El Sitio Paleontológico Chivacabé se ubica en el Departamento de Huehuetenango, aproximadamente a 12 Kms. de la Cabecera Departamental, ubicado en dirección sudoeste de la cabecera departamental, situado a 3.200 metros snm. Los suelos de la región se dividen en 26 unidades (Simmons Ch. Et al. 1959) siendo la roca madre de carácter calizo en un 90% con inclusiones de cuarzo, esquistos, granito y pómez, entre otros.
Actualmente la excavación realizada por los canadienses se encuentra cubierta por una galera techada y circundada con malla metálica, aproximadamente de 6 a 7 m. por lado. El depósito se encuentra a una profundidad de 4.50 m. (Fotografía No. 2), no así la muestra dentaria y otras pequeñas piezas que al parecer indican la presencia del hombre Paleoindio, como se verá más adelante.
El sitio se localiza en las faldas de un abanico natural que desciende de los cerros a una planicie que circunda el área en cuestión, la cual se ha considerado que en tiempos pleistocénicos correspondió a un gran manto acuífero, lo que no deja margen a duda, dado el caso que estudios posteriores han detectado abundancia de fústulas de diatomeas en el área de excavación (Cano 1955). Por lo tanto se infiere que el depósito fosilífero pudo haber estado en la rivera del mismo.
El descubrimiento del depósito fosilífero se realizó cuando los hermanos Alvarado Villatoro, propietarios de la Granja Chivacabé, realizaban un pozo artesanal, habiendo encontrado unos molares y una defensa de mastodonte, elementos para ellos desconocidos, por lo que notificaron al IDAEH del descubrimiento.

Esto dio origen a las excavaciones realizadas por un equipo de la Universidad Simon Fraser, de Canadá.
De las excavaciones realizadas en el Sitio Chivacabé se considera procedente mencionar que las mismas fueron dirigidas supuestamente por la Dra. Marylin Gates y su esposo Gary Gates y el Profesor Philip Wagner (Ibarra 1980 pp. 49), de quienes no se conoce informe final.
Desafortunadamente la fotocopia del informe final del que se dispuso para realizar esta pequeña reseña, carece de gráficas, aparte de estar en mal estado, habiendo sido presentado por el Dr. Brayan Hayden y John Cocks, del Departamento de Arqueología de la institución anteriormente mencionada (s/f).
Las excavaciones de acuerdo al informe fueron iniciadas por el Dr. Herbert Alexander en 1976, el año siguiente las excavaciones fueron conducidas por el Dr. Brayan. Hayden. No está de más el hacer notar que las excavaciones fueron iniciadas con maquinaria pesada, hasta alcanzar una proximidad de 10 cm. sobre la ubicación donde se detectaron los molares y la defensa de mastodonte, puesto que los propietarios de la Granja Chivacabé (hermanos Villatoro) les indicaron a la profundidad en la cual se detectó la muestra referida.
La muestra estratigráfica actualmente no está muy bien definida. Posteriormente se pudo observar que la misma inicialmente la constituyen un manto de tierra de resiente constitución, seguida de una serie de lentes de una dimensión de aproximadamente 1.00 m. de grosor conteniendo una muestra de arena así como de pequeños guijarros propios del área, entre pequeños cantos rodados, cuarzo, andesita, pómez, etc. que ha sido arrastrados de la parte alta del abanico coluvial que conforman los cerros que circundan la planicie sur del valle de la cabecera departamental. Estos lentes son seguidos de algunos estratos de carácter sedimentario, así como se encuentran algunos otros de consistencia muy resistente, que en su momento han de haber constituido paleo-suelos del momento, los que Hayden denomina Horizontes.
Referente a la estratigrafía Hayden y Cocks se vieron, como ellos mismos lo refieren, en la desafortunada posición de verse ante dos unidades de excavaciones mayores, muy próximas una a la otra, presentando dos diferentes coloraciones de sedimentación así como de consistencia. El primer perfil estratigráfico correspondía a la excavación del pozo realizado en 1976, el cual durante el transcurso de un año transcurrido entre la temporada anterior, sufrió ciertos cambios de coloración y consistencia, los cuales dificultaron la comparación entre el otro pozo de la temporada 1977, ante la imposibilidad de realizar una limpieza, sin poner en riesgo la muestra fosilífera ya expuesta (en este punto, la interpretación de la estratigrafía descrita en el informe final, se hace bastante difícil de entender dada su complejidad y la ausencia de dibujos a los cuales refieren el mismo). No obstante, indican que no se observó ninguna estructura de suelo que presentara guijarros que pudieran haber descendido de la parte alta al área plana sobre el cual descansa el depósito. La presencia de micelios carbonatados en uno de los estratos u horizonte anterior también presenta un contexto apropiado para considerar un desecamiento más rápido que el que actualmente presenta el área del depósito. De igual manera se cuestionan si la existencia de espejos o lentes lacustres responden a la rápida sedimentación posterior a la deposición de la osamenta.
Finalmente Brayan presenta ciertas dudas en relación a la sedimentación que cubre el depósito sea de origen lacustre, por lo que considera más la probabilidad que la deposición sea de origen coluvial, puesto no pudiendo observar características que sustenten la presencia tanto de una deposición lacustre así como coluvial, aunque la horizontalidad del suelo pareciera indicar una característica de tipo ribereño. El mismo indica que en ciertas partes que la deposición de arenas lacustres es muy evidente, así como en determinadas ocasiones hace notar la divergencia de tal fenómeno.
Hayden y Cocks han postulado dos teorías: una de ellas es la ausencia humana en el sitio, y la segunda la probabilidad de la presencia de la misma.
Existen varios argumentos que podrían obedecer a causas naturales, según argumenta el informe. En el caso que existiera un sólo conjunto de huesos el mismo sitio no tendría mayor relevancia, sin embargo existen cuatro o posiblemente cinco conjuntos óseos aislados, de los cuales refiere Hayden que podrían haber sido arrastrados por una o varias corriente de agua. Todo lo contrario a este panorama, se detectó un círculo de pequeños guijarros sobre los cuales descansaban una serie de huesos largos y costillas de mastodonte, siendo esto improbable que un deslizamiento o bien una corriente de agua haya conformado un círculo de guijarros sobre los cuales se hubieran depositado un conjunto de costillas.
Referente al ordenamiento anatómico de restos fosilíferos, solamente se observan tres conjuntos de costillas, así como una mandíbula de mastodonte la cual conservaba un molar y dos conjuntos de rosetones de gliptodonte articulados. Uno de los aspectos más extraños, a criterio de los canadienses es la ausencia de los cráneos, los cuales pudieron haber sido destruidos para la obtención de la masa encefálica pero en todo caso debería de haberse encontrado los fragmentos de los mismos, los cuales en este caso son inexistentes.
No obstante la amplia distribución de los molares de mastodonte dentro del área excavada, es extraña, especialmente en el caso del remanente de los huesos que no fueron fragmentados como es usual encontrarlos en otros sitios de destazadero.
En su totalidad Hayden identificó cuatro especies diferentes; siendo estos: Odocoileus sp. (Cérvido), Gliptodonte (armadillo gigante), Tayassu Tajuco (pecarí) varios Mastodontes y Caballo americano, más una especie no identificada.
Posteriormente Enio Cano (ibid. pp. 12) comenta haber “recolectado nueve huesos fósiles…..parecen corresponder a una porción de pelvis y dado su tamaño, muy probablemente representan a un perezoso gigante del género Eremotherium….una segunda opción sería la de un Haplomastodon”.
De acuerdo a los sitios que han sido considerados como sitios de destazadero en América, tienden a caracterizarse por presentar una sola especie, por lo que el caso de Chivacabé no parece enmarcarse dentro de ese mismo patrón.
Considerando la posibilidad de que el sitio responda a un hecho natural, la inexistencia de una cárcava u otras canalizaciones que pudieran haber conducido el deslizamiento de tan diversa naturaleza a un entrampamiento natural que, causara la deposición de la osamenta en general, misma que no existe; la matriz dentro de la que se encuentra es fina, de carácter sedimentario y tampoco se observa ninguna abundancia de cantos o rocas de mayores dimensiones que, debieran de haber descendido de la parte alta del abanico y provocar tal entrampamiento, solamente cabría suponer que, tal diversidad de fauna hubiese quedado empantanada en la rivera de un abrevadero.
Dentro de la muestra recuperada, los canadienses identificaron la osamenta de varios mastodontes, los cuales difieren en edad, lo que es posible determinar no solamente por el tamaño de las defensas sino por las dimensiones de los molares y el desgaste de las cúspides de los mismos. De igual manera se aprecian en el Museo de Sitio, varios rosetones de Gliptodonte, una pequeña defensa de Mastodonte de corta edad, restaurada por el equipo mexicano.
Para Hayden y Cocks, la evidencia presenta característica que podrían indican tanto la posibilidad de que el sitio haya sido ocupado por cazadores-recolectores, como se ha observado en los Estados Unidos, así como en Sudamérica e indica que toda vez que no se hayan recuperado artefactos líticos asociados a la osamenta la presencia del hombre será incierta.
Diecisiete años después Ericastilla (1992) realizó un sondeo contiguo a la excavación de Hayden, ocasión en la cual Octavio Villatoro, propietario y vigilante de la granja Chivacabé, presentó una colección de material lítico sobre el cual se discurrirá en el siguiente trabajo.
BIBLIGRAFÍA
Cano, Enio.
1995 Fósiles Pleistocénicos de Chivacabé, de Huehuetenango, Guatemala: Expedición UVG-1993. Oficina Editorial: universidad del Valle de Guatemala.

Ericastilla, Sergio.
1996 Proyecto paleontológico Chivacabé. En Revista Utz’ib. Editado por Asociación Tikal, Guatemala.

Hayden, Brayan. John Cocks.
s/f The Villatoro Mastodon Site. Informe presentado al Instituto de Antropología e Historia de Guatemala.

Jorge A. Ibarra
1980 Paleontología en Guatemala. Editorial José Pineda Ibarra.

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