Investigadores de la UNAM dice que la Piedra de Sacrificio o téchcatl hallada en el Templo Mayor en 2012 no se utilizo para sacrificios.

Develan misterios del Templo Mayor

Reyna Paz Avendaño | Cultura | Fecha: 2014-02-16

ARQUITECTURA. Los estudios revelan que las construcciones datan del 1391 a 1578, pero hay ajustes de entre 13 y 15 años en algunos edificios, dice Ana María Soler.
Investigadores de la UNAM proponen que la Piedra de Sacrificio o téchcatl hallada en el Templo Mayor en 2012 y asociada al recinto sagrado Cuauhxicalco –que se exhibirá en el nuevo acceso al sitio–, no fue utilizada para múltiples sacrificios ya que contiene pocas cantidades de proteínas, sustancia orgánica proveniente de la sangre. Así lo revelaron los últimos estudios de expertos que trabajan en conjunto con los arqueólogos pertenecientes al Programa de Arqueología Urbana (PAU) del Templo Mayor.

“Los bajos valores de proteínas proponen que fue utilizado en un evento único para la consagración de Cuauhxicalco. La otra hipótesis, planteada por arqueólogos, es que era un espacio tan importante para consagrar que trasladaron el téchcatl de otro lado y lo depositaron aquí pero parece que no había sido utilizado antes porque no estaba enriquecido de proteínas”, explicó Agustín Ortiz Butrón, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, en la segunda conferencia dentro del Ciclo Coyolxauhqui XXVI Aniversario.

De las nueve muestras tomadas del téchcatl, ocho de tierra adherida y una de estuco, demostraron la presencia de grandes cantidades de carbohidratos, lo cual se traduce a un alto uso del pulque como elemento de consagración del monumento.

Los estudios también revelaron presencia de fosfatos que de acuerdo con Agustín Ortiz, pueden derivar de dos fuentes: de toda la gran cantidad de cráneos que están en la parte superior porque los fosfatos son parte importante del hueso o pueden provenir por aguas negras que por ahí pasaban.

“Si fuera el primer caso la pregunta para los arqueólogos sería: cómo se hacían estas grandes ofrendas de cráneos, es decir, se hacían cuando estaban esqueletizados totalmente o eran decapitados y contenían partes blandas que se iban descomponiendo. Necesitamos saber cuál de las dos opciones para saber de dónde viene ese enriquecimiento de fosfato”, indicó.

El investigador de la UNAM destacó que es momento de que se empiecen a interpretar los resultados y entender el uso del téchcatl, piedra relacionada a los sacrificios de corazón.

Ortiz Butrón también hizo estudios en el piso de las ofrendas 154 (de cajetes) y 155 (de sahumadores), ambas encontradas en la Plaza Manuel Gamio, es decir, a los pies del Templo Mayor, en los que se detectó fuerte presencia de proteínas asociadas a sacrificios, de carbohidratos relacionados al pulque y de ácidos grasos provenientes del uso del copal.

“Los análisis de las ofrendas 154 y 155 coinciden perfectamente con el registro arqueológico: cerámica y navajillas, pues hay evidencia dentro del ritual que demuestran que están realizando auto sacrificios, hay sangre, pulque que utilizaban para bañarse dentro de la misma ceremonia y copal”, detalló.

MIGRACIÓN. Por su parte la investigadora española María García, analizó cinco cráneos de la ofrenda 159 (integrada por cráneos y mandíbulas rotas y descubierta en 2012), y determinó que dos pertenecen a personas migrantes, es decir que vivieron su niñez en otra ciudad prehispánica (posiblemente del centro-sur del país) pero que a su edad adulta, llegaron a la ciudad mexica.

La experta explicó que pudieron determinar la procedencia mediante el estudio de estroncio en huesos y dientes, debido a que es un elemento químico que se incorpora a éstos a través de la comida que las personas consumen.

“Cuando los dientes adquieren su dentina y forman la capa protectora (esmalte) ésta nunca cambia químicamente por lo que su isotopía de estroncio permanece en un sistema cerrado; pero en el caso de los huesos como el fémur, los átomos de estroncio cambian cada cuatro o seis años.

La idea es que si vivimos en el mismo lugar y no nos movemos, nuestros primeros cuatro años de vida vamos a tener en el esmalte dental y en los huesos una isotopía (átomos) de estroncio igual a la del lugar geográfico. Y en el caso de migrantes, ésta cambia.

De los cinco cráneos y molares analizados, dos de ellos resultaron de migrantes, uno arrojó la posibilidad de ser migrante y los restantes dos son locales. “Sí podemos hablar de migración, lo que no podemos decir a ciencia cierta es de dónde viene. Una opción es hacer isótopo de oxígeno y eso nos dará el nivel del mar, altura, y quizá nos puede indicar de dónde vienen. Por el momento tenemos que tomar en consideración las fuentes históricas”.

Algunas de las regiones de donde probablemente pertenecían, dijo, son los estados que atraviesa la Faja Volcánica Transmexicana o la Mixtequita.

DATACIÓN. Ana María Soler, investigadora del Instituto de Geofísica de la UNAM, señaló que mediante estudios de campo magnético, verifican la datación de los edificios del Templo Mayor y hasta el momento, han encontrado que a pesar de que la mayoría corresponde a las evidencias arqueológicas ya establecidas, es decir que la zona contiene edificaciones entre 1391 a 1578, existen ajustes de ciertas construcciones de entre 13 y 15 años.

Las pruebas hechas de noviembre de 2012 a julio del año pasado, comentó, muestran coincidencia con la cronología o temporalidad descrita por Matos Moctezuma pues las fechas prevalentes datan del 1465 a 1474.

“El campo magnético cambia en el tiempo y con estos estudios obtenemos una curva patrón del cambio, pero en el material arqueológico se queda grabada esa información cuando se grabó el estuco, se hizo una pintura o cuando se hizo fuego, es decir, las estructuras guardan la dirección del campo magnético el cual nos dará una datación. Es una técnica alternativa a la prueba de carbono 14”, destacó.

Sin embargo, su estudio se realizará con más muestras ya que obtuvieron algunas inconsistencias en la estructura de Cuauhxicalco y en la Piedra del Sacrificio. “La primera es parte de nuestras grandes intrigas porque el fechamiento dio más antiguo que la posición estratigráfica, tenemos un margen de error. Y el segundo error es porque sólo tomamos dos muestras y no fueron coincidentes, una si quedó en la temporalidad prevista pero la otra no”.

Destacó que en cuanto más muestras tengan de las estructuras arquitectónicas, más precisos serán estos análisis pues han hallado, variaciones de entre 13 y 15 años, curva que pueden disminuir y precisar.

Fuente: Crónica.com.mx

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