Nahualli-temacpalitotique

(Prestigio y Poder Militar)

Por: Alejandro Morales Jiménez.

 

Dos formas, nos indican las fuentes, eran las que propiciaban que un hombre fuera nahual-temacpalitotique: podemos decir que una de ellas era el nacer bajo el signo de Ce Quiáhuitl o Ce Ehécatl. La segunda era por medio de un aprendizaje del uso del arte para hacer maleficios. En este caso sólo nos centraremos en el primero de ellos, el nacimiento. Tal y como nos lo dice el siguiente texto:

 

No ihuan mitoaya:                                          Y también esto se decía:

In aquin ipan [Ce Quiahuitl] tlacatia                                            si el que nacía en [el signo Ce Quiahuitl] era noble,

                                                                       pilli,

nahualli mochihuaya, tlaciuhqui,                   se hacía nahualli, el que adivina los sucesos,

quitoznequi, amo tlacatl.                                Quiere decir, inhumano.

Itla quimonahualtiaya,                                                En algo se transforma como nahualli,

itla ic mocuepaya,                                          en algo se transfiguraba,

azo tecuannahuale.                                         Quizá tenía por nahualli una fiera.

Auh intla macehualli,                                     Y si era macehual,

no yuhqui itequiuh catca,                               también ése era su oficio.

azo totoli, azo cozamatl, anozo chichi,           -Quizá en pavo, quizá en comadreja, quizá en perro

ipan moquixtiaya.                                          Se convertía.

In zazo tlein inecuepaliz,                                Cualquier cosa era su trasfiguración,

inahual mochihuaya[1].                                     se hacía su nahualli.

 

Es así, tal y como lo vemos en el anterior texto, que una de las formas para ser nahual era el nacimiento en el signo Ce Quiahuitl (Uno lluvia). Antes de continuar debemos establecer que entendemos por nahual, ya en trabajos anteriores lo hemos tratado de dilucidar[2]. Aquí sólo a grandes rasgos diremos que el fenómeno del nahualismo es en sumo complejo y no debe de entenderse, en uno de sus aspectos, sólo como mera brujería y superchería. El hacer eso es caer en interpretaciones simples y sin afán de entender dicho fenómeno.

            Ahora bien, debido al sistema de pensamiento que nos rige debemos buscar algunas taxonomías, pero sin dejar de lado que para el mudo prehispánico estas disecciones no existían, que nos puedan esclarecer las funciones en las que el hombre nahualli podía dirigir su capacidad nahualistica.

            Ya en dos excelentes ensayos el Dr. Alfredo López Austin nos habló de los distintos quehaceres o actividades en las que podía verse involucrado un nahual.[3] Por otro lado también este mismo autor, nos señala la posible etimología del significado que pudiera tener el término nahual, nos dice:

 

…la palabra nahual del náhuatl hablado actualmente en Tlaxcala, que significa “gabán, capa”. Si esta proposición fuese valedera, nahualli significaría “lo que es mi vestidura”, “lo que es mi ropaje”, “lo que tengo en mi superficie”, en mi piel o a mi alrededor”.[4]

 

También debemos mencionar que en otro ensayo hecho, posteriormente, por el Dr. Roberto Martínez González intenta darnos el significado verdadero del término, dicho ensayo tiene como título: Sobre el origen y el significado del término nahualli.[5] En él, el autor después de darnos toda una elucidación del término nahualli concluye:

 

nahualli… se aproxima a las nociones de “disfraz” y “cobertura”.[6]

 

Creemos importante señalar que el Dr. Roberto Martínez, después de una larga disertación etimológica llega a una conclusión que anteriormente ya se nos había señalado, ya que al parecer lo único que hace es utilizar otros términos, para decirnos lo expuesto años atrás por Alfredo López Austin.

            Por nuestra parte nos quedamos con la etimología que nos propone el Dr. Alfredo López Austin ya que consideramos que hasta el día de hoy no se ha señalado otro posible significado del término nahualli que nos satisfaga.

            Ahora pasaremos a al segundo de nuestros términos Temacpalitotique, este bien se puede traducir como: El que hace danzar a la gente en la palma de la mano. Este es otro de los apelativos que se le podía dar a un nahual. Recordemos que en el mundo prehispánico no existían lo que actualmente conocemos como especialidades, ya que un nahual podía ser un tlacatecolotl, tlaciuhqui, etc.

Hasta aquí nuestra propuesta ha sido sólo señalar los términos nahualli y Temacpalitotique, y que podemos indicar como paralelos, si se me permite la expresión.

Llegando a este punto, nos es imprescindible señalar que nuestra propuesta tiene como hipótesis el que el nahualli-temacpalitotique actuaba, de acuerdo a algunos textos, como ladrón y violador posiblemente porque más que una actividad facinerosa, tenía que ver más con una forma de demostrar determinado prestigio, poder y rango militar.

Si partimos de que las bases del poder político-sagrado, en este caso el militar, por parte de los antiguos mesoamericanos se fundamentaba en el poder de los nobles cuya relación directa con los antepasados, y la nahualización personal, conjuntamente con su poderío guerrero, los hacía los únicos detentadores del mismo. De ellos emanaba la autoridad y el poder, cuya única finalidad era la defensa de la ciudad ante cualquier peligro. Como podemos observar, es innegable que al ser portadores de tal poder, éste se usaba como “recurso de control social”[7], este poder era usado de manera que beneficiara a la comunidad o castigar, tanto a individuos dentro de la misma colectividad que trasgredían las normas establecidas, tanto como a los que pretendían causar algún tipo de daño a la misma[8].

Siguiendo con lo establecido trataremos de demostrar mediante algunos textos que se escribieron después de la conquista como el nahualismo está estrechamente ligado con lo militar y que posiblemente los temacpalitotique entraban en este rubro, en este caso mencionaremos textos oficiales quichés que nos relatan la batalla que se dio en Quetzaltenango entre Tecum y Alvarado cuya consecuencia fue la muerte de este último, pero lo que sobre sale de este relato es la extraordinaria transformación de pájaro quetzal que hizo Tecum para defender a su comunidad del invasor español[9].

Sin lugar a dudas el poder del nahualismo en los caciques es fundamental ya que de no ser así, autores como Francisco Ximénez no le hubieran dado la importancia que claramente se manifiesta en sus denuncias:

El séptimo rey que tuvieron se llamó Quicab Cauizimah, que… fue también portentoso como Cucumatz y, si fue como él, sería gran brujo del demonio, porque ésta era la grandeza que tenían, y por donde se daban a respetar, por la hechicería: mediante la cual se transformaban en lo que querían y en los animales que se les antojaban, con que hacían mil maldades, como lo usan el día de hoy en muchas partes, transformándose en tigres y leones… a este animal que ellos llaman nagual…[10]

Ante esto, es indudable que hubo cierta continuidad entre el nagualismo y lo político-militar prehispánico con cierto grado de hechicería cuyas características se extendieron en las sociedades campesinas de la colonia. No hay que olvidar que años atrás antes de que Ximénez escribiera su Historia…, muchos de los grandes maestros nagualistas que sobrevivieron al choque español conjuntamente con algunos capitanes de la rebelión maya-tzeltal de 1712 en la zona de Chiapas fueron electos por contar entre sus virtudes la capacidad del nahualismo, y cuyos nahuales eran tan potentes que se creía eran capaces de destruir al ejército español[11]. Ahora, detengamos un momento en esta idea ya que, según nuestra propuesta, los temacpalitotique estaban estrechamente ligados con lo militar dentro del poder político en el mundo nahua, como sustento teórico resulta significativo observar que este tipo de creencia respecto a lo político-militar, también lo podemos encontrar en otras latitudes ya que según Mircea Eliade:

En un fragmento que se ha hecho famoso, la Ynglingasaga nos presenta a los camaradas de Odín: Partieron sin escudos, y estaban tan rabiosos como perros o lobos, y mordían… y eran tan fuertes como osos o toros; mataron a los hombres, ni el fuego ni el acero pudieron con ellos; y eso es lo que se denomina la furia del Berserker [el que se pone hecho una fiera]>>. Esta descripción mitológica ha sido identificada con acierto, como una descripción de sociedades masculinas reales: de las famosas Mannerbünde de la antigua civilización germánica. Los berser-kers eran, literalmente, los “guerreros con camisas (serk) de oso (bjorn)”. Eso equivale a decir que se identificaban mágicamente con el oso. Además de que a veces podían transformarse en lobos y osos… A través de esas pruebas, el candidato adoptaba la manera de ser de un animal salvaje; se convertía en un temido guerrero en la medida en que se comportaba como un animal de presa[12].

Por ello, es interesante recordar que en el mundo prehispánico se nos habla de los gobernantes que, dentro de sus muchos epítetos, se les reconoce como tecuani. ¿Estaremos ante una manera de entender, en el mundo mesoamericano, el poder político-sagrado, y aquellos que lo detentan cómo una forma de depredadores y depredados?

Siguiendo con este orden de ideas, y guardando las proporciones, de acuerdo a lo antes planteado recordemos el pasaje que nos relatas fray Bernardino de Sahagún sobre los temacpalitotique que dentro del pensamiento nahua eran considerados nahuales y que, a su vez, son tachados de ladrones:

…unos hechiceros que se llamaban temacpalitotique de hurtar el cuerpo de esta difunta para cortarle el brazo izquierdo con la mano, porque para hacer sus encantamientos decían que tenía virtud el brazo y mano para quitar el ánimo de los que estaban en la casa donde iban a hurtar. De tal manera los desmayaban que ni podían menearse ni hablar…[13]

Cómo entender este pasaje y, por qué nuestro interés en el mismo, pues bien, no hay que olvidar que una de las situaciones a las que se enfrenta el historiador es poder dar una interpretación lo más acertada posible con la realidad de su objeto de estudio, y es en esta cuestión donde ciertos textos que, a primera instancia parecen de difícil comprensión o, en su caso, para salir al paso, no nos tomamos la molestia de investigar sino que damos nuestras propias categorías y tomamos lo dicho por el texto a pie de letra. Así que se preguntaran qué relación hay entre estos ladrones llamados temacpalitotique y el poder político-sagrado. En este caso proponemos como hipótesis que estos nahualli-temacpalitotique considerados como ladrones no son cualquier tipo de personajes, posiblemente eran miembros de la nobleza, ya que de acuerdo a lo que menciona Eliade bien entran dentro de la categoría de los que son capaces de hacer este tipo de fechorías ya que:

            Al ponerse la piel, el iniciado asimila el comportamiento de un lobo; en otras palabras, se convierte en un guerrero salvaje como una bestia, irresistible e invulnerable. “Lobo” era el apelativo de los miembros de las sociedades militares indoeuropeas… Sólo mencionaré que el comportamiento de las bandas de guerreros indoeuropeos ofrece ciertas similitudes con las hermandades secretas de las sociedades primitivas. En ambas, los miembros del grupo aterrorizan a las mujeres y a los no iniciados y hasta cierto punto ejercen un “derecho de rapiña”… La rapiña y el robo de ganado, en especial, asimilan a los miembros de las bandas de guerreros a los carnívoros. En la Wütende Heer germánica, o en organizaciones rituales parecidas, el ladrido de los perros (equivalentes a lobos) forma parte de un alboroto indescriptible en el que se incluyen todo tipo de sonidos extraños, como, por ejemplo, campanas y trompetas. Estos sonidos desempeñan un importante papel ritual: ayudan a preparar a los miembros del grupo de cara al éxtasis delirante… los miembros son capaces de transmutar su condición profana y alcanzar una existencia sobrehumana, tanto al juntarse con los antepasados como apropiándose del comportamiento –ésa es la magia- de los carnívoros.

            El joven guerrero debía transmutar su humanidad mediante una convulsión de furia agresiva y aterradora que le asimila a una rabiosa bestia de presa. Se “calentaba” hasta un grado extremo, inundándose de tal manera de una misteriosa e irresistible fuerza sobrehumana que sus esfuerzos y vigor guerreros provenían de los más profundo de su ser…[14]

            Nobleza, prestigio y poder nunca han estado separados y mucho menos cuando tenemos datos donde se nos indica que en el mundo mesoamericano muchos de los que detentan el poder se distinguen por su “calor interno” que los hace potentes, y qué decir de estos jóvenes guerreros o temacpalitotique que según nuestra propuesta se dedicaban a la rapiña ya que:

            …piensan en el poder mágico-religioso como algo que “arde”, y lo expresan en términos que significan calor… Calentándose mediante el ascetismo es como Praha-pati creó el universo; lo creó mediante un sudor mágico. Como en algunas cosmogonías norteamericanas. El Dhammapada (387) dice que el Buda está “ardiendo”… Por añadidura, todo tipo de personas o actos implicados en cualquier poder mágico-religioso son observados como algo que quema. Este poder sagrado, que provoca tanto el calor del chaman como el calentamiento del guerrero… La palabra sánscrita Kratu, que empezó denotando la “energía peculiar al guerrero ardiente, Indra”… Estamos pues en presencia de una experiencia mágico-religiosa fundamental, que está universalmente documentada en los niveles culturales… el acceso a la sacralidad se manifiesta, entre otras cosas, por un prodigioso aumento del calor[15]

Es decir que, según nuestra propuesta, probablemente a los jóvenes nobles del antiguo México, en especial a los nahualli-temacpalitotique, se les hacía pasar por pruebas semejantes, ya que no hay que olvidar que muchos de los gobernantes del mundo prehispánico eran considerados como grandes tecuanime.

            Es por ello que no se nos hace extraño que en 1794 a un cacique fundador del pueblo de San Andrés Sajcabajá (Guatemala) fue invocado por las autoridades a sabiendas de que éste se podía transformar y volar, ya que era necesario que se legitimara un viejo título de propiedad comunal, sin olvidar que desde un inició esta petición se llevó bajo circunstancias militares.

            Por otro lado no podemos dejar de lado el que anteriormente hayamos señalado que estos temacpalitotique, bien pudieron ser miembros de la nobleza. Como fundamento tenemos en un pasaje que:

 

In temacpalitoti, ca notzale                 El que hace danzar a la gente en la palma de la mano

piale, tlatole, cuique.                           es poseedor de consejos, depositario (de conocimientos), del discurso, de los cantos.

Y del nahualli se decía:

 

In nahualli tlamatini, nonotzale,                                 El nahualli es sabio, poseedor de consejos,

piale, acemelle…                                            depositario, sobrehumano…

 

Para sustentar nuestra propuesta sobre el posible origen noble de los temacpalitotique tenemos que recordar que el mundo prehispánico la sociedad estaba claramente estratificada, es decir, si bien dentro de la comunidad nahua existía una idea igualdad, en este caso, los macehualtin por ser los “merecidos”. Esto no aplicaba a la nobleza, ya que si estos macehualtin tenían una deuda ya establecida por los dioses y tenían que pagar con autosacrificios y en casos extremos con su propia vida, los nobles no entraban dentro de esa categoría ya que debido a su linaje estaban destinados a otros ámbitos de la vida religiosa. Estos nobles que se llamaban pipiltin ya que según la antigua tradición descendían de Topiltzin “Nuestro hijo” por extensión “Nuestro linaje” eran herederos de Nuestro Señor Quetzalcoatl.

            Estos pipiltin se decían herederos de la tradición, no por nada los sacerdotes toltecas hicieron suyo el nombre Quetzalcoatl. Para el mundo prehispánico la autoridad y el poder provenían de él, y por añadidura los pipiltin vinculaban su linaje a esta deidad portentosa. Por ello sabemos que:

De entre “los de linaje”, los pipiltin, proceden los sacerdotes mexicas, los que saben acerca de los dioses y dirigen los ritos y todas las ceremonias en las fiestas. También son pipiltin los supremos gobernantes, los más altos jueces, los capitanes, los maestros, los sabios, los forjadores de cantos…los pipiltin, dueños de elocuente expresión, maestros de la palabra con flores y cantos, rico conjunto de símbolos…Los cuicapicqueh, “forjadores de cantos”, los Tlamatinimeh, “los que saben algo”, eran pipiltin. Ellos elucubraban y se expresaban por los caminos del canto y la palabra…[16]

Ahora bien, nos queda entender por qué estos temacpalitotique, supuestamente, tenían que ver con algún tipo de cuestión militar en lo referente a su actividad de ladrones. Pues bien, de acuerdo a la propuesta anterior de Mircea Eliade sobre cómo determinados grupos de la nobleza tenían que hacer este tipo de actividades para ganar prestigio y poder, no está de más especular que si la sociedad prehispánica dentro de su estructura se encontraba lo guerrero y una de sus bases principales de esta estructura era la sustentación de las conquistas militares y el uso de la fuerza bélica para obtener el prestigio y el poder necesario para llegar ser un huey tecuani, al menos así nos lo hace ver Alfredo López Austin:

 

            Lo mismos cuentan las historias mexicas de la voluntad conquistadora de Huitzilopochtli durante la peregrinación. Esto es vanidad de conquistadores, justificación de la acción religiosa… La conquista, a su vez, justificaba el dominio. Los derrotados habían estado “en la boca” de los conquistadores, y éstos, en vez de ejercer su derecho de matarlos, les habían permitido vivir, a cambio simplemente de que se sometieran para servir al culto…[17]

 

No debemos olvidar que estos temacpalitotique solían danzar con una imagen de su dios protector, en este caso el dios que era llevado a cuestas por estos nahualli era nada menos que el dios Quetzalcoatl. Que según creemos era el que les proporcionaba el fuego interno, la fuerza del linaje:

 

            Fuerza mágica de linaje… se vieron robustecidos por la protección de los… dioses…Ya con esto aparece una particularidad de importancia. La liga entre caudillo y dioses protectores de los pueblos… El poder trasmitido por el linaje… constituye la virtud de la estirpe de las familias gobernantes…Entre las palabras de despedida se menciona específicamente “fuego y majestad de que nos dotó nuestro padre Nacxit”. Es el mismo fuego del que sus enemigos quisieron privar a los caudillos…Cuando se piensa en este fuego como fuente de poder, y en la fuente como justificación de dominio, puede explicarse el celo con que la nobleza protegía su linaje…[18]

 

Siguiendo con la cuestión guerrera no hay que olvidar que el dios tutelar de los mexicas era el dios portentoso Huitzilopochtli. Ya varios autores del siglo XVI nos describen a este numen como un prodigioso caudillo, Es decir Huitzilopochtli era un dios que se distinguía por su aspecto guerrero. Huitzilopochtli, Mexi, huítzitl, Tetzauhteotl o Tetzahuitl siempre ejerció como sacerdote-dios-militar:

 

Vitzilubuctli: Çan maceoalli, Çan tlacatl catca:            Huitzilopochtli: era sólo un macehual, era sólo un hombre.

Naoalli, tetzaujtl, atlacacemelle, teixcuepanj:             Era nahual, cosa de agüero, revoltoso, no-humano, embaucador.

Quijiocoaianj in iaoiutl, iaotecanj, iaotlatoanj:[19]         Usualmente hacía la guerra. Era capitán de guerra, era el que organizaba la guerra.

 

Ahora bien, ya esclarecido el aspecto bélico de la deidad tutelar de los mexicas y su posible vínculo con los recurso facinerosos de los temacpalitotique para ganar prestigio, poder y fama. No está de más recordar lo que se decía del signo Uno Viento:

 

In ce hecatl.                                                    Uno Viento.

Inin ce hecatl, quitoa amo cualli.                    Dicen que este Uno Viento no es bueno.

Uncan quitonaltiaya in motenehua                             En él asignaban como destino al llamado

Quetzalcoatl,                                                  Quetzalcoatl

in ixiptla catca hecatl, hecamalacotl:              su imagen era el viento, el remolino de viento.

Auh in aquin uncan tlacatia,                           Y quien en él nacía,

Quitoa intla pilli, nahualliyez.                         decían, si era noble, “Será nahual”.

Amo tlacatl, tlaciuhqui, nenonotzale,             No es humano; es adivino; posee tradición;

Impani neci ca tlacatl, ice amo cualli,             en esto parece que es humano; pero no es bueno;

Itlacauhqui, itla quimati,                                 corrompido algunas cosas sabe;

Tlacatecolotlatolli, tlacatecoloyotl.                             el lenguaje del hombre búho, la naturaleza del hombre búho.

Teipitzani, texoxani,                                                  Es soplador a la gente hace hechizos que le salgan granos.

tetlachihuiani, tetlanonochili, tetlateononochili.         hace hechizos a la gente; invoca cosas contra la gente; invoca cosas sobrenaturales.

Much ichihuil much quimati.                         Toda su forma de actuar la conoce.

Azo tecuannahuale, coyonahuale, etc.           Quizá tiene por nahual a la fiera, tiene por nahual al coyote, etc.

Auh intla macehualli                                      Y si es hombre del pueblo

zan ye no yuhqui yehuatl in mitoa:                en la misma forma de él se dice

tlacatecolotl, tetlatlacatecolohuia.                               que es hombre búho, que actúa como hombre búho sobre la gente.

Tepupuxacuahuia, temamacpalitotia.                         Atonta a la gente; la hace bailar en la palma de la mano;

tepoloani, teehuillotlatia.                                Es perdedor de la gente; causa maleficios.

 

Por último, nos detendremos en este aspecto que enuncia el texto arriba citado sobre lo que podía hacer el nahualli-temacpalitotique, y era el que podía hacer que la gente bailara en la palma de su mano.

            Le pondremos al lector la versión que aparece en la obra de fray Bernardino de Sahagún Historia General de las Cosas de la Nueva España:

 

Otro embuste hizo el nigromántico ya dicho. Asentóse en medio del mercado del tiánquez y dixo llamarse Tlacahuepan, o otro nombre Cuéxcoch. Y hacía bailar a un muchachuelo en la palma de sus manos. Dizque era Huitzilopuchtli. Y le ponía danzando en sus manos al dicho muchachuelo. Y como le vieron los dichos tultecas, todos se levantaron y fueron a mirarle. Y empuxábanse unos a otros, y ansí murieron muchos ahogrados y acoceados. Y esto acaeció muy muchas veces que los dichos tultecas se mataban empuxándose unos a otros.

            Dixo el dicho nigromántico a los dichos tultecas: “¡Ah, tultecas! ¿Qué es esto? ¿Qué embuste es éste? ¿Cómo no lo sentís? Un embuste que hace danzar al muchachuelo. ¡Mataldos y apedrealdos!”

            Y ansí mataron a pedradas al dicho nigromántico y al muchachuelo. Y después de haberle muerto comenzó a heder el cuerpo del dicho nigromántico, y el hedro corrompía el aire, que de donde venía el viento llevaba muy mal hedor a los dichos tultecas, de que muy muchos se murían.

 

Antes de seguir debemos señalar que ya el Dr. Guilhem Olivier en una obra de sumo estimable, nos propone una posible interpretación de dicho pasaje:

 

            Así, para explicar esta escena de una manera satisfactoria es conveniente , creemos, retomar la interpretación ya sugerida que asocia las burlas de Tezcatlipoca con la revelación de un destino…Mediante la aparición de Huitzilopochtli, sin duda Tezcatlipoca presenta a los toltecas a aquel que va a ser el dios de sus sucesores, la divinidad mexica por excelencia. Se trata de significar que Huitzilopochtli va a tomar el lugar de Quetzalcoatl. También aquí, en forma manifiesta, Tezcatlipoca ejerce esa función determinante de enunciar el destino.[20]

 

Dicho lo anterior y después de lo expresado e interpretado por el maestro Guilhem Olivier, sólo nos queda dejar al lector el texto en náhuatl:

 

Ca moiocoia ca monenequj, ca moquequeloa: in quenjn connequjz, ca imacpaliolloco techtlatlalitica, techmomjmjlvitica timjmjloa, titetelolooa avic techtlaztica, tictlavevetzqujtia, toca vetzcatica.[21]

            Es arbitrio, es caprichoso, se burla. Actúa como él quiere. Nos pone en la palma de su mano, nos hace girar. Rodamos, nos convertimos en bolitas. Nos lanza de un lado a otro. Lo hacemos reír, hace mofa de nosotros.

 

Por nuestra parte sólo añadiremos que si estos nahualli-temacpalitotique habían nacido en el signo Uno Viento y a su vez se sentían dotados de los poderes y la potencia de la deidad, en este caso, de dos deidades, como son: Quetzalcoatl y Tezcatlipoca, tal y como lo mencionan los textos, no nos he de extrañar que estos personajes los nahualli-temacpalitotique se sentían en todo momento con la facultad de incidir en el destino de los simples mortales, tal y como lo hacia la divinidad en todo momento.

A manera de conclusión, diremos que estos nahualli-temacpalitotique y que, según nuestra propuesta, pertenecían al linaje de los pipiltin, no dejaban de sentirse detentadores de la tradición, y es por ello que debían de actuar de acuerdo a las estructuras simbólicas y religiosas que la misma sociedad había establecido. Como lo señala acertadamente Alfredo López Austin, es una lástima que no tengamos los coplas que entonaban durante sus fechorías estos nahualli-temacpalitotique, pero podemos especular que posiblemente en todo momento entonaban algún tipo de canto que tenía que ver con cuestiones míticas, tal y como lo vemos por lo establecido en el relato de Tezcatlipoca cuando enfrenta a los toltecas a su fatal destino. Por último recordemos que prestigio, fama y poder era uno de los motores que impulsaron el gran andamiaje político-religiosos de las sociedades prehispánicas y que estos nahualli-temacpalitotique no estaba exentos a estas reglas del juego.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

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1962.                          “Highland Chiapas before the Spanish Conquest” (disertación doctoral inédita), Departamento de Antropología, University of Chicago.

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1983                           “cuícatl y Tlahtolli, Las formas de expresión en náhuatl”, en Estudios de Cultura Náhuatl.. Vol; 16.

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1979.                           Códice Florentino, Manuscrito 218-220 de la Colección Palatina de la Biblioteca Medicea Laurenziana, 3 v., Reproducción Facsimilar dispuesta por el Gobierno Mexicano a través del Archivo General de la Nación, México.

Tesis de Licenciatura

2007                            Nahuales y nahualismo en el Altiplano Central, según algunas fuentes de los siglos XVI y XVII. México, UNAM.

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1963                “El nahualismo como recurso de control social entre los grupos mayances de Chiapas, México”, Estudios de Cultura Maya, Vol. 3.

 

Viqueira, Juan Pedro

1997                           “Qué había detrás del petate de la ermita de Cancuc”, Indios rebeldes e idólatras. Dos ensayos históricos sobre la rebelión india de Cancuc, Chiapas, acaecida en el año de 1712, México, CIESAS.



[1] Códice Florentino, Vol.

[2] Tesis de Licenciatura. Nahuales y nahualismo en el Altiplano Central… México. UNAM. 2007.

[3] López Austin, Alfredo. "Cuarenta clases de magos del mundo náhuatl", en Estudios de Cultura náhuatl, 1967. vol. 7, , p. 87-117.

[4] López Austin, Alfredo. "Los temacpalitotique. Brujos, profanadores, ladrones y violadores", en Estudios de Cultura Náhuatl, 1966. vol. VI, México, , p. 97-117.

[5] Martínez González, Roberto “Sobre el origen y significado del término nahualli”, en Estudios de Cultura Náhuatl, 2006d, núm. 37, IIH, UNAM, p 95-106.

[6] Martínez González, Roberto “Sobre el origen y significado del término nahualli”, en Estudios de Cultura Náhuatl, 2006d, núm. 37, IIH, UNAM, p 95-106.

[7] Alfonso Villa Rojas, “El nagualismo como recurso…”

[8] Juan Pedro Viqueira, “¿Qué había detrás del petate…”, pág. 434.

[9] Título Nijaib I redactado entre 1550 y 1560, en Adrián Recinos, Crónicas indígenas…, pp. 87-89.

[10] Fray Francisco Ximénez, Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la Orden de Predicadores, Libros I y II (1721), Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Biblioteca Guathemala XXVIII, Guatemala, 1975, Libro I, Cap. XXVII, pág. 82.

[11] Edward E. Calneck, Highland Chiapas…, pp. 52-57. Y Juan Pedro Viqueira, “¿Qué había detrás del petate…”, pp. 430-435.

[12] Mircea Eliade. Nacimiento y renacimiento: el significado de la iniciación en la cultura humana, Barcelona, Editorial: Kairós, segunda edición. 2007.

[13] Sahagún. Libro sexto. Capitulo XXIX.

[14] Mircea Eliade. Nacimiento y renacimiento: el significado de la iniciación en la cultura humana, Barcelona, Editorial: Kairós, segunda edición. 2007

[15] Mircea Eliade. Nacimiento y renacimiento: el significado de la iniciación en la cultura humana, Barcelona, Editorial: Kairós, segunda edición. 2007.

[16] León-Portilla, Miguel. “cuícatl y Tlahtolli, Las formas de expresión en náhuatl”, en Estudios de Cultura Náhuatl. 1983. Vol; 16.

[17] López Austin, Alfredo. “El fundamento mágico-religioso del poder”, en Estudios de Cultura Náhuatl, 1976. Vol. 12.

[18] López Austin, Alfredo. “El fundamento mágico-religioso del poder”, en Estudios de Cultura Náhuatl, 1976. Vol. 12.

[19] Sahagún, fray Bernardino de. Códice Florentino, Manuscrito 218-220 de la Colección Palatina de la Biblioteca Medicea Laurenziana, 3 v., Reproducción Facsimilar dispuesta por el Gobierno Mexicano a través del Archivo General de la Nación, México, 1979.

[20] Guilhem Olivier, Tezcatlipoca: burlas y metamorfosis de un dios azteca. México, FCE. 2004

[21] Códice Florentino. VI: 51.

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