Ley para regular "derecho a la cultura", por ende incluye a INAH e INBA

Para comenzar les adjunto la entrevista a Bolfy Cottom en Proceso

Cottom alerta sobre “una reforma silenciosa”
Judith Amador Tello

Contagiados por la fiebre del Bicentenario, los integrantes de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados se muestran deseosos y urgidos de aprobar una ley general de cultura, para dar marco normativo a la reforma al artículo cuarto constitucional aprobada en 2008. Como sea, para el legista y antropólogo Bolfy Cottom es claro que el interés del Legislativo no consiste en solucionar el caos y la falta de rumbo en el Ejecutivo, mucho menos hacer valer los derechos culturales.
Por el contrario, hace tiempo percibe –como en el contexto nacional– un abandono deliberado de las instituciones culturales federales, para sumirlas en la inoperancia, justificar la necesidad de cambios e imponer un modelo empresarial que permita la explotación turística y comercial del patrimonio y de los bienes culturales: una reforma silenciosa.
En esto ve coincidencia entre los proyectos del Ejecutivo y el Legislativo, que buscan otorgar personalidad jurídica al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), dándole el carácter de organismo descentralizado y, por esa vía, colocarlo jerárquicamente encima de los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y Bellas Artes (INBA), para someterlos a intereses económicos como se ha visto en el caso de las zonas arqueológicas de Chichén Itzá y Teotihuacan.
El investigador de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, maestro en derecho constitucional y administrativo, y profesor de dichas materias en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y en la Universidad Nacional Autónoma de México, llama sin embargo a los legisladores a trabajar responsablemente; de lo contrario, lejos de avanzar, podrían introducir en el ya desolador panorama de descomposición social, un elemento más de tensión.
Entrevistado por Proceso en la biblioteca Manuel Orozco y Berra (ubicada en la DEH en el centro de Tlalpan), luego de que la semana pasada diputados de la Comisión de Cultura anunciaron los nuevos foros para la conformación de la iniciativa de ley general de cultura, y diversas voces los urgieron a integrar una agenda de trabajo y definir los derechos culturales (Proceso 1750), Cottom lamenta que cada cambio de legislatura sea “una especie de esperanza” y, al final, ese espacio termine siendo parte de la problemática cultural.
 
Considera preocupante que la comisión se haya convertido en arena de diversos intereses “buenos o malos”, de quienes buscan acercarse a los legisladores “con tal de tener trabajo, oportunidades o defender intereses muy particulares”. Ello “complica la solución de los problemas de fondo”.
Peor aún es que los legisladores no piensen en qué se debe hacer, sino en lo que quieren hacer y repitan los añejos discursos de “todo es un caos, un desorden, que se debe dar estatus jurídico a la cultura, posicionar al sector... ¡Lo mismo de siempre!”. 
 
En la misma circunstancia ubica al Conaculta, órgano que se encargaría de coordinar al subsector cultura, y desde su origen en 1988 ha sido “tan vapuleado y cuestionado”, y “sigue dando muestras de que no resolverá el problema del subsector, por defender sus propios intereses”.
 
Por encima del Conaculta está la Secretaría de Educación Pública, que ha evidenciado a su
 vez que no le interesa el proyecto cultural del país y por lo cual desde hace tiempo ha separado la cultura de la educación. Todo parece ad hoc para construir un proyecto de ley, cuya preocupación fundamental es legitimar al Conaculta para asumir el control de los institutos “de manera más clara”. 
Así pues, al margen del “discurso de fortalecer a las instituciones, que se viene manejando hace años”, en el fondo y “por la vía de los hechos”, los funcionarios y los legisladores “están cada vez peor”, pues no se sitúan en la “línea del interés del Estado:
“Es más, de pronto se convierten en una especie de agencias de turismo. Están más preocupadas por el tema de la cultura mundial, porque haya más declaratorias de patrimonio de la humanidad, pero con un enorme descuido de la preservación, la conservación y la investigación de todo esto que es su materia.”
El especialista disiente con el escritor Alejandro Sandoval, quien cuestionó los nuevos foros, tras 15 años de consultas que no han servido para nada. No deja de sorprenderle que se pronuncie en ese sentido habiendo sido asesor de cultura en otras legislaturas, que tampoco avanzaron en el trabajo legislativo, y porque a Sandoval se le identificó –aunque él lo negó en su momento– como uno de los redactores de la Ley de Desarrollo Cultural, considerada una voltereta al cuestionadísimo proyecto de Ley de Fomento y Difusión de la Cultura, conocido como Ley Sari (por su impulsora Sari Bermúdez, expresidenta del Conaculta).
Por un lado, Cottom considera que la discusión y el diálogo siempre deben ser aceptados; y por otro, los legisladores tienen  el derecho de hacer todos los foros “que deseen”. El problema es más bien para qué servirán. A partir de sus propias experiencias vislumbra que sirvan en tres escenarios:
 
1.- Para legitimar un proyecto ya concertado, como ocurrió en la legislatura LIX, que hicieron sus foros estatales y regionales, pero había un acuerdo predefinido (Ley Sari).
2.- Para simplemente justificar el paso de los diputados por la Cámara y “entonces van a dejar muchos cientos, tal vez miles de hojas más para que nadie las estudie, porque no tengo la menor duda de que los legisladores actuales no han estudiado nada en este sentido”. 
3.- Finalmente que no sirvan ni para eso ni para nada.
 
“El escenario es verdaderamente patético, muy desolador. El rumbo del Estado mexicano en el ámbito de la cultura se ha extraviado terriblemente. Lo más triste es que de pronto el presidente de la República anuncia que la historia oficial se terminó. No sé si alguien lo crea, la verdad es que la historia oficial ahorita es justamente que la cultura no tiene importancia, ningún sentido, excepto para promover turísticamente al país y concebirlo como una mercancía que pueda venderse a nivel internacional.”
 
Todos los discursos y hechos, agrega, van en ese sentido: Desmitificar personajes históricos, desmantelar instituciones o desacreditar sus funciones de las instituciones, etcétera. Esto lo vincula con las recientes descalificaciones a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que se ha considerado “inconstitucional” a raíz de la fallida declaratoria de la obra de María Izquierdo como monumento nacional (ver recuadros).
Nada por resolver
 
Si bien Cottom reconoce que tras la reforma al 4º Constitucional es necesaria una ley general de cultura porque deben distribuirse las competencias de estados, municipios y gobierno federal, para determinar qué le corresponde hacer a cada uno, ha sido un crítico de la pretensión de dar “el derecho de acceso a la cultura”. Comulga más con la idea del ejercicio de los derechos culturales y recuerda que de hecho el gobierno mexicano ha firmado documentos de derecho internacional comprometiéndose a cumplirlos.
 
En ese sentido expresa su preocupación porque el proyecto de ley que Consuelo Sáizar, presidenta del Conaculta, ha dicho está elaborando con su secretario Fernando Serrano Migallón, no contemple esa parte:  
 
“Me preocupa porque en esa institución no encuentro a gente que sepa del asunto, amén de que estén consultando a oscuras o a escondidas algunas otras gentes (de la UNAM, precisa), no me cabe duda. Sería terrible, pues en qué términos se va a construir esta ley, porque una característica de los derechos culturales es que la sociedad ejerza la defensa de sus derechos ante el poder, en cualquiera de sus expresiones.”
 
Pero igualmente no ve luces en el Congreso y no ve siquiera claridad en las directrices para los foros. Juzga que lo más probable es que nuevamente se dé una cascada de ideas y el temor es quién sistematizará toda esa información, quién definirá luego lo prioritario, lo urgente, lo necesario. Y “lo más ridículo” a su juicio es la pretensión de aprobar la ley porque “todo tiene que salir en la fecha del Bicentenario”:
 
“Nos encontramos sometidos otra vez a los tiempos políticos, no a los tiempos reales. Eso es absurdo. Y lo hacen porque no falta gente para hacer cualquier cosa, pero sin duda serán los responsables de que este caos no sólo no se resuelva, sino se vuelva cada vez peor.”
 
Recuerda entonces que lo mínimo que debe hacer es discutir con la sociedad los proyectos de ley (sea el de Sáizar o el del Legislativo o cualquier otro), pues es la que manda, y si no se hace “no se está resolviendo ninguna necesidad” social.
 
Desde la llegada de la panista Kenia López Rabadán a la presidencia de la Comisión de Cultura, se anticipó que siendo también panista el gobierno federal se aprobaría un proyecto de ley ya concertado. Cottom coincide en que es muy probable que así sea, pero añade que no es sólo por acuerdos entre panistas. Así como en el ámbito político hay “alianzas extrañas”, en el cultural también hay intereses comunes y en el juego entran lo mismo el PRD que el PAN, el PRI o cualquier otro partido.
 
Se le pregunta entonces si interpretaría en ese sentido la salida del área de Vinculación Cultural del Conaculta de Arturo Saucedo, exasesor del grupo parlamentario del PRD en la Comisión de Cultura en legislaturas pasadas, para unirse al equipo del priista Armando Báez. Recientemente se publicó en la prensa que Saucedo privilegiaba con “recursos etiquetados” proyectos perredistas y benefició a su socio en la producción de videos, Carlos Joselino Becerra, con recursos de esa dependencia, ya siendo funcionario del Conaculta.
 
El antropólogo destaca que cada uno decide dónde trabajar o no, y deja en claro que no conoce los problemas con Saucedo, pero acepta conocer “su actuación en términos de su funcionamiento político, y en este caso específico creo que tiene mucha lógica pensar que ha cambiado de un ámbito a otro justamente para operar políticamente un proyecto.
“Eso demuestra lo que le acabo de decir. Aquí no se trata de un color partidista, sino de intereses comunes a un proyecto. Desafortunadamente lo que debo decir es que cada vez se pierde más la autoridad moral para convocar. Cuando la convocatoria es inmoral, el resultado tiene que ser el mismo. Esa es la preocupación fundamental: ¿Dónde están los principios básicos? ¿Dónde el interés nacional? ¿Dónde está el interés institucional? ¿Dónde está realmente el interés por el subsector cultura?”
Y no le sorprende que no sólo no haya una investigación sobre lo publicado, sino que Báez haya cobijado a Saucedo, nombrándolo su asesor. Pero lamenta que este tipo de asuntos contamine aún más las cuestiones de índole institucional y se avance menos en la solución de los problemas. 
 
Abandono deliberado
 
Luego de que se echó para atrás la declaratoria de María Izquierdo y se puso en cuestionamiento tanto la legislación sobre patrimonio como a los mismos institutos INAH e INBA, se pregunta cómo es posible que los responsables del órgano jurídico de estas instituciones no conozcan, por elemental rigor, los procedimientos de un juicio así.
 
El problema es que cuando se analizan los asuntos no se habla del proceder de personas concretas y se acusa a las instituciones de ser las que no funcionan. Y el punto es que se puede caer en justificar los discursos del poder: 
“Si particularizamos y señalamos quién está cometiendo los errores, ayudamos a la institución, si no, sólo generamos incertidumbre. Eso perjudica el funcionamiento del Estado. Porque, ¿qué significa esto en términos de la crisis del Estado? Significa que el Estado francamente es incapaz de cumplir acciones en ninguno de los ámbitos, la contrapuesta es: pues avancemos en privatizar estos ramos, demos entrada a intereses privados, porque el Estado no es capaz.”
 
–¿Hay entonces un abandono deliberado?
Él no lo duda un instante. Refiere que cuando se pregunta qué necesidad hay de convertir a Chichén Itzá o Teotihuacan en escenarios musicales para eventos que no tienen relación con su naturaleza como bienes culturales. ¿Por qué los encargados de concluir el reglamento de la Ley General de Bienes Nacionales para distinguir el uso para actividades cívicas y culturales no lo han hecho?  ¿Por qué a estas alturas no existe aún el reglamento de la ley orgánica del INAH que data de 1939; o cuando se remueve de sus cargos a funcionarios que estaban desempeñándose eficazmente?  Y señala: 
“Me digo, esto no puede ser casual, no puede ser accidental, es deliberado... No es ilusa la idea. Lo que está sucediendo con las instituciones culturales es para debilitarlas, para evidenciar que no hacen nada, que no están funcionando y que es necesario otro modelo.” 
A la voz del Ejecutivo que asegura se acabó la historia oficial, se ha sumado recientemente la de otros intelectuales como Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, o Enrique Krauze y Roger Bartra, quienes sostienen que la identidad es un lastre. Y otros más que cuestionan el nacionalismo como algo anacrónico. Lorenzo Meyer ha dicho que estos planteamientos son como “manifiestos neoliberales” para justificar el sistema globalizador y de libre mercado.
“Así es. Exacto –dice Cottom–. Con todo respeto a quienes plantean esas ideas, lo primero que deberían hacer es decirnos qué entienden por identidad y discutir realmente sobre identidad. Ninguna comunidad, ningún sujeto, ninguna sociedad va por el mundo pululando sin algún elemento identitario. Eso como punto de partida está sobre la mesa.
“En segundo lugar, como decía José Vasconcelos, es muy fácil desde los escritorios, desde los gabinetes decidir qué es y qué no, pero otra cosa es enfrentarse a la realidad. Me gustaría que quienes dicen que la identidad no sirve para nada, que se ha perdido y que el problema de México es su pasado, nos dijeran concretamente en qué. En este preciso momento yo les diría que si algo se está sosteniendo es la presencia de México en el mundo, es precisamente la inercia de muchos de sus aspectos históricos, construidos a fuerza de trabajo, de luchas, de la sangre de mucha gente que ha colocado al país en un nivel determinado en términos de identidad.”
 
Añade enseguida que no juzga si el pasado es bueno o malo, pero es innegable la presencia de elementos que han conformado nuestro ser complejo. Si se pierde la identidad pues “simple y sencillamente nos declaramos obreros del mundo, obreros del capitalismo, y nos avocamos a producir mercancías para el consumo feliz de la humanidad”.
 
Hasta percibe una contradicción en esos discursos, pues pregunta para qué entonces preocuparse por la reforma del Estado, la reforma educativa, el futuro del país, si los mexicanos van a ser obreros del mundo. Reta pues, a quienes niegan la identidad, a ir a las comunidades a ver si la gente no tiene elementos de identidad “que sostienen su esperanza”.
Y hablando de esperanza, se le pregunta finalmente qué futuro vislumbra si se aprueba el marco jurídico del Conaculta y, si bien no desaparecen, se sometan a sus designios el INAH y el INBA. 
 
Responde que, afortunadamente, “la vida de un país es mucho más que el funcionamiento del Estado, sus leyes y sus instituciones en términos burocráticos”. Así, confía no sólo en los “sujetos pensantes” que trabajan dentro y fuera de estas instituciones y que reaccionarán. Ve muchos espacios de disidencia en la sociedad, percibe también que muchas leyes se aprueban y después nada pasa. Ahí están por ejemplo la Ley del libro y la que combate de oficio la piratería, cuando ésta sigue invadiendo las calles.
 
Habrá qué esperar a septiembre para ver qué sucede.  l
 

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Respuestas a esta discusión

Para recordar hace años surgió un movimiento -emanado del Seminario de Bolfy Cottom- en dos versiones: Parlamento Alterno de Culura y Eduación I y II. Después se desmembró, posiblmenente porque participaban diversos actores institucionales e independientes.

Sin embargo, por omisión y desdén de los participantes, hayamos contribuido a la desintegración del PACE !!!

Finalmente, todos somos responsables de lo que suceda
..bueno.....el tema de la identidad es también un asunto de mucha manipulación, al igual que el nacionalismo, no hay por qué sentirse "orgulloso" (término que comulga con las ideologías fascistas), de peretenecer a una nacionalidad determinada cuando esa nación no te proporciona bienestar y esto no quiere decir que sea una posición que comulgue con manifiestos neoliberales. Hay mucha desinformación Carmen y no me extraña que el PACE se haya desintegrado, no lo sabía, pero es también un hecho que la discusión y las propuestas las monopolizan ciertos personajes que les preocupa protagonizar; tampoco son muy democráticos que digamos, son igual o más autoritarios que algunos funcionarios gubernamentales. En fín, aquí en esta batalla, el ala derecha va ganando (porque no hay izquierda) y en parte es también culpa de una buena parte de la actitud que mantienen los mismos ......... , (yo mismo no confío en la supuesta libertad de expresión que dizque existe en México).

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