Consumación gnomónica del Hombre moderno. Del Homo sapiens gnomónico como “único ente que se indaga por el Ser”

Autor: Rubén CALVINO

El sapiens moderno y la gnomónica

De forma indiscutible, se consideran Homo sapiens a los humanos que poseen tanto las características anatómicas de las poblaciones humanas actuales, como así también, a aquellas a las que corrientemente se les atribuyen «comportamientos modernos», aunque a veces, estos comportamientos no sean explicitados claramente.

En tal sentido e intentando dar con una línea divisoria un tanto más clara, debemos decir que conforme a las evidencias halladas en la casi totalidad de sitios arqueológicos, surge que hay un comportamiento arqueológicamente objetivo que se halla indisolublemente vinculado con el humano moderno y con el cual, podemos reconocer y diferenciar de manera excluyente, al llamado hombre moderno; ese comportamiento es sin duda alguna, “la experimentación gnomónica”, actividad práctica que no se verifica arqueológicamente en ninguna otra variante humana.

En sus comienzos, esta actividad fue llevada a cabo por el hombre moderno con el inevitable compromiso del propio cuerpo entregado al juego y experimentación con su propia sombra , de una manera indiferenciada entre lo que constituye el cuerpo y la instrumentación (fig 01) . Así, ente e instrumento gnomónico eran una y solo una misma cosa a la vez, mientras que más tarde, motivados seguramente por nuevas necesidades ligadas a la procuración del sustento diario, con mayor aproximación  a finales del paleolítico superior, esta práctica gnomónica de producir, comparar y direccionar las sombras, se comenzó a realizar de forma desdoblada entre lo que pasó a ser el ente humano experimentador, por un lado, y el gnomón solar inorgánico y material plantado en el suelo, por el otro.

Es ya el tiempo de los crómlech levantados con  postes y/o menhires  y la aparición  de  las megaestructuras líticas.

De esta evidencia material de comportamiento inequívocamente moderno no suele hablarse y sin embargo, es certeramente la única actividad que dejó rastros claros e indudablemente modernos en la casi totalidad de los asentamientos humanos, los que contrariamente, ninguna otra variante humana, ni la denisova ni la neandertalensis, ha sabido evidenciar.

Posiblemente, la desestimación de la práctica gnomónica como un posible marcador en la clasificación del llamado hombre de comportamientos modernos, se deba al hecho de que las evidencias materiales son relativamente tardías y datan de no más de 12.000 años aproximadamente, frente a una antigüedad estimada de la especie de casi 300.000 años.

Es evidente que ante tal situación, puede pensarse que este comportamiento no sirve para tal fin, sin embargo, teniendo en cuenta que todo resultado último (ulterioridad) es la consecuencia necesaria de una historia (anterioridad) muchas veces no percibida con las luces de la época, es que hay que buscar detrás de cada menhir de piedra, un anterior gnomón de madera y más atrás aún, remitirnos al propio cuerpo biológico como el inevitable primer instrumento y medida de todas las cosas -"Homo omnium rerum mensura est", -(Protágoras)

 

Aceptando esta mirada, midiendo en los términos de duración del neolítico, debemos pensar que hubo una primer etapa gnomónica en la que aparece el "humano moderno"  jugando con su propia sombra. Esta etapa de juego con las propias sombras, pudo ser la más larga y de una duración de 12 neolíticos (finales del paleolítico inferior).

Otra en la que luego de aprender de jugar con las sombras, el humano  comienza a valerse de ella para orientarse en el tiempo y el espacio. Esta etapa pudo ser posiblemente más corta, quizás de unos 6 neolíticos (paleolítico medio) y finalmente una última en la que el hombre, ya conocedor de las sombras y técnicamente diestro, comienza con la reproducción material y exterior del cuerpo desdoblando la experimentación, etapa mucho más breve sin duda, de mas o menos 3 neolíticos en la que se incluyen el paleolítico superior y el neolítico, es decir de los 15.000 años ya referidos.

03.jpg

figura  01

Las evidencias que justifican estas etapas anteriores a los 15.000 años de gnomones solares  materiales y plantados en el suelo, son por un lado, las teóricas ya enunciadas y basadas en la anterioridad evolutiva. Pero por otro lado también, se pueden verificar a partir de un atento análisis en torno a las aritméticas antiguas.

Si bien es cierto que se comenzó a contar con los dedos de manos y pies, y de esa actividad habrían surgido los números naturales, los primeros quebrados sin embargo, pudieron tener su origen en el Egipto Antiguo pre-dinástico, en base a considerar las posturas del cuerpo humano en su función de gnomón solar relacionado a la altura tomada como unidad y al triángulo rectángulo proporcionalmente sagrado y/o isiaco (3,4,5). que se forma a partir de tres posturas corporales canónicas descubiertas por el investigador Luis Castaño Sanchez.

 

Las posturas corporales extraordinarias para la vida del caza-recolector, curiosamente también, se corresponden perfectamente con los quebrados excepcionales (2 /3) y (3 /4) de la aritmética egipcia..

 

Es probable entonces, que los quebrados egipcios en general, y principalmente los que se corresponden con la subdivisión de la figura humana y configuran su excepcionalidad, ya sea (2/3) como (3/4), sean productos muy tempranos, que recién en el  Periodo Predinástico habrían comenzado  a sistematizarse. (fig 02)

Fig  02

Acotación: este tema es material de un próximo libro actualmente en su etapa final.

Especie humana única, y en desarrollo

Contrariamente a lo que hoy se sostiene, en un reciente artículo publicado por Historia y arqueología, se comenta que el neurólogo y profesor Úlfur Árnason de la Universidad de Lund de Suecia, sostiene que los antepasados ​​de las poblaciones africanas KhoeSan y Mbuti formaron el primer éxodo de Homo sapiens sapiens desde Asia hasta África y Europa y de ese modo afirma que el último antepasado común, tanto del Homo sapiens/sapiens como de los Neandertales, se sitúa en algún lugar de Eurasia, por lo que la búsqueda del origen de la subespecie Homo sapiens/sapiens habría que redireccionarla hacia Eurasia.

Ante tal afirmación y considerando que “la búsqueda de los orígenes específicos” se asemeja mucho a la pretensión de hallar “el eslabón perdido”, vale preguntarse si las variantes pretéritas que emigraron tempranamente de su cuna africana, han podido o no, seguir evolucionando en una carrera de encefalización creciente y hacia la formación de variantes específicas configuradas por la conjugación concreta en cada tiempo y lugar, de la impronta homo, las características mesológicas y fundamentalmente la latitud geográfica. Es decir que, el último antepasado común, tanto del Homo sapiens/sapiens como de los Neandertales, que el profesor Úlfur Árnason sitúa en algún lugar de Eurasia, bién pudo ser la forma alcanzada por el desarrollo de algún grupo aislado de tipo Homo que, en otro sitio y paralelamente, pudo cobrar una forma semejante o derivar hacia otra notoriamente diferente, tanto fuera como dentro del continente africano.

Es decir que ante los nuevos hallazgos, se hace necesario contar con una nueva clasificación de “hombre moderno”, basada en un marcador evolutivo que ofrezca mayor precisión y claridad; tal marcador, bien puede ser la experimentación gnomónica potencial o arqueológicamente evidente.

Posibilidades a considerar en la evolución especie 

Es posible que el Homo erectus, quien en sucesivas oleadas migratorias llevadas a cabo durante los 1,8 millones de años de su existencia, haya sido el primero de los humanos en desarrollo (en desarrollo encefálico y técnico), que emigró de la llamada cuna de la humanidad, para luego seguir la impronta en desarrollo evolutivo fuera del continente africano y diferenciándose en consecuencia conforme se ha ido asentando en distintas latitudes solares, medio-ambientes y climas.

Es posible también que del mismo modo en que lo han hecho las oleadas migratoria de Homo erectus, lo hayan hecho también las más evolucionadas y tardías variantes de homo africanos, y entre ellas, las semejantes al Omo I y Omo II hallado en Etiopía, y que se estiman con una antigüedad de 195.000 años, para en algún momento y frente a los inevitables encuentros, hibridarse..

Finalmente y siguiendo con las posibilidades, las variantes más tardías y evolucionadas que salieron de África, lo hayan hecho siendo portadores del conocimiento gnomónico experimentado y del cual, estos pudieron valerse para orientarse en el espacio y el tiempo; aspecto este que de ser así, les habría permitido liderar al resto y derramar este conocimiento cualitativamente moderno.

En África, se encuentran las evidencias gnomónicas  desdobladas más antiguas, lo que permite suponer que con anterioridad y durante muchísimo tiempo, la experimentación gnomónica se haya llevado a cabo con el propio cuerpo como instrumento y a partir de juego con la propia sombra tal como lo hacen muchos animales.

En el sitio arqueológico  Nabta Playa ubicado al sur de Egipto y en las coord. 22° 32' Norte, 30° 42' E, se encuentra el crómlech lítico y diámetro de unos cinco metros aproximadamente,  construído entre 6100 y 5800 a. C.

Esta construcción gnomónica, presupone una anterioridad mucho más dilatada y arqueológicamente perecedera, de experimentación gnomónica con postes de madera y otro período más largo y antiguo aún, de experimentación consciente con el propio cuerpo, en momentos en en que el ser humano ya se sabía gnomón animal, vertical y ambulante a partir del uso del propio cuerpo como gnomón (Homo sapiens gnomónico). Este período es el que siguió al más largo de todos y lúdico, en el que todavía, sin saberse gnomón ya lo era porque su sola condición eréctil  proyectaba sombras que al ser percibidas por quien las provoca, sin dudas y como lo hacen otras especies y los niños actuales, entabla una inevitable situación lúdica de “juego con la sombra”- gnomón anthropos-

Consumación de la especie única, moderna y gnomónica

En el laberinto que se nos presenta en torno a la clasificación taxonómica y a los orígenes específicos, personalmente pienso que debiéramos dar un salto cualitativo en el enfoque y desarrollar una perspectiva filosófica, dado que más allá de la encefalización y características morfo-fisiológicas observadas en nuestros pretéritos extintos y las tantas veces citadas cualidades ostentadas respecto a la sociabilidad, racionalidad y afectividad, lo que indudablemente nos caracteriza como especie, es además de todo esto, la capacidad alcanzada para hacer que como ente específico, seamos excluyentemente los únicos que como entes, nos preguntemos por el Ser (Martin Heidegger), en tanto y a consecuencia, de que nos supimos reproducir material y exteriormente a/sí mismos mediante la técnica, convirtiendo a nuestro entorno en una verdadera prótesis con la cual convivimos y progresivamente nos hibridamos a tal punto, que nos sería muy difícil sobrevivir sin ella. (fig 03)

 

Como ningún otro ente animal, los humanos, a partir de desdoblarnos corporalmente y representar nuestro cuerpo con un palo, poste o menhir, y consiguientemente en ese palo, poste o menhir vernos como otro (otredad), nos permitió que siendo sujetos, nos tomemos cual nuestro propio objeto y consiguientemente hacernos a nosotros mismos, en tanto que al ver al otro, nos interrogamos  e indagamos profundamente por el Ser (reflexión) .

evolución gnomónica y técnica.jpg

Fig 03

En este sentido y desde la mirada gnomónica, estimamos que el preguntarse por el Ser, se debió originar a finales del paleolítico superior, más precisamente, luego, o en todo caso durante el proceso de desdoblamiento del cuerpo humano, el cual, deja de ser ente biológico e instrumento solar indiferenciado, para convertirse en ente experimentador e instrumento solar material y objetivo, arrojado exteriormente.

Ya no es solo el cuerpo humano un todo indiferenciado entre ente e instrumento que modifica su medio, sino un ente que observa, experimenta y actúa, frente a un instrumento material y exterior al propio cuerpo, que intenta sustituirlo en sus funciones de gnomón solar y unidad de medida de las sombras.

A partir de este desdoblamiento objetivo entre ente e instrumento, se podría rastrear el surgimiento de la incipiente subjetividad desdoblada en el inconsciente correlacionado con el cuerpo biológico, de un lado, y de otro, el consciente ligado al hombre auto-reproducido materialmente en un palo, poste o gnomón exterior..

Ese otro reproducido en un palo, poste o menhir que representa al cuerpo propio, es la otredad efectiva que da lugar y motiva  el preguntarse acerca de lo que “es” esa cosa exterior y material que sustituye a nuestro cuerpo.

Este proceso que se entabla entre el sujeto y su cuerpo tomado como objeto que luego pasa a ser un proceso entre el sujeto y el cuerpo reproducido materialmente (gnomón exterior), es de interacción mutua o dialéctica, y que esencialmente se comporta como la misma naturaleza, según la cual los procesos, al alcanzar el nivel de lo orgánico (viviente), se internan y se convierten en estructuras que se reproducen a/sí mismas reconociendo como su Objeto, lo que le falta como Sujeto, para re-iniciarse o, lo que es lo mismo, sostenerse en su Ser>>  (Juán Samaja).

Por tal motivo decimos que el sujeto humano para seguir siendo, se toma a/sí como su propio objeto conforme lo que le falta como sujeto y consecuentemente, se moldea y reproduce a/sí mismo, en función de lo que va siendo su objeto.

De manera que en lo filogenético, si aquellos humanos pretéritos querían ser más rectos y verticales para controlar mejor sus propias sombras, lo pudieron practicar con el propio cuerpo erguido durante más de 190.000 años y esto habría de incidir epigenéticamente, como para dar el resultado que se verifica naturalmente en la forma de un consumado gnomón solar vertical, recto y ambulante, espigado y grácil, en tanto que técnicamente, aquel palo originario que oficiara de gnomón solar,  interrelacionando con otros instrumentos, instituciones y relaciones interpersonales en general, en tanto niega al Sol que le dió origen, se convirtió en un verdadero Cuerpo Inorgánico Social (CIS), con y en el que, inevitablemente hoy, se ve arrojada y reconstruida la idea del Ser como idea de/sí, mediante los mismos elementos técnicos convertidos en el medio ambiente material y protético (CIS) con el que finalmente nos hibridamos y pasamos del nivel de concreción biológico, al nivel de concreción humano>> (Juan Samaja )

Según Bernard Stiegler, la técnica debe ser concebida como un constituyente antropológico porque la tecnicidad participa originariamente en la constitución del hombre (la hominización). No hay antropos sin techné, y en este contexto, el gnomón en su forma más primaria, (cuerpo) por su simplicidad e inmediatez, no puede quedar fuera del arqueo y estudio del pasado.

La proposición o máquina ideal del lenguaje (Calvino Rubén), el gnomón solar y el cuerpo inorgánico social, son estadios del desarrollo material que dan al humano una dimensión superadora de lo solamente antropológico.

 " La paleontología lleva así a la constatación de que la mano libera la palabra, el lenguaje se hace indisociable de la tecnicidad y de la proteticidad ".

Recordemos de paso, que prótesis, es pro-tesis o aquello que se pone delante, y afuera de aquello de lo cual se lo coloca. (Bernard Stiegler)

Ahora bién, si por un momento y desde la semántica nos circunscribimos a la definición de especie biológica taxonómicamente clasificada, debemos decir que con esta idea, nos referimos a un conjunto poblacional de individuos (seres humanos, animales, plantas, minerales) naturalmente dados, los cuales comparten características semejantes y que fundamentalmente, por su constitución genética, son capaces de reproducirse entre sí dando lugar  descendencia fértil y de esa manera, un híbrido biológico, es el organismo vivo animal o vegetal procedente del cruce de otros dos organismos por la reproducción sexual de razas, especies o subespecies distintas, o de alguna o más cualidades diferentes.

En biología, existen mecanismos de aislamiento reproductivo que se comportan como barreras frente a la hibridación y están compuestos por el conjunto de características, comportamientos y procesos fisiológicos que impiden que los miembros de dos ejemplares de especies diferentes, puedan cruzarse o aparearse entre sí, producir descendencia y con mayor dificultad, que tal descendencia sea fértil. Estas barreras son proporcionales al distanciamiento entre especies y en tanto que por sus diferencias se comportan como el garante de la especie, la proximidad a su vez entre especies diversas, da lugar a la filogenética y la aparición de nuevas especies (especiación)

Hoy nuestra hibridación como especie única consumada, ya no es con el Homo neandertalensis ni tampoco con el Homo denisovano, es en todo caso la tecnología la nueva especie en la que, y con la cual nos reproducimos de la manera que ningún otro animal supo lograr.

Todo comenzó a partir de reproducir nuestro cuerpo con un palo para que reemplazandolo,  opere como instrumento gnomónico independiente,  y sucedió que ese palo se convirtió en menhir, estela antropomorfa y cuerpo inorgánico social-

Los tres tipos gnomónicos de la especie

Dicho todo esto y considerando que: la hibridación con variantes humanas  diferentes ya extintas en latitudes y ambientales diversos, dieron lugar a nuevas variantes fértiles y que para que el apareamiento concurrente a tal fin, la complejidad de unos y otros tuvo que ser más o menos parejas, estimamos que solo hay una especie humana, la cual originada en África dentro de un proceso de encefalización creciente, supo emigrar en diversas oleadas en tanto continuó su formación hasta alcanzar la plena consumación del hombre moderno surgido como resultado de los cruzamientos de la última versión africana con las variantes encontradas a su paso.

En tal sentido, cabe agregar que el carácter excluyentemente moderno del hombre, es el uso del cuerpo propio y sapienza de que el mismo, por su condición recta y vertical, es un consumado instrumento gnomónico solar; el cual con el paso del tiempo y a finales del paleolítico superior, aparecerá exteriorizado y como gnomón solar material plantado en el suelo.

De esta manera, cada uno de los especímenes hallados y debidamente clasificados, como diferentes especies, no serían más que los marcadores de diferentes estadíos evolutivos de una única especie en desarrollo encefálico y postural, diferenciados por la geografía y el tiempo, en el camino hacia la total consumación del llamado hombre moderno (HM) que finalmente y por el cruzamiento con las oleadas más nuevas de África, dieron lugar al Homo sapiens/sapiens conocedor y experimentador de la disciplina gnomónica (Homo sapiens gnomónico).

En este proceso, el hombre anterior o arcaico, no habría dejado de cruzarse con las variantes más evolucionadas, por el contrario, de cada encuentro entre estadíos cercanos, el apareamiento pudo ser incluso, un nivelador de conflictos que habría contribuído a la preservación genética hoy verificada en nuestro código.

Debido a que en todos los sitios arqueológicos se evidencia la relación con los cielos y el uso del gnomón como medio de traer el cielo a los piés a través de las viboreantes sombras proyectadas; que tal instrumento se asocia solamente con el  hombre llamado moderno, y dado que en el continente africano se hallan los gnomones solares más antiguos, podemos concluir en que se puede clasificar a la especie en relación con la posibilidad de experimentación gnomónica, en forma evidente o posible y en tal sentido, la versión última de homo africano, pudo ser aquella  que al iniciar su salida de África hace unos 200.000 años, hibridó y seguramente lideró al resto de variantes en el necesario camino hacia consolidación y consumándose como especie única y gnomónica que finalmente deriva en el ente gnomónico que se interroga por el Ser.

Resumiendo entonces, desde la mirada gnomónica proponemos el reconocimiento de un primer tipo humano -el gnomón antropos- qué experimentación corporal gnomónica mediante, se convierte en Homo sapiens gnomónico, y luego, merced a la reproducción material y exterior del cuerpo y nueva forma de experimentar la gnomónica, se hace a/sí, ente gnomónicoque se indaga por el Ser.

REFERENCIAS

Historia y Arqueología

Úlfur Árnason

 http://www.historiayarqueologia.com/2017/09/el-hombre-no-habria-apa...

Luis Castaño Sanchez

Canon métrico

http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/metrologia-historica-canon-original-y-gran-piramide#.V5MxntKLRMw

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Libros:

Bernard Stiegler

La técnica y el tiempo –Bernard Stiegler- Hiru-2002

Juán Samaja

Dialéctica de la investigación científica- 1987-Helguera Editores-

Calvino Rubén

El Hombre –gnomón zoológico – Utopía- 2014-

Martin Heidegger

Ser y tiempo

 

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Rubén CALVINO

Buenos Aires

Septiembre 2017

 

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Comentario

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Comentario de Rubén CALVINO el octubre 10, 2017 a las 6:04am

El círculo de piedras de Wurdi Youang, ¿es el observatorio astronómico más antiguo?

Los últimos estudios que se están llevando a cabo en la zona de Victoria, en el sureste de #Australia, dan pistas sobre el uso que realmente se le pudo haber dado al círculo de piedras de Wurdi Youang. Los antiguos pobladores de Australia, de hace 11.000 años, pudieron haber usado esta construcción como una especie de calendario astral que les pudo haber ayudado, entre otras cosas, a diferenciar los diferentes ciclos solares para las actividades agrícolas. 

El anillo de piedras de Wurdi Youang, que tiene una forma oval, posiblemente en relación con los solsticios de verano y de invierno, nos sirve como testigo mudo para confirmar que las antiguas culturas aborígenes australianas tenían un profundo conocimiento de los movimientos de los astros y de las estrellas. 

Este particular ‘Stonehenge australiano’ mide unos cincuenta metros de ancho y contiene más de 100 piedras de basalto.

Como su nombre indica, se sitúa en Wurdi Youang, en Victoria, y fue descubierto por unos colonizadores procedentes de Europa hace dos siglos. Sin embargo, no ha comenzado a ser estudiado por los arqueólogos hasta el año 1977. 

A pesar de todos los estudios que se le han practicado, es sólo ahora cuando se está analizando el propósito de su construcción. ¿Por qué se molestaron hace 11.000 años en levantar un monumento de estas dimensiones? 

Nunca tendremos una respuesta segura a esta pregunta, pero sí hay ya algunas hipótesis que pretenden explicarlo. De hecho, muchas de ellas indican que su levantamiento no fue casual sino que, según los últimos estudios, este conjunto pétreo pudo haberse utilizado para realizar un seguimiento de los movimientos del sol por parte de los primeros agricultores de la zona. 

De acuerdo con Duane Hamacher, un investigador del Centro Indígena de la Universidad de Monash, en Melbourne, estos pueblos pudieron tener una comprensión bastante compleja de astronomía y de los movimientos del sol, de la luna, de los planetas y de las estrellas a lo largo del año. 

Tanto es así que, cerca del círculo de piedras de Wurdi Youang, se ha encontrado vestigios de la vida cotidiana de estos pueblos y evidencias de la construcción de terrazas de cultivo, así como otros elementos como trampas para anguilas o una fuente de agua.

¿Pudo ser el círculo una especie de calendario astral para controlar el tiempo en las labores cotidianas? Y, más aún, ¿se puede remontar la aparición de la agricultura en Australia a unos 11.000 años? Sería todo un hallazgo si se demostrara. 

En opinión de Reg Abrahams, coordinador de las Áreas Protegidas de los Indígenas Wathaurong, si estos pueblos primitivos australianos se molestaron en construir el círculo de piedras es porque, al menos, tenían la intención de pasar una buena parte del año en esta zona. Además, sigue argumentando, se ha observado una gran cantidad evidencias arqueológicas de prácticas agrícolas y acuícolas en la zona, por lo que se puede llegar a pensar en la práctica de la agricultura en fechas tan remotas como las de Mesopotamia. 

Sin embargo, siendo cautelosos, esta afirmación habrá que confirmarla con más investigaciones arqueológicas

http://es.blastingnews.com/ocio-cultura/2016/10/el-circulo-de-piedr...

Comentario de Rubén CALVINO el octubre 4, 2017 a las 8:47am

PROPORCIONES  BASADAS EN EL ESTUDIO DE LUÍS CASTAÑO SANCHEZ

A las de el hombre en "T "y el hombre en "I", tomadas por L.Castaño Sanchez para sus conclusiones, nosotros le incorporamos el valor de 3/4 de la figura sentada.

Comentario de Rubén CALVINO el septiembre 29, 2017 a las 7:14am
Comentario de Rubén CALVINO el septiembre 23, 2017 a las 4:05pm

LISTA DE ERRORES OBSERVADOS Y QUE LUEGO DE REITERADAS LECTURAS PROPIAS Y AJENAS SERÁN CORREGIDOS.

DONDE DICE " que los miembros de dos ejemplares de especies diferentes," solo debe decir: "que los ejemplares de especies diferentes"

DONDE DICE: "lo que indudablemente nos caracteriza como especie, es además de todo esto, la capacidad alcanzada para hacer que como ente específico, seamos excluyentemente los únicos que como entes, nos preguntemos por el Ser (Martin Heidegger), " SOLO DEBE DECIR "lo que indudablemente nos caracteriza como especie, es además de todo esto, la capacidad alcanzada para hacer que seamos excluyentemente los únicos que como entes, nos preguntemos por el Ser (Martin Heidegger),"

La presente lista será cerrada luego de varias lecturas y luego, se procederá a efectuar la corrección correspondiente a los efectos de optimizar la presentación del tema.

Comentario de Rubén CALVINO el septiembre 23, 2017 a las 3:42pm

Variantes humanas
Homo neandertalensis versus Homo sapiens moderno o gnomónico.
Neandertalensis como denisovanos u otras variantes humanas, tienen en común el desconocimiento del gnomón y la ausencia de evidencias que sugieran la posibilidad de algún desarrollo técnico que fuera capáz de lograr una reproducción sustitutiva del cuerpo humano en su condición de gnomón natural, vertical y ambulante. Nuestra especie es la única excluyentemente gnomónica.
Para reflexionar: no existe evidencia alguna que relacione a los Homo neanderthalensis con el gnomón y o experiencia gnomónica, en tanto que nuestro linaje, el Homo sapiens o moderno, se manifiesta tan vinculado a la experimentación gnomónica que indudablemente es la especie que excluyentemente se supo gnomón zoológico y que en tanto esa sapiensa, se reprodujo como tal, materialmente a sí mismo y fuera de sí, cono gnomón ahí...exteriorizado, têcnicamente desarrollado y constituído en cuerpo material inorgánico capáz de hibridarse con nuestra conformación biológica y así condicionar fuertemente nuestro curso enolutivo, como ninguna otra especie ha dado muestra de ello. Ante lo cual, toda vez que se aborda algún aspecto de nuestra evolución como especie y o subespecie de homo bípedo y naturalmente gnomón (antropo gnomón), hay que poner de relieve que nos dimos cuenta de esta condición (de gnomón) naturalmente dada, y que de ese darnos cuenta, pasamos a ser un Homo sapiens gnomónico, decididamente entregado a la experimentación gnomónica con el propio cuerpo, durante el paleolítico y con la reproducción del propio cuerpo, material y exteriormente como gnomón (palo, poste, menhir) desde finales del paleolítico superior e ingreso al neolítico. Sapiens gnomónico que comienza ya antes de emigrar de la cuna africana, con el libre juego del cuerpo y su sombra (tal cual lo hace un niño), sigue con el conocimiento y uso de la sombra para orientarse en espacio y el tiempo, seguidamente continúa como ningún otro ente a interrogarse por el Ser, y de ese modo, tiene una primera culminación gnomónica con la reproducción material de lo experimentado. Luego y con ello deviene el desarrollo técnico que nos llevará del palo o poste al menhir, luego a la estela antropomorfa y finalmente, a hacer de todo el entorno una gran factura humana complementaria y protética de nuestro cuerpo orgánico, como ninguna otra especie animal supo hacerlo. Un verdadero cuerpo social inorgánico, objeto al fin, de nosotros mismos como sujetos humanos

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