Programa de trabajo 2010-2012 Antonio Caballero, Coordinador de Arqueología



Introducción



La enseñanza de la arqueología en México ha sido uno de los deberes que históricamente han sido
responsabilidad y honor de la ENAH. Desde su antecedente en la Escuela
Internacional de Arqueología y Etnografía Americana, en los inicios del siglo
pasado, y con la fundación de la ENAH, treinta años más tarde, la arqueología
es uno de los pilares académicos que han sustentado la investigación científica
en nuestro país dentro del campo de la antropología.


Tal deber recae dentro de la licenciatura en Arqueología que acoge la ENAH, el espacio en donde se forman y
dan sus primeros pasos dentro del campo profesional los futuros investigadores
sociales en esta disciplina.


Actualmente, este programa académico ha pasado por profundas modificaciones que le perfilan retos que no
se habían contemplado, como son la modificación del calendario escolar—con el
consecuente traslape generacional que se vivirá hasta 2011—o la modificación
del plan curricular de la licenciatura, con puesta en vigor para el próximo
periodo escolar.


Estos cambios, aunados a los retos que la licenciatura posee desde administraciones anteriores, como son la distribución
del banco general de horas asignadas para la impartición de clases, el
seguimiento de egresados y la inserción de los mismos dentro del campo de
trabajo, los lazos horizontales y verticales con asignaturas de otras
licenciaturas, entre otras cuestiones.



Retos para la coordinación 2010-2012.



Tales retos colocan a la licenciatura en un periodo crucial de su historia, en tanto programa de
educación superior, y a su jefatura como parte primordial en la búsqueda de
oportunidades y soluciones.


Sin embargo, el panorama de acción que nuestra licenciatura posee es rico en opciones y oportunidades. Las
posibilidades que la infraestructura de la ENAH, en tanto Institución de
Educación Superior, permiten no sólo fortalecer las actividades que hoy día se
desarrollan por parte de nuestra licenciatura, sino establecer nuevas dinámicas
de trabajo, acordes tanto a la realidad histórica a la que los arqueólogos nos
enfrentamos desde la formación, y posteriormente al insertarnos dentro de la
dinámica laboral.


Uno de los puntos nodales para lograr este cometido es la evaluación y diseño de estrategias educativas
que aprovechen el esquema organizacional actual, nutriéndose de las
experiencias pasadas y aprendiendo de los errores cometidos durante
administraciones anteriores.


La revisión de los procesos de conformación del mapa curricular, así como de la plantilla docente apunta la
formación de arqueólogos hacia un perfil de especialización temática que, si
bien no es excluyente del resto de los contenidos temáticos, rigidiza la conformación
de un plan educativo personal acorde a los intereses del alumno, a la par que
no vilipendie el conjunto de conocimientos y técnicas básicas que todo egresado
de la licenciatura debe psoeer.


Para ello, es necesaria la aplicación de estudios en el campo de trabajo, que permitan conocer las
demandas laborales, y apuntar hacia carencias temáticas que éste posee.


En este punto, una revisión sumaria de los proyectos arqueológicos aprobados por el Consejo de Arqueología,
así como de las oportunidades laborales en otras Instituciones de Educación
Superior, Institutos de investigación o entidades públicas, pareciera
encasillar el ejercicio profesional del arqueólogo dentro de un espectro muy
reducido de temas, casi todos ellos avocados al estudio de las culturas
prehispánicas en México. No obstante, las necesidades del subsector cultural,
así como de la administración Publica en sus disntintos órdenes de gobiernos,
sugieren la inserción de profesionales en la arqueología dentro de ramas
temáticas de la más variada índole, como es la planeación territorial en áreas
rurales, estudios de impacto económico en zonas turísticas, investigación
teórica y aplicada a colecciones arqueológicas del extranjero, colaboración en
la curaduría de exposiciones y estudios de antropología urbana, por tan sólo
mencionar algunos de los nichos posibles.


La formación de arqueólogos en la ENAH se ha caracterizado por la consolidación de un aparato teórico y
crítico de primer nivel, así como la práctica en métodos y técnicas aplicables virtualmente
en cualquier tipo y modalidad de contexto arqueológico.


Sin embargo, tópicos como la formación en culturas no mesoamericanas—sin mencionar aquellas fuera del
territorio nacional actual—coloca en desventaja a nuestros egresados, frente a
otros profesionales de disciplinas afines, así como de aquellos que emanan de
las instituciones que ofrecen también el programa académico de Arqueología.


Esta desventaja puede ser subsanada con el impulso de temáticas avocadas al manejo de nuevas tecnologías,
así como la consolidación de ejes teóricos centrados en temáticas de corte
cronológico y temático más amplias.


Del mismo modo, el otro pilar para lograr este cometido es la búsqueda del diálogo constructivo,
habilitando la comunicación constante y permanente tanto con la coordinación,
como entre los distintos actores académicos que establecen la dinámica escolar.


Durante algunos años he dado seguimiento a algunas de las demandas e inquietudes que diversos integrantes de
las comunidades académicas han expresado con respecto a los procedimientos,
políticas y actividades que se suscitan en la ENAH, y en especial al interior
de nuestra licenciatura. Sin miedo a equivocarme, podría asegurar que gran
parte de estas inquietudes persiguen un fin común: el mejoramiento de la
calidad académica, y la consolidación de un ambiente académico inclusivo y de
respeto mutuo. El obstáculo a vencer es la comunicación. La solución puede ser
entablada a través de la jefatura de la carrera, propiciando los espacios y
canales de participación, a partir de los cuales se conjunten intereses comunes
y se propicie el trabajo conjunto.


Por otro lado, una de las principales dudas que el alumnado encara desde mediados de la carrera—vivido en
carne propia hasta el día de hoy—es la incertidumbre laboral que se cierne en
los arqueólogos. Como un egresado de esta escuela, entiendo las dificultades y
desafíos a los que el profesional de la arqueología se enfrenta al terminar su
formación, al entrar en contacto con un entorno que, lejos de impulsar su
crecimiento profesional e impulsarle a continuar con éste, le remite a vivir en
una búsqueda indistinta de oportunidades de trabajo. Es cliché dentro de los
pasillos de la carrera, el asumir que la vida del arqueólogo es incierta, y que
trabajo efectivo es el que se consigue, no aquel que interesa.


No obstante, y es necesario enfatizarlo, nuestra formación no se remite a la clasificación de materiales
arqueológicos en un sitio del que no se conoce bien el desarrollo regional y
local, o la mera labor técnica de sistematización de datos arqueológicos. Como
investigadores sociales, que además poseen formación en el diseño y dirección
de proyectos de investigación, políticas públicas y manejo de recursos, los
arqueólogos debemos estar facultados para procurar nuevos enfoques de
investigación y llevarlos a cabo. Asimismo, el mapa curricular posibilita la
búsqueda de profesionales de disciplinas afines, fomenta el trabajo en grupo y
permite explorar la vasta oferta de financiación que las instituciones de la sociedad
civil, las dependencias gubernamentales y la esfera de la iniciativa privada
ofrecen actualmente. Esto si bien en el discurso es parte de las herramientas
que nuestra escuela ofrece, no se lleva a cabo del todo en la práctica. Es
necesaria una profunda sensibilización sobre el papel que el arqueólogo posee
ante la realidad actual, tanto como servidor público, como agente social y,
claro está, administrador de proyectos de investigación. Esta es una
posibilidad real, constatada por un servidor, y aspecto que ha regido mi plan
de vida.


Por tanto, propongo un plan de trabajo para estos dos años que logre los cambios necesarios para encarar
los retos que el arqueólogo mexicano, formado en la ENAH, tendrá como
constantes durante el desempeño de su trabajo.



Propuestas de trabajo.



.Como coordinador de la licenciatura, me comprometo a fortalecer las estrategias de enseñanza y los
canales para la inserción de los arqueólogos que la ENAH prepara. Todo ello a
partir de cuatro ejes principales.



I.- Formación curricular.



A través de la revisión activa de los perfiles docentes para cada una de las asignaturas impartidas en
la licenciatura, buscaré incrementar el nivel académico de la planta de
maestros que actualmente imparten clase en nuestras aulas. Muchos profesores
talentosos y de reconocida trayectoria no imparten clase hoy día en la
licenciatura por la falta de espacios dentro del banco de horas asignado a
Arqueología, o simplemente por la falta de comunicación con este programa
académico. Mediante una convocatoria amplia, de carácter permanente a lo largo
del semestre, buscaré invitar a estos profesores, fortaleciendo además a
aquellos docentes que, por la vía de las evaluaciones semestrales, así como de
su trayectoria dentro de la escuela, son muestra de una actividad académica
caracterizada por el profesionalismo, la pertinencia y el compromiso con el
estudiantado.


Apoyando el trabajo interno, tanto en los laboratorios, como con aquellos proyectos arqueológicos que la
ENAH acoge, procuraré la difusión de estos nichos para la práctica profesional,
la experiencia en campo y la formación inicial del arqueólogo en su alma mater.


Asimismo, mantendré un contacto estrecho con las instancias conducentes para un reparto razonado y
acorde a la demanda académica y estudiantil de las horas asignadas a nuestra
licenciatura.



II.- Vinculación horizontal y vertical de las actividades académicas.



La posibilidad de enriquecer el perfil del egresado al tomar asignaturas curriculares en otros programas
académicos de la ENAH, así como en otras Instituciones de Educación Superior es
uno de los puntos clave para lograr la excelencia al finalizar el profeso
formativo en la licenciatura. Mi visión es procurar en este ámbito de las
herramientas necesarias para que el alumnado pueda no sólo atender los
requisitos mínimos que el mapa curricular exige dentro de su formación, sino
que además cuente con el apoyo de la coordinación para lograr enriquecer y
diversificar su perspectiva teórico-metodológica al complementar sus
conocimientos, tanto con materias específicas sobre el tema de su interés, así
como de la revisión de materias optativas y seminarios hacia esferas de la
práctica arqueológica que, si bien han iniciado su presencia dentro de la
licenciatura, aún permanecen sin la adecuada atención. Tópicos como la
arqueología subacuática, urbana, industrial, forense, de gestión patrimonial, y
de corte interdisciplinario directo con las ramas de la etnología, la historia
y la economía, por mencionar algunas, serán incluidas dentro de la búsqueda de
profesores que acota el primer eje.


Por otro lado, el impulso a las actividades de extensión académica, tales como coloquios internos,
congresos, jornadas de trabajo, así como la participación en eventos externos a
la ENAH, serán el otro rubro al que se encaminará mi labor dentro de este eje.


Actualmente, la difusión de los trabajos realizados por el estudiantado depende en gran medida de los
recursos que el propio estudiante puede gestionar para garantizar su
participación. Lo mismo sucede con la búsqueda de asesores y/o especialistas en
los tópicos antes mencionados. Durante mi gestión buscaré los lazos
institucionales con el área de extensión académica y difusión cultural para
lograr la realización de cursos con profesores invitados, ya sea dentro de las
instalaciones de la escuela, como también mediante el uso de la plataforma de
educación a distancia que desde hace casi tres años funciona en la ENAH, y que
la licenciatura en Arqueología no ha aprovechado su potencial al máximo.



III.- Contacto con las comunidades académicas de la licenciatura.



La clave de una buena formación curricular es la comunicación. Aspecto que engloba a cada uno de los
sectores que componen la comunidad de arqueología. En mi experiencia como
promotor cultural, he constatado cómo el diálogo permite construir un proyecto
conjunto, que no solo satisface las demandas y deseos de un grupo, sino que
permite la formación de lazos, intereses conjuntos y, con todo esto, el
fortalecimiento de nuestro ámbito común. Así, y de conformidad con la tradición
que este puesto ha tenido durante los últimos períodos, mantendré los canales
de comunicación con el estudiantado. Pero las puertas de la jefatura de carrera
no sólo estarán abiertas para ellos. También es necesario escuchar las
inquietudes del profesorado, ya sean los maestros titulares como los
Hora-semana-mes, el cuerpo académico responsable de nuestros laboratorios, así
como los responsables de proyectos arqueológicos interesados en colaborar en
esta etapa. Del mismo modo estaré receptivo a propuestas y sugerencias
provenientes de los órganos evaluadores, no sólo de esta escuela, sino de las
autoridades que a nivel nacional buscan el mejoramiento de la calidad educativa
(CONACYT; ANUIES, etc), así como de los colegas coordinadores de las otras
licenciaturas y programas de posgrado. Como antropólogos comprendemos la
importancia que la vida en sociedad posee, y la trascendencia que radica dentro
del diálogo y la comunicación.



IV.- Fortalecimiento extracurricular de cara al egreso.



Finalmente, el objetivo de este programa académico es formar profesionales capaces de ejercer la
arqueología en alguno de sus diversos nichos. Un alumno que llega al examen
profesional sin poseer los conocimientos básicos de la disciplina se encuentra
en franca desventaja laboral. No se diga de aquel que lo hace sin tener un
ámbito de inserción dentro de la práctica de la arqueología.


Como arqueólogos poseemos un abanico relativamente estrecho de posibilidades de trabajo, comparado con otras
ciencias sociales, no así, las oportunidades de trabajo existen y son
suficientes para insertar a cada uno de los arqueólogos titulados en ellas.
Esta realidad se ve opacada por la creencia de que la única fuente de empleo
para nosotros es el INAH mismo, particularmente alguna de sus dependencias
avocadas a la arqueología.


A lo largo de mi estancia en este puesto, me encargaré de articular una bolsa de trabajo diversa, que
permita al alumno elegir su camino dentro de la arqueología, de acuerdo a sus
conocimientos, y que le ayude a comprender la dimensión cotidiana de la
práctica profesional. Estableciendo contacto con institutos, escuelas,
universidades, dependencias públicas, así como las docenas de proyectos
arqueológicos que anualmente requieren profesionales capaces en nuestro
territorio nacional, procuraré presentar un abanico de opciones que permita los
primeros acercamientos al campo de trabajo durante el período de servicio
social o prácticas de fin de carrera, pero que también garantice que cada
egresado de esta licenciatura tenga además las herramientas para moldear su
trayectoria laboral, sea esta dentro del Instituto de Antropología, o en los
muchos nichos de trabajo que poseemos.


Los ejes que presento buscan fortalecer el papel que esta licenciatura a poseído como eslabón dentro de la
ENAH, y colaborar con el compromiso que la escuela posee para con sus alumnos a
lo largo de este complejo período de transición, para que en el futuro, la ENAH
mantenga e incremente el prestigio que ha heredado de generaciones anteriores en
la formación de arqueólogos cuya calidad ha sido reconocida a nivel mundial.




“Calidad, Compromiso, Diálogo y Trabajo”


¡ ¡ ¡Somos Arqueólogos de la ENAH! ! !





Antonio Caballero Cárdenas.


Descarga la versión en PDF Aqui.Propuesta de plan de trabajo para la Jefatura de la Licenciatura en...


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