INAH noticias: Miércoles, 26 de Junio de 2013 15:14

Música prehispánica

La existencia de la música prehispánica se fundamenta en la evidencia arqueológica de instrumentos utilizados por antiguas culturas, pero también en el uso de diversas escalas tonales, y no sólo la pentatónica (de cinco tonos) que, “podemos afirmar, los antiguos pobladores de México conocieron y aplicaron”, destacó el investigador Felipe Flores Gamboa, quien participará en el Ciclo Conversaciones Musicales, organizado por la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Flores Gamboa, investigador de la Fonoteca del INAH, explicó que con un rango de antigüedad que va de 3500 a.C. hasta varios decenios después de la Conquista, los instrumentos prehispánicos que se conocen y que se conservan como piezas de museo, pertenecieron a las culturas maya, mixteca, zapoteca, purépecha, olmeca, totonaca, mexica, y antiguos grupos del noroeste.

El especialista argumentó que la música prehispánica no era sólo pentatónica (escala musical de cinco tonos con ausencia de semitonos) como se creía hasta hace algunos años, pues “actualmente sabemos que manejaban una escala diatónica, la polifonía y microtonía, lo cual comprendía distintas familias de instrumentos; tenían la flauta transversal y diferentes cuerdas, e intuyeron conceptos como el ruido rosa (que desciende 3 decibeles por octava)”.

A partir de la arqueología y etnomusicología, explicó, ahora es posible conocer la sonoridad de instrumentos tan variados, como silbatos, ocarinas, flautas, huéhuetl, palo de lluvia, caracoles, teponaztli, corta vientos, ollas y marimba de piedra, entre otros.

 

El sonido de los instrumentos prehispánicos
Felipe Flores comentó que, aunque no es posible saber exactamente cómo sonó la música prehispánica, a partir de investigaciones de etnomusicología se ha podido intuir su sonoridad gracias a las expresiones autóctonas, las cuales han sobrevivido por cerca de 500 años, como parte de algunas festividades y ritos de Oaxaca, del Totonacapan y de la península de Yucatán.

“Así como han persistido la lengua y los usos y costumbres de nuestros pueblos indígenas, también ha perdurado la música, pero mezclada con la cultura occidental”, anotó.

Ejemplificó que en la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología hay una flauta triple de barro, que emite tonos y semitonos. También los arqueólogos hallaron en Veracruz otro instrumento de este tipo, de filiación totonaca y que data del periodo Clásico Superior (entre 500 y 800 d.C.), el cual en lugar de agujeros para obturarse y tocar un tono específico, tienen un émbolo dentro lo que permite tocar cromatismos oglissandos.

En el vasto universo de los instrumentos prehispánicos “hay flautas de carrizo (ácatl, en náhuatl), que en vez de agujero, tienen ranuras o canales, lo que permite el microtonalismo (que utiliza intervalos musicales menores que un semitono). Cabe señalar que en la música occidental, el mexicano Julián Carrillo, a finales del siglo XIX, propuso la utilización de microtonos”.

Felipe Flores, profesor de folclor musical en el Conservatorio Nacional de Música, detalló que en ciertas representaciones pictóricas se pueden reconocer las dimensiones de las trompetas mayas, como las que aparecen en los murales de Bonampak (muro norte de la Estructura 1). Asimismo, este tipo de instrumentos se aprecian en antiguos vasos, cuyas dimensiones alcanzan la misma estatura que los músicos.

El aporte más importante de esta antigua civilización, dijo, fueron las flautas de tres tubos, que permitían al ejecutante tocar la melodía y tres voces con un solo instrumento; además del zacatán (tambor de parche) y el tunkul, utilizados para las percusiones, así como caracoles, sonajas y ocarinas.

Señaló que en Mesoamérica, la organología mexica se enseñaba en el Mixcoacalli (Casa de la serpiente de nubes), lugar para guardar los instrumentos musicales, y el Cuicacalli (Casa del canto), donde se instruía en la poesía, junto con la danza y la música, como apunta la Historia general… de fray Bernardino de Sahagún. Además, algunos cronistas hablan del cuicámatl o libro de los cantos, en el que se consignaba la música.

Los principales instrumentos mexicas son el huéhuetl, tambor vertical construido con un tronco de árbol ahuecado, el teponaztli, también de madera con dos lengüetas formadas por angostas incisiones y el atecocolli, que es una trompeta elaborada con un caracol marino; además de las flautas de cuatro agujeros, y un silbato que se ha llamado “de la muerte”, pero que reproduce el sonido del viento.

En el Occidente de México, añadió Felipe Flores, podemos hablar de un silbato purépecha muy especial, hecho con madera o hueso, que se colocaba dentro de la boca, entre los dientes y los labios, que producía un chiflido muy fuerte y era usado para llamar a los animales y cazarlos.

Flores Gamboa aseguró que en el viernes próximo, en Conversaciones Musicales, también se hará un recuento de los instrumentos de las culturas del Norte, que lograron conservarse porque estuvieron relativamente aisladas de la Conquista, en el siglo XVI, como fue el caso de los huicholes, coras y tarahumaras, lo que permite tener una idea de la música que existió en la época anterior al arribo de los españoles a esta región.

Lo que ahora se llama música prehispánica, concluyó, son proyecciones musicales o improvisaciones con instrumentos antiguos o réplicas de éstos, “que nos acerca a cómo sonaban en tiempos prehispánicos, donde la música se utilizaba para fiestas, ritos y la guerra, pues era una forma cotidiana de agradar a los dioses, obtener salud, cosechas, lluvias y conquistas”.

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