus casas en sitios con vestigios prehispánicos o monumentos históricos.  Eso además de que ni el gobierno ni la sociedad nos incluye en las grandes discusiones nacionales en donde el INAH tiene mucho que aportar. Más adelante hablaré más sobre esto.

 

Un punto que no podemos pasar por alto es que la violencia actual también ha afectado nuestras labores. Simplemente no hay condiciones para realizar las inspecciones, las temporadas de trabajo, las entrevistas, so riesgo de ser secuestrados. Ya ha habido algunos crímenes posiblemente ligados a grupos delincuenciales, como asesinatos, secuestros, extorsión, robo y la exigencia en algunos museos del norte de pagar cuota. Nuestro trabajo en el INAH esta por ahora muy limitado.

 

-- Usted ha investigado las repercusiones de los sexenios panistas en el ejercicio de la arqueología. ¿Cómo influyeron ambas administraciones? ¿En qué situación está hoy la práctica arqueológica?

 

Hay una visión distinta de gobierno en las administraciones panistas. Ellos vinieron con una visión gerencial hacer de negocios. Toda la cadena de gobierno debía ser productiva y metieron al INAH en ese mismo esquema. Por eso cerraron las librerías del INAH, porque no eran rentables. Y la misma idea comenzó a permear sobre los museos. Las zonas arqueológicas, los monumentos y centros históricos se vieron como “oportunidades de negocio”. Eso no es nuevo, pero los panistas quisieron hacerlo realidad a su modo. Se invirtió en apertura de zonas sólo con fines turísticos, la investigación pasó a segundo término. Se inventaron los “Pueblos Mágicos”, que han alterado la vida cotidiana de la gente, para convertirlos en escenarios para consumo del turista ingenuo.

 

Pero lo más grave tiene que ver con los cambios en la administración federal y sus candados, que afectan directamente la investigación. Por ejemplo, dentro del catálogo del Clasificador por Objeto de Gasto  para la Administración Pública Federal varias herramientas necesarias para el trabajo arqueológico están en la partida 5000, o restringida. Se requiere autorización específica de altas autoridades, incluso del Congreso de la Unión para aplicarla. Un anaquel metálico, una cámara fotográfica o un geoposicionador satelital (GPS) por ejemplo; requieren un largo trámite igual al de la compra de un helicóptero para las fuerzas armadas.  Entonces mejor tenemos que comprar madera para hacer estantes, lo que resulta más caro. A veces las autorizaciones para la compra del equipo llegan cuando ya acabó el trabajo. El investigador tiene que poner sus equipos personales para resolver la carencia, incluso vehículos ante la falta de agilidad para solventar las necesidades.

 

Otro caso es que ya no podemos alquilar campamentos, algo elemental en el trabajo arqueológico. Entonces tenemos que facturar en hoteles, lo cual es caro e ineficaz en nuestra labor. Pero, ¿qué pasa si el proyecto es en una zona donde no hay siquiera hoteles? O tienes que viajar una distancia larga solo para cumplir la norma, o devuelves el dinero. Entonces uno termina financiando parte del proyecto de su bolsa. Eso es injusto. El punto es que bajo los panista y a la fecha, la misión de las instituciones ya no es cumplir un objetivo, sino comprobar en tiempo y forma los gastos. Si el trabajo se hizo o con qué calidad  o sus resultados, eso ya no importa. Y aún no ha cambiado.

 

Los techos presupuestales de los centros INAH no han crecido en décadas, a pesar de que el INAH tiene cada vez más presupuesto. Generalmente se asignan entre 900 mil y 1.5millones de pesos a cada Centro INAH anualmente. De allí se asignan presupuestos de entre 5 a 50mil pesos para proyectos de investigación, otra parte para viáticos y contratación de personal –no siempre el que realmente se necesita- y para protección legal y técnica de patrimonio histórico y arqueológico.  Es decir entre 35 a 40 millones de pesos para atender a todo el país, mientras que el resto se concentra en las áreas centrales, descontando sueldos y prestaciones.  Si recordamos cuánto paga de renta el edificio Aristos donde están las oficinas centrales del INAH, más de 3 millones de pesos mensuales; equivale en renta al presupuesto anual de los 31 Centros INAH del país. Hay un desequilibrio presupuestal que no nos permite crecer en provincia.

 

El subejercicio presupuestal y el uso de fondo arqueológico nacional para fines distintos a los que se creó caracterizaron la última etapa del gobierno panista en el INAH. Así como la aplicación del Programa de Empleo Temporal en la investigación y mantenimiento de zonas arqueológicas y monumentos históricos. Esto generó un problema de alteración y destrucción en dichos monumentos porque el INAH no aportaba viáticos o sueldo para que un investigador supervisara los trabajos, quedando en manos muchas veces sólo de los obreros.

 

Pero el golpe más fuerte al INAH viene del establecimiento del Servicio Profesional de Carrera. Se supone que su objetivo es colocar a los mejores hombres y mujeres en el servicio público, con los perfiles adecuados. Pero el sistema es manipulado en el instituto el Comité Técnico de Selección para acomodar los perfiles a la medida del candidato (amigo, compadre o recomendado) que quieren ocupe el lugar. Entonces hay casos en que para la dirección de un  Centro INAH en lugar de establecer el perfil de un historiador, arquitecto o antropólogo como candidato, por ejemplo; piden el de un contador público, abogado o ingeniero, con experiencia en desarrollo de empresas. ¿Por qué? El sistema tiene varios filtros, el primero es la formación y experiencia. El segundo el examen de conocimientos, el tercero el de aptitud y habilidades gerenciales (liderazgo, negociación, trabajo en equipo, etc). En esta última se establece una calificación mínima de 70 puntos para continuar en el concurso. En el caso del INAH se bajó a 0 (cero) ¿para qué?, para que todos pasen porque hay un alto grado de mediocridad en los participantes. Luego vienen los méritos y finalmente la entrevista. Ahí se define todo, pues sin importar la calificación, el perfil, el mérito, etc., el jurado elige al recomendado.  Y aunque hay un recurso de revisión pues ya nadie cree en su imparcialidad, aunque ha habido unos pocos casos excepcionales.

 

Te recomiendo que revises cuántos de los funcionarios que ingresaron al SPC del INAH son distintos a los que ya habían sido nombrados por el artículo 34 de la Ley del SPC, es decir, nombrados por el director general antes de concursar. Yo he participado desde hace años y a pesar de estar mejor calificado que algunos de mis rivales, nunca he ganado. Así el instituto se ha llenado de funcionarios que no tienen el perfil, el conocimiento, el gusto, la experiencia o el talento que se requiere para manejar un rubro tan delicado como lo es el Patrimonio Cultural. Estos funcionarios, muchos de ellos que se sirven de los recursos, vehículos, computadoras y posición para lucir en sociedad u obtener beneficios personales, se han convertido en un obstáculo para el buen funcionamiento del INAH. Crean problemas en los centros de trabajo y nos confrontan con la sociedad, desprestigiando al Instituto con su falta de seriedad y capacidad. Los resultados son desastrosos.

 

Otra cosa. Como arqueólogo te aseguro que el haber trasladado las oficinas centrales del INAH al edificio Aristos, una torre de 15 pisos en Insurgentes Sur, es un símbolo de algo que cambio profundamente en el instituto con la administración panista: la horizontalidad. Antes el INAH en Córdoba 45 y sus diversas oficinas eran pequeñas. Más o menos todos nos conocíamos, desde el director general hasta los choferes. Podías hablar con las autoridades sin cita, o ir a comer juntos para tratar un problema. Después el organigrama cambió, se impuso la verticalidad. El director general se transformó en un cónsul que habitaba el piso más alto de una torre, eso dice quién manda ¿no?  Y también pretende dar una imagen de poder hacia el exterior que el INAH no tiene. Es pura fachada. Lo que si es cierto es que el organigrama que se impuso creó más de 500 puestos de mandos medios. Imagínate medio millar de jefes para  864 investigadores, 1967 ATM, 147 arquitectos y 170 restauradores, 3143 trabajadores en total a nivel nacional. ¿No parece una desproporción? Nos toca más o menos de a un jefe por cada 6 trabajadores.

 

Finalmente, el esquema de renta de computadoras y vehículos. Antes teníamos vehículos destartalados, ahora casi del año. Pero no son los que se ocupan. Un arqueólogo necesita un jeep 4x4, para mover gente en caminos abruptos. Nos mandan PickUps sencillas, para carga. Eso sólo ha servido para que los criminales nos pongan en la mira. Ya tenemos algunos casos en que los vehículos les han sido robados a los arqueólogos a punta de pistola y en algunos casos con consecuencias mayores.  Con las computadoras eligen la peor marca, y además de eso con limitaciones. No nos compran licencias de software básico, ni mucho menos el que necesitamos. Entonces, ¿para qué nos sirve? Terminamos usando nuestra computadora personal. Yo creo que las rentas carísimas que se pagan fueron para ayudar a alguien a hacer negocio; no para solventar nuestras necesidades.

 

-- ¿Qué visión domina sobre el patrimonio? Se ha mencionado, por un lado, una visión educativa en conflicto con otra concepción más turística. ¿Coincide usted con esta dicotomía?

 

Esa dicotomía es verdad, pero yo agregaría también la visión esotérica y de diversión. Hay un sector no sólo dentro del INAH, sino de los intelectuales en general que ve en el patrimonio cultural un recurso para la educación. Pero no me refiero a la educación de refinamiento o erudición, sino la de crear una conciencia histórica, una escala de valores y un referente para ubicarnos en el presente que nos tocó vivir. Yo coincido con esto y voy un poco más allá. El patrimonio cultural es un testimonio, una expresión que nos permite valorar, respetar y perderle miedo a la otredad, a lo diferente. En la medida que respetamos y valoramos al otro, fortalecemos la democracia y la paz social.  El patrimonio arqueológico en particular tiene un peso político enorme porque legitima a grupos originarios minoritarios y les permite empoderarse. Mientras que eso ha sucedido en muchos países y continentes, es algo que en México pasa desapercibido. No se enseña porque parece peligroso que ciertos grupos minoritarios se empoderen. Pero no debería ser así.

 

La otra visión que impera, es la esotérica. Es decir los objetos prehispánicos, los monumentos y toda expresión indígena como una reliquia sagrada que debe ser reverenciada, sin importar su significado, porque se cree que poseen poderes, secretos, energías o espíritus capaces de transformar a la humanidad. Esta visión impera en grupos civiles que usan esos argumentos para evitar  que se destruyan pero también que se investiguen ciertos monumentos. Pero su mayor daño deriva de que el INAH invierte mucho recurso en operativos para evitar la vandalización de monumentos  en fechas como el equinoccio de primavera, cuando van a “cargar energía”. Eventos como ese han derivado en espectáculos de luz, sonido y borrachera que dañan los monumentos y denigran al indígena al convertirlo en un mexican curious. O como la promoción de las maravillas del mundo moderno, ¿se acuerda? Chichén Itzá promocionado por el mismo director del INAH, ¡Qué vergüenza!

 

La tercera categoría es el turismo. Es una realidad mundial, y no es reciente. Ya desde los griegos clásicos se hacía turismo. Pero el problema de hoy es que el turismo es masivo y depredador. No se niega que los monumentos arqueológicos e históricos tienen esa vocación. Sería injusto que una vez que se invierte en su investigación y consolidación no se permita que la gente los conozca. Es además una vivencia emocionante que fortalece el conocimiento y la conciencia de la gente. El turismo, y más específicamente el turismo cultural, es una actividad noble que debe fomentarse sin duda, ya que por otra parte es una industria que apoya el desarrollo socio económico de las comunidades. El problema radica en cómo hacerlo. Porque esta visión del turismo se ha mezclado con otra que es la más común, el ocio, la diversión. Para muchos empresarios del turismo y funcionarios el turismo cultural es una manera de pasar el rato, de divertirse. Cuando los monumentos arqueológicos e históricos, las costumbres y tradiciones de los pueblos se incluyen bajo tal concepto, se banalizan. Se convierten en chucherías para el consumo inmediato donde impera el “úsese y tírese”. Es por eso que no se entiende porqué se le debe dar tanta atención y cuidado a las pirámides, por qué no se deben reconstruir o alterar, si sólo son para divertirse. Tienen que verse bonitas para que la gente venga. Niego rotundamente que el legado cultural tenga como vocación divertir al pueblo, eso corresponde a otra categoría.

 

Además en México no se ha establecido un programa adecuado para crear el marco jurídico y los cuadros profesionales que desarrollen el turismo cultural, sin crear un impacto negativo sobre los monumentos, ni en las comunidades.  La auto sustentabilidad es sólo un discurso que no se aplica. No es un problema exclusivo de nuestro país, en todo el mundo pasa más o menos lo mismo.  La UNESCO, la OMT, académicos y diversos gobiernos trabajan en cómo abatir el problema; pero el meollo radica en que el presupuesto que se requiere para mantener los monumentos es superior al que se recauda por entradas. Los ganones son los comerciantes que se benefician del atractivo cultural que tiene que mantener el estado con recursos públicos. Los comerciantes no quieren invertir en conservación de los monumentos. Ahí tenemos el caso de Pompeya, se está cayendo a pedazos. Uno de los mayores legados arqueológicos  de Italia y ni gobierno ni UNESCO pueden detener su deterioro. ¿Qué pasaría si lo cerraran? ¡Se revelan los comerciantes…! Pero estoy convencido de que todos los comerciantes que viven de los atractivos culturales, deberían de pagar un impuesto para su conservación y mantenimiento, al menos. Lo otro es normar el turismo cultural y difundir el código ético que existe al respecto. Para colmo, el INAH ha asumido sin que la ley lo obligue, la operación de las zonas arqueológicas con fines turísticos, e invertir en su infraestructura. Un rubro que debería estar a cargo de la SECTUR, cómo la lógica lo indica. Pero la desconfianza natural sobre la calidad moral en el manejo patrimonial, nos hace asumir ese papel. También nos hemos transformado en una agencia de Turismo Cultural. El INAH cuenta con una dirección ocupada de esos menesteres que organiza los paseos culturales. ¿No debería ser eso un negocio de empresas culturales? 

 

Me parece que la situación de caos y debilitamiento en que se encuentra el INAH es porque ha perdido el rumbo. Estamos haciendo cosas que no son nuestra obligación y descuidado otras. El INAH debería normar el turismo dentro de las zonas de monumentos, no promoverlo. Y usar los recursos culturales para fomentar la educación, no el turismo. Y dejar de inventar Pueblos Mágicos que terminan siendo Pueblos Trágicos, como Cd. Mier en Tamaulipas.

 

 

-- Finalmente ¿cuáles considera que son los pendientes más importantes del INAH, y cuáles han sido sus principales aportes?

 

Primero comenzaré por lo que el INAH ha aportado a la sociedad mexicana, que es mucho. A pesar de sus carencias sigue siendo una de las instituciones más nobles e importantes del país. En primer lugar, su conjunto de trabajadores entre investigadores, arquitectos, restauradores, administrativos, técnicos y manuales, constituyen un grupo de expertos en materia de gestión, investigación, conservación y divulgación del patrimonio histórico y cultural. En conjunto acumulan miles de años de conocimiento ancestral y tecnológico sobre historia y ciencia mexicanas. Entre sus filas se encuentran algunas de las mentes más brillantes de nuestra civilización y han pasado algunos de los más destacados intelectuales mexicanos como los recién fallecidos Carlos Monisvaís y José Emilio Pacheco, por increíble que parezca.  Los especialistas del INAH en cada una de sus numerosas especialidades, son el mayor patrimonio que tiene el Instituto y la sociedad nacional.

 

El INAH es una institución única en el mundo, por el alcance de sus actividades y su compleja estructura interna. En ningún otro país la institución responsable del patrimonio arqueológico e histórico ha tenido tanta fuerza como la que en su momento ha tenido nuestro Instituto. De entre sus grandes logros yo destacaría los acervos que ha logrado constituir. Enorme colecciones de objetos arqueológicos y etnográficos que abarcan desde la prehistoria hasta la actualidad, de documentos como códices, mapas, fotografías, películas, fonogramas, informes; de individuos en forma de esqueletos y momias, y de conocimientos vertidos en libros, videos y exposiciones, entre otras formas. Se trata ni más ni menos que de la Memoria Histórica de México. Y tan sólo eso ya es bastante. Pero debemos agregar que las tareas del INAH han hecho posible recuperar antiguas ciudades prehispánicas y coloniales. Mantener en pie pirámides, tumbas, conventos, haciendas, fortalezas y palacios importantes y bellos para el estudio y también para el regocijo de nuestros sentidos.  Los museos nacionales, regionales y de sitio, así como las exposiciones internacionales, que en conjunto con su invaluable y diverso legado cultural e histórico, han permitido situar a México en un prestigiado lugar en el concierto de las naciones, como uno de los 5 lugares del mundo en donde surgió una civilización original  y como uno de los destinos turísticos más deseables. El INAH ha sido el rostro de México en el exterior, antes del CONACULTA. Es mucho lo que podríamos hablar sobre los aportes del INAH en cada uno de sus campos, pero no hay espacio en esta entrevista para ello. Yo recomiendo a quien lo deseé que lea el libro “ El INAH, una historia”, del Dr. Julio César Olivé Negrete, publicado por el propio INAH, para que se entere de lo alcanzado al menos hasta los años 80.

 

Respecto a lo que falta por hacer. También es mucho y esto tiene que ver con el futuro del INAH, con el tipo de institución que debería de ser, con su capacidad de adaptación a las necesidades del tiempo actual. El INAH es una institución que vive sumergida en el pasado pero que debe trabajar para el presente. Y una de esas grandes tareas pendientes, como lo mencioné al principio es la vinculación social.  Es decir que el conocimiento y los monumentos que el INAH administra, deben estar al servicio de la sociedad entera. Que nuestra tarea no es hacer negocio sino dar las facilidades para que el público sacie su sed de búsqueda y conocimiento en sus fuentes. Acervos, museos y archivos deben abrirse al acceso público y gratuito de forma regulada, porque somos una institución pública que recibe sus aportes del erario.  Debemos vincularnos socialmente de otra forma. El INAH reúne especialistas de las más diversas disciplinas. Las investigaciones que se han desarrollado tendrían un alto impacto si fuesen tomadas en cuenta en la solución de problemas sociales. El gobierno federal no toma en cuenta la opinión de sus antropólogos, sociólogos, historiadores y lingüistas en la búsqueda de las causas y posibles soluciones a los problemas que nos aquejan. Traen especialistas extranjeros como asesores. Pero los investigadores del instituto deberían estar asesorando al gobierno y haciendo trabajo en las comunidades indígenas, mestizas y urbanas, en el ámbito de la salud, la seguridad, la educación, el desarrollo;  es decir, de todos los ámbitos de gobierno. Debería ser una institución protagonista de la historia actual. Pero no es así.

 

Una de las carencias mayores que debemos cubrir es la falta de una “política institucional”. Algunos dirán, pero si las leyes son muy claras. Pero esos son sólo lineamientos generales e instrucciones para hacer nuestro trabajo. Las políticas marcan líneas, guías, criterios, maneras de actuación que son constantes a nivel nacional. Le pongo algunos ejemplos.  En la investigación arqueológica, una política debería ser “integrar a las comunidades a los programas de investigación para que sean salvaguardas de su patrimonio”.  Otra, “todas las poligonales de zonas de monumentos deben considerar un perímetro no menor a x metros de los monumentos”. Una más grave, “las intervenciones de restauración no deben rebasar el límite que impone la evidencia material. La reconstrucción debe evitarse” y así. No hay tal, entonces lo que impera es la discrecionalidad. Y eso ha causado gran daño porque tanto autoridades como trabajadores actuamos según nuestro juicio, y no siempre es el mejor. Ello ha ocasionado grandes conflictos, e incluso serias afectaciones al patrimonio cultural.

 

La actualización de la Ley Federal sobre Zonas y Monumentos Arqueológicas, Artísticos e Históricos es inaplazable. Hay quienes opinan que así está bien y sólo hay que aplicarla. Pero al tratar de aplicarla se da uno cuenta que hay vacíos, especificidades que deberían ser cubiertas. Una de ellas, por ejemplo. La categoría de Monumentos Históricos contempla sólo a los inmuebles construidos a partir del asiento de la cultura hispana en territorio nacional, y hasta el último día del siglo XIX. Los Monumentos Artísticos se consideran las obras relevantes del siglo XX y están a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes. Esto ha provocado que se demuelan viviendas y edificios de arquitectura “no relevante” a modo por montones, que fueron construidos en los inicios del siglo XX, y cuyas características continúan las tipologías del siglo anterior. En mi opinión eso no debería suceder y es hora de que la ley amplíe la categoría de Monumentos Históricos para proteger  hasta la primera mitad del siglo XX, al menos. Por otra parte la función de Bellas Artes es otra, y no tiene una infraestructura nacional como el INAH.

 

Otro caso, que ya está siendo atendido por el Congreso de la Unión; el vicio de inconstitucionalidad de la Ley Federal de Monumentos citada, que no contempla la garantía de audiencia. Eso a mi parecer echaría para abajo todas las declaratorias de Monumentos y Zonas de Monumentos, y es la razón por la que no se han seguido haciendo. Entonces simplemente hay que arreglarlo, o para que queremos una ley que nos contraría. Resulta que muchos académicos también reverencian la ley de monumentos como una reliquia, y no se dan cuenta que sólo es una herramienta y como tal debe ser útil y funcional. ¿Para qué quieres una lámpara sin pilas? Y así hay otros casos que se podrían detallar.

 

Otro aspecto es la dicotomía entre las funciones de policía y científico que actualmente realizamos en el INAH. Por un lado hacemos inspecciones, suspendemos obras, encarcelamos infractores; y por otro lado investigamos, escribimos, divulgamos. Un papel difícil de ejecutar simultáneamente. A mi parecer debe crearse una división exclusiva de protección técnica y legal del patrimonio arqueológico e histórico y otra de investigación interdisciplinaria, con el establecimiento de Centros de Investigación Regionales con laboratorios, bibliotecas especializadas, etc., que permitan hacer investigación de alto nivel con publicaciones indexadas. Y junto a ello lograr las mejoras laborales y salariales que todos sus trabajadores demandan desde hace décadas, como la homologación con el IPN, aún pendiente.

 

El adelgazamiento del aparato burocrático, volver a nuestros objetivos centrales al contacto con la gente, a la sencillez necesaria se vuelve imprescindible.

 

Tanto el INAH como sus escuelas deben liberarse del esquema administrativo federal que los está destruyendo. Dado que el instituto emite autorizaciones que afectan intereses del gobierno en sus tres niveles, es necesario que éste se convierta en un organismo autónomo como el IFE o la CNDH. De esta manera se evitaría que dichos intereses se impongan sobre sus decisiones.

 

Dado que el Instituto Nacional Indigenista (INI) desapareció y la Comisión para Asuntos Indígenas de la presidencia ha resultado ineficaz, es deseable que el INAH, entidad hermana del INI, asuma esa responsabilidad, porque tiene el personal calificado y la experiencia. Es increíble que se sigan valorando más las expresiones materiales de los pueblos ancestrales, que al indígena vivo. Es un deber, un gran pendiente de México y del INAH.

 

Uno de los cambios urgentes que debe asumir la actual dirección del INAH es la de remover a todos los directores de los centros de trabajo que no reúnan el perfil académico y de experiencia que se requieren para manejar la cultura y el patrimonio cultural. Así como aquellos académicos que aun reuniéndolos requisitos son fuente de conflicto o desprestigio para el instituto.

 

En el ámbito específico de la arqueología se requiere reformar el Consejo de Arqueología para que este esté conformado – como antes- en forma mixta por autoridades y por especialistas de las diferentes regiones del país. Y para que además asuma funciones en la resolución de diferendos sobre asuntos relacionados con arqueología.  Y que los consejeros actúen de tiempo completo para que las autorizaciones se otorguen a tiempo.  También es necesario estandarizar formatos y procedimientos, aligerar  los trámites y agilizar la entrega de los presupuestos para proyectos. Un aspecto olvidado, es que la ley no obliga al INAH a curar los acervos que recupera. Es decir, a ordenarlos, inventariarlos, almacenarlos y en forma adecuada, ponerlos a disposición de otros investigadores y el público. Pero esa es una tarea de suma importancia. La mayoría de los centros de trabajo en materia de arqueología no tienen almacenes, o no están adecuados para conservar y consultar los acervos. Muchos materiales se deterioran y hasta destruyen en esas condiciones, lo cual es imperdonable.

 

Falta mucho por hacer. Podríamos pasar horas enlistando los faltantes, pero no es la intención. Ojalá que las autoridades competentes sean sensibles a estas necesidades. No obstante, el grado de debilidad e ineficacia al que el INAH ha llegado, que ha sido provocado principalmente por la autoridad, muchas veces nos ha hecho pensar dentro del sindicato si no están buscando justificaciones para terminar con el INAH de una vez. Las reformas constitucionales en los diferentes sectores, especialmente el educativo también nos pegan, y tal vez estén preparando el camino para que el CONACULTA asuma nuestras actividades en el futuro. Espero que no sea así, que todavía nos toque celebrar los 100 años del INAH; pero nada es seguro. La moneda está en el aíre.

 

Gustavo A. Ramírez Castilla

Profesor Investigador Titular C

Centro INAH Tamaulipas.

Director de la Red Mexicana de Arqueología.

www.remarq.ning.com

ramx36@gmail.com

 

 

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Comentario

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Comentario de Victor Manuel Ortiz el abril 3, 2015 a las 3:58pm

Saludos Gustavo, hay varias cosas en las que coincidimos y otros puntos que habría que discutir más a fondo. Tienes unos párrafos que son un verdadero retrato del INAH de los últimos años, desde la época de ex presidente Zedillo, quien tuvo a bien recortar presupuestos a destajo, agudizando muchos de los problemas que venimos arrastrando. El presupuesto se va en el "INAH paralelo", todos esos elementos sobre los que recaerán las tareas del INAH una vez que desaparezcan los sindicates por vejez, retiro y fallecimiento. 

Comentario de Fernando Cruz el junio 12, 2014 a las 8:35pm

Muy clara la situación del INHA y lo que es necesario hacer para que sean una gran institución que sirva para continuar exaltando las maravillas de nuestro pasado, dando oportunidad a muchas personas que tienen estudios y capacidad para hacer buen trabajo en los descubrimientos, estudios, y conservación del patrimonio nacional. México lo merece.

Comentario de Paulo Nicolás Martínez Herrera el junio 11, 2014 a las 10:44am

Magistral... desde varios puntos de la república estamos al pie y a la orden para dar ese giro al INAH. Efectivamente tiene nuestra institución deficiencias y fortalezas. La comunicación con la gente está perdida totalmente, estamos para servir y muchas veces nos comportamos como sabelotodo y la gente se cohíbe ante nuestra presencia. Los ojos del crimen organizado y desorganizado también están en todo y el INAH no es la excepción, la comercialización de piezas es un tema muy discutible... en fin muchos buenos momentos del INAH pero otros muchos más, negativos por la política involucrada... 

Comentario de kevin atkins el junio 11, 2014 a las 4:29am

interesting interview  Gustavo ;]   contact me when you can ;] 

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