Por qué los humanos tenemos colores diferentes de piel.

Por qué los humanos tenemos colores diferentes de piel.

Niños

En estos tiempos de globalización, inmigración masiva e integración cultural, no hace falta estar en Nueva york o Londres para toparse en cada esquina con personas de diversos colores de piel. Prácticamente en cualquier ciudad de occidente es posible disfrutar de la gran variedad de grupos étnicos con los que la evolución ha regalado al mundo, desde el más pálido escandinavo hasta el negro casi azul de una familia sub-sahariana, pasando por un buen número de tonos de moreno de árabes o latinoamericanos. Todos humanos y todos descendientes de una misma mujer que vivió en África hace casi 200.000 años. ¿Pero cómo fue que los descendientes de una misma persona hayan terminado tan diferentes en su apariencia? La respuesta nos la dan la selección natural y la evolución.

La diferencia en el color de la piel, el pelo y los ojos de los humanos tiene que ver con la presencia en mayor o menor medida de una sustancia llamada melanina, producida primordialmente en la epidermis, justo por debajo de la piel exterior. La melanina es un pigmento, un tinte que colorea la piel que la contiene, dependiendo de su abundancia el color: más melanina=piel más oscura; menos melanina= piel más clara. Pero teñir no es la única función de esta sustancia, ya que la melanina también protege a los humanos (y a otros animales) de la radiación ultravioleta proveniente del Sol, que puede causar destrozos tales como melanomas, cáncer en la piel, y frenar la producción del ácido fólico tan importante para el desarrollo embrionario, o sea, de los bebés en el vientre materno. Para ser exactos, hay dos tipos de melanina que producen tonos diferentes: la pheomelanina, que es roja y amarilla y está presente en las pieles claras, y la eumelanina, de un marrón oscuro al negro y que producen aquellos cuyas pieles son más oscuras. Pero más que el tipo de melanina que produce cada individuo, es el tamaño y el número de células productoras (melanocitos) lo que determina el color de la piel.

A los primeros humanos que vivían en las tierras cálidas y soleadas de África, la melanina les venía de maravilla porque les protegía de la radiación ultravioleta, y por eso su piel oscura era una ventaja (un cara-pálida como los que ahora invaden las playas del sur de España, por ejemplo, no hubiese sobrevivido en dichas condiciones). Pero cuando la emigración llevó a nuestros ancestros hacia latitudes más altas en los bosques tupidos y cielos nublados del  norte de Asia y Europa, dicha ventaja dejó de serlo. El problema estriba en que el cuerpo humano necesita un mínimo de sol, especialmente para sintetizar la vitamina D. Cuando las primeras tribus alcanzaron las estepas siberianas, sus pieles morenas rechazaban el poco sol que recibían, produciendo cada vez menos de esta vitamina. La falta de este aditivo tuvo como consecuencia el aumento de enfermedades, especialmente el raquitismo, una enfermedad que afecta principalmente el crecimiento de los huesos, pero también de otros trastornos como la osteoporosis en la edad adulta. Poco a poco, los humanos que por 

razones de mutaciones o de características relacionadas con los genes de los padres presentaban una menor presencia de melanina, esto es, aquellos con una piel más clara, se adaptaron mejor a las zonas con menos Sol y proliferaron, relegando lentamente a aquellos de pieles más morenas. En otras palabras, piel más clara, igual a más vitamina D, igual a más salud, igual a más bebés; piel más oscura, menos vitamina D, menos salud, menos bebés. Después de miles de años, la distribución geográfica de la población marcó la aparición de la gran variedad de tonos, ayudada, como no, por el apareamiento de hombres y mujeres con colores de piel diferente.

Existe una correlación directa entre la distribución geográfica de la radiación ultravioleta (UVR) y la distribución de la pigmentación en la piel. Aquellas zonas con mayor UVR tienden a estar pobladas por gente con mayor pigmentación, piel más oscura, mientras que las zonas con menor UVR, más alejadas de los trópicos y más cercanas a los polo, muestran pieles más claras. Por supuesto, en la actualidad muchos de los factores que complicaban la vida a los humanos de piel oscura en latitudes altas han disminuido su efecto, y no sólo por una mayor protección contra la radiación, sino por el hecho de que la vitamina D se puede obtener de otras fuentes.

Distribución del color de piel humana en el mundo. A mayor número, más oscura la piel).

Como veis, el color de vuestra piel no es más que una adaptación evolutiva para sobrevivir en zonas con más o menos radiación solar, y no una diferenciación racial, cultural o étnica con marcadas capacidades intelectuales o físicas. Lo mismo sucede con otras características físicas diferentes en los varios grupos étnicos como el tipo de pelo, e incluso la complexión física, que no son más que adaptaciones al entorno. Desgraciadamente, algunos humanos siguen pensando lo contrario.

Y recuerda, no te creas todo lo que digo, y no porque yo mienta, sino porque puedo equivocarme y porque mi intención no es convencer, sino estimular el estudio de la historia. Investiga, comprueba, lee y saca tus propias conclusiones, y si quieres, compártelas con nosotros en los comentarios.

Puedes empezar por aquí: Melanina

Fuente: http://www.cienciahistorica.com/2014/10/11/por-que-los-humanos-tene...

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Comentario de Rubén CALVINO el septiembre 19, 2015 a las 8:10pm

EL CUERPO HUMANO  COMO  GNOMÓN  SOLAR  Y  REFLEJO  MESOLÓGICO

El color de piel no es más que una adaptación evolutiva de nuestra especie alcanzada a los efectos de sobrevivir en medio-ambientes con más o con menos radiación solar, y no un factor que justifique hablar de diferencia racial, cultural o étnica que implique la posesión de capacidades intelectuales o físicas distintas.

Lo del color de piel diferente, es lo que sucede con otras características físicas que al ser humano le dan una apariencia distinta dentro de cada uno de los varios grupos étnicos, como puede ser el tipo y color de pelo, de ojos, la complexión física, y en general otros aspectos que en rigor de verdad, no son más que adaptaciones al entorno.

Es que ¡¡¡somos reflejo del entorno!!! y siendo la piel el órgano más grande del cuerpo humano, con una superficie aproximada de 2 metros cuadrados y un peso de 5kg mas o menos, es la piel el órgano que con mayor notoriedad refleja al ambiente condicionador mediante la cantidad de melanina específica que cada una de las células epiteliales sabe producir.

La mayor capacidad para producir melanina por cada célula o producción específica de melanina, es lo que hace a la diferencia del tono y/o coloración de piel, por lo que a mayor capacidad específica para producir melanina, menor es la capacidad para producir vitamina D, con lo cual, los cuerpos se adaptan para producir la cantidad total de vitamina D necesaria, regulando la capacidad de producción específica de cada célula en función de la incidencia solar y dicho sea de paso, esa cualidad de producir vitamina D en función de la incidencia solar que tienen nuestras células, que  hacen que el tono de piel, de alguna manera se comporte cual un indicador de la mayor o menor producción de vitamina D por célula que como correlatos tiene el tipo de ambiente, la incidencia solar, la latitud geográfica y consecuentemente con dicha latitud, la longitud de las sombras propias a dicha latitud, de modo tal que, a mayor capacidad de producción específica de vitamina D, por cada una de las células, mas largas son las sombras específicas, mayor la latitud geográfica, menor la incidencia solar y mas gélido el medio.

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En definitiva, el órgano mas grande del cuerpo humano es un órgano esencialmente gnomónico y se relaciona directamente con la latitud, la incidencia solar, la producción de vitamina D y la longitud de la sombra del propio cuerpo.

Del mismo modo ocurre con la gracilidad y espigamiento corporal de nuestro linaje, el cual es excluyentemente único y se ha diferenciado bastante del neandertal u otras variantes humanas, tanto como diferentes has sido las latitudes en que se desarrollaron y adaptaron, por lo que tal diferenciación, no es otra cosa que una consecuencia similar a la del color de piel y la vitamina D, esto es que, la gracilidad y espigamiento corporal que al hombre lo hacen y consuman como un perfecto gnomón zoológico vertical y ambulante, es también una consecuencia de la relación del hombre con el Sol y fundamentalmente de la experimentación con su sombra.

Esta mirada gnomónica sobre el color de piel y la producción específica de vitamina D, sugiere que es en el cuerpo humano, donde mas clara y directamente evidenciamos las condiciones que el medio ambiente ejerce sobre nosotros y en tanto tal evidencia, nuestro cuerpo se convierte en un instrumento de registro medioambiental que al hablarnos del Sol y su incidencia, se reconoce como el primer instrumento gnomónico.


No hay cultura que en sus mitologías y/o prácticas rituales haya dejado de lado al Sol.

El Sol es omnipresente en toda cultura humana y tiene mucho que ver con nuestro espigamiento y gracilidad corporal que permitió al hombre pretérito adoptar posturas como para modular y controlar las formas y longitudes de las sombras a voluntad, jugando primero y utilizándolas para la orientación espaciotemporal, después.

Los megalíticos monumentos que podemos hallar en distintas latitudes, no son otra cosa que la proyección exteriorizada y a diversas escalas del propio cuerpo humano hecho gnomón fuera de sí, como reproducción material por medios no biológicos del cuerpo humano en ejercicio de la función gnomónica.

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