Rescatan el cerro de los Chichimecas, en Michoacán

 El sitio data de 650-900 d.C, y en él se ha aplicado un modelo que intenta compaginar su estudio y restauración con la conservación de su entorno natural.

 

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Politécnico Nacional (IPN) y el Colegio de Michoacán proponen rescatar el cerro de los Chichimecas, el cual se distingue de otras zonas arqueológicas por su vínculo con las del Bajío guanajuatense.

 

El sitio data de 650-900 d.C, y en él se ha aplicado un modelo que intenta compaginar su estudio y restauración con la conservación de su entorno natural. Asimismo, el proyecto busca crear una reserva natural y cultural en la meseta conocida como Mesa Acuitzio, un área dominada por el bosque tropical caducifolio o matorral subtropical.

A 200 metros del afluente del río Lerma, en el norte de Michoacán, se localiza el cerro de los Chichimecas, sitio que durante un lustro ha sido objeto de trabajos de investigación arqueológica y restauración, así como de conservación de su entorno natural; el asentamiento prehispánico tiene una antigüedad superior a mil 300 años,

 

En el cerro de los Chichimecas, también conocido como Zaragoza —debido a su cercanía con esta población del municipio de La Piedad—, se ha aplicado un modelo que busca compaginar la investigación de las evidencias prehispánicas del 650-900 d.C., con la preservación de su flora, a partir de la participación social.

 

Eugenia Fernández Villanueva, investigadora del Centro INAH-Michoacán y responsable del Proyecto Arqueológico Cerro de los Chichimecas, abundó que el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) del IPN, en ese estado, elaboró un estudio florístico a partir de la recolección de 380 especímenes, y con el cual se identificaron 203 especies de 62 familias de plantas vasculares (que poseen raíz, tallo y hojas).

 

De igual manera, dijo, con base en la topografía, geología, tipo de suelos y vegetación, se han definido las áreas de las especies nativas, así como aquellas que han sido introducidas, entre ellas, agaves y cactáceas, cacirpe y encinos, fresnos, leguminosas, mezquitera, nopalera, parotas, pastizal nativo, además de vegetación acuática.

Dentro de esta propuesta de recuperación de áreas verdes, abundó Eugenia Fernández, se prevé incluso la reutilización de terrazas prehispánicas como una alternativa para que los productores locales, organizados como cooperativa, obtengan algunos ingresos y, a su vez, evitar el deterioro de este tipo de estructuras prehispánicas. Para este caso, puntualizó, se recomienda la explotación de cultivos perennes resistentes a la sequía, por ejemplo, del nopal tunero.

 

Con información de la sección Cultura •

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