INTRODUCCIÓN.

El Arte Rupestre ha sido una forma de expresión de la humanidad desde tiempos inmemoriales que se pierde en los albores de los grupos sociales más tempranos de Asia, así como del Periodo Paleolítico Superior de Europa. Recientemente en Suramericana se han detectado algunas estaciones pictográficas las cuales han sido consideradas de una antigüedad muy temprana, lamentablemente en Mesoamérica aún no se tienen dataciones absolutas, que en determinado momento podrían dar inesperadas sorpresas.


El arte rupestre no se considera que se haya realizado inicialmente con el concepto final de arte que se tiene hoy día, es decir, el arte para el deleite del diletante, sino como un medio imperativo e inherente del ser humano de comunicarse entre sí, y con el ser supremo que consideraba responsable de su creación, es la práctica de la expresión espiritual de las culturas tempranas, que representaron sus conceptos mágico-religiosos. Siendo por ello que el autor considera que tal práctica pudo haber sido el génesis de las religiones.
En tal sentido se pueden observar actos cotidianos o bien representaciones de aparentes invocaciones de buenaventura en sus cacerías cotidianas, que en determinado momento tuvieron la necesidad de garantizar el éxito. De igual manera se puede observar las persistentes representaciones abstractas de genitales mayoritariamente femeninos, sin faltar eventualmente la representación de los genitales masculinos, siendo estos también invocaciones para la continuidad de la especie.
El uso de agentes psicoactivos del cual se tiene conocimiento fue un elemento propiciatorio en la manifestación del arte rupestre de Guatemala, el cual continuó mucho tiempo después de la conquista.
Tal cual lo indica el edicto que nos refiere Chinchilla Aguilar (1953: p. 233) “fueron sobre todo muy rigurosas las medidas tomadas en 1621, y la inquisición en este año por intermedio del deán y comisario de Guatemala Felipe Luis del Corral, quien mandó poner en ejecución el edicto sobre la prohibición de la importación del peyote (AGNM, T. Exp. 67)”
Es de hacer notar que las cuevas y abrigos rocosos fueron ambientes propicios para la elaboración de pictogramas. Los mismos que coadyuvaron para que las pinturas hayan perdurado hasta nuestros días. Para el hombre prehistórico estos fueron espacios favorables para guarnecerse de los elementos naturales, ubicados próximos al elemento agua que, como propiciador de vida, constituye una constante dual de los grafismos encontrados siempre próximos a manantial, río, o cuerpo de agua.
El presente trabajo se refiere a una de las galerías de arte rupestre de los altos de Guatemala más estudiadas y documentadas. El estudio fue realizado por el Proyecto Arqueológico Kaqchikel, dirigido por la Dra. Eugenia Robinson (2001). Independientemente del referido proyectos, quien escribe, ha venido registrando los sitios de arte rupestre de Guatemala desde el año 1995, mayoritariamente en solitario; abordando el estudio desde la óptica del Fenómeno Entópico, el cual implica la ingesta de elementos psicoactivos por el sacerdote del grupo, teoría propuesta por J. D. Lewis-Williams y T. A. Dowson (1988), entre otros investigadores de la temática.
El fenómeno Entópico implica la ingesta de elementos psicoactivos, los cuales producen estados alterados de la mente, alucinaciones que posteriormente fueron representados en pinturas rupestres, así como en sus tejidos, motivos que exteriorizan la posición social de la persona, así como al grupo étnico al cual pertenece; dicha práctica aparentemente no fue utilizada solamente por el sacerdote del grupo, dado el caso que las visiones percibidas durante el estado alterado de conciencia se refleja en los textiles, labor desarrollada generalmente por las mujeres de las diferentes etnias regionales de Guatemala (observación hecha por Vanessa Gonzáles. 2014).
Se ha tomado como un ejemplo representativo el sitio denominado: La Casa de Las Golondrinas, considerado como la estación de arte rupestre que presenta la evidencia más completa para sustentar el postulado de quien escribe.
Así también el sitio presenta algunos grafismos análogos a los pictogramas de estaciones previamente documentadas en las tierras altas del occidente de Guatemala, así como otros grafismos documentados alrededor del mundo, siendo por ello que se ha utilizado el término de Arte Rupestre Arte Universal para referirse en común al arte rupestre de Guatemala.

                                                                                                                                             Sergio A. Ericastilla.

LA CASA DE LAS GOLONDRINAS.

“Pero por que sus figuras y caracteres no eran tan suficientes como nuestra escritura y letras, por eso no podían concordar tan puntualmente en las palabras, sino solamente en lo sustancial de los conceptos.”
                                                                                                            Joseph de Acosta. Cronista siglo XV 


     El romántico nombre de “La Casa de Las Golondrinas” fue acuñado por quien escribe y responde a la existencia de infinidad de estas peregrinas aves, que suelen anidar en el risco basáltico que constituye una de las galerías de arte rupestre más grandes de Guatemala, grande en el sentido de la formación geológica que soporta los grafismos, así como por la casi incontable cantidad de las pictogramas que presenta.
El sitio se encuentra ubicado en las faldas del Volcán de Agua, en el Valle de Panchoy, Departamento de Sacatepéquez. El mismo está conformado por un largo y alto risco basáltico el cual serpentea por cientos de metros la rivera del Río Guacalate. 
El Proyecto Arqueológico del Área Kaqchikel, dirigido por la Ph. D. Eugenia Robinson y Licda. Marlen Garnica. (2001) quien conjuntamente con un buen número de arqueólogos, fotógrafos y asistentes, son las personas responsables de haber documentado el sitio en cuestión. Habiendo reportado 105 grafismos y más 570 imágenes multi-espectrales.
Como un componente muy especial se detectó un orificio de cuatro pulgadas de diámetro elaborado en la roca, orientado este-oeste, a una altura de 2.40 m. de la superficie el cual Robinson indica que, el mismo funciono como observatorio Fotografía No. 1.


fotografía no. 1


astronómico (ibíd. PP. 11). El contexto de arte rupestre asociado a un observatorio, es un complejo de elementos nunca antes reportado, lo que nos debe conducir a una nueva reconsideración de la función de tal asociación. Nótese al fondo del agujero (fotografía No. 1) la representación de un venado, en la parte baja del orificio se detectaron los grafismos de un batracio.
Con anterioridad Ericastilla en varias ocasiones había visitado y fotografiado las pinturas más sobresalientes del sitio. Durante estas visitas se pudo verificar que ciertas pinturas que se encuentran en lo alto del risco son perceptibles solamente en ciertas horas y meses del año, circunstancia que pudo haber sido motivo de un espectáculo público y aprovechado por el sacerdote/isa del grupo para hacer gala de su extraordinario poder.
A raíz de las frecuentes vistas al sitio, se pudo observar cómo las pinturas se están deteriorando de una manera acelerada, como se puede observar, el agua ha empezado a filtrarse por las grietas del risco, formando una concreción de minerales sobre una de las más gráciles pinturas del sitio, la que está acompañada de varios “peines” motivo que se repite dentro de la iconografía Maya y otras pinturas rupestres observadas, mismo que se considera propio del Fenómeno Entópico, aparte de ser de origen muy temprano (Fotografía y Dibujo No.2).

Reconstrucción de la fotografía No. 2
Robinson informa que el sitio presenta una ocupación que inicia durante el año 1000 a. C. hasta el momento de la ocupación española. Como es lógico suponer, el área circundante ha de haber tenido una larga ocupación y compleja implicación político-religiosa, dado el caso que el área para la los años anteriores al siglo XII no se encontraba ocupada por el linaje Xajil parcialidad de los Kaqchikel, quienes ingresa a Guatemala proveniente de México aproximadamente a inicios del siglo XII, permaneciendo en el área hasta nuestros días.
Independientemente de lo anteriormente expuesto Robinson, (ibíd. p. 9) quien realizó un singular descubrimiento al excavar un pozo de sondeo al pie de una de las pinturas, el pictograma es representativo de la elite mexicana del Periodo Postclásico, identificado como el glifo “Pedernal y Serpiente de Fuego, asociados a los números 8 y 12 respectivamente. En el calendario Azteca, Pedernal es un portador de año y ocho Pedernal puede identificarse con los años 1448 ó 1500” Stone (1999). (Fotografías No. 2 y dibujo 3)

        Dibujo de fotografía No. 2
No obstante Stone hace la observación que, la Serpiente de Fuego no es un día del calendario Azteca, pero que está presente en el calendarios Zapoteca.


       En la fotografía No. 2, se puede observar en el extremo derecho de la misma, una oquedad pulida y perfectamente circular, de las cuales existe una gran cantidad en las paredes del risco, las mismas han sido muy poco estudiadas, aun cuando en la práctica es muy usual el encontrarlas asociadas a petrograbados, así como en ocasiones se encuentran aisladas sin contexto alguno, de las mismas se ha especulado que su propósito era el de captar agua de lluvia, pero este ejemplo nos indica que dada la posición vertical en que se encuentra, sería imposible que cumpliera tal función. Las mismas se han encontrado en sur américa y se puede afirmar que tienen una tradición muy temprana.


       Retomando el tema de la excavación de Robinson, inmediatamente debajo de la pintura previamente citada, a una profundidad de 0.60 cm. Se detectó una ofrenda ritual, la que presentó restos de carbón, un tendido de hojas, así como un manto de cal que cubría las mismas así como a una vasija correspondiente al tipo cerámico conocido en Guatemala como Balanyá Ante, el cual según fechamiento cerámico corresponde al momento de transición del Periodo Pre-clásico Terminal a la época Colonial.


        En el interior de la vasija se encontraron 18 husos (malacates) fabricados de semilla de palma, de los cuales siete de ellos se encontraron con sus respectivos devanadores insertados en los mismos, así como dos cuencos, uno de ellos de material cerámicos, y el segundo elaborado de cascara de calabaza (Cucúrbita Pepa), así como un fragmento de tela. A la vez se encontró una navaja de obsidiana de las canteras de Ixtepeque sin huella de uso. Un elemento muy significativo es el hecho de haberse encontrado dentro de la vasija, dos huesos femorales de pavo trabajados. Es de hacer notar que la labor relacionada a la elaboración de los textiles, siempre ha sido una actividad delegada generalmente a la mujer. Dentro de la cosmogonía Maya, es la Diosa Lunar quien era responsable de los tejidos, nacimientos y se le asocia al color blanco. De igual manera continua relatándonos Robinson, que en algunas ocasiones la Diosa Lunar se encuentra representada en los Códices Mayas como aquella anciana proveedora de agua representada en el Códice Madrid. La anciana porta un cántaro del que vierte agua, el cual es de igual en forma y tamaño aproximado al cántaro que fuera recuperado de la ofrenda en cuestión (Robinson 2001 pp. 9). Es relevante este específico caso en el cual podemos observar vínculo de pictograma-fuente de agua, Diosa Lunar propiciadora de agua y su relación directa con los textiles, a lo cual se debe de agregar los femorales de pavo, de los cuales se puede decir que en el Municipio de Cobán, Cabecera departamental de Alta Verapáz, para las festividades matrimoniales se acostumbra servir a los comensales, una sopa de pavo y el güipil o blusón de la novia, muestra la figura de varios pavos, así como en muchos otros textiles de diferentes etnias de Guatemala, el cual representa fertilidad y abundancia (Fotografía No. 4).

Fotografía no 4.

Es de esta manera como se pone en evidencia la relación de los motivos de los tejidos y los pictogramas.
Dentro de las múltiples grafías que se pueden observar en La Casa de Las Golondrinas, se encuentra un pequeño complejo de pinturas dentro del cual se encuentra lo que ese ha considerado la representación de una mariposa, huellas dactilares, y un extraño símbolo que guarda una analogía muy similar a otro grafismo que se encuentra en la parte superior del abrigo rocoso que cobija al grueso de todas las pinturas del sitio El Encanto. Fotografía no. 4 y 5.

Fotografía no 4.
Es de esta manera como se pone en evidencia la relación de los motivos de los tejidos y los pictogramas.
Dentro de las múltiples grafías que se pueden observar en La Casa de Las Golondrinas, se encuentra un pequeño complejo de pinturas dentro del cual se encuentra lo que ese ha considerado la representación de una mariposa, huellas dactilares, y un extraño símbolo que guarda una analogía muy similar a otro grafismo que se encuentra en la parte superior del abrigo rocoso que cobija al grueso de todas las pinturas del sitio El Encanto. Fotografía no. 4 y dibujo de La casa de Las Golondrinas- abajo.

Dibujo de La Casa de Las Golondrinas.

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Estos pequeños íconos se podría decir que guardan una semejanza singular, con la pequeña diferencia que en El Encanto, el mismo se encuentra invertido. El mismo pareciera ocupar un lugar preponderante al igual que la representación de lo que aparenta ser una mariposa, que conforman el mismo complejo pictográfico que el de Las Golondrinas. En un espacio más apartado del sitio El Encanto también se encuentra un conjunto de huellas dactilares, improntas de mano, espirales, círculos concéntricos, zigzags, etc. lo que no es extraño en cualquier estación de arte rupestre, pero el hecho de encontrar los mismos grafismos, en diferentes lugares induce a pensar que no son simples figuras echas al azar por aventurado que esto se considere, se ha pensado que son códigos establecidos que en determinado momento trasmitían un mensaje concreto.

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