Cámara de detección térmica en un avión, localiza pozos ceremoniales y otros detalles en una antigua población en Nuevo México.

Arqueólogos de NM ubican centros ceremoniales con ayuda de drones

Jueves 24, Abril, 2014. Albuquerque, N. M.— Un grupo de arqueólogos instaló una cámara de detección térmica en un avión teledirigido para localizar pozos ceremoniales y otros detalles en el lugar de una antigua población en Nuevo México, revela una investigación cuyos resultados se acaban de publicar.

El descubrimiento de las estructuras ocultas debajo de capas de sedimento y arbustos es caracterizado como un paso importante que podría ayudar a los arqueólogos a arrojar luz sobre misterios ocultos en los desiertos estadounidenses. Los resultados de la investigación fueron publicados este mes en la Revista de Ciencia Arqueológica.

Desde los años 70, los arqueólogos sabían que las imágenes aéreas de la longitud de onda infrarroja térmica de la luz podía ser un arma poderosa para detectar vestigios culturales en tierra. Pero pocos tenían acceso a satélites de costo millonario, y por otra parte, los helicópteros y los aviones tienen sus limitaciones.

Ahora la tecnología llega al rescate de la disciplina.

Los arqueólogos pueden conseguir imágenes de calidad de alturas y ángulos muy específicos a cualquier hora del día y en una variedad de climas por medio de aviones teledirigidos baratos y cámaras comerciales disponibles que tienen hasta cinco veces la resolución de hace unos pocos años. Un avión robot básico de ocho rotores se puede adquirir desde unos 3 mil 700 dólares.

Jesse Casana, un arqueólogo en la Universidad de Arkansas, se asoció a mediados del año pasado con el profesor John Kantner, de la Universidad de Florida del Norte, para poner a prueba los aviones teledirigidos en un área del noroeste del estado de Nuevo México, al sur del Cañón Chaco, que fue centro cultural y religioso de la antigua sociedad Pueblo.


Kantner había estudiado un pueblo en el área conocido como Blue J. Halló dos viviendas en un extremo del pueblo mediante excavaciones de prueba, pero gran parte de los secretos de Blue J seguían enterrados debajo de arenisca pulverizada y limo esparcido por el viento.

Blue J estuvo más activo hace cerca de mil años, aproximadamente en la misma época que Chaco. De modo que hallar estructuras como kivas y grandes viviendas en el lugar contribuirían a confirmar la teoría de que la influencia de Chaco se extendió mucho. Las kivas son cámaras circulares subterráneas asociadas a actividades ceremoniales.

El robot captó formas circulares artificiales que se supone kivas. Desde la superficie, las estructuras son invisibles, dijo Kantner.

Agregó que los expertos pueden usar la información para planear una excavación en los lugares precisos.

‘En unas pocas horas pudimos examinar esta área que me tomó mucho tiempo, años de lo que llamamos reconocimiento del terreno y excavación, para ver lo que había debajo de la superficie’, afirmó.

Se habla además de usar los aviones teledirigidos en otros ambientes secos como Arabia Saudí y Chipre, donde las oscilaciones de temperatura entre el día y la noche son suficientemente amplias como para permitir identificar estructuras subterráneas mediante imágenes térmicas.

Algunos investigadores también han sugerido utilizar la tecnología para buscar un fuerte español perdido en Georgia y en las riveras del Río St. Johns en Florida, de acuerdo con Kantner.

Sarah Parcak, arqueóloga de la Universidad de Alabama en Birmingham que no participó en la investigación de Nuevo México, comentó estar emocionada por el potencial que tiene la tecnología para su trabajo en Egipto. Indicó que los aviones no tripulados equipados con sensores pueden aprovechar lo más importante para la arqueología: el panorama y piezas enterradas bajo el suelo.

‘Creemos conocer un lugar, y hemos pasado bastante tiempo en él, pero las nuevas tecnologías nos muestran cosas que no esperábamos’, dijo Parcak. ‘Lo mejor sobre los sensores a distancia es que realmente te dan otro par de ojos en el cielo para ver lo que de lo contrario sería invisible’.

Pero los aviones no tripulados tienen sus límites. Por ejemplo, los vuelos suelen durar menos de 15 minutos dependiendo del poder de la batería y del peso de la cámara, y se ha informado que los minihelicópteros de ocho rotores suelen detenerse e impactarse contra el suelo.

También han surgido preguntas sobre si los reguladores federales impondrán nuevas reglas sobre los vuelos de aviones no tripulados.

Kantner informó que mientras los aviones no tripulados se vuelven más fiables, su capacidad de observar áreas más grandes cada vez será más importante. También señaló las posibles amenazas por el desarrollo del petróleo y el gas, además de la explotación de minas de carbón y uranio de la región de Chaco.

‘Hay recursos que obviamente necesitamos para la autosuficiencia de nuestro país, pero por otro lado, no queremos entregar nuestro patrimonio al perder estos lugares arqueológicos”, dijo.

Fuente: El Diario de El Paso

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