Preámbulo

 

El que inventa nombres para Sí

 

Antes que existiera el Universo como lo conocemos en expansión centrífuga, toda su materia y la energía formaron parte de una esfera, por demás compactada, que apenas tuvo el tamaño de un huevo de reptil. Dentro la presión fue enorme, de modo que, durante milenios, nunca nada se movió y tampoco pudo escapar siquiera algún pequeño rayo de luz.

 

Durante entonces sólo era posible oír el sonido, casi imperceptible, de lo que parecía un reloj en el centro del Cosmos primitivo: tic tac, tic tac; sin embargo era el corazón de “el que inventa nombres para Sí”, que había permanecido con el cuerpo hecho bola y ya no soportaba más, sobre todo por causa del silencio y la oscuridad que tanto lo atormentaban.

 

Pero fue tanta la presión ejercida sobre su cabeza, que las ideas tampoco pudieron circularle en el cerebro; parecía resignado, y no buscaba ni encontraba la manera de liberarse del ovoide encapsulamiento. Sin embargo de pronto se formó un hoyito en la periferia, tras una explosión que hizo un gran ¡BANG!, y, entonces sí, hasta pudo hablar. “¿Qué fue eso?” preguntó para Sí, ya con la boca por fuera.

 

A continuación hizo espacio para su cabeza y habló en voz muy alta, casi a gritos, sobre la fobia que había adquirido en contra del silencio. Ya más calmado, pormenorizó en cuanto a sus anhelos de moverse: mediante heroicas poesías líricas que cantó en rondas in crescendo desde andante ma non troppo, con el propósito de acostumbrase al ritmo y no marearse.

Pero el novel cantante no pudo acostumbrarse a la velocidad, que en el ritmo llevaban las rondas musicales, y la mente empezó a viajarle como en un carrusel: imaginaba cúmulos de excentricidades rondándole apenas a tempo moderato, aunque sentía que le iban y venían muy veloces ideas, todas en jirones apenas visualizados.

 

Su mente parecía hueca y Él ya estaba muy mareado, cuando invocó en appassionato allegretto una casa totalmente vacía; la deseaba lo más austera posible, aunque sí provista de un magnificente patio alrededor: a semejanza de un tiovivo con adornos lumínicos, bajo toda gama de colores y posibilidad de giros.

 

Sin embargo el Universo aún no tenía espacios vacíos y todavía parecía un nido pletórico de víboras, aunque por el hoyo formado en la periferia se veía que era Él: disfrazado de una mujer-serpiente que a tempo allegro vivace se desenvolvía, con el propósito de abandonar el huevo. Durante entonces alabó la forma perfecta de la esfera, mediante bellos cantos con las tesituras de contratenor y de contralto: en polifonías que no permitían diferenciar entre la voz masculina de la femenina.

 

Ya totalmente liberada, la mujer-serpiente utilizó sus crótalos para musicalizar una danza que dedicó al círculo y a la elipse, de modo que la terminó con ambos extremos del cuerpo traslapándose en aro.

 

Presto, fue incorporándose con muy femeninas hélices que dibujaba con el bajo vientre al bailar y, prestissimo, utilizó la voz masculina más grave para interpretar un himno a la apertura helicoidal.

Ya de pie en el centro del Cosmos, la mujer-serpiente utilizó las tesituras de una soprano lírica y la de un tenor heroico para interpretar lo que hoy llamaríamos un aria, que en cuatro actos versó sobre el movimiento de la materia y de la verdad, así como de su evolución en todas direcciones y dimensiones futuras.

 

Por último el que inventa nombres Sí —bajo mismo disfraz— utilizó un poderoso do de pecho para sentenciar “¡Seré Pilar del Universo, en honor de la verdad!” y quedose inmovilizado: parecía un artista en espera del aplauso que se crece en ovación y hasta en gritos desaforados.

 

Mientras tanto las ondas sonoras viajaron por doquier y se devolvieron, ya magnificadas, a donde fue su emisión: allá en el centro del Cosmos. Desde luego el eco del andante ma non troppo fue el primero llegar y rodeó por completo los pies del Pilar del Universo, por lo menos hasta la altura de los tobillos.

 

Enseguida se apiló el eco de las rondas a tempo moderato, llegándole casi a la altura de los genitales; sin embargo ése sí fue el caso del appassionato allegretto y más aún el del allegro vivace, que se excedió y le colocó sobre la cabeza lo que pareció una corona sin bemol y luego un alto sombrero de copa.

 

Las ondas sonoras formaron un tubo que vibraba a Su alrededor, de modo que eran interpretados en coro multitudinario los cantos traídos por el eco; mas llegaron las vibraciones del crescendo desde presto a prestissimo y tornaron todo aquello en un torbellino cada vez más rápido y extendido.

Peor resultó a continuación con la fuerza del aria y no se diga con la del do de pecho, que dieron todavía más velocidad al ciclón y hasta permitieron que el centro del Cosmos se fuera quedando al vacio; es decir que lo más austero posible, cual era requerido como morada divina, debido a la enorme fuerza centrífuga.

 

Quién sabe cuánto tiempo pasó para que la materia arrastrada por el ciclón fuera cayendo conforme su propio peso, pero primero formó un disco que no paró de girar alrededor de la oquedad central y finalmente fue una dona que al blanco vivo parecía a punto de explotar; sin embargo también se desprendieron las palabras que el eco llevaba y se precipitaron cual refrescante sabiduría, que en verdad a cántaros llovía.

 

Toda esa materia y verdad fueron utilizadas para la construcción del patio y que en efecto resultó como un carrusel adornado con hermosas figuras lumínicas, hasta parecieron bordadas finamente en un vestido de noche.

 

El mecanismo giratorio incluyó dos pilas de materia y de verdad, a uno y otro lado del centro del Cosmos; la más voluminosa tuvo forma cónica y contó en su base con cuatro balines, que le permitirían adquirir la función de turbina. La otra pila era cuadrangular, con cuatro pisos piramidales: al lado de una batería de piezas más pequeñas, aunque a la escala humana eran monumentales.

 

También había un interruptor general, que conectaría entre ambas pilas con dos filamentos en paralela; mas la palanca estaba en posición vertical y el aparato todavía no entraba en función, previo al día de la inauguración oficial, hace ya unos 17,300 millones de años.

Por su parte, el Pilar del Universo parecía muy nervioso; la mano izquierda le temblaba notoriamente sobre la palanca del interruptor general y lo mismo le pasaba con la derecha: encima de los ojos, que de todas maneras apretaba con los párpados. También apretaba los labios de la boca, que permaneció cerrada, y ni siquiera respiró, justo en el momento que puso la palanca en horizontal y el artefacto empezó a funcionar.

 

De pronto se hicieron visibles sinnúmero de colores, todos con posibilidad de giros, y que desde entonces adornaron la periferia del Cosmos como para una gran noche de fiesta o así lo pareció para Él en ese momento, que se puso a cantar y a bailar de contento. Luego se fue a casa: ansioso por observar todo ese movimiento en carrusel, desde la perspectiva que le sería por siempre digna.

 

Aquí podría ser el final de los hechos que vienen a cuento, ya con el Universo creado en expansión centrífuga; mas resulta memorable que ambas pilas de materia y de verdad empezaron a escurrir pequeños chorros de Agua Celeste. Enseguida ya eran borbotones incontenibles, que escurrían y se juntaban en una cascada tan blanca como la leche: parecía una vía láctea entre jardines, que surgieron con el simple contacto del líquido fuga.

 

La vegetación continuaba en una ribera con nueve remansos, dentro de un delta con numerosos meandros, además de lagos, islas y pantanos, previo a la desembocadura en un mar esférico de Agua Divina.

 

Nunca nadie supo cuánto tiempo tardó Él en volver al lugar de los hechos, pero, tarde que temprano, el que inventa nombres para Sí fue atraído por el característico sonido del agua al caer y dijo, sin más preámbulo: “¡También seré Color del Centro!” mientras daba fuego a una Hoguera Divina, que utilizaría provisionalmente como linterna, con el propósito de reparar el desperfecto y retirarse a casa en cuanto antes.

 

Pero el que se aluzaba con la Hoguera Divina no pudo reaccionar tan rápido como quería, debido a un arcoíris que se formó a través de la esfera marina y que lo cautivó a la velocidad de la luz: dejándolo boquiabierto por siempre y con la mente absorta en el Agua Divina, quién sabe durante cuánto tiempo; considérese que el Tiempo oficialmente todavía no existía.

 

Ante sus ojos, casi desorbitados, lució el halo que medía aproximadamente 3.1416 veces la longitud del diámetro en aquella que aparentaba una joya hialina, de convexa brillantez simétrica. Mas tan hermosos colores nunca se movieron y se volvieron monótonos a la vista del boquiabierto que volvió en Sí y por fin pudo pronunciar palabras sin dificultad, aunque sentía cierta incomodidad emocional que lo entristecía muy profundamente, por causa de la inmovilidad en el Agua Divina: “¿Qué hago?” Se preguntó a dos voces “¿Qué hago?”.

 

—¿Cómo puedo mover mi esfera de Agua Divina? Pero sin desparramarla o evaporarla con la Hoguera Divina, porque debo continuar iluminándola; es muy hermosa como para permanecer a oscuras.

 

¿Cómo conseguir que la hidrosfera gire y luzca diferente a través del tiempo? Pero sin mi dependencia directa, porque Yo seré el Pilar del Universo y no estaré aquí para moverla… aunque, ¿quiénes podrían quedarse aquí para hacerlo?

A ver —dijo para Sí en voz alta, mientras concebía la idea—: requiero de seres que tengan cuerpos perfectos y mentes tan evolucionadas como para poder realizar el trabajo en equipo; sin embargo deberán ser tan primitivos como para creerme omnipresente y todopoderoso, de lo contrario no me obedecerán a fe ciega.

 

Entonces —dudó todavía más, llevando la mano izquierda a los labios que colgaban de la boca por siempre abierta— ¿quiénes se desarrollarán hasta venerar en mí al que inventa nombres para Sí y me obedecerán porque soy el Pilar del Universo, así como el Color del Centro? Y desde este momento también seré… ¿qué será bueno? ¿Qué nombre utilizar en mi ausencia?

 

¡El Amo, eso es! ¡El Amo! Pero, ¿el Amo de qué seré?

 

¡Sí! —sentenció, ya muy seguro de sus propósitos— ¡Seré el Amo de Todo Junto y Cerca al Circuito del Agua Divina, en honor de la verdad! >>

 

Pero la esfera marina no se movió sobre su propio eje, mucho menos transitó por algún Circuito y tampoco apareció algún objeto Junto o Cerca del Agua Divina. Definitivamente, el nuevo apelativo parecía inútil en términos prácticos: nada sucedió después de la entusiasta denominación, salvo que se dio tiempo para retocar el disfraz de mujer-serpiente que llevaba puesto y le añadió unas recias patas de jaguar, perfectamente puestas.

 

Sin duda el largo nombre parecía haberle quedado grande, inclusive Él, que ya era el Amo, no sabía a ciencia cierta cómo sería el Circuito del Agua Divina. Inclusive no le quedaba clara la diferencia entre ayer, hoy o mañana, tampoco arriba, abajo o a un lado de la esfera líquida, y confundía entre Junto y Cerca.

 

Fue entonces que se precisaron medidas especiales y Él mismo midió desde la superficie al centro de la esfera, donde prestidigitó con los ojos en blanco cual si estuviera extasiado, mientras multiplicaba por dos a su único dato.

 

Con aquellas operaciones, desde luego, obtuvo el valor del diámetro; sin embargo también resultó un raro objeto que en el centro de la esfera marina debió servir como señal para la medición, aunque quizá se trataba de una basura o eran reminiscencias de algún pase mágico. Mas no importa, lo que viene a caso fueron las medidas tomadas por el Amo de Todo Junto y Cerca al Agua Divina, en advocación de el que inventa nombres para Sí.

 

En seguida calculó el volumen de toda la esfera marina y su cantidad convexa, pero ya sin poner los ojos en blanco y sin ayudarse de las manos para contar; su mente parecía hecha en exclusivo para la Geometría y las Matemáticas aplicadas, inclusive Él visualizaba en ese momento un modelo a escala con dos paralelas tropicales y, justo en el centro, la línea ecuatorial.

 

También imaginó una rosa de los vientos con 4 brazos horizontales, respectivamente para cada uno de los Puntos Cardinales, y 2 vectores de una dirección vertical que contaría con 9 estratos en el nadir y 13 pisos cenitales; considérese que habría 8 capas concéntricas y 1 esférica en lo más profundo del Agua Divina, así como otras 12 concéntricas y 1 esférica en donde se encuentra la Hoguera Divina.

Estaba contemplado que la estructura imaginaria giraría a la velocidad de 15 grados por hora o sea que daría 1 vuelta sobre su propio eje cada 4 días, con el propósito de seleccionar fuentes que en los Puntos Cardinales emanarían viento, vapor de agua y suerte que se renovaría en suspensión atmosférica diariamente.

 

Él por último calculó que el Circuito del Agua Divina debía contener 365 X 52 posiciones diarias —es decir 18,980 tiempos-espacios o fechas-latitudes con el Sol al cenit— cual si fueran domicilios en una calle redonda y a los que habrían de corresponder 260 X 73 cartas meteorológicas durante 52 años.

 

A continuación de las mediciones tomadas, Todo Junto y Cerca al Circuito del Agua Divina cobró perspectiva; ya no habría confusión entre ayer, hoy o mañana, tampoco entre arriba, abajo o a un lado de la esfera líquida. Sin embargo no era así para Él, que se veía más confundido que nunca.

 

Para empezar no entendía por qué el cuerpo parecía pesarle más veces que antes y ni por qué la flojera le agotaba cualquier viso de energía; mas se comprende que así fuera, porque antes no comió y ni siquiera pudo dormir.

 

Su malestar era generalizado y la presión sanguínea le había bajado considerablemente, a juzgar que se le miraba muy pálido y sudaba en frío: a veces con mareos y vómitos por causa real o imaginaria. Por si fuera poco su problema físico, peor resultó para Él la muy notoria depresión emocional por la que atravesó, ya que por todo lloraba y a veces también lo hizo por nada.

Desde entonces se hizo muy extremista, cualquiera hubiera pensado que era bipolar, y tanto fue así: contraparte y complemento, que terminó autonombrándose Dios Dos, no obstante que sólo era Uno… ¿o habría sido Una al principio del Universo? Eso jamás nunca nadie lo sabría.

 

Lo verdaderamente importante es que las hormonas femeninas del Dios Dos se alteraron con inusuales cantidades de progesterona, por lo menos desde que cuatro espermatozoides fertilizaron a misma cantidad de óvulos divinos, porque sí, en efecto, la Dualidad Suprema tendría cuatrillizos heterocigóticos; es decir que todos serían genéticamente diferentes entre sí.

 

Qué feliz se puso el Dios Dos, y hasta volvió a llorar, en el momento que hizo cuentas menstruales y descubrió el motivo su malestar: sus ojos podían verse, tras las abundantes lágrimas que los anegaban, pletóricos de felicidad.

 

Quedose con las manos sobando el todavía delgado bajo vientre, mientras que la mente se le perdió largo rato en el porvenir; mas su moreno rostro fue cobrando seriedad y hasta frunció el ceño, en el momento que recordó sus múltiples malestares y los asoció con la posibilidad de tener más de un hijo… en sólo un embarazo: “Me siento tan mal, que podrían ser cuatro” dijo para Sí el Dios Dos, en efecto, por cuatro.

 

Total que decidió buscar un lugar en el Agua Divina, con el propósito de resguardar el embarazo que le llevaría 260 días. Después de parir Se iría a la casa que permanecía vacía, allá en el centro del Cosmos.

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Comentario

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Comentario de David Toledo Cisneros el marzo 27, 2012 a las 8:15am

Después de girar un rato, la materia y la verdad colisionaron en el centro del remolino, de modo que terminaron por formar una isla para la nueva casa matriz; es decir el Ombligo del Agua Divina, aunque en futuro muy lejano el lugar se refundaría y sería mejor conocido con el novedoso nombre de “Ciudad”. Ahí vivirían los seres esclarecidos, ya en calidad de “ciudadanos”; se trataría de unos duales con cuerpos perfectos y mentes capaces de comprender, que haría el primogénito de la Pareja Divina con maíz blanco y amarillo: en calidad del Dios del Arte y del Conocimiento en “Civilidad”, pero Él todavía ni nacía.

 

El terreno fue provisto de chinampas, que le dieron la forma de un rectángulo perfecto; medía aproximadamente 120 metro de largo y apenas 40 de anchura. En el tiempo de secas se alzaría como una plataforma, bastante fálica, y medio año se invaginaría como una raya en el Agua Divina: conservándose con el interior seco, por debajo de la inundación.

 

El total de la superficie fue dividida en ⅔ de una plaza pública y ⅓ de un patio cuyo carácter sería de exclusivo uso privado. En medio fue lugar para dos casas redondas, ambas por completo vacías y tan austeras que sus paredes no tenían ventanas ni puertas; la entrada era por túneles en el subsuelo.

 

La plaza resultó adornada con una empalizada circular de basalto, cual capullo de margarita en tamaño monumental, lo mismo que un tapón de idéntico material; ambas cosas habían servido para detener el torbellino y el remolino, respectivamente, de manera definitiva. Los embriones de los cuatrillizos quedaron sembrados en el centro longitudinal de esa área pública: sobre cuneros, que se encontraban perfectamente orientados conforme los cuatro puntos cardinales.

 

Por su parte, el área de uso privado fue dedicada a la verdad, en un patio encerrado entre 4 paredes de unos 40 metros de largo; 2 se prolongaban con las calzadas que ya fungían como diques en filamento. El piso se encontraba alfombrado con arcilla en intenso color rojo y las entremezclas con verde figulina, así como con blanco caolín; dibujaban hechos recién ocurridos y harían lo mismo con otros todavía en el porvenir.

 

El color rojo y la forma cuadrangular del solar hacían que en el centro destacara una banca redonda, más o menos a dos metros del meollo a la verdad, y que además brillaba: negrísima como charol, a la técnica —hoy desconocida— del barro quemado.

 

El asiento circular serviría para esperar respuesta a cualquier pregunta planteada, sólo habría que llegar allí y ubicarse en el lugar correcto; considérese que 90° al norte estaría reservado para cuestiones relacionadas con las artes de caza, asimismo las de pesca y las de brujería; hacia el oeste, para las artes agrarias; hacia el sur, para las artes bélicas; hacia el este, por último, corresponderían las Bellas Artes, la Ciencia, la Tecnología, el Urbanismo, la Civilidad y la Administración Pública, todas como ínter disciplinas religiosas.

 

Al centro de la banqueta remataba un domo pulimentado como fondo de cazuela, que tapaba ofrendas de serpentina; todas se hallaban enterradas entre arenas de diferentes colores y texturas. En el fondo se extendía la maqueta de una ciudad, que incluyó unas aspas cual capullo de margarita en flor, así como personas a escala miniatura, y que fueron ocupadas para modelar la civilización que surgiría —hace ya 3,200 años— en el Ombligo del Agua Divina.

Comentario de David Toledo Cisneros el marzo 23, 2012 a las 8:07pm

Preámbulo II

 

El embarazo de la Dualidad Suprema

 

El Color del Centro se puso de diferentes tonalidades y terminó como ido, apenas supo que sería padre primerizo; sin embargo ahora podía vérsele muy activo y sin darse descanso, por demás enrojecido, mientras buscaba un lugar para la protección del embarazo en el Agua Divina.

 

Él quería construir una nueva casa matriz, pero dudaba de vez en vez y adquiría un tono amarillo cual girasol o tan blanco como la nieve del Popocatépetl en el mes de abril, pues la finca debería resultarle en réplica desmedida a la que el Pilar del Universo tenía; mas el Color del Centro no entendía bien por qué, según la Dualidad Suprema: sólo la ubicación correcta permitiría que todo lo acontecido en la casa de arriba se fuera replicando en la de acá abajo, y viceversa en menor medida.

 

Curiosamente el Color del Centro también se puso bien negro, cualquiera hubiera creído que había quedado muerto allí mismo: en los 18.25° de latitud sur; sin embargo continuó avanzando los siguientes 36.5° de la esfera marina, de modo que llegó a los 18.25° del hemisferio complementario y, entonces sí, volvió a ponerse al rojo vivo.

 

Al otro día amaneció radiante de felicidad, porque Él ya estaba seguro con que allí debería sería alzada la casa en réplica desmedida; se refería a los 18° 06’ 12’’ de Latitud Norte y los 94° 02’ 25’’ de Longitud Oeste del Agua Divina, ni 1 minuto más y ni 1 segundo menos.

 

Sólo entonces sus anhelos —de espacio y tiempo para la vida en movimiento— fueron heroicas poesías líricas, que el Color del Centro interpretó por medio del canto en rondas in crescendo desde andante ma non troppo, y hasta danzó: disfrazado de mujer-serpiente que a tempo allegro vivace se desenvolvía.

 

Pronto el eco se apiló alrededor del sitio elegido para la nueva casa matriz y formó un torbellino de Agua Celeste que debió ser un oviducto divino; sin embargo aquello era idéntico a una simple trompa de Falopio humana, por la que descendieron al Agua Divina sólo tres de los cuatro huevos fecundados.

 

Los futuros dioses se sumergieron en la hidrosfera, ya con la forma compacta de mórulas, y flotaron —con el centro ahuecado— en total cuatro gástrulas. Sí, cuatro gástrulas y no sólo tres, porque una de las mórulas se había fraccionado en dos partes que compartieron los nutrientes y el material genético de un mismo huevo; eran homocigóticas, de gemelos.

 

Enseguida el torbellino de Agua Celeste aumentó de tamaño y se le formó un nubarrón huracanado, de modo que parecían un cordón umbilical humano y su respectiva placenta: arriba quedó gestándose la Gran Estrella Valiente, aunque en realidad se trataría del futuro alumbramiento de un planeta y no del nacimiento de una estrella cuyo volumen estaba siendo incrementado, a partir de la materia y la verdad que eran arrastradas por la poderosa corriente del torbellino.

 

También había materia y verdad al lado de las gástrulas. Todo aquello viajaba en círculos dentro de un remolino que surgió en el Agua Divina, nada menos que en prolongación del torbellino: se veía cual si fuese un enormísimo ombligo, que se comunicaba con la placenta a través de su retorcido cordón umbilical.

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