Los antropólogos más destacados del país, hablaron de lo que ha significado la ENAH para su formación como científicos sociales.

ENAH, CUNA DE ESCUELAS DE ANTROPOLOGÍA DE LATINOAMÉRICA

Lunes, 25 de Noviembre de 2013 
*** Las primeras cátedras de antropología en México comenzaron en 1938, en la Escuela de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional

*** Fue el crisol de ideologías democráticas que permitieron la fundación de otras escuelas de arqueología de América Latina

Congregados en el auditorio Román Piña Chan de la Escuela Nacional de Arqueología e Historia (ENAH), algunos de los antropólogos más destacados del país, formados en esta institución, como Eduardo Matos Moctezuma, Claudio Esteva-Fabregat y Rodolfo Stavenhagen, hablaron de lo que ha significado la ENAH para su formación como científicos sociales, para la cultura mexicana y para los exiliados de Europa y Centroamérica que en los años 40 encontraron en la escuela mexicana un consuelo intelectual para el dolor de la guerra.

Para Claudio Esteva-Fabregat, quien forma parte de las primeras generaciones de egresados, la fundación en 1938 de Escuela Nacional de Antropología del INAH fue estratégica para el momento en que México estaba creando su propia revolución industrial, momento en que había que proporcionar al país una conciencia nacional coherente con el nacionalismo.

En ese sentido, el centro de estudios fue un acierto, porque “la ENAH construyó la conciencia contemporánea de la sociedad mexicana”.

Esteva-Fabregat llegó a México a los 20 años de edad, exiliado de la guerra civil española y después de sufrir una terrible experiencia en campos de concentración, destaca que muchos de los estudiantes que ingresaron a la escuela, entonces ubicada en la calle de Moneda, contaban con experiencia revolucionaria.

“Éramos jóvenes en busca de un espacio que nos reuniera con gente que había vivido experiencias similares, ese lugar lo encontramos en la ENAH, que en aquel momento recuperó en América, los restos de la Europa democrática”.

El antropólogo español llamado “el mexicanito” por los madrileños, considera también que el progreso que alcanzó la escuela de antropología, creada formalmente dentro del INAH en 1942, tuvo un gran impulso con los exiliados de la guerra: españoles, franceses, centroamericanos y con los becarios de Estados Unidos que ya juntos llegaron a armar una casa de estudios integral, única en el mundo por esa variedad de pensamientos que confluyeron en un mismo espacio y tiempo.

“Nosotros vivimos el momento de nacimiento de la antropología mexicana; nadie era como México, ni siquiera Estados Unidos. Todos los países de Latinoamérica copiaron el modelo de la ENAH, que se caracterizó por impartir de manera separada las cuatro disciplinas del conocimiento antropológico: antropología física, antropología social, lingüística y arqueología”.

Esteva-Frabegat dice que más allá del conocimiento, la escuela también fue un componente de acogimiento para las gentes perseguidas de la mejor estirpe intelectual de Iberoamérica. “Yo resucité en México gracias a la ENAH”.

En tanto, el arqueólogo guatemalteco Carlos Navarrete, quien se especializó en la cultura maya, principalmente de la región de Chiapas y de su tierra natal, advierte que la ENAH en los años 40 era la única escuela de antropología en América Latina.

Navarrete describió que en esa época había cursos en Argentina pero con una visión demasiado europea pues daban prioridad a cuestiones de poblamiento del continente y a las culturas indígenas no las estudiaban.

De la ENAH salió la gente que después fue a sus países a fundar sus respectivas escuelas de antropología, como el arqueólogo Carlos Humberto Aguilar Piedra, quien hizo la escuela de Costa Rica, lo mismo pasó en Honduras, o en Guatemala, dijo Navarrete. “Los centroamericanos encontramos en la ENAH las armas para entender a nuestros países”.

El arqueólogo guatemalteco recuerda a la institución de aquella época como un centro de comunión, donde confluían no sólo antropólogos y arqueólogos, sino artistas plásticos, bailarines y músicos.

“La ENAH fue un crisol de la actividad cultural de México de los 40 y 50, del movimiento que significó las escuelas mexicanas de cine, de danza, de pintura, incluso había participación de catedráticos de la escuela en esas especialidades artísticas. Un claro ejemplo es Miguel Covarrubias, quien fue un gran artista plástico, además de ser el director de la escuela de danza y nos daba clases en la ENAH”, indicó Navarrete.

Fuente: INAH

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