MONTÍCULO LA CULEBRA

Introducción.

Es interesante notar como un montículo prehispánico pudo influir en el traslado de la Capitanía General del Reino de Guatemala, la cual  fue trasladada  del Valle de Panchoy en el que se ubicaba, al Valle de La Ermita o Valle de la Virgen como se le denominó posteriormente; lugar que ocupa en  la actualidad la Ciudad de Guatemala. Dicho traslado obedeció principalmente a razón de la destrucción causada por el terremoto acaecido en 1773,  el cual dejo la ciudad en ruinas, propiciando su traslado, obedeciendo así también a ciertos intereses personales de la aristocracia del momento.

        Es el cronista Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán (1932)., quien en su obra Recordación Florida  redactada en el siglo XVII, haciendo alusión al monumental montículo La Culebra, sin saber que se estaba refiriendo a las mismas edificaciones de los  antiguos pobladores de la ya para entonces abandonada ciudad prehispánica  Kaminaljuyu. Fuentes y Guzmán refiriéndose  al montículo La Culebra “por que se ve estar compuesta y fabricada a manera de los antiguos cúes…" (al hacer referencia a los montículos de Kaminaljuyú)….siendo esta obra claro y manifiesto testimonio que afirma y prueba, que aquel dilatado y maravilloso contorno hubo pueblos numerosos y acreditado gentío, porque sin mucho numero de gastadores obra tan dilatada y prolija no pudiera intentarse ni menos  conseguirse”

        Es así como para fines del siglo XVIII le es ordenado al Maestro Mayor de obras José Bernardo Ramírez, el ingreso de agua entubada al valle de La Ermita. Para lo cual utilizó la inclinación del antiguo montículo La Culebra, iniciando la edificación de la fuente de agua, en lo que hoy se conoce como El Cambray, siendo en este lugar en donde se edifica la Casa de Aguas del Acueducto de Pinula que facilitaría la conducción de la misma por gravedad natural a la incipiente ciudad de Guatemala.

        El Acueducto de Pinula, así como los arcos de contención del mismo fueron construidos de ladrillo cocido, el acueducto cuenta con paredes rectas rematadas a manera de media caña en la parte superior, con sus respectivas cajas de sedimentación y desarenadoras a lo largo del mismo.  Dado el caso que el montículo no estaba construido de una manera continua en su totalidad, existiendo espacios donde se supone que existieron estructuras apartadas entre si, pero siguiendo una forma serpentina, por lo que en esos espacios fue necesario el construir los arcos que dan sustentación al acueducto el cual, aún hoy día soportan el referido acueducto. La construcción del mismo se inicia a partir del año 1776 habiéndolo concluido diez años más tarde. (Lujan, M. y Navarrete 1986).



Sergio A. Ericastilla.

MONTÍCULO
Como se indicó con anterioridad, el montículo había pasado desapercibido como un monumento prehispánico por muchos años y por muchos arqueólogos e investigadores como lo señalará Lujan y Navarrete (1986 pp. 17), pues ni la Institución Carnegie, ni el Proyecto Kaminaljuyu de la Universidad Estatal de Pennsylvania que investigaron el sitio Kaminaljuyú, se percataron de la antigüedad del montículo, aun cuando Fuentes y Guzmán, así como Batres Jáuregui (1916) y Villacorta y Villacorta (1926) habían hecho mención de su origen prehispánico. El montículo de La Culebra presenta ciertas características que resultan muy interesantes, por ejemplo una de ellas es el caso de encontrarse exactamente en el límite del valle, demarcando el parte-aguas sur que desciende hacia el Océano Pacifico, por lo que algunos investigadores han sugerido que el mismo funcionó a manera de muro defensivo. Esto no tiene sentido dado el caso que la vertiente sur es la parte que presenta las escalinatas de las que se discurrirá más adelante, así como el momento en que el mismo fue construido fue un tiempo de paz entre los antiguos pobladores de Guatemala.
El Montículo de La Culebra es una elevación de tierra apisonada el cual, desciende del paraje El Cambray, en la parte este de las altos cerros que circundan el Valle de La Ermita, adentrándose en el mismo hasta la antigua ciudad de Kaminaljuyú. Es de hacer notar que el Montículo La Culebra tiene hoy día una longitud de cinco kilómetros aproximadamente. A criterio de quien escribe el montículo era mucho mas extenso, finalizando aproximadamente donde se encontraban los montículos A y B. de Kaminaljuyú (Ericastilla Godoy y Shibata 1991).
Es de hacer mención que en el sitio denominado hoy día Kaminaljuyú, existieron más de 200 montículos independientemente de los que se podrían considerar como villas o parcialidades satelitales del mismo, dado el caso que en el siglo pasado aún existían montículos adyacentes al montículo La Culebra así como otros dispersos en el resto del valle. Lamentablemente toda la ciudad de prehispánica se encontraba dentro de lo hoy día ocupa el área urbana de la ciudad capital de Guatemala, lo que a través de los años el crecimiento de la misma ha contribuido a su paulatina destrucción y eventual desaparición.
No fue si no hasta el que los Drs. Luis Lujan Muñoz (QEPD) y Carlos Navarrete (Op. Cit. Lujan y Navarrete 1986) publican la obra titulada: “El Gran Montículo de La Culebra en el Valle de Guatemala”, que despierta el interés de algunos investigadores por conocer la historia del montículo más dilatado de Mesoamérica. Valga hacer La referencia que a instancias de los referidos Drs. en 1966 el Ministerio de Educación emite el Acuerdo Ministerial No. 940-66, el cual declara Monumento Histórico, El Montículo de La Culebra, así como al Acueducto de Pinula.


ANTECEDENTES.
En múltiples ocasiones el Montículo La Culebra ha sido mutilado, alterado y en algunas otras destruido totalmente. Los múltiples proyectos de rescate arqueológico ordenados por el Departamento de Monumentos Prehispánicos y Coloniales del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, nunca habían encontrado evidencia que el montículo ocultara en su interior subestructura alguna; no siendo hasta 1987 como en muchas otras ocasiones “por causas accidentales” una compañía constructora destruyó la parte sur del montículo La Culebra. 

Fig. No. 1.

                                   Fig. No. 1.

                                

dejando expuesto un perfil de 94 m. de largo por 24 m. de alto, dicho de otra manera destruyo la mitad del montículo, razón por la cual el Departamento de Monumentos Prehispánicos delegó a quien escribe el trabajo de realizar el correspondiente rescate arqueológico.

METODOLOGÍA.

        Inicialmente se procedió al establecimiento del banco de marca para el respectivo levantamiento topográfico, habiendo trazado 12 pozos alternos de 2 x 2 m. los cuales fueron trazados en direcciones Este–Oeste y numerados correlativamente, se ubicaron a todo lo largo y ancho de la parte del montículo que había sido demolida.  La excavación de los pozos se realizó bajo un control de niveles arbitrarios de 20 cm. cada uno, hasta alcanzar una profundidad de tephra estéril con el propósito de conocer el basamento del montículo sin perturbación alguna. A la vez se realizo una trinchera en la parte más baja del montículo justamente debajo de uno de los arcos del acueducto, siendo esta una parte que no había sido perturbada por maquinaria pesada. Finalmente se construyó un andamio a todo  lo largo y alto del perfil expuesto, Fig. No. 2.  con los propósitos siguientes: recuperación de tiestos que fuese posible, curiosamente no fue posible recuperar ni un solo tiesto en lo que corresponde el cuerpo del montículo, elaborar un dibujo de la estratigrafía así como para poder identificar los diferentes materiales y composición de los mismos con que fue construido el montículo. Para lo cual las diferentes “bolsas” de materiales con los que fue construido el montículo fueron demarcadas con cal, par que las mismas fueran visibles a distancia.

                            Fig. No. 2

Como característica propia del montículo, la muestra del material cerámico que se pudo recuperar de los pozos fue bastante escasa; la misma fue analizada por el ceramólogo Juan Luis Velásquez, misma que se resume de la siguiente manera.

LA EXCAVACIÓN.

Durante la excavación de los pozos de sondeo se pudo observar tres mantos estratigráficos culturales, consistentes inicialmente de un primer estrato de barro, posteriormente se detectó un manto de  barro mixto con arena de color  amarillo, finalmente un manto de tephra volcánica de color amarillo llamada localmente Talpetate, seguido de un estrato natural de ceniza volcánica de color blanquecino denominados localmente selecto. Esta estratigrafía se puede afirmar que corresponden a la misma estratigrafía representativa de las nivelaciones culturales del área central  del sitio Kaminaljuyú. A lo largo y ancho del perfil expuesto se detectaron a varios metros de altura varios pisos sobre puestos, que se adentraban dentro del mismo cuerpo del montículo, así como diferentes “bolsas” de diferentes tipos de barro, arena y barro mesclado con arena etc. los que muestran el acarreo de diferentes materiales de construcción. Paradójicamente, se detecto en un área del montículo que no había sido perturbada, la cual conformaba una faldas frontal del montículo y que precisamente se encontraba justo debajo de uno de los arcos del acueducto. Lamentablemente la operación fue asignada a un estudiante que recientemente había regresado de realizar excavaciones arqueológicas en Italia, por lo que no se percató, que al excavar se estaba destruyendo una subestructura siendo esta la primera subestructura que se descubría en toda la historia del montículo La Culebra. 

                                 Fig. No. 3

La estructura estaba compuesta de dos cuerpos escalonados, la cual alcanzaba una altura de 3.75 m. de alto. El material constructivo de la misma es de barro muy fino, revuelto con pequeñas partículas de piedra pómez el que parece haber recibido un tratamiento especial previo a la construcción de la estructura el cual difiere totalmente de los materiales que constituyen el cuerpo del montículo propiamente dicho. La datación fue realizada por el  ceramólogo Juan Luis Velásquez Muñóz.

 Pozo No.1. Este alcanzó una profundidad de 2 metros y proporcionó solamente 3 tiestos, dentro de los que se encuentran un borde que corresponden al Ware Sumpango Rojo y un cuerpo de color rojo pálido del tipo Las Charcas, el cual fecha para el Período Preclásico Medio  (800 – 500 a.C.) y su asociación es conocida con el inicio del Ware Sumpango  de la Fase Providencia. (Hatch, M. 1991. Hermes, B. y Velásquez, J. L.1992).

Pozo No. 2. Se recuperaron 28 tiestos, 14 con engobe rojo pulido sobre un baño de ante pálido, y decoración incisa del cuerpo al inicio del cuello, la muestra mayoritaria responde al Ware Sumpango el cual fecha Para el Período Preclásico Medio  Tardío (500 – 300 a. D.).

Pozo No. 3. Solamente presentó un tiesto de engobe rojo y líneas incisas, correspondiente al Ware Sumpango fase providencia.

Pozo No. 4. Se recuperó un fragmento de obsidiana de la cantera El Chayal y 2 tiestos de un cántaro con  incisiones en el cuerpo al inicio del cuello, el cual se fecha para la fase Providencia.

Pozo No. 5. De 18 tiestos recuperados 4 no son identificables, 14 corresponden al Ware Sumpango, fase providencia, Preclásico Medio.

Pozo No. 6. De los 4 tiestos recuperados, uno presenta base plana y podría responder al Ware Villalobos Rojo. (Wetherington, 1978). Dos no identificados y uno correspondiente a la fase Verbena –Arenal el cual corresponde al periodo Preclásico Terminal.

Pozo No. 7. Se recuperaron 15 tiestos de los cuales solamente uno corresponde al grupo Pinos, Tipo Jorgia Inciso grueso (Sharer, 1978). Tres se identifican como correspondientes al Ware Sumpango. Los 11 restantes no fue posible identificarlos.

Pozo No. 8. Se recuperaron 5 tiestos: un Monte alto rojo, uno correspondiente al Ware Sumpango y  3 que no pudieron ser identificados.

Pozo No.9. La muestra de este pozo es exactamente igual al pozo  anterior.

Pozo No.10. Existen 3 tiestos correspondientes al Wear Sumpango. Así mismo se detectaron cinco tiestos dentro de los cuales destaca un tiesto Usulután de doble engobe, naranja sobre crema que corresponde al Grupo Jipalapa. (Demarest, 1986).

Pozo No. 11. Se recuperaron  3 tiestos de engobe interno color rojo, posiblemente del Ware Sumpango.

Pozo No. 12. Dada la premura del caso con que se trabajan los proyectos de rescate, este último pozo no fue excavado.

Se puede indicar que la cantidad de tiestos recuperados no corresponde a la cantidad que regularmente se recuperaría en un pozo dentro del área, sea esta residencial, ceremonial o administrativa de  Kaminaljuyú, en la cual el número de tiestos sería mucho mayor. Es de hacer notar que del cuerpo o perfil remanente del montículo no se recupero un solo tiesto.

DATACIÓN.

        Como se puede observar la muestra, aun cuando escasa tiende a tener un predominante presencia del Ware Providencia así como del Ware Sumpango; pero existe un tiesto que corresponde  a la fase  Verbena – Arenal, propio del Periodo Preclásico Tardío (200 a. C. –200 d. C) por lo que se considera que la nivelación previa a la elaboración del montículo se realizó durante los años anteriormente referidos.

        Dado el caso que los pozos excavados se realizaron en lo que seria la  base interna sobre la que se elaboró el montículo, es decir debajo de lo que fuera el montículo, área plana propiciada por la destrucción parcial del cuerpo y falda del montículo, es probable que algunos tiestos fueron utilizados como una tradición ceremonial, pues en algunos poblados de los Altos de Guatemala aun existe la tradición de dejar esparcidos algunos tiestos en los altares o lugares sagrados de peregrinaje a manera de ofrenda, lo cual pudo haber sucedido como acto ritual durante la nivelación precedente a la construcción del mismo montículo.

        Si bien el montículo  La Culebra se fechó en base a la cerámica recuperada para el Período Preclásico Tardío, se cree conveniente el indicar que el periodo de mayor auge para Kaminaljuyú responde al mismo momento anteriormente referido el cual comparte con el montículo La Culebra. No estando de más que dentro de los recorridos de Lujan y Navarrete muchos años antes de realizar esta excavación, ellos refieren haber recuperado varios tiestos de superficie correspondientes al Periodo Preclásico y Protoclásico de Kaminaljuyú, así como tiestos de características propias del sitio Jilotepeque Viejo (Op. cit. Lujan, L. Navarrete, C. p. 82, 90). Jilotepeque Viejo corresponde al Período Posclásico, habiendo sido esta una ciudad de la etnia Poqomam y uno de los poblados prehispánicos que más resistieron el asalto español. La presencia de cerámica referida, se podría justificar, infiriendo que el montículo se recordaba como un lugar sagrado, razón por la que era motivo de peregrinaje.

        Retomando el tema de la datación del montículo, durante la excavación se descubrió en lo que fue la base sobre la que fue construido el montículo, un piso de barro cocido de muy alta calidad, de aproximadamente 8 Cm. de grueso que corría debajo de toda de la parte no destruida del montículo, el cual a su vez se internaba dentro del cuerpo aun existente del mismo. Este mismo piso ha sido detectado en otras áreas del montículo en las que también ha sido destruido. Con esto no se pretende insinuar que el piso en cuestión se extendía a lo largo de los mas de  5 Kms. que se sugiere tenía el montículo, pues como se puede apreciar en un plano del año 1606 resguardado en el Archivo General de Centro América, que en ciertas áreas el montículo no estaba conformado como uno sólo y continua elevación de tierra, sino por el contrario existieron  ciertas áreas que estaban unidas de forma continua, así como también se aprecia que existieron una serie de montículos que aun cuando no estaban unidos entre si; pero que los mismos sí mantenían una formación serpentina continua.

        Asociado directamente al piso  quemado anteriormente referido, se recuperaron tres muestras de carbón, las cuales por cooperación del Dr. David Whitley fueron sometidas a un análisis de C 14 en la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA). Lamentablemente dos de ellas se reportaron como material contaminado, la tercera muestra proporcionó una datación de 1000 +- 85 años d. C. fecha que es absolutamente incompatible con datación cerámica, por aparte, es el caso que para ese momento la ciudad de Kaminaljuyú ya había sido abandonada.  Lamentablemente las estructuras de “adobe”, una vez que son expuestas no resisten el intemperismo, por lo que de no ser techadas o vueltas a enterrar entran en un proceso de deterioro el cual a la fecha no ha sido posible encontrar una forma de conservarlas. Por lo que concluido el corto tiempo establecido para el rescate, la estructura fue vuelta a enterrar.

OTROS HALLAZGOS.

Posteriormente a la investigación presentada, en un área del mismo  montículo La Culebra, una secta protestante adquirió un solar. La Cual encontrándose en la fase de construcción de sus instalaciones, inició la destruición del montículo, del cual el pastor indicó a sus feligreses que la culebra era representación del demonio, por lo que debía de ser destruida; inmediatamente procedieron a destruir el montículo con maquinaria pesada. Afortunadamente un Inspector de Monumentos notificó al Departamento de Monumentos Prehispánico, concluido todo el trámite burocrático, se inició un Proyecto de Rescate, en esta ocasión el mismo fue dirigido por Jacinto Cifuentes durante el año 1989. Los hallazgos no se hicieron esperar, dado el caso que en esta ocasión el daño al monumento había sido menor se pudo establecer por segunda vez la existencia de una subestructura, compuesta por cinco estadios constructivos (Ortega 2001). Se excavo una trinchera de eje Norte–Sur que descubrió una escalinata que iniciaba desde el piso de plaza, conformada por 21 escalones hasta alcanzar la plataforma superior que hoy existe. Se considera que eventualmente el mismo comprendía cinco cuerpos, aun cuando el quinto cuerpo se pudo apreciar que el mismo había sido mutilado, probablemente en el momento de la construcción del Acueducto de Pinula durante la época colonial.

 Con la intención de determinar el ancho de la escalinata,  en la parte superior se realizó una ampliación de la excavación habiendo descubierto lo que para algunos arqueólogos respondía al adosamientos de un mascarón muy deteriorado, en cuanto que el jefe de campo indicó, que el mismo correspondía al último estadio, del cual se dijo que había sido mutilado. Ortega (ibíd. pp. 29) concluye que la estructura contiene varios adosamientos, así como que la misma presentaba una elevación mayor  y principalmente lamenta que estos rescates se realicen de una manera tan improvisada, sin una planificación científica, que conduzcan a determinar su temporalidad, y arquitectura. Interesante es el caso que durante uno de los rescates realizados por personal del Instituto de Antropología e Historia, se descubrió (casi al inicio del montículo) un pequeño canal de aproximadamente un metro de ancho por 10 m. de largo Fig. No. 4. 

                                                              Fig. No. 4

  El mismo estaba conformado por una serie de lajas basálticas, sobrepuestas y adosadas por un mortero de barro. A criterio de quien escribe, si bien el hallazgo podría haber correspondido a un canal hidráulico, el mismo no se considera de origen prehispánico, ni mucho menos que el mismo halla sido motivo por el cual se construyó el  montículo La Culebra, dado el caso que como ya se expusiera en determinado momentos el montículo no era continuo, el mismo canal era demasiado pequeño para una obra de la magnitud del mismo montículo en cuestión, el cual se considera una de las obras prehispánicas más extensa de Mesoamérica.

CONCLUSIONES.

A criterio de quien escribe la experiencia fue muy lamentable, dado el caso que no fue posible exponer toda la estructura que se descubriera por primera ves en el montículo La Culebra, por lo que no se pudo obtener una visión completa de la estructura, que permitiera una aproximación de la función del montículo, aspecto que se considera fundamental el determinar ¿Cuál fue la función del montículo? inquietud generalizada por conocer más a cerca del uso del montículo la cual es compartida por todos aquellos que han tenido la oportunidad de investigar el montículo en cuestión, Lamentablemente como ya se expusiera con antelación, las estructuras de “adobe”, una vez que son expuestas al intemperismo, las mismas entran en un deterioro incontrolable, a menos que las mismas sean techadas, por lo que toda estructura que en su momento se descubrió fue vuelta enterrada nuevamente. Para concluir, es preciso el considerar en la fuerza laboral y de sostén que fue necesaria para haber realizado tan monumental edificación, siendo este elemento que da lugar a pensar en  la necesidad de construir tan monumental obra, por  lo que sí se puede decir que existía una imperiosa necesidad de construir tal edificación, edificación que marca exactamente  el parte-aguas del valle, motivo por el cual se ha sugerido, que el mismo funcionó  a manera de dique, dado el caso que hasta épocas recientes el lado norte del montículo solía acumularse cierta cantidad de agua durante la época lluviosa formando algunas lagunetas, mismas que desaparecieron  conforme el área fue siendo poblada. Es de considerar que el montículo en si debió de haber tenido una connotación muy importante para los habitantes de  Kaminaljuyú habiendo sido esta la obras prehispánicas más extensa de Mesoamérica.

 

 

BIBLIOFILIA.

Batres Jáuregui Antonio.                    La América Central del Siglo XVI. Tomo 1   Imprenta Casa Colorada, Editorial, Guatemala

1935.

Ericastilla Sergio. y Shone Shibata. PRIMER INFORME DE  EXPLORACIONES ARQUEOLÓGICAS.  Proyecto de     Investigaciones           

 1991                                                     Interdisciplinarias., Editado por: Kuniaki Ohi, Museo de Tabaco y   Sal Tokio, Japón.

 Hatch, Marione.                                 Kaminaljuyú: Un Resumen General Hasta 1991. Revista Ut’zib, Asociación Tikal, Guatemala. .

1991

Hermes, Bérnar . Velásquez, J Luis. Esquema Tipológico y Descripción del complejo Transicional Las Charcas. En Informe            1982                                                     Arqueológico del Trabajo de Campo y Gabinete del Grupo A-IV-1. Informe al IDAEH.

 de Fuentes y Guzmán, Francisco.  Recordación Florida. Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. Editorial:                                           1932                                                   Tipografía nacional de Guatemala.

 

Navarrete, Carlos. Luis Lujan.          El Gran Montículo de la Culebra en el   Valle de Guatemala. Instituto de investigaciones                               1986,                                                   Antropológicas. Editorial Olmeca Impresiones  Finas, s. a de C. V. México.

Ortega, Edgar René.                         La Culebra, Kaminaljuyú.  Editado por: Kuniaki Ohi,  Museo de Tabaco y sal, Japón

.2001

Villacorta, J. Antonio y Carlos A. Villacorta. Arqueología guatemalteca. 1927  Tipografía Nacional, Guatemala. 

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Comentario

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Comentario de Sergio Alfredo Ericastilla Godoy el abril 30, 2013 a las 2:57pm

Es de mi total agrado el no observar ningún tipo de anuncio publicitario entre las paginas de ningún artículo.

Sergio A. Ericastilla 

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