Los datos arqueológicos y la gnomònica, frente al Ser

La gnomónica y el Ser


Rubén Calvino

Resumen

Conforme surge de las evidencias halladas en la casi totalidad de los sitios arqueológicos, hay un comportamiento humano tardío y arqueológicamente objetivo, que se halla indisolublemente ligado al llamado “hombre moderno” y con el cual, indudablemente podemos diferenciarlo de manera excluyente; ese comportamiento es sin duda alguna, “la experimentación gnomónica”, actividad práctica que no se verifica arqueológicamente ni se presupone en ninguna otra variante humana.
Lo que aquí proponemos, es que conforme con esta mirada, debiéramos dar un salto cualitativo en el enfoque y determinación del hombre moderno y en tal sentido, desarrollar una perspectiva filosófica, dado que más allá de la encefalización y características morfo-fisiológicas observadas en nuestros pretéritos extintos y las tantas veces citadas cualidades de sociabilidad, racionalidad y afectividad, lo que indudablemente nos caracteriza como especie, además de todo esto, es la capacidad alcanzada para hacer que seamos excluyentemente los únicos animales que como “entes”, nos preguntemos por “el Ser” (Martin Heidegger), en tanto y a consecuencia (según estimo) de que nos supimos reproducir material y exteriormente a/sí mismos mediante la construcción de un simple gnomón (al principio) que derivó a que todo nuestro entorno, se convierta en una verdadera prótesis técnica con la cual nos vemos, convivimos y progresivamente nos hibridamos a tal punto, que nos sería muy difícil sobrevivir hoy sin el nivel técnico alcanzado.

Ya no somos solo lo dado, sino que al vernos en el otro y fundamentalmente como otro (en la reproducción material), además de lo dado, somos lo autorealizado.

Por todo ello es que concluimos finalmente, en que como ningún otro ente animal, los humanos, a partir de desdoblarnos corporalmente como instrumento gnomònico, y consiguientemente representar nuestro cuerpo con un palo, poste o menhir, pudimos vernos a nosotros mismos como otro (otredad), lo cual nos permitió, que siendo sujetos, nos tomemos cual nuestro propio objeto epara de ese modo, inevitablemente hacernos a nosotros mismos (humanización), en tanto que al vernos como un otro, nos interroguemos e indaguemos profundamente por el Ser (reflexión) .


Introducción

Homo sapiens moderno, son considerados aquellos humanos que poseen tanto las características anatómicas de las poblaciones humanas actuales, como así también, a las que corrientemente se les atribuyen «comportamientos modernos», aunque a veces, estos comportamientos no sean del todo claros.
En tal sentido e intentando dar con una línea divisoria menos difusa, debemos decir que conforme a las evidencias halladas en la casi totalidad de los sitios arqueológicos, surge que hay un comportamiento tardío y arqueológicamente objetivo, que se halla indisolublemente ligado al humano moderno y con el cual, indudablemente podemos diferenciar al “humano moderno” de manera excluyente; ese comportamiento es sin duda alguna, “la experimentación gnomónica”, actividad práctica que no se verifica arqueológicamente ni se presupone en ninguna otra variante humana.
Los comienzos de esta actividad habría sido llevada a cabo por el hombre moderno, con el inevitable compromiso del propio cuerpo entregado al juego y experimentación gnomónica, en torno a su propia sombra y esto tuvo que ser de una manera indiferenciada entre lo que constituye el cuerpo (ente) y la instrumentación; es decir que el instrumento gnomónico ha debido ser el propio cuerpo humano como objeto productor de sombra.
Así, “ente” e “instrumento gnomónico”, eran una y solo una misma cosa a la vez que más tarde, motivados seguramente por nuevas necesidades ligadas a la procuración del sustento diario y con mayor aproximación a finales del paleolítico superior, esta práctica gnomónica de producir, comparar y direccionar las sombras, se comenzó a realizar de forma desdoblada entre lo que pasó a ser el “ente humano experimentador”, por un lado, y el “gnomón solar inorgánico y material plantado en el suelo”, por el otro.
En estas condiciones se ingresa a los tiempos de los crómlech levantados con postes y/o menhires y la aparición de las megaestructuras líticas.
De esta evidencia material no suele hablarse como comportamiento moderno, quizás por ser de aparición tardía, pero sin embargo es certeramente, la única y mas claramente actividad diferenciadora de rastros claros e indudablemente modernos, que ha dejado la consumación del hombre moderno en la casi totalidad de sus asentamientos y que contrariamente a ello, ninguna otra variante humana, ni la denisova ni la neandertalensis, ha sabido evidenciar. En consecuencia, la práctica gnomónica, aunque de evidencia directa tardía, es excluyentemente moderna.
Posiblemente, la desestimación de la práctica gnomónica como un posible marcador en la clasificación del llamado hombre de comportamientos modernos, se deba al hecho de que materialmente, las evidencias son relativamente tardías y datan de no más de 12.000 años aproximadamente, frente a una antigüedad estimada de la especie de casi 300.000 años.
Sin duda alguna es que ante tal situación, se piense que este comportamiento no sirve para tal fin, no obstante, teniendo en cuenta que todo resultado último (ulterioridad) es la consecuencia necesaria de una historia (anterioridad) muchas veces no percibida con las luces de la época, para hallar la determinación de la actividad gnomónica, hay que ahondar y buscar detrás de cada menhir de piedra, un anterior gnomón de madera y más atrás aún, remitirnos al propio cuerpo biológico como el inevitable primer instrumento y medida de todas las cosas -"Homo omnium rerum mensura est", -(Protágoras)

Aceptando esta mirada y midiendo el tiempo en los términos de duración del neolítico, debemos pensar que hubo una primer etapa gnomónica en la que aparece el "humano moderno" jugando con su propia sombra.
Esta etapa de juego (lúdica) con las propias sombras, pudo ser evolutivamente la más larga, con una duración aproximada de 12 “neolíticos” (finales del paleolítico inferior).
Otra en la que luego de aprender a jugar con las sombras, el humano comienza a valerse de ella para orientarse en el tiempo y el espacio. Esta etapa pudo ser posiblemente más corta; quizás de unos 6 neolíticos (paleolítico medio) y finalmente una última en la que el hombre, ya conocedor de las sombras y técnicamente diestro, comienza con la reproducción material y exterior del cuerpo desdoblando la experimentación, etapa mucho más breve sin duda, de mas o menos 3 neolíticos en la que se incluyen el paleolítico superior y el neolítico, es decir de los 15.000 años ya referidos.

Las evidencias que justifican esta clasificación, al principio sin evidencia directa, con anterioridad a los últimos 15.000 años pleno de gnomones solares materiales y plantados en el suelo, son por un lado, las teóricas ya enunciadas y basadas en la anterioridad evolutiva. Pero por otro lado también, se pueden verificar a partir de un atento análisis en torno a las aritméticas antiguas, ya que si bien es cierto, que se comenzó a contar con los dedos de manos y pies, y de esa actividad habrían surgido los números naturales, los primeros quebrados sin embargo, pudieron tener su origen en el Egipto Antiguo predinástico, en base a considerar las posturas del cuerpo humano en su función de gnomon solar y relacionado a la altura tomada como unidad de medida de las sombras, del mismo modo también, al origen del triángulo rectángulo proporcionalmente sagrado y/o isiaco (3,4,5). que se forma a partir de tres posturas corporales canónicas descubiertas por el investigador Luis Castaño Sánchez.
A saber, la unidad (4/4) de altura o posición en “T”, caracterizada por los brazos lateral y horizontalmente extendidos al lado del cuerpo, luego la postura en “I” que extiende los brazos por sobre la cabeza para alcanzar una altura de (5/4). Y finalmente la posición “sentada” propuesta por nosotros y que configura los (3/4).
De esta forma, visto en fracciones de cuartos, el triángulo sagrado queda conformado por un cateto menor de (3/4) (sentado), otro mayor de (4/4) (parado) y finalmente un hipotenusa en “I” de (5/4).

Si en general, nos remitimos a las posturas corporales extraordinarias del humano caza-recolector, verificamos que estas se corresponden perfectamente con los quebrados excepcionales (2 /3) y (3 /4) de la aritmética egipcia.


Es probable entonces, que los quebrados egipcios en general, y principalmente los que se corresponden con la subdivisión de la figura humana y que configuran su excepcionalidad, ya sea (2/3) como (3/4), hayan sido productos muy tempranos, que recién en el Periodo Predinástico habrían comenzado a sistematizarse y ponerse en evidencia.

Consideraciones en torno a la evolución especie

Es posible que el Homo erectus, quien en sucesivas oleadas migratorias llevadas a cabo durante los 1,8 millones de años de su existencia, haya sido el primero de los humanos en desarrollo (en desarrollo encefálico y técnico), que emigró de la llamada cuna de la humanidad, para luego seguir evolucionando su impronta fuera del continente africano y diferenciándose en consecuencia, conforme se ha ido asentando en distintas latitudes solares, medio-ambientes y climas.

Es posible también que del mismo modo en que lo han hecho las oleadas migratoria de Homo erectus, lo hayan hecho también las más evolucionadas y tardías variantes de homo africanos, y entre ellas, las semejantes al Omo I y Omo II hallado en Etiopía, y que se estiman con una antigüedad de 195.000 años, para en algún momento y frente a los inevitables encuentros, hibridarse con los “erectus”

Finalmente y siguiendo con las posibilidades, las variantes más tardías y evolucionadas que salieron de África, lo hayan hecho siendo portadores del conocimiento gnomónico experimentado y del cual, estos pudieron valerse para orientarse en el espacio y el tiempo; aspecto este que de ser así, les habría permitido liderar la expansión migratoria valiéndose de este conocimiento cualitativamente moderno y del instrumento tan elemental _el propio cuerpo_

En África, se encuentran las evidencias gnomónicas materialmente desdobladas (gnomones materiales que suplantan al cuerpo) más antiguas, lo que permite suponer que con anterioridad y durante muchísimo tiempo, la experimentación gnomónica se haya llevado a cabo con el propio cuerpo como instrumento y a partir del juego con la propia sombra, tal cual lo hacen muchos animales.
En el sitio arqueológico Nabta Playa, ubicado al sur de Egipto y en las coord. 22° 32' Norte, 30° 42' E, se encuentra el crómlech lítico con diámetro de unos cinco metros aproximadamente, construído entre 6100 y 5800 a. C.
Esta construcción gnomónica, presupone una anterioridad mucho más dilatada y arqueológicamente perecedera, de experimentación gnomónica con postes de madera y otro período más largo y antiguo aún, de experimentación consciente con el propio cuerpo, en momentos en en que el ser humano ya se sabía gnomón animal, vertical y ambulante a partir del uso del propio cuerpo como gnomón (Homo sapiens gnomónico). Este período es el que siguió al más largo de todos y lúdico, en el que todavía, sin saberse gnomón ya lo era porque su sola condición eréctil proyectaba sombras que al ser percibidas por quien las provoca, sin dudas y como lo hacen otras especies y los niños actuales, entabla una inevitable situación lúdica de “juego con la sombra”- gnomón anthropos-


Consumación de la especie única, moderna y gnomónica.

Personalmente pienso que debiéramos dar un salto cualitativo en el enfoque y determinación de hombre moderno y en tal sentido, desarrollar una perspectiva filosófica, dado que más allá de la encefalización y características morfo-fisiológicas observadas en nuestros pretéritos extintos y las tantas veces citadas cualidades ostentadas respecto a la sociabilidad, racionalidad y afectividad, lo que indudablemente nos caracteriza como especie, además de todo esto, es la capacidad alcanzada para hacer que seamos excluyentemente los únicos animales que como entes, nos preguntemos por el Ser (Martin Heidegger), en tanto y a consecuencia (según estimo) de que nos supimos reproducir material y exteriormente a/sí mismos mediante la construcción de un simple gnomón (al principio) que derivó que todo nuestro entorno, se convierta en una verdadera prótesis técnica con la cual convivimos y progresivamente nos hibridamos a tal punto, que nos sería muy difícil sobrevivir hoy sin el nivel técnico alcanzado.

Como ningún otro ente animal, los humanos, a partir de desdoblarnos corporalmente como instrumento gnomònico, y consiguientemente representar nuestro cuerpo con un palo, poste o menhir, y pudimos vernos a nosotros mismos como otro (otredad), lo cual nos permitió que siendo sujetos, nos tomemos cual nuestro propio objeto e inevitablemente hacernos a nosotros mismos (humanización), en tanto que al vernos como un otro, nos interrogamos e indagamos profundamente por el Ser (reflexión) .

En este sentido y desde la mirada gnomónica, estimamos que el preguntarse por el Ser, se debió originar a finales del paleolítico superior, más precisamente, luego, o en todo caso durante el proceso de desdoblamiento del cuerpo humano, el cual, deja de ser ente biológico e instrumento solar indiferenciado, para convertirse en “ente experimentador” e “instrumento solar” material y objetivo, arrojado exteriormente.
Ya no es solo el cuerpo humano un todo indiferenciado entre la cualidad de ente e instrumento que modifica su medio, sino que ahora, al desdoblarse es un ente que observa y se observa como otro, experimenta y actúa, frente a un instrumento material y exterior al propio cuerpo, que intenta sustituirlo en sus funciones de gnomón solar y unidad de medida de las sombras.
A partir de este desdoblamiento objetivo entre ente e instrumento, se podría rastrear el surgimiento de la incipiente subjetividad desdoblada en el inconsciente correlacionado con el cuerpo biológico, de un lado, y del otro, el consciente ligado al hombre auto-reproducido materialmente en un palo, poste o gnomón exterior..
Ese “otro”, reproducido en un palo, poste o menhir que representa al cuerpo propio, es la otredad efectiva que da lugar y motiva el preguntarse acerca de lo que “es” esa cosa exterior y material que sustituye a nuestro cuerpo.
Este proceso que se entabla entre el sujeto y su cuerpo tomado como objeto que luego pasa a ser un proceso entre el sujeto y el cuerpo reproducido materialmente (gnomón exterior), es de interacción mutua o dialéctica, y que esencialmente se comporta como la misma naturaleza, según la cual los procesos, al alcanzar el nivel de lo orgánico (viviente), se internan y se convierten en estructuras que se reproducen a/sí mismas reconociendo como su Objeto, lo que le falta como Sujeto, para re-iniciarse o, lo que es lo mismo, sostenerse en su Ser>> (Juán Samaja).
Por tal motivo decimos que el sujeto humano para seguir siendo, se toma a/sí como su propio objeto conforme lo que le falta como sujeto y consecuentemente, se moldea y reproduce a/sí mismo, en función de lo que va siendo su objeto (humanización)
De manera que en lo filogenético, si aquellos humanos pretéritos querían ser más rectos y verticales para controlar mejor sus propias sombras, lo pudieron practicar con el propio cuerpo erguido durante más de 190.000 años y esto habría de incidir epigenéticamente, como para dar el resultado que se verifica naturalmente en la forma de un consumado gnomón solar vertical, recto y ambulante, espigado y grácil, en tanto que técnicamente, aquel palo originario que oficiara de gnomón solar, interrelacionando con otros instrumentos, instituciones y relaciones interpersonales en general, en tanto niega al Sol que le dió origen, se convirtió en un verdadero Cuerpo Inorgánico Social (CIS), con y en el que, inevitablemente hoy, se ve arrojada y reconstruida la idea del Ser como idea de/sí, mediante los mismos elementos técnicos convertidos en el medio ambiente material y protético (CIS) con el que finalmente nos hibridamos y pasamos del nivel de concreción biológico, al nivel de concreción humano>> (Juan Samaja )
Según Bernard Stiegler, la técnica debe ser concebida como un constituyente antropológico porque la tecnicidad participa originariamente en la constitución del hombre (la hominización). No hay antropos sin techné, y en este contexto, el gnomón en su forma más primaria, (cuerpo) por su simplicidad e inmediatez, no puede quedar fuera del arqueo y estudio del pasado.
“La proposición o máquina ideal del lenguaje” (Calvino 2014), el gnomón solar y el cuerpo inorgánico social, son estadios del desarrollo material que dan al humano una dimensión superadora de lo solamente antropológico.
" La paleontología lleva así a la constatación de que la mano libera la palabra, el lenguaje se hace indisociable de la tecnicidad y de la proteticidad ".
Recordemos de paso, que prótesis, es pro-tesis o aquello que se pone delante, y afuera de aquello de lo cual se lo coloca. (Bernard Stiegler)

En consecuencia, hoy nuestra hibridación como especie única consumada, ya no es como otrora lo fue con el Homo neandertalensis ni tampoco con el Homo denisovano, es en todo caso con la tecnología constituida en prótesis de la nueva especie en la que nos reproducimos de una manera tan especial, que ningún otro animal supo lograr. Tan especial como la otredad, El Ser y la reflexión.


Conclusión
Todo comenzó a partir de reproducir nuestro propio cuerpo con un palo para que reemplazándolo luego, opere como instrumento gnomónico independiente, y sucedió que ese palo se convirtió en menhir, estela antropomorfa y cuerpo inorgánico social (CIS)

Dicho todo esto y considerando que: la hibridación con variantes humanas diferentes ya extintas en latitudes y ambientales diversos, dieron lugar a nuevas variantes fértiles y que, para que ese apareamiento hayan sido concurrentes a tal fin, la complejidad de unos y otros tuvo que ser más o menos parejas, por lo que estimamos que solo hay una especie humana, la cual originada en África dentro de un proceso de encefalización creciente, supo emigrar en diversas oleadas en tanto continuó su formación hasta alcanzar la plena consumación del hombre moderno surgido como resultado de los cruzamientos de la última versión africana con las variantes encontradas a su paso.

En tal sentido, ponemos énfasis que el carácter excluyentemente moderno y diferenciador del hombre moderno, es el uso que la especie hizo del cuerpo propio y la sapiencia para determinar que por su condición recta y vertical, es un consumado instrumento gnomónico solar; el cual con el paso del tiempo y a finales del paleolítico superior, aparecerá exteriorizado y como gnomón solar material plantado en el suelo.

De esta manera, cada uno de los especímenes hallados y debidamente clasificados, como diferentes especies, no serían más que los marcadores de diferentes estadíos evolutivos de una única y compleja especie tecno-biológica en desarrollo encefálico y postural. Tales marcadores, diferenciados por la geografía (latitud y altura solar) y el tiempo, en el camino hacia la total consumación como hombre moderno (HM) luego del cruzamiento con las oleadas más nuevas de África, dieron lugar al Homo sapiens/sapiens conocedor y experimentador de la disciplina gnomónica (Homo sapiens gnomónico).

En este proceso, el hombre anterior o arcaico, no habría dejado de cruzarse con las variantes más evolucionadas, por el contrario, de cada encuentro entre estadíos cercanos, el apareamiento pudo ser incluso, un nivelador de conflictos que habría contribuído a la preservación genética hoy verificada en nuestro código.

Concluimos entonces en que dado que, en todos los sitios arqueológicos se evidencia la relación con los cielos y “el uso del gnomón como medio de traer el cielo a los piés valiéndose de las viboreantes sombras proyectadas”; que tal instrumento se asocia solamente con el hombre llamado moderno, y debido a que en el continente africano se hallan los gnomones solares más antiguos, podemos concluir en que se puede clasificar a la especie en relación con la posibilidad de experimentación gnomónica, en forma evidente o posible y en tal sentido, la versión última de homo africano, pudo ser aquella que al iniciar su salida de África hace unos 200.000 años, hibridó y seguramente lideró al resto de variantes en el necesario camino hacia consolidación y consumándose como especie única y gnomónica que finalmente deriva en el ente gnomónico que se interroga por el Ser.

Resumiendo entonces, desde la mirada filosófica de la gnomónica proponemos el reconocimiento de un primer tipo humano –“el gnomón anthropos”- qué experimentación corporal gnomónica mediante, se convierte en “Homo sapiens gnomónico”, y luego, merced a la reproducción material y exterior del cuerpo y nueva forma de experimentar la gnomónica, se hace a/sí, “ente gnomónico que se indaga por el Ser” y lo reproduce como ente en tanto simultáneamente, lo niega.


REFERENCIAS

Luis Castaño Sanchez
Canon métrico
http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/metrologia-historica-canon...
-----------------------------------------
Libros:

Bernard Stiegler
La técnica y el tiempo –Bernard Stiegler- Hiru-2002
Juán Samaja
Dialéctica de la investigación científica- 1987-Helguera Editores-
Calvino Rubén
El Hombre –gnomón zoológico – Utopía- 2014-
Martin Heidegger
Ser y tiempo

-------------------------------------------

Vistas: 6

Comentario

¡Tienes que ser miembro de RMA Red Mexicana de Arqueología para agregar comentarios!

Únete a RMA Red Mexicana de Arqueología

Suscribirse a Noticias RMA Gratis

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

© 2018   Creada por Gustavo Ramirez.   Con tecnología de

Insignias  |  Informar un problema  |  Términos de servicio