RECONOCEN A JORGE ANGULO POR 60 AÑOS DE VOCACIÓN INCLAUDICABLE

Jorge Angulo, reconocido por 60 años de carrera. Foto Melitón Tapia, INAH.


   

 

*** El INAH le entregó la presea Mictlantecuhtlli por una trayectoria única y por sus aportes al conocimiento del pasado desde la arqueología, la museografía y la restauración
 

*** “Ha sido un privilegio participar en una institución donde he profundizado en las dudas que tenía desde joven, y si esto se convierte en una felicitación, bienvenido”, expresa



Jorge Angulo Villaseñor es un arqueólogo con alma de artista. Esa peculiar consonancia (la de un científico con espíritu humorístico) se manifiesta cuando los retratos de dos Charles: Darwin y Chaplin, desperdigados en su estudio, asaltan la mirada. “Son mis genios preferidos”, dice el jovial investigador con 60 años de carrera en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Los zapatos tenis de última generación que usa, su soltura al caminar, el hablar de redes sociales y su sonrisa instalada en la adolescencia hacen difícil creer que se está frente a un nonagenario. Su edad sólo se delata por la voz levemente cascada y los flashback que lo regresan a su época estudiantil en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), cuando apenas 70 alumnos ocupaban cinco salones acondicionados en el antiguo Museo Nacional.

El INAH, esa institución a la que ha servido por seis décadas con el gusto y el compromiso de un recién llegado a sus filas, le entregó un reconocimiento el 19 de octubre por una trayectoria única y sus aportes al conocimiento del pasado desde muy distintos frentes: la arqueología, la museografía e incluso la restauración. Una vocación inclaudicable, pues ahora mismo trabaja en un libro dedicado a lo olmeca en el Altiplano.

En la casa de Jorge Angulo conviven sus esculturas en hierro del Quijote y manos que gritan, con las pinturas abstractas creación de su esposa, la artista Chappie Angulo. Ambos se conocieron a inicios de los años 50 en las clases del maestro Francisco Zúñiga en La Esmeralda…, “y de ahí pa’l real”.

“Nos fuimos desarrollando en paralelo, cada uno en su disciplina”, comenta al recordar esos años de “angustia”, cuando no terminaban de cuajar sus obras plásticas. Cosas del destino, fue en el antiguo Museo Nacional un día en que absorto miraba a la Coatlicue, esa diosa con faldón de serpientes y el imán de Medusa, cuando la suerte tocó literalmente su hombro.

“Para sobrevivir y aprovechando mis facultades artísticas, iba yo al museo a copiar figuras para reproducirlas en barro. En una ocasión, tratando de entender los elementos que componen a la Coatlicue, sentí la presencia de alguien en mi espalda y resultó ser el museógrafo Mario Vázquez. Él me pidió ayudarle a realizar las réplicas de unos códices para una exposición que estaría dedicada a los instrumentos musicales prehispánicos”.

Jorge Angulo, hasta ese momento un politécnico, empezó a encontrar su sitio en las clases de Etnología que impartía la ENAH. Los viajes que había realizado despertaron su inquietud sobre la situación nacional; era mediados del siglo XX y la migración masiva de grupos campesinos a las ciudades estaba cambiando el panorama del país.

Al año y medio “me di cuenta que eso me rebasaba. Respondía mejor a las expresiones que habían tenido los grupos antes de la Conquista, trataba de entender no sólo las piezas y los complejos arquitectónicos, sino el funcionamiento de las estructuras sociales y políticas prehispánicas”. En breve tuvo una oportunidad de oro al trabajar en Palenque como parte del proyecto liderado por Alberto Ruz, descubridor de la tumba de Pakal II.

Su pericia en la escultura, pues fue ayudante de Francisco Zúñiga, le sirvió para replicar los Nueve Señores del Inframundo que custodian en forma de relieves la tumba del soberano maya. Colaboró en el montaje de una reproducción exacta de la cámara funeraria de Pakal en el viejo edificio de Moneda 13.

Jorge Angulo ve venir a Chappie con un álbum de fotografías. Sobre cartulinas negras y letras plateadas que consignan cada momento, aparece Jorge Angulo con sus eternos ojos pícaros y orejas que le dan un aire de personaje curioso, ahí está acompañado por muchos, entre ellos un jovencísimo Eduardo Matos Moctezuma, Raúl Arana y Ángel García Cook, colegas que también fueron reconocidos por su trayectoria en el INAH.

Son llamativas las pequeñas tomas en Stonehenge cuando viajó a Inglaterra para cursar estudios en conservación de materiales arqueológicos y técnicas de exploración de campo en la Universidad de Londres.

Jorge Angulo ha hecho excavación en Tepepulco y la cueva “La Nopalera”, en Hidalgo; Yagul y Zaachila, Oaxaca; Tlatelolco, en la Ciudad de México, y varios sitios de los estados de Guerrero y Morelos. De estos últimos fungió también como director del Centro INAH Regional, además de encabezar el Museo Cuauhnáhuac. Justo en este espacio instalado en el Palacio de Cortés realizó su primera exploración en un contexto histórico.

Jorge Angulo es polifacético. A la arqueología y la museografía también se añade la restauración, trae a la memoria el rescate de las máscaras de mosaico y otros objetos orgánicos que llevó a cabo en Zaachila, Oaxaca. Esta sensibilidad sobre la materialidad también se impuso cuando en 1964, durante el proyecto dirigido por Ignacio Bernal en Teotihuacan, decidió no hacer reconstrucción en el Templo de la Agricultura. “Siempre he sido disidente”, remata.

Este año el arqueólogo, maestro en Ciencias Antropológicas y doctor en Arquitectura Prehispánica, recibió el emeritazgo del INAH, institución en la que ha desarrollado su trayectoria con un gran paralelismo. “El Museo Nacional era el corazón y estaba ligado íntimamente a la ENAH como instancia académica, de investigación, y el INAH en sí era un organismo de unas cuantas decenas de trabajadores que creció mucho gracias al impulso de Eusebio Dávalos Hurtado”.

Sobre la presea Mictlatecuhtli que se le otorgó, este conocedor de la pintura mural prehispánica, el urbanismo teotihuacano y lo olmeca en el Altiplano, dice que “ha sido un privilegio participar en una institución donde he profundizado en las dudas que tenía desde joven, y si esto se convierte en una felicitación, bienvenido. Todos los que participamos en esta aventura del descubrimiento de lo que es el ser humano, lo debemos gozar.

“Ahora disfruto compartiendo conceptos con colegas y estudiantes. Siempre hay una frescura o una idea diferente que lleva a recapacitar en lo que se creía saber, siempre falta por conocer y comprender. Como seres humanos hemos pasado por una historia de atropellos y de resurgimientos”.

Jorge Angulo está enfrascado en terminar los capítulos de un libro (de dos previstos) dedicados a lo olmeca en el Altiplano, y aunque no se ofende cuando se le pregunta su edad, sabiamente responde: “¿Quién cuenta los años en la aritmética? Nadie. No tiene caso. Se cuentan cuando es chamaco, pero ya cuando está uno metido en algo se pasan. Es parte del camino que uno disfruta sin darse cuenta”.

Fuente:http://www.inah.gob.mx/es/boletines/4696-reconocen-a-jorge-angulo-p...
 

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