Nuevas miradas redescubren la Tumba 7 de Monte Albán

Nuevas miradas redescubren la Tumba 7 de Monte Albán

Un equipo estudia con técnicas y tecnologías de punta los huesos y objetos hallados por Alfonso Caso.
SABINA ROSAS Y 
J. FRANCISCO DE ANDA-CORRAL
JUL 16, 2015 |
Cráneo decorado con mosaicos de Turquesa hallado en la Tumba 7, de la zona arqueológica de Monte Albán.

Hace más de 80 años, Alfonso Caso sacó a la luz la Tumba 7 de Monte Albán, realizando así uno de los hallazgos más importantes de la arqueología mexicana. En el interior de la cámara encontró los restos óseos de más de 10 individuos acompañados de unos 400 objetos preciosos que calificó como: “El tesoro de Monte Albán”.

Actualmente, la arqueóloga Nelly Robles García encabeza un equipo interdisciplinario que está en camino de encontrar elementos que ampliarán la interpretación del hallazgo que cambió el rumbo de la arqueología mexicana y derivó en la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1939.

El descubrimiento de la Tumba 7, el 9 de enero de 1932, significó en su momento una gran noticia que dio la vuelta al mundo, colocó a Monte Albán en el mapa internacional y a las culturas zapoteca y mixteca a la altura que debían estar, considera Nelly Robles. El periodista Fernando Benítez, en su momento, lo narró así:

“A las 6 de la mañana el joven arqueólogo abandonó la tumba. Todavía seguía impregnado con el olor dulzón y caliente de la lámpara de gasolina y respiró con delicia el aire fresco del amanecer (...) A sus pies se extendía abrupto el cementerio de los zapotecos -cementerio viejo de 18 siglos— que acababa de entregar uno de sus turbadores secretos: la tumba más rica del continente americano (...) No, no estaba soñando. Tenía en las manos una caja de zapatos en la que había colocado sobre algodones 35 grandes joyas de oro y de su memoria no podía desvanecerse la visión de aquella tumba ruinosa, invadida por el polvo y las piedras caídas de la bóveda, donde centelleaban las orejeras de cristal de roca, los huesos de jaguar labrados con escenas históricas, los jades, las copas transparentes de la más pura forma”.

Doctora en Arqueología y maestra en Restauración de Monumentos, Nelly Robles desarrolla con su equipo desde hace cuatro años el proyecto denominado “Nuevas miradas a la Tumba 7 de Monte Albán” que revelará, entre otras cosas, datos más precisos del origen y filiación étnica de los restos hallados por Caso, y si se trata de osamentas completas o de huesos aislados; también se sabrá si los elementos presentes en los ritos funerarios sostienen la hipótesis de una invasión mixteca a la urbe zapoteca o si más bien se trató de una mezcla cultural más sutil y diplomática.

El equipo multidisciplinario compuesto por arqueólogos, antropólogos físicos, etnohistoriadores, químicos, físicos, trabaja ahora con técnicas y tecnologías de punta y bajo nuevos paradigmas históricos para responder preguntas sobre la interacción de las culturas mixteca y zapoteca que tuvo lugar en los valles centrales de Oaxaca hace unos 650 años.

Robles García refiere que hasta hace cuatro años no había existido interés de retomar holísticamente este hallazgo, que más allá de ser de extraordinaria belleza y un valor estético incalculable, presenta datos para comprender aspectos fundamentales del orden social, político y religioso de las principales culturas de Oaxaca, unos años antes de la conquista española.

A través de estas “Nuevas miradas”, por primera vez los huesos humanos hallados en la cámara descubierta por Caso han sido reanalizados por el equipo de antropólogos físicos encabezados por el doctor Sergio López Alonso, especialista del INAH; igualmente se someten a análisis finos de ADN y de isótopos estables de carbón, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno, para verificar la consistencia de las dietas y determinar el rango geográfico de procedencia de los esqueletos; también se han realizado diversos estudios de Carbono 14 para obtener su antigüedad con precisión científica. Estos estudios avanzados se llevan a cabo en los laboratorios de biología humana evolutiva de la Universidad de Harvard, bajo la dirección de la doctora Noreen Tuross.

De igual manera, se lleva a cabo una revisión de algunos de los objetos que integraron la ofrenda de los entierros. No sólo una nueva lectura iconográfica de las piezas de metal, principalmente en oro y plata, sino también las elaboradas en turquesa, jade, obsidiana y ámbar son cuidadosamente analizadas a través de nuevas técnicas y paradigmas, para determinar otros aspectos, como su procedencia y el tipo de herramientas utilizadas en su elaboración.

La arqueóloga revela que gracias al trabajo minucioso de excavación y registro realizado por Caso es posible hoy, con los adelantos tecnológicos disponibles, que esos materiales vuelvan a ser estudiados.

“También comprobamos -dice Nelly Robles- que el trabajo de Alfonso Caso estuvo excepcionalmente bien hecho. Tengo una gran admiración por él, porque nos demostró qué tan profundo era el conocimiento que manejaban los arqueólogos de su momento; como integrante de la gran escuela mexicana de arqueología y antropología tenía la capacidad de abordar diferentes temas que ahora nosotros analizamos a través de distintas especialidades. Con su minuciosidad para excavar y su perfecto registro de cada objeto, Caso nos dejó abierta una enorme veta de investigación que ahora continuamos con nuevas tecnologías”.

Las credenciales académicas de Nelly Robles García son inmejorables. Oriunda de Oaxaca, investigadora por más de 30 años en el INAH, y poseedora de una sólida formación en el ámbito internacional, es conocedora avezada y apasionada de las culturas y del desarrollo de la arqueología en su entidad natal. Fue directora de la Zona Arqueológica de Monte Albán de 1997 al 2010, presidenta del Consejo de Arqueología del INAH del 2009 al 2012 e investigadora visitante del Fulbright Scholar Program (Comexus) en la Universidad de Harvard en el ciclo 2013-2014. Es autora de decenas de artículos, libros y publicaciones, como el Proyecto Mitla, Plan de Manejo de Monte Albán, y Yucundaa, el pueblo viejo de Teposcolula, entre otras, que le han valido los premios del INAH Manuel Toussaint en 1988 y Francisco de la Maza 2001; y en el 2011, el Premio a la Excelencia en el Manejo de Recursos Culturales que otorga la Society for American Archaeology de Estados Unidos.

Además de los estudios de laboratorio para la Tumba 7, que se realizan mediante un convenio en la Universidad de Harvard, el iconólogo holándes Maarten Jansen, de la Universidad de Leiden, Países Bajos, como parte de este equipo, lleva a cabo una relectura de los códices mixtecos que permitirá actualizar las historias plasmadas en los huesos tallados y en los objetos de oro. “El amplio conocimiento que hoy tenemos de los códices mixtecos está permitiendo releer las fechas marcadas y se están correlacionando con descubrimientos arqueológicos recientes en la región y con datos aceptados de la historia mixteca y zapoteca”, explica la doctora Robles.

De forma paralela, arqueólogos estudiosos de Monte Albán hacen lecturas de historiografía y de planos; asimismo, sostienen contacto directo con las comunidades aledañas, donde han encontrado trabajadores del campo con historias aún desconocidas sobre el descubrimiento de la Tumba 7.

Alianzas y cacicazgos mixtecos-zapotecos,
nuevos datos

Nelly Robles destaca que, en los últimos años, a través de hallazgos arqueológicos ocurridos en la región de los valles centrales y la Mixteca, resultado de diversos proyectos de investigación, se ha identificado una serie de ritos en honor a los lugares sagrados.

Un caso ejemplar, dice, se vio en Yucundaa, pueblo viejo de Teposcolula, en la región mixteca, donde se descubrió el entierro de una mujer fallecida durante el traslado del pueblo viejo al pueblo nuevo (1550), acompañada de una gran ofrenda. “Es notorio cómo en este entierro articularon el rito funerario con la ofrenda a un lugar. Y este tipo de acontecimientos están siendo comparados con la información que nos están arrojando los estudios etnohistóricos de la Tumba 7”, precisa la arqueóloga.

Otro aspecto interesante es que hasta la fecha algunos investigadores han supuesto que la última etapa constructiva de Monte Albán es de tradición mixteca debido a una invasión de este grupo a los valles centrales de Oaxaca, incluso se habla de incursiones bélicas de los mixtecos, pero “ahora vemos que esta aseveración se va debilitando poco a poco”, dice Nelly Robles.

La presencia de elementos mixtecos en el valle de Oaxaca está comprobada, “lo que ya no podemos asegurar es que fuera resultado de una invasión bélica, sino algo más sutil”. Explica la doctora Robles que a partir de las últimas investigaciones, los especialistas están definiendo una expresión zapoteca que va adquiriendo formas mixtecas como resultado de una gran interacción entre las dos culturas.

“Todo apunta a que lo que se vivió fue un avance de la cultura zapoteca en su relación diplomática con los mixtecos, y la expresión de ambas culturas a la llegada de los españoles fue producto de alianzas, de expresiones del orden diplomático y de la suma de voluntades para lograr el establecimiento de cacicazgos a través de matrimonios entre nobles zapotecos y mixtecos. Todo esto comienza también a revelarse a través de las “Nuevas miradas a la Tumba 7”, comenta Nelly Robles.

Otro ejercicio que se está llevando a cabo a través de este proyecto de investigación es la revisión historiográfica a través de las imágenes de la exploración de la cámara funeraria, disgregadas en varios archivos, ya que cuando Alfonso Caso falleció, una parte de su documentación la resguardó la UNAM, otra parte se quedó en el Fondo Rubín de la Borbolla, y en la Hemeroteca de Oaxaca está la documentación que permite el seguimiento del famoso pleito entre el gobierno de Oaxaca y la Federación, que dio origen a la primera controversia constitucional en materia de patrimonio cultural en México, por los objetos que integraron la ofrenda de la Tumba 7.

El proyecto de investigación pretende reunir en un corpus documental toda la información que se ha ido rastreando de aquella historia. “En esta tarea ha sido muy útil solicitar, además de los especialistas, la colaboración de personas que trabajaron con Alfonso Caso y de la familia de Ignacio Bernal, quienes han ayudado a comprender situaciones de la época y a identificar personajes que aparecen en las imágenes”, comenta la arqueóloga.

El proyecto “Nuevas miradas...” tiene por objeto que las nuevas investigaciones completen la identidad de la Tumba 7 y amplíen el conocimiento de los antiguos habitantes de Monte Albán y Oaxaca para contribuir a la solidez de la identidad de los pueblos de hoy.

Fuente: http://m.eleconomista.mx/entretenimiento/2015/07/16/nuevas-miradas-...

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