Arte rupestre

 

       El Arte Rupestre  ha  sido una forma de expresión del hombre desde tiempos inmemoriales, que se pierde en los albores de los grupos  más tempranos del Periodo Paleolítico Superior de Europa (aproximadamente: 40,000 años a. C.). Esta temporalidad se podría decir que rivaliza, relativamente, con algunas manifestaciones pictográficas de Suramérica. Lamentablemente en Guatemala aún no se tienen fechamientos absolutos, que en determinado momento podrían dar inesperadas sorpresas.

El arte rupestre no se  considera que se halla realizado inicialmente con el concepto de arte que se tiene hoy día, es decir, el arte para el deleite del diletante, si no como un medio imperativo e inherente del ser humano de comunicarse  con el ser rector de su cosmogonía, así como de plasmar mensajes a lo largo de su existencia, como de comunicarse entre sí.

Esta práctica es parte de la expresión espiritual de las culturas tempranas, que representaron y hoy día continúan representando sus conceptos mágico-religiosos y actos cotidianos en su indumentaria. De igual manera pintaron eventos  que en determinado momento tuvieron una connotación especial en su vida diaria,  por lo que fueron conmemorados y  trasmitidos a otras generaciones y a otros grupos coexistentes.

Es preciso mencionar que dentro de algunos grupos sociales de Guatemala, aún existen sitios prehispánicos aislados con representaciones rupestres considerados hoy día como lugares sagrados de peregrinaje en donde se realizan actos ceremoniales.

Es de hacer notar que las cuevas y abrigos rocosos  han sido  ambientes propicios para la elaboración de pictogramas. Los mismos coadyuvaron para que las pinturas hayan perdurado hasta nuestros días. Para el hombre prehistórico, estos fueron espacios favorables para guarnecerse de los elementos naturales, ubicados próximos al  elemento agua que, como propiciador de  vida, se constituye en una constante dual de los grafismos encontrados siempre próximos a manantial, río, o lago, lo que hace pensar en el elemento agua como un componente de las representaciones gráficas, sean éstas líticas o pictográficas. 

El término Arte Universal, fue acuñado  considerando que los grafismos más tempranos realizados tanto en África como en Europa y América, comparten cierta analogía, lo que se hace muy claro cuando se entiende que la pintura rupestre fue propiciada como resultado del uso de entéogenos, denominado Fenómeno Entópico, fenómeno que se ampliara más adelante.

 

FENOMENO ENTÓPICO

Investigadores sudafricanos del arte rupestre como D. Lewis-Williams y J. C. Dowson (1988), entre otros, han presentado un modelo para comprender el arte rupestre, el cual conlleva el uso de elementos psicoactivos.  Este modelo se ha denominado Fenómeno Entópico,  al que se accede por ingestión de entéogenos, los cuales inducen a estados alterados de conciencia para una actividad ritual determinada, generalmente dirigida por el shamán del grupo quien oficia las ceremonias mágico-religiosas, alcanzando de esta manera un estado  de éxtasis de multicolores visones experimentadas durante el estado alterado de su mente, originando múltiples figuras geométricas, que surgen del inconsciente ancestral,  representaciones gráficas que posteriormente plasmará en la roca mesonera. El modelo del fenómeno entópico o estados alterados de conciencia  es una  práctica propia del shamán o hierofante, quien  en estado de éxtasis se siente en contacto íntimo con el universo, percibiendo  una visión de intensos y vibrantes colores musicales, visualizando una gama de figuras abstractas, musas de sus “ensueños”, creadores e inspiración de su cosmogonía, siendo este el credo de su concepción universal.

 En tiempos pretéritos, fue en la persona del shamán sobre quien recaía la obligación de  procurar el bienestar general del grupo, así como el conocimiento de plantas con contenido de substancias psicoactivas y medicinales, conocimiento que le otorga un estatus social superior y por ende,  poder de liderazgo, que le asegura la cobertura de sus necesidades materiales. Su actividad contribuye a una situación que lo conduce a darle integridad e identidad a su grupo, siendo estas particularidades las que propician a largo o mediano plazo a una jerarquización incipiente del grupo.

Es el shamán quien posee la  memoria ancestral y quien cuenta con el poder de interpretación del estado extático alcanzado durante su “ensueño”, de la cual derivará en el bienestar del grupo que dirige y del cual es responsable, dado que de la interpretación de su “ensueño” se establecerá  un mejor orden de bienestar espiritual,  social y material de su comunidad.

Dentro algunos medios que propician los estados alterados de conciencia (independientemente de la ingesta de psicoactivos) se pueden mencionar el ayuno, insomnio, auto martirio por flagelación, sangrías, agotamiento total por medio de danzas incesantes, cantos monótonos, entre muchas otras formas que propician los estados extáticos.

Con el propósito de ejemplarizar lo que pueden hacer las danzas extenuantes,  es conveniente citar la tradición  de los pobladores autóctonos australianos, de quienes no se conoce la utilización de ninguna sustancia psicoactiva que los conduzca a un estado delirante. Este estado es alcanzado por cánticos repetitivos, prolongadas y monótonas danzas  que conllevan el fuerte golpeteo de las plantas de los pies sobre el suelo, al grado que adoptan posiciones y contorciones corporales extrañas, propias de su  “ensueño”.         A la fecha estos pueblos han conservado la tradición de expresar su cosmogonía por medio de pinturas rupestres, las  que año con año son vueltas a pintar. Estos grafismos son los que expresan el concepto del  origen de su existencia.  A la vez, hoy día con fines comerciales, utilizan lienzos y pinturas acrílicas, en las cuales representan los motivos tradicionales propios de su cultura (W.  Caruana 1989).

De Guatemala se tiene constancia que el consumo de elementos alucinógenos fue  practicado durante el período colonial, al grado que los mismos fueron  prohibidos por el “Santo Oficio”, según narra Chinchilla Aguilar en su obra La Inquisición en Guatemala (1953: Pág. 233) la cual relata: “.....Fueron  sobre todo muy rigurosas las medidas tomadas en 1621.   La Inquisición en este año por intermedio del deán  y comisario de Guatemala Felipe Ruiz del Corral mandó poner en  ejecución el edicto sobre la prohibición de la  importación del peyote...”

Dentro del aspecto mágico religioso de los indios Huicholes (México), quienes actualmente consumen peyote existe la trilogía del venado-peyote-maíz. En Guatemala se conserva la muy difundida  tradición de tejer venados en sus huipiles.

Dentro del corpus arqueológico de las tierras altas de Guatemala se tiene la recurrente evidencia de la representación lítica de hongos supuestamente alucinógenos, dado el caso que en la actualidad su existencia es abundante.   

 

Durante la experiencia de campo se ha llegado a considerar que para la ejecución de algunas pinturas se hacía necesaria una compleja organización de más de una persona, dado el caso  que muchas de las obras se han encontrado en lugares de difícil acceso, por lo que se infiere que fue necesaria la intervención de más de una persona, así como la escogencia  del soporte mesonero fue muy bien seleccionado, el cual debió cumplido con ciertas exigencias requeridas para el desarrollo del orden ceremonial. De igual manera debió de haber existido una planificación meticulosa en cuanto a la provisión de combustible, como fuente de iluminación, cuando estas se elaboraron en cuevas, así como de cierto instrumental como tinturas, pinceles, andamiaje, sogas, etc.  Lo que se considera necesario para alcanzar elevadas alturas en las cuales se plasmaron muchos  sus grafismos. Se especula que algunas  han de haberse sido ceremonias públicas, en cuanto que otras se han de haber realizado dentro de la mayor privacidad posible.

 De lo anteriormente planteado surgen varios cuestionamientos, entre ellos ¿qué inducía al shamán a la elección del lugar específico donde se realizaría el ritual que conllevaría a la elaboración del grafismo?, ¿cuántas personas participaban en el desarrollo ceremonial?, ¿era este, público o elitista?, o bien   ¿la participación era reservada solamente para ciertos individuos en proceso de iniciación? Al respecto, no debemos de dejarnos engañar al observar un grafismo al aire libre y por ello asumir que fue realizado para observancia de toda la comunidad y durante cualquier época del año: existen pinturas que solamente son observables durante cierta época y horas del año, tal es el caso del sitio La Casa de las Golondrinas, Sacatepéquez. En esta estación en el cual Robinson (2004) reporta haber contabilizado más de 200  pinturas;  no todas  pueden ser observadas en  cualquier época del año, por lo que se podría considerar que con el “aparecimiento” de algunas de ellas durante cierta época del año, se podría estar conmemorando algún evento específico, “aparecimiento” que el shamán aprovecharía para hacer gala de su conocimientos o interrelación con seres superiores con quienes mantenía estrecha relación.

Entre las manifestaciones de grafismos líticos o pictográficos existe cierta diversidad de trazos, que tanto por su difusión   así como por encontrarse representados en áreas que fueron ocupadas por  las culturas tempranas en el viejo,  así como en el  nuevo mundo,  han sido  denominadas como Arte Universal, siendo estos grafismos los que se enmarcan dentro del Fenómeno Entópico, los cuales comprenden improntas de manos, sean estas positivas o negativas, círculos concéntricos, retículas, meandros, líneas zigzagueantes, líneas ondulantes, trazos curvilíneos, formas naviculares, zoomorfas, antropomorfas, fitomorfas, representaciones de cacería, espirales que representan el vórtice propio del momento de un estado alterado in extremis,  puntos o huellas dactilares conformando cierto ordenamiento, que algunos investigadores han considerado que responden a un ordenamiento numérico o calendárico, siendo estas manifestaciones descritas con anterioridad, como representaciones del Arte Universal.

Es de hacer notar que algunos de las representaciones gráficas rupestres, se observar representados hoy día en muchos de los textiles autóctonos de Guatemala, especialmente en los trajes regionales existentes en el área del altiplano occidental, así como en los trajes que ostentan los gobernantes mayas en sus representación pétreas (estelas), siendo estos monumentos, los que presentan íconos iguales a los representados en los textiles. Es muy importante el mencionar en este momento el singular descubrimiento realizado por E. Robinson (2001 p. 9) en el sitio  La Casa de las Golondrinas. El hallazgo se efectuó directamente debajo de un pictograma, que por su contexto se infiere que se trató de una ofrenda ritual, el Pictograma es representativo de la elite mexicana del Periodo Postclásico, identificado como el glifo “Pedernal y Serpiente de Fuego, asociados a los números 8 y 12 respectivamente. En el calendario Azteca, Pedernal es un portador de año y ocho Pedernal puede identificarse con los años 1448 ó 1500” Stone (1999). En la excavación se detectaron tres capas de hojas vegetales cubiertas de material calizo, que de igual forma fue esparcido sobre una vasija grande correspondiente al tipo Balanyá Ante, el cual Robinson indica que corresponde al Periodo de transición del Posclásico Terminal al periodo Pos conquista. Del cual Robinson refiere: “Los implementos para tejer están asociados con mujeres que trabajan en la elaboración de textiles, tal vez este depósito fue hecho por el deceso de una mujer cuyos restos fueron colocados en otro lugar del sitio o pudo ser una ofrenda a una deidad asociada con el tejido. Una probable referencia de esta ofrenda puede ser la anciana Diosa Lunar, la que aparece en el códice  Madrid, que era responsable de los tejidos, nacimientos, y algunas veces era asociada al color blanco del algodón o la luna (Milbrath 1999)”

Robinson está en lo correcto, pues hasta la actualidad la elaboración de los textiles es una labor exclusiva de las mujeres indígenas contemporáneas. Fue de esta manera como se confirma el vínculo irrebatible de la  relación entre las representaciones de arte rupestre y textiles tal cual lo postulara Ericastilla (2003)

Una evidencia que viene a corroborar la relación de los femorales de pavo, que como una muestra más de la ancestralidad de la asociación ritual de íconos rupestres y textiles contemporáneos, se aprecia en los güipiles que utiliza la mujer para la ceremonia matrimonial contemporánea en el  Municipio de Cobán, Alta Verapaz, en los que se observa  la representación de pavos, los cuales representan fertilidad y abundancia alimenticia, que de esta última debemos de agregar, que para la festividad de cada matrimonio en este departamento se suele ofrecer indefectiblemente un plato elaborado a base de pavo denominado Kac ik. No está demás agregar, que dentro del panteón Maya la Diosa Lunar se está relacionada con el color blanco del algodón, la medicina y los textiles

 Las representaciones de arte rupestre en su gran mayoría puede decirse que se encuentran compuestas por representaciones de seres antropomorfos, zoomorfos, fitomorfos trazos geométricos etcétera. La variedad de representaciones pueden variar, dado el caso que no todas las pinturas de un sitio fueron realizadas en el mismo momento, es decir que no todas obedecen a la misma causa.  En muy contadas ocasiones las escenas se concretan a un solo tema.

 

“Pero por que sus figuras  y caracteres no eran tan suficientes como  nuestra  escritura y letras, por eso no podían concordar tan puntualmente en las palabras, sino solamente en lo sustancial de los conceptos.”

                                                                  Joseph de Acosta. Cronista  siglo XV

 

Fechamiento.

 

 Dentro de los  fechamiento de representaciones de arte rupestre en Guatemala que se ha considerado como el más temprano, se obtuvo por iniciativa del Grupo Guatemalteco de Investigación de Arte Rupestre de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y la intervención del Dr. Marvin Lowe, del laboratorio de química de la Universidad Texas A&M.

Para lo cual se  tomaron  tres muestras de los sitios: El Peñascos Los Migueles, Chiquimula. El Peñasco de Alonzo,  Chiquimula y de  El Diablo Rojo en Guatemala, de, los cuales hasta el momento solamente se ha obtenido los resultados del pictograma El Diablo Rojo, del cual se obtuvo el fechamiento 3030 + - 45 años a.C. Del cual se hablara en un futuro próximo así como de otras pinturas que por sus características parecen tener una antigüedad considerable

 

CONCLUCIONES.

        Los resultados obtenidos atreves de muchos años de investigación, conducen a afirmar que los sitios con representaciones de arte rupestre fueron lugares rituales, los cuales mediante el paso del tiempo cobraron la connotación de sitios sagrados y posteriormente se convirtieron en lugares sagrados de peregrinaje.  Esto se basa en lo observado durante muchos años de laboriosa investigación y la observancia de la evidencia de ofrendas y elementos utilizados, propios de las ceremonias de los indígenas locales; elementos que se han encontrado en algunos de los sitios con representaciones de pinturas rupestres, que hoy día constituyen sitios de culto vivo.

        De igual manera se puede apreciar su relación y continuidad en representación de muchos de los motivos observados en las pinturas rupestres que son representados en  los textiles autóctonos de uso cotidiano, aun cuando el conocimiento del significado de éstos prístinos motivos se hay perdido para la gran mayoría de los usuarios,.

La relación de pictogramas y textiles y ofrenda recuperada por Eugenia Robinson  (2001 p. 9), referido con anterioridad, en el que palpablemente se pudo constatar la existencia de textiles asociados a una pintura rupestre en La casa de las Golondrinas es irrefutable.

Así también se puede decir que muchos de los motivos responden al culto a la fertilidad, cuando observamos la representación de vulvas y escenas donde el sexo y la fertilidad están explícitamente representados en los sitios La Cueva del Venado, El Encanto, Naj Tunich, El Peñasco Alonzo, Los Fierros, etc. Los grafismos acompañados por el elemento agua, dador de la vida, el cual se puede apreciar en constante asociación a cualquier sitio sagrado, sea este petrograbado o pictograma. De igual manera el altar de Las Conchitas (Ericastilla Godoy et. al. 1999)  personificado con la figura de un danzante sembrador, indica la reproducción de fuentes propiciatorias de la  continuidad de la vida de los pobladores autóctonos de aquellos tiempos, de hoy día y de mañana.

        Para concluir, después de muchos años de arduo trabajo en solitario, se considera que se ha logrado cierto avance en la temática que aquí nos ocupa, que se ha superado ese estado descriptivo en que han permanecido las investigaciones de arte rupestre en Guatemala, es bastante pero no suficiente, fue difícil pero satisfactorio.

 

 

 

 

 

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