El nahual [ Ponencia presentada en el Primero Congreso Nacional de Estudiantes de Arqueología en la UADY]





El Nahual

Mariela Viridiana Madrid González

Facultad de Antropología

Universidad Veracruzana




Es importante recordar que todos


tenemos dentro de nosotros la magia.



Joanne Kathleen Rowling




La cosmovisión es un complejo conjunto de sistemas que están íntimamente articulados entre si, que van conformado diferentes procesos ideológicos de representación, acción, y creencias de una cultura. La fuente principal que nutre a la cosmovisión es el acto de transmisión y repetición constante de elementos culturales intangibles, tanto cotidianos como de carácter cívico, religioso, políticos, entre muchos otros que van formando así arquetipos, pautas de conducta, normas morales, explicaciones acerca del mundo, etcétera.



La transmisión de estos elementos se va dando mediante contenidos, núcleos duros en palabras de López Austin,
fenómenos de larga duración en palabras de Braudel, que se van pasando de
generación en generación y adaptándose a los diferentes momentos históricos
para poder sobrevivir en el tiempo. De ésta manera, vemos elementos muy
antiguos que van sobreviviendo a través de la oralidad, a través de la creencia
y validación grupal.



Ejemplo de esta trascendencia son algunas creencias religiosas surgidas en época prehispánica, de entre ellas el
que me interesa exponer en este momento es el Nahualismo, mismo que al igual
que muchas otras, con el paso de los años ha sobrevivido por medio de la
tradición, transformándose, adaptándose para así lograr un continum en el tiempo y seguir latente en algunas regiones de
nuestro país.



En términos generales, existen dos posturas con respecto a estos personajes que llaman la atención: la primera,
que postula al nahual como aquella figura encargada del “trabajo sucio” dentro
de los pueblos, brujos que practican la magia negra; y la segunda, que incluye
la transformación de humanos en
animales, perros, guajolotes, tecolotes, gatos, zorras, cochinos, cuervos,
jaguares, entre otros.



El nahual es, en palabras de Yolotl González:



“[…] una especie de alter ego de la persona o de una deidad; generalmente, el nahual era un animal en el que se podía convertir un individuo
de personalidad fuerte; los brujos y los reyes tenían su nahual. La creencia de
este ser se extendió por toda Mesoamérica. En la actualidad, en la mayoría de
los pueblos indígenas se cree que los brujos son los que tienen la capacidad de
convertirse en animales, casi siempre con el fin de hacer daño. En algunos
casos se confunde con el Tonal.”[1]



Cecilio Robelo hace referencia al nahual de la siguiente manera:



“Nagual es la pronunciación arcaica y popular del término nahualli o nahual, perteneciente a la lengua
náhuatl, cuyo significado es: Brujo,
hechicero encantador. En el concepto de los indios y de la gente de los campos,
el nahualli (de que se ha formado el aztequismo nagual) es un indio viejo de
ojos encendidos, que sabe transformarse en perro lanudo, negro y feo para correr
en los campos haciendo daños y maleficios. [2]



Fray Bernardino de Sahagún comenta en su obra Historia
general de las cosas de la Nueva España

que:



“el nahualli propiamente se llama brujo, que de noche espanta a los hombres y chupa a los niños”, y que forma parte de
los “hombres malos” [3]



Así mismo, en el Códice Florentino enumera las características del nahualli:



“El nahualli es sabio, consejero, depositario [de conocimientos], sobrehumano, respetado, reverenciado, no puede
ser burlado, no se le puede hacer daño, no hay levantamiento frente a él.


El buen nahualli es depositario de algo, hay algo en su intimidad.


Es conservador de las cosas, observador.


Observa, conserva, auxilia.


A nadie perjudica.


El nahualli malvado es poseedor de hechizos, embrujador de la gente.


Hace hechizos, hace girar el corazón de la gente, hace dar vueltas el rostro de la gente, invoca cosas [maléficas] en
contra de la gente, obra contra la gente como tlacatecólotl, se burla de
la gente, turba a la gente.”[4]



Como podemos observar, el nahual es un ser ambivalente, que tiene características negativas y positivas.



En la cosmovisión mesoamericana las deidades prehispánicas tenían la capacidad de transformarse en animales que
simbolizaban los elementos que regían. Tezcatlipoca en jaguar, como símbolo de
la poder, magia, oscuridad; Xolotl en perro, como guía del sol en el
inframundo, Itzpapalotl en mariposa negra. Podemos llegar a pensar que ésta capacidad
de transformación que se da en los dioses, se extiende como símbolo de poder a
ciertos hombres considerados como poderosos o peligrosos debido a los
conocimientos que pueden llegar a tener ya que López Austin define al nahual
cómo: “ un ser con propiedades sobrenaturales.”[5]



Jorge César Vélez Cervantes en su trabajo titulado “El nahualismo y
los tapahtiani / nahualmej de
Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla”,
hace
un estudio detallado, acerca de la creencia y práctica del nahualismo en dicha
zona, y hace notar que la misma se mantiene en “secreto” aunque pese a
esto, tiene una alta práctica entre los
mestizos de la zona.



“Los habitantes de la zona de Cuetzalan definen al nagual como
“brujo”, aquella persona que tiene la capacidad de transformarse en animal o en
otras formas o entidades o seres; incluso pueden manipular las ánimas de los
difuntos que andan “penando” con la finalidad de crear daño a la gente…”[6]



Podemos ver que describe al nahual una vez más en forma negativa, hombres que toman formas de animales para atacar
a otros hombres u otros animales, al parecer sin razón alguna, aquella persona que puede ayudar a realizar
trabajos de magia negra, “trabajitos”, para afectar a aquel que complica la
existencia dentro del pueblo.



Los relatos hablan de apariciones de animales que chupan la sangre, roban
fornican, asustan y otras situaciones más que el nahual hace por
“diversión” o con la finalidad de provocar un susto (nemoujtil) o la
intromisión de un mal aire (amo cualli ehecatl) a los maseualmej.
Sus apariciones y los sonidos que emiten son considerados señales de
advertencia o amenazas ante una situación determinada.”[7]



Según el mismo autor, los pobladores de dicha zona; el mal actuar de dichos “brujos” está estrechamente ligado con
el denominado “ihiyotl”.



“El ihiyotl, se concebía como un gas luminoso que tenía propiedades de influir sobre otros seres, en particular de
atraerlos hacia la persona, animal u objeto del que emanaba [...] su naturaleza
de fuente de energía, que en proporciones adecuadas era capaz de ser
aprovechada en beneficio propio o ajeno, mientras que las liberaciones sin
control o mal intencionadas causaban daños”[8].



Para Velez Cervantes, ese carácter dual del ihiyotl se ha fragmentado entre los habitantes de Cuetzalan, y las
emanaciones del ihiyotl sólo son utilizadas por los “nahuales”para causar daño, además de las emanaciones
correspondientes a otros objetos:



“Aunque muchos maseualmej, desconocen que tienen esa capacidad en su ihiyotl
y lo irradian sin control a través de la envidia y la “muina”. A
quien le afecta esta emanación se le dice que “tiene aire” o “está aojado”; es
decir, que tiene el mal de ojo.”[9]



Hasta aquí podemos llegar a pensar que todos poseemos un “alter-ego”
animal, denominado nagual y que las características del mismo dependen del tipo
de “aliento” que se posea, es decir, mientras más fuerte sea el aliento, más nocivo es.



En el texto de “El coyote en la tradición
oral”
de Nieves Rodríguez Valle encontramos los siguiente:


“La visión sagrada del nagual bajo la forma del coyote y la naturaleza como morada de los dioses de esta creencias
prehispánicas cobrarán un giro con la evangelización, ya que “el nagual sólo se
podía entender como una transformación mágica cuyos poderes eran legados por el
diablo y cuyo uso era perpetrado contra el cristianismo”.[10]





De aquí podemos encontrar una posible explicación a la visión maléfica a dicha
figura, ya que al llegar el proceso de evangelización a la Nueva España, los
colonizadores toman como negativos todos aquellos aspectos que no fueran acorde
a los preceptos de la religión católica, aspecto que me sirve como base para
hablar sobre la otra cara de la moneda del nahual, donde es visto como figura
positiva.



Félix Báez-Jorge en su libro “Entre los naguales y los santos” hace un análisis sobre la relación entre
ambos aspectos, en el inicio del capitulo IV nombrado como el mismo libro,
maneja una narración sucedida en el Estado de Chiapas donde, después de la
erupción del volcán Chichonal, uno de sus informantes llamado Juan Pérez
argumenta que la zona de Ocotepec, lugar de donde dicho informante era
originario no sufrió tantos daños porque San Marcos, el Santo Patrono del
pueblo, lo había protegido.



“Abundando en esta idea, el respetado “ensalmador” y músico Octopecano precisó que, después de la erupción se
veían en el área las huellas de tigre
del santo patrono. Desde luego Juan Pérez -devoto servidor de los santos-
aludió a la figura animal que acompaña a la imagen del apóstol y evangelista,
San Marcos […] En relación con lo antes dicho, es pertinente mencionar que el
“tigre de San Marcos” es imaginado como un “encanto” ser sobrenatural que aparece por las noches”[11]




Dentro de la cosmovisión Zoque, los “encantos” son la forma de designar a los nahuales. Éste ejemplo me incitó a buscar imágenes de
santos católicos, puesto que nunca me había percatado que dichos personajes
siempre estaban acompañado de un animal, encontrando así diversos ejemplos,
como lo son San Patricio cuyo animal es la serpiente, San Juan Bautista cuyo animal es un becerro,
San Juan que es acompañado por un águila o San Jorge acompañado de un dragón.



“La emblemática animal no es solo característica de iconos mesoamericanos, está
asociada a casi todas la culturas del mundo, dependiendo del entorno se da la
apropiación simbólica de los animales, cocodrilos, chacales, grullas, papiones,
perros, jaguares, gatos, tigres, leones, águilas, jabalíes, ratas, puercos,
gallos, y la tradición católica no es la excepción, es por ello que en muchos
casos se logra dar la yuxtaposición entre santos y dioses prehispánicos en dos niveles: 1. a
partir de la apariencia y 2. A partir del concepto. Ni todos son santos, ni
todos son naguales, es más son pocos los dioses mesoamericanos que realmente
tienen un nahual propio.”[12]



Fray Francisco de Ximénez, en su Descripción histórica de San Vicente de Chiapas y Guatemala, refiere a la especial veneración que los indígenas
rendían a las imágenes de los santos asociadas con animales. Indicando que:



[…] son los indios por la mayor parte sobre maliciosos, muy faltos de entendimiento, muy inclinados hacia la
idolatría y a la superstición, muy adversos a todo lo que es sagradamente serio
[…]; a lo que solamente concurren gustosos con sus personas y caudales, es a lo
ceremonioso […], a lo que trae consigo muchas trompetas y ruidos, cascabeles y
danzas, y a celebrara a los santos que
están a caballo como Santiago y San Martín, los que tienen animales como lo son
los evangelistas y San Eustaquio y otros santos. Así pues, siendo gente de esta
talla, juzgarán algunos, como yo, que fue el demonio [quién movió] a estos
pobres, por medio de indios e indias maliciosas [a ver] varios falsos milagros
[…][13]



Siendo consecuencia de la yuxtaposición mencionada anteriormente y los valores simbólicos de los cuales
fueron dotados. Dicho capitulo se encuentra repleto de distintos ejemplos que
relatan la misma dinámica de los indígenas ya sea contemporáneos o no, adorando
a los animales que acompañan a los santos.
Según Baéz, el santo se “nahualiza” en el animal que lo acompaña en las
imágenes.



El conocimiento y capacidad de “transformación” que tiene el nagual, es principalmente una consecuencia de la
capacidad de conexión mental y espiritual del individuo en relación de su
entorno, presente pasado y futuro.



Continúa la idea prehispánica del Dios tomando la forma del animal que representaba para el bien de la población
muy a pesar de la idea católica, la
tradición e ideología prehispánica se
resisten a perderse al paso de los años, transformándose, para lograr una continuidad
y permanencia a lo largo del tiempo a través
de las fiestas patronales entre
otras manifestaciones en las cuales los habitantes de algunos pueblos, festejan
al santo patrono, usando máscaras, realizando danzas.



B. Saler encontró que unas de las cinco categorías que se dan al término nagual refiere al santo epónimo de cada
comunidad:



“Se distingue cinco categorías en las que se agrupan los diferentes significados
del término nagual: a) animal compañero b) signo zodiacal c) día del calendario
sagrado maya-quiché d) santo patrón e) esencia espiritual presente en ciertos
objetos sagrados”[14]



Dicha categorización realizada por Saler, en su inciso B, me hace recordar que, Mesoamérica no fue la única en
realizar relaciones entre el ente humano y el animal, puesto que diversas
culturas también establecieron correspondencias entre los mismos.



La conservación y practica de las creencias mágico-religiosas depende en gran parte de la forma en que se
transfieren y se heredan, es por ello, que la tradición oral es una de las
bases que hacen que el nahual sigua vivo entre nosotros, adaptado y
transformado a pesar del largo proceso de evangelización que hasta el día de
hoy vivimos. La idea del nahual sigue vigente como parte de la cultura indígena
y popular de nuestra sociedad, siempre entre la polémica del bien y el mal,
entre lo permitido y no, como un personaje profano y lo sagrado.



BIBLIOGRAFIA


González, Yolotl. Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica, Ediciones Larousse, México, 1991, pág. 125.



Róbelo, Cecilio Agustín, Diccionario de mitología
náhuatl, 1839-1916,
México,1951, pág. 180-181



Sahagún Bernardino, Fr. Historia general de las cosas de la Nueva España, Porrúa, México, 1985, 1985



Aramoni Calderón, Dolores,. Los refugios de lo sagrado. Religiosidad, conflicto y resistencia
entre los zoques de Chiapas
. CONACULTA, México, 1992,.



López Austin Alfredo, Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas, México, Instituto de Investigaciones
Antropológicas, UNAM, 2 volúmenes. 1989



Vélez Jorge, El nahualismo y los
Tapahtiani/nahualmej de Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla, México,
1996,
pág. 32. Articulo que forma parte de la tesis de licenciatura “Chamanismo,
poder y resistencia en Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla”. UAM-I, 1995.


Ibídem, pág. 34



López Austin, Alfredo Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos
nahuas, Tomo 1
IIA-UNAM, México, 1989 pág, 260.




Valle Rodríguez Nieves, “El coyote en la
tradición oral”



Félix Báez-Jorge “Entre naguales y los santos”



Budar Jiménez, Lourdes. Información personal.



Ximénez, citado por Florescano (1994:414) en , El nahualismo
y los Tapahtiani/nahualmej de Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla














[1] González, Yolotl. Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica, Ediciones Larousse, México, 1991, pág. 125.




[2] Róbelo, Cecilio Agustín, Diccionario de mitología
náhuatl, 1839-1916,
México,1951, pág. 180-181




[3] Sahagún Bernardino, Fr. Historia general de las
cosas de la Nueva España,
Porrúa, México, 1985, 1985




[4] Aramoni Calderón, Dolores,. Los refugios de lo sagrado. Religiosidad, conflicto y resistencia entre los zoques de Chiapas. CONACULTA,
México,
1992,.




[5] López Austin Alfredo, Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas, México,
Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, 2 volúmenes. 1989




[6] Vélez Jorge, El nahualismo y los Tapahtiani/nahualmej de Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla, México, 1996, pág. 32. Articulo que
forma parte de la tesis de licenciatura “Chamanismo, poder y resistencia en
Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla”. UAM-I, 1995.




[7]Ibídem, pág. 34




[8] López Austin, Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas, Tomo 1 IIA-UNAM, México, 1989 pág, 260.




[9] Vélez Jorge, El nahualismo y los Tapahtiani/nahualmej de Cuetzalan, Sierra Norte de Puebla




[10] Valle Rodríguez Nieves, “El coyote en la tradición oral”




[11] Félix Báez-Jorge “Entre naguales y los santos”




[12] Budar Jiménez, Lourdes. Información personal.




[13] Ximénez, citado por Florescano (1994:414) en , El nahualismo y los Tapahtiani/nahualmej de Cuetzalan, Sierra Norte de
Puebla





[14] Saler (1996:15ss)




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Comentario

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Comentario de Alejandro Morales Jiménez el mayo 21, 2011 a las 9:30pm

Mariela:

Leí tu artículo sobre el nahual y sin lugar a dudas marcas de
manera correcta ciertas apreciaciones sobre el tema. En este caso, te mando una
página Web donde puedes consultar algo más sobre el tema, espero te sea de
utilidad, y sobre todo espero estemos en contacto para saber tus cometarios y discutir
sobre el tema.

 

Atte. Alejandro Morales Jiménez.

 

http://www.tuobra.unam.mx/vistaObra.html?obra=3006

 

http://www.tuobra.unam.mx/vistaObra.html?obra=3007

 

 

 

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